Imprimir
Inicio »Opinión  »

Lanzamos la bomba atómica... ¿y qué?

| +

El 25 de julio de 1945 fue enviada una orden secreta del general Thomas T. Handy, sustituto del Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, al general Carl Spaatz, comandante general de la Fuerza Aérea Estratégica. El cumplimiento de esa indicación de apenas 24 líneas, escrita en un incoloro lenguaje castrense, provocó que, en apenas dos días, el 6 y el 9 de agosto, se provocase la muerte a 105 mil personas, se hiriese terriblemente a más de 94 mil, y se propiciase la destrucción, casi total, de dos grandes ciudades japonesas.
Nada semejante había presenciado la Humanidad desde que en la noche del 24 al 25 de agosto del año 79 DNE, durante el reinado del emperador Tito, la erupción del volcán Vesubio sepultó las ciudades de Herculano y Pompeya bajo un infierno de ceniza y lava. Las víctimas causadas entonces por la furia de la Naturaleza representan apenas el 9,52% de las causadas en Hiroshima y Nagasaki por la barbarie de un gobierno. Plinio, El Joven, testigo de la erupción volcánica, recordaría que "..muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses, y que esa era la última noche del mundo". El presidente Harry Truman apelaría también a una metáfora religiosa para describir su poder destructivo, cuando escribió en su Diario: "Hemos creado la bomba más terrible que haya conocido la historia universal. Será como la destrucción por el fuego profetizada para la Era del Valle del Eufrates...".

Los apólogos de este acto inmoral de inédita barbarie, los mismos que defendieron los bombardeos contra Hanoi y Haiphong, o contra Belgrado y Bagdad, aún intentan demostrar que el lanzamiento de las bombas fue necesario para golpear blancos militares decisivos y acelerar la rendición de Japón, evitar la caída de más soldados norteamericanos, frenar la influencia de los soviéticos en el Pacífico, y advertir al mundo que su país disponía del arma capaz de garantizar al occidente capitalista la supremacía en la postguerra. Analicemos algunos de esos mitos:

Primer mito: La orden emitida por Truman, y comunicada al general Spaatz, indicaba que sólo se debían bombardear objetivos militares, evitando dañar a mujeres y niños. Pero el texto de la orden cursada no hace tal distinción: "El grupo 509, de la Fuerza Aérea 20, -se le ordena- lanzará la primera bomba especial después del 3 de agosto de 1945, tan pronto como el estado del tiempo permita visibilidad. Se escogerá uno de los siguientes blancos: Hiroshima, Kokura, Niigata o Nagasaki. Para transportar a científicos civiles y militares del Departamento de la Guerra con el objetivo de observar y documentar los efectos de la explosión, deberán habilitarse aviones acompañantes" (1). Truman mintió deliberadamente sobre el primer blanco bombardeado, en su anuncio oficial a la nación, al decir: "Hace 16 horas un avión norteamericano lanzó una bomba sobre Hiroshima, una importante base del ejército japonés... Se trata de una bomba atómica...". (2)

Segundo mito: El plan original contemplaba el lanzamiento de una sola bomba, suficiente para obligar al Emperador Hiroíto a la rendición incondicional: "Bombas adicionales serán lanzadas sobre los blancos señalados, tan pronto como el equipo del €œProyecto...€ las concluya- especifica la orden- Más adelante se emitirán nuevas instrucciones relativas a otros blancos distintos a los indicados...". (3). ¿Por qué, entonces, se lanzaron sólo dos bombas?

A pesar de que el Proyecto Manhattan había costado, en apenas tres años (1942-1945), casi dos billones de dólares, sólo se habían podido construir tres bombas: Gadget, de plutonio, utilizada para la prueba del 16 de julio de 1945 en el desierto de Nuevo México; Little Boy, de uranio, lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto, y Fat Man, de plutonio, lanzada sobre Nagasaki, el 9 de agosto. De haberse dispuesto de un arsenal mayor, sin duda alguna se hubiese utilizado.

Tercer mito: El gobierno de los Estados Unidos informó oportunamente a sus aliados sobre lo que se proponía hacer, y al  mundo sobre los terribles efectos del bombardeo: "Todas las informaciones concernientes al uso de las bombas contra Japón se reservan al Secretario de la Guerra y al Presidente. Ese le indica al general Spaatz" Ningún comunicado ni información será ofrecida por los jefes en el frente...". (4)

Si bien es cierto que los norteamericanos mantuvieron cierta comunicación con Churchill sobre el Proyecto..., la primera vez que Truman lo mencionó a Stalin, de pasada, sin precisar que sería usada contra Japón, ni que se trataba de bombas atómicas, fue durante un  receso de la Conferencia de Postdam, el 24 de julio de 1945, el día antes de haberse emitido la orden. De hecho, la celebración de la propia Conferencia fue demorada, a su solicitud, hasta que no se realizase la prueba de Nuevo México.

La manera en que Truman comunicó al mundo lo sucedido en Hiroshima no denotó dilema ético alguno, a pesar de  haberse causado tantas muertes y destrucción. Por el contrario, un morboso regodeo apocalíptico se aprecia cuando afirma: "Los japoneses, en Pearl Harbor, iniciaron la guerra desde el aire. Ahora han recibido por ello un pago redoblado. Y esto aún no ha terminado... La fuerza que otorga su poder al Sol ha sido dirigida contra aquellos que llevaron la guerra al lejano Oriente Ahora  estamos listos para destruir de manera rápida y definitiva cualquier empresa productiva que los japonesas tengan en sus ciudades. Debemos destruir sus puertos, sus fábricas y sus comunicaciones...". (5)

Hasta el momento de ser lanzadas aquellas bombas atómicas, los continuos bombardeos norteamericanos contra las ciudades japonesas, utilizando bombas incendiarias de alto poder, habían causado más de 200 mil víctimas.  

Un reciente ensayo sobre la historia del Proyecto Manhattan y sus  implicaciones éticas, de Miguel A. Bracchini, ingeniero de la Universidad de Austin, concluye: (6) "La pérdida de vidas inocentes en Hiroshima y Nagasaki no tiene disculpa alguna... El asesinato de niños no puede ser justificado... Cuando los Estados Unidos lanzaron la bomba, perdimos la superioridad moral sobre Japón...".

Un día después del bombardeo sobre Nagasaki, un piadoso presidente Truman respondió de la siguiente forma al senador Richard Russell, que lo había exhortado a lanzar nuevas bombas atómicas y convencionales sobre los japoneses: "Sé que Japón es una nación cruel e incivilizada cuando hace la guerra, pero no puedo creer que porque ellos se comporten como bestias debamos nosotros actuar de la misma manera...". (7)

Cada mes de agosto, por estos días, se escucha el lúgubre tañido de la campana del Peace Memorial Dome erigido en el Punto Cero de Hiroshima, y los nombres de nuevas víctimas se agregan al listado infinito. Aún no ha triunfado la justicia, ni el gobierno de Estados Unidos ha presentado disculpas por las víctimas.

Un editorial del The New York Times, del pasado 22 de julio, denuncia a la administración Bush por minar, incesantemente, el Tratado de No Proliferación Nuclear. Son los mismos. ¿Qué viene después?

Fuentes:

1) Official Bombing Order, July 25, 1945, enhttp://www.danenn.com/decision/handy.html (subir)

2) Harry S Truman´s Announcement Of the Droping of An Atomic Bomb On Hiroshima, 1945, enhttp://www.clasbrain.com/artteens(publish/article_99.shtml (subir)

3) Official Bombing... Oport Cit. (subir)

4) Idem. (subir)

5) Harry S Truman´s Announcement... Oport Cit. (subir)

6) Miguel A Bracchini: The History and Ethics Behind The Manhattan Projec, enhttp://www.me.utexas.edu/uer/manhattan/ (subir)

7) Hiroshima: Harry Truman´s Diary and Papers, en http://.doug-long.com/hst.htm

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos

Filósofo y escritor cubano. Es el autor del libro "El Apocalipsis según San George".