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Perseverancia

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En los últimos años Kaliema Antomarchi es favorita a medallas en varios torneos. Foto: Klaus Mueller/IJF.

Kaliema Antomarchi llegó al judo porque quería romper ladrillos con las manos. Durante su infancia, cada verano la televisión pasaba un programa de artes marciales donde una persona destruía con un golpe todos los bloques apilados. Aquello no era judo, pero la niña de Santiago de Cuba lo veía como una hazaña a imitar.

“Los entrenamientos eran muy fuertes —confiesa—, pero resistía para llegar a la parte de los ladrillos”. Nunca le pusieron uno delante, aunque con el tiempo comprobó que existían otros muros más difíciles de quebrar.

En el equipo nacional desde 2006, Kaliema esperó diez años para convertirse en la primera figura de su división. Se dice fácil, pero significa mucho: dos ciclos olímpicos completos con escasas opciones de participar en una cita bajo los cinco aros, los mejores años de la juventud dedicados más a entrenar que a competir, y el reto de aprovechar al máximo cada presentación para demostrar su calidad como judoca. Durante esa década, solo en una temporada logró combatir más de diez veces en torneos oficiales.

Entonces la dueña de los 78 kg en la selección cubana era la holguinera Yalennis Castillo, subtitular olímpica en Beijing 2008 y varias veces medallista de América. Solo ante alguna lesión o cuando Yalennis se apartó de los tatamis para tener a su hijo, Kaliema pudo asumir el puesto principal de la categoría.

“A la hora de representar a nuestro país en eventos donde podía participar solo una atleta decidían llevarla a ella, y no precisamente porque me ganara los topes o incluso en algún campeonato nacional. Fue una decisión que tomó el colectivo de entrenadores encabezado por el profesor Ronaldo Veitía y que yo no lograba entender, pero como toda una guerrera supe mantenerme firme en mi objetivo”.

Así, en los mundiales de 2009 y 2013 Antomarchi salió con buen quinto y séptimo lugar, respectivamente. En 2011 no pudo y perdió en el primer combate. “A pesar de no alcanzar preseas esas participaciones fueron una gran experiencia. Me sirvieron para probar que sí podía ser medallista a ese nivel y en especial para demostrarme a mí misma que estaba haciendo las cosas bien”. Indiscutiblemente, tener el desafío de Yalennis la ayudó a crecer.

“Siempre fuimos dos atletas muy competitivas, con un derroche total de agresividad en cada combate. Durante años nuestros pleitos fueron la sensación de los campeonatos nacionales. No soy conformista, tampoco me gusta perder, y creo que esa lucha de contrarios me hizo mejorar. Hoy agradezco mucho la rivalidad que siempre tuvimos, porque toda esa preparación me sirvió para lograr los buenos resultados que he tenido”.

Cuando Kaliema habla sobre aquellos años no olvida el apoyo de su familia. “Si conversábamos y me veían triste —recuerda— solo me decían una palabra: perseverancia”.  Son trece letras que de cierto modo han marcado toda su carrera. “Siempre las he tenido en mi cabeza, así como la seguridad de saber que soy una buena atleta”.

En 2016 Yalennis Castillo se despidió de los tatamis con un merecido quinto lugar olímpico y por fin a Antomarchi le llegó su gran oportunidad. La aprovechó enseguida y en la cita planetaria de Budapest 2017 se colgó un bronce que le cambió los planes y le retribuyó tanta consagración. Entonces tenía 29 años y estaba a punto de dejar el judo.

En Budapest 2017 Kaliema consiguió su primera medalla en un Campeonato Mundial. Foto: IJF.

“Ya había estado muy cerca de lograr una presea mundial en 2013. Para el torneo de 2017 me preparé muy fuerte e incluso entrenaba con el equipo masculino. Llegué a la competencia con la seguridad de estar lista para lograr una medalla. Me sentía bien física, técnica y psicológicamente. Si no lo lograba ahí estaba decidida a terminar mi carrera”.

A ese bronce inolvidable, un año después le sumó el oro en el Campeonato Panamericano, mientras fue quinta en el Grand Prix de Budapest y séptima en el Grand Slam de Dusseldorf. Convertida ya en uno de los rostros más visibles de la selección femenina cubana, llegó hasta la capital de Azerbaiyán para defender su presea mundial. Sin embargo, su historia allí apenas duró doce segundos y le entregó el momento más amargo de su vida como deportista.

La británica Ketiejemima Yeats-Brown vestía de azul y ella de blanco. Entró sin sobresaltos al tatami para cumplir una primera salida que a todas luces parecía tranquila. Una reverencia al juez y otra a su rival. Apenas un instante y ya ambas tenían agarre en manga y solapa, un movimiento de pies, un amague rápido, otro intento y enseguida la sorpresa. Ippon. Aun en el suelo Kaliema no se lo podía creer. Dio un grito tan alto que recorrió toda la sala.

“Fue un día muy difícil. No estaba confiada, pero sí lista para luchar por la medalla. El judo es un deporte donde un error te hace perder. Cuando terminó el combate había un silencio total. Nadie me hablaba ni sabía qué decir. Yo no sabía qué hacer. Salí de la instalación para poder respirar porque sentía que me faltaba el aire. Me seguía Idalys Ortiz sin decir una palabra. En el viaje de regreso al hotel tampoco nadie habló. Creo que es la muestra más bonita de cariño y respeto que he recibido por parte de mis compañeros y entrenadores”.

Una derrota así duele, sobre todo porque meses después vio de nuevo a la inglesa y le ganó sin grandes problemas. Si fuera ante la brasileña Mayra Aguiar —su rival más enconada y a la que no ha podido vencer en nueve combates—, o frente a las niponas Ruika Sato y Mami Umeki —apenas una victoria en diez pleitos con ellas—, quizás se hubiera consolado con aquello de que también forman parte de la élite mundial.

“Ruika Sato es una atleta muy fuerte. Con ella discutí la medalla de bronce en 2017 y por única vez la pude vencer. Umeki es también otra judoca estelar, pero Mayra es la piedra en el zapato. Aunque hemos tenido muy buenos pleitos, siempre ha ganado ella. Me resulta un tanto difícil sobre todo porque es zurda como yo. Sin embargo, no me siento frustrada. He revisado detenidamente cada combate y cada vez me veo mejor. Quizás sea ella la que deba preocuparse”.

En Budapest 2017 Kaliema compartió el podio con Mayra Aguiar, Mami Umeki y Natalie Powell, tres de las judocas mejor rankeadas del momento. Foto: IJF.

En cualquier diálogo con Kaliema varios temas llegan de golpe y se tornan inevitables. Por ejemplo, del histórico Ronaldo Veitía dice que la obligó cada día a superarse como atleta y como persona. “Gracias a él aprendí a sacar lo positivo de las situaciones más difíciles y a mantenerme fuerte ante cada adversidad”.

De Yordanis Arencibia, el actual preparador del equipo nacional, reconoce su compromiso con el judo y cómo “transmite toda su sabiduría y su confianza a la hora de competir". Mientras tanto, Idalys Ortiz es “mi compañera, mi inspiración y mi ejemplo a seguir”.

Tras casi 15 años en uno de los equipos nacionales más laureados del país, Kaliema Antomarchi ocupa ahora el octavo lugar en el ranking mundial, es la segunda criolla en ganar un título en toda la historia de los Grand Slam de judo y sale como favorita para luchar por medallas en los venideros Juegos Olímpicos, los primeros de su extensa carrera y para los cuales está virtualmente clasificada. A Tokio llegará con 33 años, esta vez luego de vencer el aislamiento y la pausa impuestos por la COVID-19.

“Me he preparado toda la vida para participar en unos Juegos Olímpicos. El compromiso es grande y la situación difícil. Por mucho tiempo estuve en casa haciendo la mayor cantidad de ejercicios posibles para mantener la forma. Solo me resta esperar que todo se restablezca, aprovechar al máximo cada sesión de entrenamiento y sumarle mucho trabajo individual para recuperar el tiempo perdido”.

Risueña fuera del tatami, pero imperturbablemente seria cuando enfrenta a cualquier rival, Kaliema sabe que “una buena judoca debe ser disciplinada ante todo y evitar los conformismos”. Es una especie de lema que ella misma se ha repetido una y otra vez tras años de sacrificios y mucha perseverancia.

“Nunca he tenido las cosas fáciles y eso me ha obligado a esforzarme quizás un poco más que el resto. Siempre tuve mis metas definidas: ser medallista olímpica y mundial. Nada es difícil cuando tienes bien claro lo que quieres en realidad”.

Tras más de dos décadas desde su inicio en el deporte, tal vez Kaliema no recuerde el momento exacto cuando supo que un judoca no rompía ladrillos con las manos. Sin embargo, a un año de participar en el torneo más importante de su vida, ella sabe que cada ippon, cada lágrima y cada alegría, le dieron la constancia necesaria para derribar obstáculos más altos que aquellos que la llevaron a entrar a un tatami por primera vez.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Guillermo dijo:

    Bravo por ella, nuestro deporte está lleno de historias bellas como esta

  • Tabla dijo:

    Me gusto este trabajo periodístico, felicito a yunier, a la atleta mis mejores deseos

  • Eliezer Hernández León dijo:

    Excelente trabajo periodístico , esperemos que tantos años de sacrificio y perseverancia se vean materializados en una medalla olímpica que bien merece esta admirable atleta .

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Yunier Javier Sifonte Díaz

Yunier Javier Sifonte Díaz

Graduado de Periodismo en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en el año 2016. Periodista de Telecubanacán. Colaborador de Cubadebate. En Twitter: @yunier_sifonte

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