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Nuestro primer urbanista

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El Capitán General Felipe Fons de Viela, Marqués de la Torre, y considerado por muchos como el primer urbanista dedicado a la ciudad, decidió mandar a construir un paseo en La Habana.

Hacia 1770 la ciudad de La Habana vivía preocupada por aumentar sus defensas. Alarmada por las guerras continuas y las expediciones y los saqueos enemigos, solo se habían construido en la ciudad los castillos, las murallas y un número respetable de iglesias y conventos. Como plazas, existían las de Armas y la de San Francisco, la del Cristo y la llamada Vieja, pero no se pensaba en trazar paseos ni existía la idea más remota de edificar un teatro. El entretenimiento de la vecinería se reducía a las fiestas y procesiones religiosas y las paradas y los desfiles militares. Un entretenimiento muy recurrido era pasear por la calle de los Mercaderes y de la Muralla, cuyos comercios, alumbrados por lámparas y quinqués cuyos comercios alumbrados presentaban por las noches el espectáculo de un gran bazar o feria. No existía aún la Santa Iglesia Catedral ni el Palacio de Gobierno, y sus respectivas plazas eran terrenos cenagosos y yermos.

En esas condiciones estaba La Habana al asumir el mando de la Isla el capitán general Felipe de Fons de Viela, Marqués de la Torre. Procedía de la corte de Carlos III, pródiga en adelantos y mercedes para los cubanos. A Felipe de Fons de Viela, Marqués de la Torre, se le considera nuestro primer urbanista.

Desde su llegada el Marqués de la Torre prohibió el uso del guano en la ciudad pues para entonces el guano era la cubierta de las pequeñas casas que se levantaban con paredes de tapia o embarrado… Proyectó acometer diversas obras. Quiso dotar a la ciudad de un paseo, levantar un teatro, edificar la Casa de Gobierno y demoler la Parroquial Mayor para dar impulso, con la venta del terreno, a la iglesia de los jesuitas, Catedral después, que estaba paralizada.

Aquel teatro recibió el nombre de Principal, y el Paseo fue el de Paula, llamado así porque frente a uno de sus extremos se levantaba el hospital erigido bajo la advocación de San Francisco de Paula.

La iglesia adjunta al antiguo hospital, la llamada iglesia de Paula, es una de las reliquias más atrayentes de la Colonia. Se construyó a partir de 1668 y se abrió al culto y al servicio público en 1672. Iglesia y hospital fueron destruidos por un ciclón, pero se reedificaron en 1745. Muchos años después el hospital y el templo fueron clausurados. En 1907 una empresa particular adquirió el edificio, y en 1937 sus propietarios, que eran los Ferrocarriles Unidos, pretendieron derribarlo completo, a lo que se opuso el Ayuntamiento de La Habana. Después de una larga pugna entre el Municipio y los dueños, pugna en la que intervino la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, los propietarios demolieron la parte correspondiente a hospital, pero el presidente Grau salvó la iglesia al declararla, en 1944, Monumento Nacional. En 1946 el gobierno de Grau la expropió, reconstruyó y restauró.

Contó el hospital de Paula con una sección llamada El Palenque para el refugio de negras viejas. Como servía asimismo de asilo y prisión, aparece en la novela Cecilia Valdés como el lugar donde la protagonista de esa novela se reunió con su madre, de quien estuvo separada casi desde su nacimiento.

El teatro construido por iniciativa del Marqués de la Torre, nuestro primer urbanista, llevó el nombre de Coliseo y era de mampostería y madera. Fue obra del arquitecto habanero Antonio Fernández de Trebejo, el mismo arquitecto del Palacio de los Capitanes Generales, y se construyó entre 1773 y 1776. Era, dicen testimonios de la época, de arquitectura majestuosa y muchos visitantes lo consideraron el más bello teatro de la monarquía.

Con el andar del tiempo, bajo el mandato del Marqués de Someruelos, el Coliseo sufrió modificaciones y ampliaciones y se llamó Teatro Principal. Y en 1846 volvió a ser ampliado y hermoseado por iniciativa del gobernador Leopoldo O’Donnell.

Se le llamó asimismo Teatro de la Ópera porque estuvo consagrado a ese género musical, aunque no quedaban fuera de su escenario dramas y comedias franceses y españoles. Muy importantes compañías operísticas pasaron por ese edificio, entre ellas la del bajo Vicente García y su hija, la famosísima María Malibrán.

El ciclón de 10 de octubre de 1847 dejó en estado de ruina al Teatro Principal y fueron vanos todos los intentos que se hicieron para restaurarlo. Así, fue subastado en 1861.

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  • Felix A. dijo:

    Me gustan estos artículos

  • M dijo:

    Excelente artículo, permítame llamarle, amigo Ciro.
    Cada escrito suyo es una clase magistral de Historia de Cuba. Uno mira los edificios y las calles con otros ojos cuando conoce de la rica historia que guardan.

  • Mary dijo:

    Muy instructivas sus anécdotas.Felicitaciones.

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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