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Sur… una luz de almacén

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La Cota Lil

Boedo y San Juan Sur.

Boedo y San Juan Sur.

Un mensaje a media noche me daba la noticia. La venezolana María Ismenia Toledo se encontraba en el mismo escenario de los acontecimientos, Abu Dhabi, y sabía cuán pendiente estábamos del anuncio. Dejé a un lado el teclado y la luz de la pantalla y, aguada de ojos me serví un ron. Lo dediqué (como solemos hacer en el Caribe) a aquellos anónimos y conocidos que hicieron el camino, (Gardel incluido) pero el corazón se fue hacia la santa trilogía de “Sur”: Homero Manzi, Aníbal Troilo y Roberto Goyeneche, ‘el polaco’. A esa hora prendí el equipo y volví a escuchar, mirando en la memoria las imágenes, el monumento inmarcesible que es “Sur”. Y ahí la voz de Goyeneche no cantándolo, sino contándolo para que otros en el mundo y en propia tierra argentina recogiéramos ese pedazo de alma que hoy se alza como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.
No está hoy Homero Manzi para escribir sobre un papel en el viejo bar de sus andanzas, ni Troilo para afinar el bandoneón sobre la estampa de esa zona del mundo. Tampoco está “el polaco” para desparramar nostalgias, y para colmo el alma del mundo compungida por la salud de Mercedes, la negra tucumana prestadora de voz para la gloria de la conciencia andante.
Pero está “Sur”, y está la esquina de San Juan y Boedo, y está el mar de conjeturas y deseos de los argentinos con ese tango que tiene días ocupando el gran centimetraje de una prensa olvidadiza. Recuerdo a Rodolfo Mederos: “Me preocupa esta moda del tango, porque lo que se pone de moda, después se pone en oferta”. Y entonces se entiende que los argentinos vayan con cautela navegando el recuerdo.

Sur
Tarde en la tarde en el Buenos Aires de finales de 1947. Francisco García Giménez recoge para la posteridad las palabras de Homero Manzi: “Desde la barranca de Boedo, hacia el Sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus portones y sus chimeneas y sus inundaciones… Y por San Juan, ganando río, el San Cristóbal bravo, lleno de mostradores y de escudos de comités, y de canchas de taba, y de pedanas a cuchillo. Boedo era algo así como un paso pesado que diera Puente Alsina para llegar al Centro, como también el transito obligado de la gente del Centro cuando querían acercar el alma hasta El Riachuelo.”
Sin duda, luego de esa descripción Manzi tuvo clara la letra de su obra “Sur”. Su amigo del alma, Aníbal Troilo, entraba en la complicidad histórica de aquél tango parido finalmente ese año de 1947 al amparo de aquellas paredes que desde 1927 dan cobijo a la última curda de todos los días.
Desde el jueves pasado la esquina de San Juan y Boedo alberga en su acera a los añosos tangueros de la década gloriosa de los cuarenta, y a esos hombres nuevos de la patria vieja, y a curiosos y a periodistas, y con seguridad a las ánimas de “Sur” arrimadas a la puerta de “el bar de Manzi” suplicando el trago que las saque del purgatorio del olvido. No quieren estar ni de moda ni en oferta como le preocupa a Mederos. A esa humanidad congregada se suman los millones que en el mundo amamos al tango reivindicador, a ese tango social que describe tan humanamente nuestra querida colega argentina Matilde Sosa, dando el crédito exacto al mestizaje, a los negros que hacen parte de la historia tanguera, a la negrada, esa otra cara del tango, sobreviviente a la esclavitud y la exclusión, los “cabecitas negras”, los pobres, los desconocidos, los inmigrantes de todo tipo…
Entre otros párrafos, escribe Matilde: … “Cabecita negra es un término auténticamente argentino expresamente utilizado por el antiperonismo como expresión para ofender a los peronistas, atribuyéndoles la condición de “negros”, por oposición a los no peronistas que se atribuían la condición de blancos. No son pocos los historiadores que dan cuenta acerca los lenguajes de los primeros esclavos traídos a la Argentina. La mayoría provenía de etnias de Congo, el golfo de Guinea y el sur de Sudán. Para ellos, tangó significaba ‘espacio cerrado’, ‘círculo’ y cualquier espacio privado al que para entrar hay que pedir permiso. Los traficantes de esclavos españoles llamaban Tangó a los lugares donde encerraban a los esclavos, tanto en África como en América. La invisibilización de la población afroargentina y sus raíces culturales es atribuida por algunos investigadores a que existió una deliberada política de genocidio hacia los afroargentinos, expresadas abiertamente por presidentes como Domingo F. Sarmiento, y que se ejecutó mediante políticas represivas utilizando las epidemias y las guerras como herramienta de exterminio en masa… Hoy se hacen visibles sus caras. Como con el Tango, al fin la Negrada”.
A este trabajo de nuestra querida Matilde hay que leerlo completo. Pueden hacerlo en:www.kaosenlared.net/colaboradores/matildesosa ó enwww.aporrea.org/internacionales/a87562.html
Reivindicación de cultura es lo que ha pasado esta semana con el tango, y también con el Candombe de Uruguay, y con el Silbo Gomero de las Islas Canarias. Y hoy, día de San Francisco de Asís, el Orula sincrético de nuestros afectos ancestrales, pedimos porque la Diversidad Cultural, música incluida, deje el escaño peyorativo de (volvemos a decirlo) gasto suntuario y ocupe su lugar de salvadora de conciencias y de historia. Tango por eso.
Recuadro

Sur
San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur, paredón, y después…
Sur, una luz de almacén…
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera y esperándote.
Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya…
Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé…

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.
Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

Sur, paredón, y después
Sur, una luz de almacén…

Letra: Homero Manzi
Música. Aníbal Troilo

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Lil Rodríguez

Lil Rodríguez

Periodista venezolana. Ex directora del canal de Televisión de su país TVES.

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