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Lápiz con punta: La mala hora del rufián

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Julio García Luis  

 El rufián, como cualquier hijo de vecino, tiene días buenos y días malos.  A veces se levanta hecho tierra, con el ánimo por el piso, pero una notica de Cancio en El Nuevo Herald, o el anuncio de que alguna desgracia haya ocurrido o pueda ocurrir en Cuba le devuelven las ganas de seguir viviendo.  Al fin, ya se sabe, nadie es perfecto.

Hay otros días, por el contrario, que son de gloria.  Viene Bush a la Florida, por ejemplo.  Se reúne la vieja guardia, la que estuvo con el General hasta el último momento, cuando en Cuba había orden.  Se juntan otra vez los luchadores verticales contra Castro y el comunismo, los de la Brigada,  los muchachos de la CIA, y el rufián siente de nuevo que es alguien.  Su autoestima vuela alto en esos momentos.  Tal vez para más dicha el Presidente le dé la mano, o le deje caer una palmada campechana en la espalda, al pasar.   Habrá sin falta alguna fotografía que recoja para la historia el instante.  Ah, eso es vivir.

Nunca falta por supuesto la gente envidiosa y ruin, dispuesta a arruinarle la felicidad a cualquiera.  Esa Ileana Ros, para no ir más lejos, una mujer por demás vulgar dispuesta a robarse el show y ser el centro dondequiera que esté.

Pero hay días fatales, insalvables.  Esos de las competencias deportivas, por ejemplo.  El caso es que el rufián no tiene equipo ni tiene delegación ni tiene bandera.  ¿Cómo se puede vivir sin equipo?  ¿Acaso algún ser humano podría encender el televisor y ver en calma a esas negritas cubanas, que en vez de servir como domésticas se dedican a ganar una tras otra las medallitas?  El rufián padece un serio trastorno existencial, de pérdida de identidad.  Un caso freudiano.  ¿A quién debe aplaudir?  Es verdad que él estuvo, en primera fila, en el homenaje de los próceres de Miami a Tom Lasorda, cuando el equipo de pelota estadounidense le ganó a Cuba.  Mas Estados Unidos está gobernado por Bush, ¿y no estamos ahora enfrentados a Bush?

El rufián, por desgracia, no tiene a dónde ir.  Ni siquiera al psiquiatra.  Ha pedido a la tierra que se abra y se lo trague, pero en vano.

Por favor, roguemos todos para que terminen cuanto antes esos insoportables Juegos Panamericanos de Santo Domingo.  (Dios, y el año que viene son las Olimpiadas... ¡Oh, no!)

 

 

 

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Julio García Luis

Julio García Luis

Uno de los más importantes periodistas y teóricos de la comunicación de Cuba (1942-2012). Es el autor del libro "Revolución, socialismo, periodismo. La prensa y los periodistas ante el siglo XXI". Premio Nacional José Martí 2011.