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Muerte de Schlesinger: El Maquiavelo de Kennedy

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Acaba de fallecer, a los ochenta y nueve años de edad, Arthur M. Schlesinger Jr., el principal asesor del Presidente John Kennedy y uno de los panegiristas de aquél breve y recordado gobierno. Kennedy se rodeó de una capa de intelectuales que le asesoraban y contribuían a pulir su efigie de mandatario ilustrado. Talentosos economistas e historiadores,  como Arthur Schlesinger, John Kenneth Galbraith, Ted Sorensen, Theodore White William Manchester y hasta destacados escritores como Norman Mailer y Gore Vidal  se vincularon al episodio  kennediano.

Schlesinger estudió en Harvard y en la británica universidad de Cambridge. Su padre y su abuelo fueron distinguidos historiadores. A los veintisiete años publicó “La edad de Jackson”, sobre la presidencia de Andrew Jackson y la expansión hacia el oeste; fue un éxito cultural y comercial: recibió el Premio Pulitzer y vendió 90,000 ejemplares. Era un incansable escritor que solía producir diez páginas cotidianas y se zampaba una ringlera de martinis cada día.

Durante la guerra trabajó en la Oficina de Asuntos Estratégicos, precursora de la actual Agencia Central de Inteligencia. En 1957 comenzó la publicación de cuatro tomos sobre la presidencia de Franklin D. Roosevelt, el New Deal y el liberalismo keynesiano que salvó a Estados Unidos de la depresión. Conoció a John F. Kennedy en una recepción, en casa del director del Washington Post, y desde entonces no se separaron. Durante la campaña presidencial escribió mucho a favor de Kennedy y “el esplendor de los ideales” que su gobierno traería. Cuando fue electo, el nuevo Presidente almorzaba una vez por semana con Schlesinger para recibir su apoyo conceptual. El hermano, Robert, organizó un seminario de discusiones intelectuales, en su propia casa, que era dirigido por Schlesinger. Cuando ocurrió la crisis de los misiles en Cuba se opuso enérgicamente a la invasión a la isla y escribió un memorando contra esa alternativa. Años después visitó Cuba en compañía de una de las hermanas del Presidente asesinado.

Tras el golpe de estado en Dallas, Schlesinger escribió su obra “Los mil días”, que apareció en 1966 y recibió el Premio Pulitzer y el Premio Nacional del Libro. En 1978 publicó “Robert Kennedy y su tiempo” que le ganó, por segunda vez, el Premio Nacional del Libro. En 1973 publicó “La presidencia imperial”, contra el gobierno de Nixon.

John Kennedy le debió la presidencia a una hábil manipulación de los medios de comunicación, en la cual Schlesinger fue uno de los principales propulsores.  Le rodearon de una imagen de atlética y audaz juventud pese a que era un hombre muy enfermo que recibía fuertes dosis de medicamentos. Le crearon el talante de un perfecto cabeza  de familia, padre ejemplar, esposo fiel, cuando en realidad era un mujeriego irrefrenable que no cesaba en sus parrandas. Gustaba de fumar habanos pero se evitaba que eso trascendiera al público porque era una costumbre que lo semejaba a los viejos caciques de la politiquería.

Kennedy fue el líder que encarnó la imagen de los años cincuenta, cuando se rompió la barrera del sonido, el número de pasajeros por vía aérea sobrepasó a los que usaban el ferrocarril, se aumentó de manera colosal la venta de electrodomésticos, creció la oferta de automóviles. Tras la muerte de Kennedy comenzó la edad de la ansiedad, del desafío a la autoridad, de la rebeldía estudiantil, de manifestaciones, asesinatos, motines antirracistas, de inquietudes revolucionarias y expansiones de la violencia cívica.

El ascendente de los Kennedy en la mitología nacional es una demostración más de la fuerza de los medios de comunicación masiva en la creación de mitologías. La intensa repercusión  de la muerte  de John F. Kennedy, y la pesadumbre  que crearon los infortunios de esa familia,  es la confirmación de cómo se puede influir en la opinión  si se cuenta con los recursos necesarios para conformar la imaginación pública. Esa familia, enriquecida con turbios manejos, ha pasado ha ser un símbolo de la identidad nacional como el perro caliente y la Coca Cola.

Schlesinger fue un hijo de su tiempo, un liberal, un verdadero demócrata, que solía decir que la comprensión del pasado no es un mero ejercicio estético sino el único camino para  comprender el presente.

gotli2002@yahoo.com

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.

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