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Cultura y Neofascismo: Disidencias

En este artículo: Cultura, Fascismo, Susan George
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  Iroel Sánchez, Presidente del Instituto Cubano del Libro  

Al presentar un libro siempre hay gratitudes que ofrecer; se suele hablar de editores, correctores, de quien hizo la composición, del diseñador… En este caso, todos trabajaron rápido y bien, y aunque las dificultades para imprimirlo generaron algunos contratiempos, podemos disponer hoy de esta excelente selección, autoría de Ambrosio Fornet, editor y maestro de editores.

Pero en honor a la verdad nuestra gratitud debería extenderse, mucho menos cariñosa por supuesto, a los orquestadores y voceros de la más reciente campaña anticubana. Sin sus mentiras, sin sus calumnias, sin sus manipulaciones, este libro, así como varios de los trabajos que lo integran, no existiría.

Aún cuando este volumen dista mucho de recoger solo referencias a Cuba, todos los trabajos en él reunidos enfrentan las tesis enarboladas para cercarnos. En ellos no se habla ya, como sucedió en los años que siguieron a la debacle del llamado socialismo real, de “economía de mercado” para aludir al capitalismo, y a nuestro vecino del Norte se le llama claramente imperialismo. Los eufemismos han quedado atrás, quizás superados por una realidad demasiado terca para ser escondida bajo palabras que se le desajustan.

La nueva coyuntura tras el ascenso, a partir del 11 de septiembre de lo que algunos han llamado el IV Reich, ha estimulado el florecimiento de un pensamiento crítico, cuestionador y rebelde, al que las posibilidades abiertas por la existencia de Internet han creado un espacio cada vez mayor para interlocutores hastiados del “silencio de los corderos” en los grandes medios, que ignoran la creciente lucha social que protagonizan en las calles y plazas del mundo de hoy muchos esos mismos interlocutores, convertidos en combatientes contra la globalización neoliberal.

Así ha sucedido también con el más reciente intento de cercar a Cuba, luego del desconcierto inicial que provocó la marea desinformativa del coro monofónico entonado por los voceros de la ultraderecha, junto a los órganos oficiales y oficiosos de la socialdemagocracia europea. Contra nosotros se combinó la amplificación en cadena de las opiniones críticas, basadas en la desinformación, la mentira, o la duda ingenua pero irresponsable, con el emplazamiento tramposo a cualquiera que se parara ante un micrófono. Al mismo tiempo se condenaba al silencio a las voces discrepantes, no importa que se llamaran Oscar Niemeyer, Ernesto Cardenal, Augusto Roa Bastos o Mario Benedetti. A aquellos que por su celebridad no podían ser acallados, se les insultaba y desautorizaba, como hicieron a Gabriel García Márquez o a Rigoberta Menchú.

Aparecieron entonces mensajes y llamamientos solidarios, que no pudieron ser silenciados, la verdad se fue abriendo paso, se impusieron los argumentos, las razones esgrimidas también por figuras como Pablo González Casanova, Atilio Borón, Heinz Dieterich, Héctor Díaz Polanco y Miguel Bonasso, junto a las de muchos cubanos, como los autores de parte de los textos incluidos en el libro que presentamos hoy: Fernando Martínez Heredia, Jesús Arboleya y Guadalupe Pérez Bravo; ellos constituyen sólo una muestra pequeñísima de lo que varios compatriotas presentes en esta sala han dicho y escrito durante estos meses.

Para citar una estadística apresurada, que recoge lo publicado, sólo en español de abril a junio, digamos que la “prensa libre” generó en ese período 48 trabajos de opinión contra Cuba, muy bien difundidos y pagados, a los que se opusieron en el mismo lapso 92 textos en espacios como La Jornada, Rebelión y La Jiribilla (68 de ellos escritos fuera de Cuba). Un frente, quizás urgente pero muy efectivo, se conformó favorecido por la exclusión de los grandes medios y sus espacios de opinión, más que por una concertación preconcebida. Quedó probado una vez más que cualquier intento de disenso en los medios del poder global, aunque sea matizado, presupone la censura y la manipulación. Lo ocurrido a Guillermo Rodríguez Rivera y Fernando Martínez Heredia, con un periódico europeo que se vende como de izquierda, no deja lugar a dudas.

A los dadivosos pagadores de la mentira les agradecemos además nuestro reencuentro con viejos amigos, pero también con nuevos análisis para defender a Cuba y entender el mundo de hoy, para, como pedía Marx en sus tesis sobre Feuerbach, contribuir a transformarlo. Por eso en este libro está Edward Said, un grande del pensamiento mundial, fallecido recientemente, junto a lúcidos análisis de Samir Amin, Arundhati Roy y Gore Vidal, entre otros que se sublevan desde la inteligencia contra la guerra imperialista y las mentiras inventadas para justificarla. Tras las páginas de este libro subyace aquella pregunta, para algunos incómoda, formulada por Bertolt Brecht: “¿De qué sirve decir la verdad sobre el fascismo -que se condena- si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina?”.

Este volumen viene a sumarse a otro también preparado por Ambrosio Fornet: El mensaje del 11 de septiembre, que vio la luz en enero de 2002, y con él se inicia la colección Consensos de la Editorial de Ciencias Sociales. La circulación de este tipo de materiales entre nosotros ha crecido en los últimos años, en los que al aporte que venían realizando revistas como Temas, Contracorriente, Casa de las Américas, Marx Ahora y Criterios, se incorporó la existencia, primero en Internet y desde mediados de este año en su edición de papel, de La Jiribilla, en cuya sección “Cuba Defendida” aparecieron parte de los textos recogidos en este volumen. Ha sido un proceso también estimulado por la asistencia a nuestras últimas ferias del libro de figuras como Ignacio Ramonet, Susan Georges, Piero Gleijeses, Luis Britto, James Petras y Frances Stonor Sounders, autores de importantes textos sobre estos temas de la información, la historia, y la confrontación en el terreno de las ideas, así como por dos recientes congresos efectuados en La Habana: “Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI” y la Conferencia Latinoamericana de Ciencias Sociales que concitaron la presencia en nuestro país de algunos de los más brillantes pensadores del mundo contemporáneo.

Subrayo el hecho de que desde junio acá se ha producido el mayor flujo de intelectuales a Cuba en muchos años: de Roa Bastos a Costa Gavras, pasando por Thiago de Mello, Ernesto Cardenal y Gabriel García Márquez, entre otros. Nos visitó por primera vez Noam Chomsky, quien afirmó, durante la presentación de la edición cubana de una selección de sus textos que ningún país ha hecho tanto por otros como Cuba, y el Subcomandante Marcos acaba de declarar en su mensaje al encuentro “En defensa de la Humanidad” que “se dice Cuba y se dice dignidad”. Aún esperamos por ver esos titulares en los periódicos del primer mundo.

Especial atención debiera merecer entre nuestros visitantes Alfonso Sastre, víctima del silencio increíble pero cierto de la prensa ibérica, y de la censura de los teatros españoles, que con 271 piezas estrenadas en el 2002 no tuvieron espacio para ninguna obra del más grande dramaturgo vivo de la lengua castellana. Nos sorprendemos, porque tratándose de un verdadero disidente, las embajadas europeas en Madrid no lo invitan a sus recepciones, ni los corresponsales extranjeros allí solicitan diariamente su opinión sobre el acontecer político de su país. Es curioso que para la gran prensa no existan los disidentes en el capitalismo, el 60% de las personas que viven en la pobreza en América Latina no son disidentes, aunque cuando protesten se les asesine por decenas como acaba de ocurrir en Bolivia. Si el que protesta es un intelectual, se le compra o se le silencia, y para el que se rebele contra ese estado de cosas, como ha hecho Sastre, además del silencio está la criminalización. Alfonso Sastre está presente en este título con un texto fundamental, “Los intelectuales y la práctica”.

De modo que los fabricantes del aislamiento de la Revolución deben ser felicitados, no sólo por la visita furtiva que acaba de hacer su comandante en jefe a Iraq para trabajar de camarero, sino también por el fracaso estrepitoso de su última orgía publicitaria contra Cuba. Para comprobarlo recordemos solamente que en medio de la inundación mediática, Fidel viajó a Argentina y fue recibido apoteósicamente por las multitudes, igual acaba de suceder con los cubanos presentes en la Cumbre Iberoamericana de Bolivia. Esto, por cotidiano, pudiera pasar inadvertido, si no fuera porque esos mismos medios nos muestran todos los días a los jefes que en este mundo son, protegiéndose de la ira de las multitudes.

Mientras tanto, acaban de suceder dos cosas demasiado reveladoras para ser noticia, como que el presidente W. Bush escoja, para presentar su plan de democratización mundial, la National Endowment for Democracy (NED), fundada por Oliver North de la mano de Ronald Reagan como parte de la guerra sucia contra la Nicaragua sandinista – remember Irangate -, que es una de las principales financistas de sus empleados “independientes” en Cuba y también de la revista que lanzó el manifiesto más publicitado por la campaña anticubana, o que una diplomática española radicada en La Habana sea sorprendida con diez mil dólares en el aeropuerto de Miami, cuando regresaba a la isla luego de reunirse con los cabecillas de la contrarrevolución. A estas alturas no reclamaría los titulares, pero sí al menos una sencillísima pregunta fruto de la más pura curiosidad periodística: ¿Para quién era el dinero?

En fin, que sin esa ola de mentiras, omisiones y verdades a medias, no hubiéramos renovado y profundizado a tanta velocidad nuestros argumentos, fortalecido e incrementado nuestras alianzas, y, como parte de todo ello, no tendríamos esta magnífica selección preparada por Pocho, a quien de inmediato entrego el uso de la palabra.

Muchas gracias 
 

Palabras pronunciadas por el Presidente del Instituto Cubano del Libro en el lanzamiento del libro Cultura y neofascismo: disidencias

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Iroel Sánchez

Iroel Sánchez

Ingeniero y periodista cubano. Trabaja en la Oficina para la Informatización de la Sociedad cubana. Fue Presidente del Instituto Cubano del Libro. En twitter @iroelsanchez

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