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El juego nuclear y el dominó asiático

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El enfado de los elefantes

La explosión de la bomba atómica norcoreana dio lugar a un amplio movimiento de consultas en las cancillerías del mundo. Estados Unidos, viendo que se le escapaba el monopolio nuclear a un grupo de grandes potencias y a su títere Israel, promovió sanciones máximas que iban desde el embargo económico hasta el bloqueo naval, aéreo y terrestre, forzando a la inspección de buques, aviones, trenes y camiones que entrasen o saliesen de Norcorea. El salvaje John Bolton chilló desesperado en la ONU. Afortunadamente se ha impuesto la cordura.

La posición de China es previsible. Estados Unidos se apoya en Asia, en sus lazos comerciales y militares, con tres países: Japón, Taiwan y Corea del Sur. Este trío es susceptible de pedir a Bush que se les proporcione armamento atómico para balancear el recién adquirido poder de Norcorea. En ese caso China vería comprometida su seguridad al estar rodeada de un cinturón de estados con vigor nuclear. China ha propuesto medidas punitivas que no incluyan la opción militar porque tampoco le conviene tener en sus fronteras al ejército de los Estados Unidos. Rusia tiene límites con Norcorea y también ve con antipatía el ascenso de ese país al grupo de los dotados con armamento de uranio enriquecido.

Los Estados Unidos temen el efecto dominó: que otras naciones se sientan alentadas a dar un paso similar. Irán, desde luego, ha visto fortalecidas sus legítimas pretensiones de poseer energía nuclear civil para su desarrollo económico. Aunque Irán ha declarado reiteradamente que no pretende armarse con los instrumentos de la fisión nuclear, solamente aspira a impulsar generadores eléctricos para su base industrial. Pudiera ser que Sudáfrica, que renunció a su programa atómico en 1993, intente relanzar sus ensayos.

Muchos se preguntan ahora en Estados Unidos por qué Bush agredió a un país, como Irak, que supuestamente poseía armas de destrucción masiva y en realidad no contaba con ellas; sin embargo, no ataca a Norcorea, que sí las tiene. La respuesta puede resumirse en una sola palabra: petróleo.

No sabiendo como enfrentar este fracaso de su política exterior los norteamericanos tratan ahora de desacreditar el logro tecnológico que supone la bomba coreana y afirman que es desusadamente pequeña. En efecto, la bomba arrojada en Hiroshima en 1945 tenía 15 kilotones y la coreana es de medio kilotón. Los especialistas yanquis asumen que puede tratarse de un malogro de la prueba o que en realidad es una detonación de explosivos convencionales.

En Sudcorea, país más afectado por los cambios, existen sentimientos ambivalentes: se oponen a medidas demasiado enérgicas porque el desplome del gobierno en Pyongyang traería como consecuencia una reunificación de la península coreana, a lo cual se oponen. De otra parte hay un sentimiento etno-nacionalista que siente un cierto orgullo por el avance científico espectacular de sus hermanos del norte. También muchos sienten que Estados Unidos sustituyó a Japón como potencia ocupante al final de la II Guerra Mundial.

Bush, con su manía de fanático en pose de santurrón, declaró a Norcorea como un estado que participaba en un conjunto de naciones compuesto por Irán, Cuba, Libia y Siria en el llamado eje del mal. El entonces subsecretario de Estado, el brutal John Bolton, advirtió en 2002 que Washington tomaría medidas para impedir que esos estados suministrasen armas a organizaciones terroristas. Ahora se han desatado muchas críticas dentro de Estados Unidos por lo que se estima ha sido un descuido de la actual administración que ha permitido el fracaso de las negociaciones con Kim Jong Il y el vacío subsiguiente le permitió al mandatario coreano el éxito atómico.

El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, que ha visitado Norcorea en dos ocasiones en misiones diplomáticas, ha afirmado que el régimen de Bush, obsesionado con su fracaso en Irak y el aumento del descontento interno y el auge del número de bajas allí, no ha atendido con eficiencia el teatro diplomático en Asia. El coro de críticas por este yerro ha ido en aumento y es probable que repercuta en las elecciones de noviembre con una votación adversa al partido Republicano.

La bomba atómica coreana significa un triunfo de la política independiente de un pequeño estado contra las pretensiones de gendarme universal del régimen de Bush. La hostilidad generalizada de las potencias industriales no es más que el enfado de los elefantes contra la hormiga emancipada.

gotli2002@yahoo.com

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.

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