Bienvenidos, terroristas –si están contra Castro
Veamos si podemos entender esto: el martes 28 de septiembre Washington negó las visas a un número de estudiosos cubanos -repito, estudiosos- que estaban invitados a participar en una conferencia académica en Las Vegas.
Pero en lo que significó una suspensión a la guerra contra el terror, hace unas pocas semanas en EEUU se dio una bienvenida de personajes famosos a Pedro Remón, Guillermo Novo Sampol y Gaspar Jiménez, tres cubano-americanos con estrechos y demostrados vínculos con las actividades terroristas en este país y el extranjero.
¿Terroristas sí y estudiosos no? No tiene sentido.
El 28 de septiembre, la Sección de Intereses de EEUU en La Habana informó a las autoridades cubanas que había rechazado la solicitud de visa de cada uno de los 61 estudiosos cubanos que debían participar en la convención de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (AEL) en Las Vegas del 7 al 10 de octubre.
Tal acción estaba basada en la Sección 212, una orden ejecutiva emitida durante la administración Reagan que permite negar la visa bajo el pretexto de que no interesa a EE.UU. conceder visa a personas que son empleados del gobierno cubano y/o miembros del Partido Comunista de Cuba.
"En resumen", dijo Michael Erisman, un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad del Estado de Indiana y miembro de la AEL, "es una excusa para negar las visas, ya que prácticamente todos los cubanos, y ciertamente todos los estudiosos cubanos, son empleados del gobierno, de la misma forma que todos aquellos en EEUU que trabajan en instituciones públicas son empleados del gobierno".
Sin embargo Remón, Novo y Jiménez, quienes junto con el ex agente de la CIA Luis Posada Carriles habían estado en una prisión panameña, acusados de planear el asesinato de Fidel Castro en una cumbre de líderes latinoamericanos en el 2000, no tuvieron problemas con las autoridades federales.
El hecho de que, según la acusación, planeaban usar 22 libras de explosivos para asesinar a Castro en la Universidad de Panamá no provocó ninguna alarma entre las autoridades de Inmigración. Esas autoridades se hicieron de la vista gorda cuando los tres hombres regresaron a EEUU por el aeropuerto de Opa-Locka en la Florida. Funcionarios en Washington no parecieron preocuparse de que los explosivos que los hombres iban a utilizar fueran suficientes para destruir un carro blindado, dañar todo en un radio de 200 metros y matar no sólo a Castro, sino también a docenas de estudiantes universitarios panameños. Recientemente los hombres habían sido sentenciados a 7 y 8 años de prisión por poner en peligro la seguridad pública.
Pero el 28 de agosto fueron indultados por la presidenta saliente Mireya Moscoso, la cual muchos creen que fue presionada por Washington para que lo hiciera. Y escandalosamente, el trío arribó a la Florida en medio de una gran fanfarria, justo a tiempo para conmemorar el tercer aniversario de los ataques terroristas en suelo norteamericano. Parece ser que a pesar de toda su retórica a favor de la democracia, lo que verdaderamente atemoriza a esta administración es el libre intercambio de ideas.
"Esperábamos algunas bajas, pero nunca una negativa en bloque de las visas", dijo Erisman. "El caso es, hasta donde yo sé, la aplicación -y abuso- más extrema de las disposiciones de la Sección 212 en lo que se refiere a la magnitud del grupo al que se le han negado las visas".
Terroristas si, estudiosos no. ¿Qué sucedió con la guerra contra el terror? Llámenlo oportunismo o llámenlo hipocresía -no hay mucha diferencia. El hecho es que estamos en año de elecciones y hay que ganar en la Florida. Y el candidato Bush está dispuesto de llegar muy lejos para ganarse el voto cubano-americano ultra conservador. Lo último que supe, esto se llamaba hipocresía.
Esta columna apareció originalmente el 30 de septiembre en The New York Daily News.
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