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Esta Habana abierta a todas las esperanzas

En este artículo: Cuba, La Habana
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Detalles de Liborio Nova, Alma Mater de la Universidad de La Habana

Como sucede con todas las ciudades de este mundo nuestro, la verdadera Habana existe en una dimensión casi nunca atrapada en las postales, difícilmente asequible al turista de paso por tratarse de una realidad que se da en pálpitos profundos, tácitos, demasiado apresurados y salvadores.

Para ser francos, hay que decir que lo revelador casi convierte en caricatura a esa mirada nostálgica que acaricia piedras coloniales. Lo revelador ridiculiza a esas mulatas vestidas con batas blancas y llenas de collares, tabaco en boca, plantadas en alguna esquina de la parte antigua de la ciudad como muñecas que tienen más caras de alcancías que de identidad.

Lo verdadero quita la gracia a esos carros de los años cincuenta del pasado siglo, reproducidos en miniatura y hasta el delirio en disímiles talleres artesanales, y que se venden como pan caliente.

La Habana real está al final de los pasillos estrechos que son gargantas de vecindarios densamente poblados. O en ciertos patios centrales donde se tejen diálogos llenos de imaginación y alboroto; historias exageradas como las que hacía aquel cuentero Juan Candela, personaje inolvidable de nuestro gran cuentista Onelio Jorge Cardoso.

Lo esencial de esta amada ciudad es la sabiduría de la gente, y una vocación por compartir ese conocimiento. Si no lo cree, salga sin un bolso a la calle, en busca del pan y los alimentos del día. No faltará un "ingeniero del acomodo" que, si le ve angustiado porque sus manos no alcanzan a llevar todo lo encontrado, le dirá cómo hacer: "Agarre esta bolsita que yo le regalo, y ahora enganche los panes de este lado, y debajo del brazo póngase esto otro, y pídale ayuda a Juan o a Pedro cuando le queden metros para abrir su puerta...".

La fibra principal de La Habana también está en los amantes. Está en la ilusión de las adolescentes que sueñan con un galán todavía no visto. Y en las madres que pasan con sus hijitos colgados del brazo y más de un bolso a cuestas. Está en las mujeres presumidas, bien plantadas, que saben esperar como pocas en este universo, y que a su paso ligero levantan las súplicas y ocurrencias de criollos apostados en las esquinas, o aferrados a las cantinas, o empecinados en hacer fortuna como se hace el algodón de azúcar: de la nada, como quien dice.

La clave son las expresiones preñadas de refranes; o los silencios; o las preguntas; o un lenguaje de gestos que no dejan nada oculto bajo el sol; o miradas que casi siempre van de frente a la mirada del otro; o motivos a veces insustanciales que son usados como rampas de lanzamiento para un festejo.

Lo casi impenetrable, de tan oblicuo, es la ironía y la burla con que el habanero sortea las rachas de la mala suerte. Es una lucha que quien no la vive, no puede adivinar en todo su despliegue, porque el citadino orgulloso ha tomado de su hermano del campo una frase para camuflar sus dolores: "Estoy bien, dice el reventao...".

Claro que La Habana es también su caparazón, o sea, todas esas señales obvias, no tan difíciles de atrapar en el paisaje y que los peregrinos suelen llevarse en sus maletas con la mejor de las intenciones. Pero lo proteico, lo más sustancioso -el tejido blando que conforma la psicología de la ciudad-, son los breves incidentes ya mencionados; son los sueños, anunciados o secretos, que nacen todos los días tras los portones y rejas de una urbe abierta a todas las posibilidades de la esperanza.

Se han publicado 3 comentarios



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  • F. Juan Aguila dijo:

    Hice un comentario sobre su trabajo; pero cometí el error de enviarlo como segundo comentario a “La vida en la Habana pasada por agua”, y a usted el de ese trabajo como segundo comentario. Es que creí que los tres eran complementarios y el vocabulario se agota.

    Los mencioné en la entrevistas a Eusebio Leal, junto a la joven Habana de Noval.

    Le diré que su trabajo es hermoso. Esa foto del “Alma Mater” con la espalda frente a la cámara y los edificios circundantes es maravillosa. Esa selección suya ya habla mucho de su que hacer presente y futuro, porque me parece que es muy joven.

    La posibilidad de ampliar conocimientos con algunos clik, sobre todo el de La Habana, hace que nos podamos recrear en una visión espectacular de nuestra Habana, aunque nací en Santa Clara y tal y como escribiera en el comentario suyo iniciar es como “Andar La Habana toda, de una vez; pero en un solo día, cosa posible solo por la magia que usted ha sabido introducir en el Trabajo.

    Huelgan las palabras para pedirles mis disculpas. También se vislumbra una gran profesional, como mucho arte y buen manejo de los medios auxiliares para comunicar

    El título no podía ser otro, siempre la Esperanza.

  • José C. dijo:

    Muy buen escrito. El tema es una realidad, con la que uno se confronta, cuando escucha hablar a quienes nos visitan allá o acá. Lo estoy tomando para poner en nuestro primer número de un mensuario patriótico-cultural, que queremos comenzar a editar en papel, para cubanos residentes en Alemania.

    saludos,

  • F. Juan Aguila dijo:

    Quiero felicitarte, nuevamente, porque releyendo tu artículo veo que lo que dices es cierto. La verdadera Habana no está en las postales de venta a los turistas sino en esos lugares a donde no llegan.
    Hay países donde, si eres invitada, te llevarán a los mejores lugares y si preguntas ¿donde está la gente humilde y sencilla de este país? te contestarán: <>.
    Los sitios que tú describes de esa Habana, semioculta, en donde viven personas de distintos niveles culturales, sin embargo, primeramente no es peligroso ir; pero después te encuentras con personas respetuosas con el visitante, que te reciben si es durante el día con su “ropa de andar” , como decimos y si es por la tarde noche ya es diferente.
    Hay educación y cultura. Las personas más viejas, que no alcanzaron altos grados de escolaridad, leen mucho, en general, son conversadoras, por naturaleza como tú dices y pueden ser visitadas.
    Lástima que cada vez que una persona tiene acceso a la vivienda humilde, una foto después puede ser utilizada para denigrar. Cuando muchas cosas peores pueden ser vistas y se oculta.
    La Caracas de hoy en 1984 había comenzado la construcción de un gran cordón de edificios altos, alrededor de la ciudad lujosa y elegante. Detrás se veían las montañas. Al preguntar por qué esa disposición de los edificios en forma de una Muralla China, me contestaron <<ha sido necesaria para que las personas de las viviendas humildes de los “CERROS”, de las montañas, no se instalaran en la periferia de la ciudad porque le daban muy mal aspecto.
    Nuestra gente además de la cultura y la educación tiene mucha dignidad.
    Espero ver otro trabajo tuyo.

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Alina Perera Robbio

Alina Perera Robbio

Es periodista cubana, columnista de Juventud Rebelde y colaboradora de Cubadebate. Ha ganado múltiples premios de periodismo en los certámenes anuales del país. Es autora del libro "Buscándote, Julio", y coautora de "Voces del milagro", "Niños del milagro", "La maldición del avetruz" y "La cuadratura del círculo".

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