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Descalabro político y militar en Iraq

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Antonio Maira

inSurGente

En Iraq el descalabro político es total y evidente, y el militar -si Washington no cambia radicalmente las condiciones de la guerra- tardará pocos meses. No queda asidero alguno. La prolongada y recurrente pantomima electoral ha tocado a su fin.

Después de haber dado tres o cuatro vueltas de espiral -¿quién recuerda ya?- la situación ha vuelto a ser la misma que en los meses inmediatos posteriores a la invasión, con el "embajador" estadounidense dirigiendo la designación de un criado con nombre de jefe de gobierno. Los grupos políticos organizados por los EEUU dentro de la Zona Verde durante los tres años de ocupación militar, han propuesto a una Asamblea absolutamente ilegítima  -resultado de unas elecciones que reunieron todos los mecanismos posibles de imposición y de fraude- el nombramiento del mismo presidente transitorio, Al Jaafari. Un tipo que venía de atrás, de la designación imperial y de la absoluta humillación de la cerviz.

Los procesos de "devolución de la soberanía y democratización" han quebrado a coro en dos escenarios muy distantes. Otro de los ensayos de "democratización con vasallaje" -en eso consiste el "consenso de Washington"- acaba de caer estrepitosamente en Haití a pesar de las mediaciones de los países hermanos. El suicidio del general brasileño y los sucesivos retrasos de las elecciones, además del anuncio de fuga precipitada del contingente español, no anunciaban nada bueno. El desembarco norteamericano en Haití  y algunos movimientos silenciosos en Centroamérica, tampoco. Dos fiestas democráticas -con complicidad directa de la ONU- que finalizaron en charanga militar.

La prueba más evidente de que los Estados Unidos han abandonado toda pretensión de simular la existencia de un gobierno autónomo, y también de un gobierno de integración -según una ecuación fijada por los invasores-, es el lanzamiento de la crisis con Teherán que le va a enajenar la fidelidad artificial de los chiítas moderados.

El conflicto militar

En cuanto al conflicto militar, el proyecto de Washington de ceder el "orden público y la contrainsurgencia" a un enorme ejército iraquí -muy superior al de los tiempos de Sadam Hussein- ha sido derrotado por la guerrilla. La guerra sucia de Negroponte -que se desarrolló con enorme actividad durante casi dos años-, continúa pero ha quedado desbordada. La "genial idea pacificadora europea" de arabizar la ocupación militar se ha roto en añicos incluso en el ensayo menor de Haití.

La imagen cotidiana de la resistencia patriótica atacando a ministros, jefes de policía, patrullas y convoyes militares norteamericanos, tan pronto como todos ellos salen de la Zona Verde, es muy elocuente.

La única opción que le queda a la administración Bush es la de castigar a Irán con un ataque aéreo para intentar relanzar el espíritu patriótico de los Estados Unidos e ir preparando al país para extender la guerra con apoyo de Israel y de la OTAN. Ello requeriría de una tercera administración republicana.

En esas circunstancias la guerra tendría, probablemente, dos escenarios geográficos: Oriente medio y el Caribe. De momento han empezado a tomar posiciones.

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Antonio Maira

Antonio Maira

Dirige el diario digital InSurgente y es uno de los editores principales de la publicación Cadiz Rebelde. Vive en Cádiz.

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