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Leonela Relys: Elogio de la maestra

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La Dra. Leonela Inés Relys Díaz (D), autora del método de enseñanza Yo sí puedo, con el cual se han alfabetizado más de ocho millones de personas en 33 países del mundo, durante el acto solemne de la entrega de la Elegía Camagüeyana, que representa la máxima distinción otorgada por la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, a personalidades nacionales y extranjeras, en el marco de las actividades por el Aniversario 500 de la fundación de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, en la ciudad de Camagüey, el 3 de febrero de 2014. Foto: Yaciel Peña de la Peña/ AIN

La Dra. Leonela Inés Relys Díaz (D), autora del método de enseñanza “Yo sí puedo”, durante el acto solemne de la entrega de la Elegía Camagüeyana, máxima distinción otorgada por la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, en la ciudad de Camagüey, el 3 de febrero de 2014. Foto: Yaciel Peña de la Peña/ AIN

“Estoy viviendo los mejores momentos de mi vida”, me dijo en La Habana Leonela Relys, una mujer pequeñita, de 67 años y herida de muerte. Yo no tenía ni idea de que padecía un cáncer de pulmón y ella tampoco dio señales de llevar tal peso encima. Todo lo contrario. Sonreía como siempre y respondió a un comentario que le hice sobre el abuso de las tecnologías en la enseñanza, con su opinión  volcada a los hechos y enhebrada con discreción y sabiduría. Esa prudencia en la firmeza (y aun diría en el combate) es lo que conocía de Leonela, la mujer que inventó el método “Yo sí puedo”, para enseñar a analfabetos de cualquier edad a leer y escribir en pocos meses.

El programa comenzó a aplicarse en el año 2001 en Haití, donde la mitad de la población era entonces analfabeta. La primera palabra que aprendió en creole, lengua que llegó a dominar, fue “grangou”, que quiere decir “hambre”. “El analfabeto no entiende bien por qué tiene que aprender a leer. Su urgencia es alimentar a su familia. Algunos preguntaban cuánto se pagaba por estar allí, y otros, cuando le entregamos por primera vez un lápiz, lo apoyaron por la parte de la goma de borrar, en pleno Siglo XXI”.

Allí comprendió  la relación del analfabetismo con la pobreza, el hambre, la insalubridad.  “El analfabetismo existe, porque existen iniquidades e injusticias sociales. Existe porque no hay educación para todos”.

Más de 100 000 personas fueron alfabetizadas en Haití con el método de Leonela, desplegado a través de la radio. Ella elaboró una cartilla en pocas páginas en las que combinó los números con las letras –“los pobres siempre aprenden a contar a la fuerza, y había que ir poco a poco de lo conocido a lo desconocido, de lo sencillo a lo complejo”, me explicó. En Haití sufrió un accidente que la obligó a regresar a Cuba y someterse a varias operaciones en una pierna. Convaleciente, recibió una llamada de Fidel Castro. El líder cubano le habló de su niñez en Birán, de los campesinos analfabetos que conoció y no sabían contar, pero asociaban el número de los billetes con las imágenes que traían. El diálogo con Fidel dio a la experiencia de Leonela una dimensión homérica: quería que aquel método para enseñar a leer pudiera llegar a todos los analfabetos del mundo, comenzando por los de los países latinoamericanos que quisieran sumarse a la aventura.  El gobierno del Presidente Hugo Chávez era el primero en apuntarse.

Leonela recordaba perfectamente esa primera conversación, y las que se sucedieron después. Fidel estaba convencido entonces de que sólo se consigue erradicar el analfabetismo si los países que lo sufren se empeñan en acabar con él. Sabía perfectamente que en algunas naciones, ser analfabeto equivale a ser menor de edad para el ejercicio de los derechos cívicos. “Si no sabes leer, no sabes votar, no puedes reclamar nada”, y Leonela insistía en esos diálogos en una dimensión esencial: la autoestima. El analfabeto carga, además, con la vergüenza de serlo.

La persistencia de los altos porcentajes de iletrados depende de factores estrictamente políticos, argumentaba Fidel en encuentros que a veces se prolongaban hasta la madrugada. El mundo tiene 700 millones de analfabetos, el 10 por ciento de la población humana que habita este planeta. La historia de la mujer –ellas suponen el 64 % de los iletrados actuales- que acude al vecino para que descifre la carta de su hijo; el drama de los analfabetos que se ven asaltados en las grandes ciudades por señales incomprensibles, por impresos que para ellos son papeles garabateados; la escena del analfabeto que quiere redimirse y no halla en la sociedad los instrumentos precisos para procurarse la cultura, son imágenes que reflejan el fracaso de una política alfabetizadora internacional que no ha alcanzado sus objetivos primordiales.

La metodóloga nacional de Español y Literatura del Ministerio de Educación, que había organizado una primera cartilla en creole, se vio de la noche a la mañana dirigiendo “un equipo multidisciplinario”, que incluía técnicos y actores vinculados al recién creado Canal Educativo, de la Televisión Cubana. “Comenzamos a escribir los guiones, a hacer el trabajo de mesa, a reunirnos para ver las imágenes y la música, y nació el ‘Yo sí puedo’”.

La idea que encabezó en el 2001 con un vocación latinoamericana, se materializó en 2002, cuando comenzaron las grabaciones. Los actores dramatizaban las historias e intervenían maestros locales y alumnos iletrados que aprendían observados por las cámaras. El sistema incluyó manual, cartilla, apoyo audiovisual y capacitación para los facilitadores, siempre “con la premisa de que fuera agradable, ameno y alegre, porque no había que sumar cargas nuevas a la vida de los pobres, que ya es de por sí bastante dura”.

Los programas se grabaron en quechua y aymará (Bolivia), creole (Haití), tetum (Timor Leste), inglés (Nueva Zelanda), Suajili (Tanzania), portugués, francés y varias versiones del castellano (para un numeroso grupo de países latinoamericanos y España).  También, armó cartillas “ecológicas” –con más de 300 imágenes de árboles y animales- y otras que utilizaban la computadora y el teléfono móvil: “descubrí que los pobres en muchos de estos países no tenían para comer, pero andaban con celulares”.  Los signos de la computadora y el móvil son números y letras. “La tecla 2 del móvil, por ejemplo, va con las letras ABC. Es como un ‘Yo sí puedo’ masificado… No hay que fajarse con los instrumentos populares, hay que utilizarlos. El mensaje que siempre quisimos llevar es ‘aprender a leer es bueno, útil y divertido’”.

Este resultado de la pedagogía latinoamericana –ella nunca permitió que dijeran que el “Yo si puedo” era sólo cubano-, logró alfabetizar en 33 países de diversos continentes, México entre ellos. Graduó a más de 8 millones 800 mil personas, y tuvo un beneficio colateral que Leonela no podía prever: “Cuando lo estábamos implementando en distintas partes de América Latina nos dimos cuenta de que había personas que no podían leer ni escribir porque tenían problemas en la vista. Entonces comenzó la Operación Milagro para devolver la visión a todas esas personas y que eso no fuera limitante para aprender.”

Alfabetizadora con 13 años

El aula era su felicidad y ella lo celebraba con un gesto discreto, porque la humildad de Leonela era tan grande como su genio pedagógico. Su metodología no solo era una enseñanza útil para la alfabetización, sino una pedagogía que, como tal, comprendía también una filosofía sobre el ser humano y la sociedad, que está atada a su biografía, en particular a su niñez y adolescencia.

Nació en Camagüey, en las llanuras del centro oriental de la Isla. Su madre murió cuando ella era muy pequeña, y fue criada por sus abuelos. Su abuela la enseñó a leer en una Biblia y era una niña todavía cuando en 1961, dos años después del Triunfo de la Revolución y contra la voluntad de su familia, se apuntó como alfabetizadora para la gran campaña donde un millón de cubanos aprendió a leer y la contrarrevolución asesinó a maestros voluntarios y a sus alumnos campesinos. Leonela tenía 13 años y fue destinada, con otra compañera, a Brisas de Yareyal, un pueblo del norte de la Isla que ni siquiera estaba en el mapa.

Ahí encontró su vocación y descubrió que su vida iba a ser “más que una lucha por la alfabetización, simplemente una lucha contra el analfabetismo, que es algo cambiante con la evolución de la sociedad y mucho más complejo que el no saber leer y escribir”. Se graduó de maestra primaria en 1964, dio clases de Español y Literatura, años después se hizo doctora en Pedagogía, escribió una veintena de libros y recibió los más altos honores del país –incluido el Título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, que muy pocos ostentan.  La UNESCO le otorgó dos Menciones Honoríficas Rey Sejong (del 2002 y 2003), y el premio del año 2006, mientras  la Universidad de Gerona le entregó el Premi Mestres 68, en su edición del 2012.

Todo eso lo hizo mientras, como cualquier otra cubana, hacía malabares para llevar el hogar y atender a sus dos hijos, una hembra y un varón ahora cuarentones, que le dieron tres nietos a los que adoraba. Sus últimas horas las vivió en la casita verde que ella y su esposo levantaron casi desde los cimientos en una calle llena de baches y  grietas de la barriada de Diez de Octubre, en la periferia de La Habana.

Aquel día, el último en que conversé con ella, volví a la carga sobre el método audiovisual del “Yo sí puedo” y el peligro de sustituir al maestro por el televisor.  “El problema no es la tecnología. Sin humanismo tendremos una generación dotada de capacidad profesional pero sin corazón. La competencia habrá de prevalecer entonces sobre la solidaridad y el capital sobre los seres humanos. Y así iremos a la barbarie”, anoté en mi agenda y sus palabras quedaron ahí, hasta este 17 de enero, en que amanecimos con la noticia de su muerte. Un dato, por cierto, que quedó relegado en los titulares, porque lo único que parecía importar de la Isla eran las conversaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba.

Nadie en la prensa dijo, por ejemplo, que el fraile dominico Frei Betto dio una conferencia en la Casa de las Américas, de La Habana, dedicada a otro gran pedagogo, el brasileño Paulo Freire, profeta de la educación solidaria. Al terminar su disertación y cuando ya sonaban atronadores los aplausos, Betto pidió a su audiencia que se pusiera de pie y que esas palmas batieran para abrazar y despedir a una mujer: Leonela.

El reloj se detuvo

Rolando Hernández: "El reloj se detuvo a las 10 y 55". Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Rolando Hernández: “El reloj se detuvo a las 10 y 55”. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

El rostro de esta mujer, que hizo tanto y cuyo nombre aparece en miles de referencias en Google, apenas aparece en Internet.  Ni siquiera se asoma en su propia casa, fiel a su personalidad, capaz de mover el mundo sin estridencia. Rolando Hernández, su esposo por “30 años más cinco prestados, de novios”, entra en la pequeña habitación donde Leonela tenía su estudio y va sacando de una en una las fotos que ella guardaba, en la que se le ve con los presidentes Fidel Castro, Hugo Chávez, René Preval, Martín Torrijos…

Es la primera vez que Rolando abre la puerta del estudio desde la muerte de su mujer y se disculpa, porque le cuesta hurgar entre sus papeles, todavía desordenados, como ella los dejó. Leonela trabajó mientras tuvo fuerzas, casi hasta el final cuando, teniendo todos los premios de su profesión y la posibilidad de mantenerse como académica en el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC) de Cuba, decidió volver al punto donde había comenzado: maestra. El agravamiento de su enfermedad la sorprendió en el preuniversitario “Tomás David Roig”, del Vedado habanero. Se había jubilado para retomar sus clases de Español y Literatura y cuando el médico advirtió a la familia que el cáncer apenas le permitiría tres o cuatro meses de vida, le dolió dejar el trabajo de psicopedagoga en ese preuniversitario.

“Mire, yo soy ateo, pero Leonela tenía algo, un don, no sé…”, confiesa Rolando. “Ella me regaló este reloj en 1999 –se lo quita de la muñeca y me lo muestra-. Lo he llevado desde entonces y jamás se adelantó ni se atrasó un minuto.  Leonela murió a las 10:55 de la mañana, lo sé porque a esa hora cerré sus ojos. Cuando llegué a la funeraria, el reloj seguía detenido en las 10:55, y ha seguido así, sin moverse, por más que le doy a la cuerda.”

Leonela y Fidel en el Palacio de la Revolución.

Leonela y Fidel en el Palacio de la Revolución.

Con Hugo Chávez en Caracas.

Con Hugo Chávez en Caracas.

Con el Presidente René Preval en Haití.

Con el Presidente René Preval en Haití.

Con el Presidente Martín Torrijos.

Con el Presidente Martín Torrijos.

En la casita que levantaron juntos Leonela y Rolando. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

En la casita que levantaron juntos Leonela y Rolando. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Se han publicado 23 comentarios



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  • gilberto dijo:

    Que grande es dejar parte de la vida funcionando y cambiando la vida de otros!
    Como sera cuando lo que uno hace es eterno?
    Que poquita cosa somos cuando ponemos a nuestras vidas el limite de la supervivencia personal

    • liberal97 dijo:

      muy mala noticia

    • EDDIEL dijo:

      si se pudo Leonela

    • LA PROFE dijo:

      Y después del fallecimiento de tan eminente pedagoga me viene dando vueltas esta idea y la voy a exponer, a lo mejor a nadie le interesa y a lo mejor sí.
      El método creado por ella se llama “Yo sí puedo” y en vida todos lo identificaban con su persona porque estaba entre nosotros, pero ahora que físicamente no está, aunque no lo dude nadie, está más que nunca.

      ¿No sería un gran homenaje póstumo darle al método su nombre oficialmente?
      Digo yo.

  • Veronica dijo:

    Merecido homenaje le ha hecho la periodista a esa gran mujer. Sin sentimentalismo esta escrito el articulo, percibo que a Leonela le hubiese gustado mucho que hablaran de ella con la sencillez y entrega con que vivio la vida. Me hubiese gustado conocerla, que mis hijos hubieran recibido sus conocimientos. Educar es de grandes y motivar el aprendizaje, la educacion y el conocimiento en general es de personas Superiores, en el mejor sentido de la palabra. El reconocimiento a esta gran persona llega a tiempo. Nunca es tarde para resaltar las virtudes de las personas y mas en esta ocasion.

  • Heem Gondes dijo:

    Yo si pude : Corría 1965. Yo, procedente de una provincial oriental de Cuba, ingresé en el Instituto Tecnológico” Sierra Maestra ” ubicado en El Calvario, Mantilla, La Habana. Leonela, muy jovencita, era Profesora del Inst. Pedgógico ” Antón Makarenko “. Me impartial Español. Fuí su alumno. Ingresé con una ortografía desastroza y mucho peor en redacción. En pocas semanas con el empeño y profesionalidad de ella y mi interés aquello fue mejorando notablemente. Uno de mis encantos era ver como Leonela escribía en el pizarrón con una letra maravillosa, pareja. Un día le pregunté : usted cree que algún día yo pueda escribir así… ?. Su respuesta fue una sonrisa agregando que sí podría…!!!!
    Realmente era encantadora, muy bien preparada, con un estilo único de maestro, muy exigente, cariñosa y podemos agregar miles de adjetivos calificativos buenos para adornar su nombre. Su quehacer pedagógico y humanista fue más allá del Morro de La Habana y me pregunto : Por qué no se le otorgó ” La Orden Nacional José Martí”… ???;
    por qué no hubo un discurso oficialista de despedida en el Cementerio de Colón…???
    Decepcionante. Eso no ayuda a las nuevas generaciones. Fue un grave error…!!!!
    Pero no importa, millones de cubanos y en el extranjero otros millones, beneficiados con su arte educativo, le hemos reservados un lugar seguro en nuestros corazones, que es también un homenaje y lo más importante…!!!!!
    ….. Mi muy querida Profesora : Gracias a tú noble corazón YO PUDE….!!! Jamás serás olvidada y dejas un legado que te convierte en IMORTAL….!!!!!!!!!!!!!!
    A sus familiars mis condolencias y un abrazo fuerte de un cubano agradecido. Algún volveré a Cuba y una obligada acción me llevara ante su tumba en el Cementerio de Colón y depositaré una flor para una FLOR….!!!

    Muchísimas Gracias a Cubadebate por esta oportunidad…!!!!!

  • Rebeca dijo:

    Merecido homenaje a esta gran maestra y a través de ella a otros tantos que brindaron su ayuda para la aplicación del Método ‘Yo sí puedo’ en Haití, como la profesora América Quesada, también fallecida a causa del cáncer en fecha reciente. Para ellas dos en especial y para todas las profesoras y profesores cubanos, a los que tanto admiramos, todo nuestro reconocimiento y cariño

  • Dr. Dalsy Torres Avila dijo:

    Cuba ha dado grandes hijos e hijas, entre los excepcionalmente grandes esta Leonela Relys, estuve el honor y el placer de conocerla en Haiti alla por los anos 2001-2002 cuando cumpli mision medica en ese pais hermano, compartimos trinchera con varios “maestros” (recuerdo muy bien a Raul de las Tunas) en el empeno de llevar adelante la alfabetizacion utilizando el metodo creado por la profe Leonela, lejos estabamos de imaginar el impacto que el metodo “yo si puedo” tendria posteriormente. La noticia de su fallecimiento me ha impactado, a pesar del tiempo y la distancia todo lo relacionado con ella siempre me parecio muy cercano, creo que esa manera de sentir surgio al descubrir en ella, en mis visitas a la casa de los “maestros” en Puerto principe, a una persona que hizo de la nobleza, la humildad y la sencillez las mejores armas que un pedagogo puede tener para ensenarnos el camino correcto a seguir en la vida. Mis mas sentidas condolencias a su familia.

    • liberal97 dijo:

      concuerdocontigo

  • Corona dijo:

    Rosa Mirian: Gracias por impedir que personas como esta gran mujer pasen al olvido después de falecer. Su obra quedará en muchos corazones. Gracias por este artículo.

  • liberal97 dijo:

    mala noticia

  • EDDIEL dijo:

    si se puedo Leonela

  • liberal97 dijo:

    lamentable suceso

  • vicente dijo:

    Extraordinaria mujer, parece hija de Mariana Grajales , luchadora incansable por llevar la alfabetizacion a los lugares mas intrincados del mundo y a los mas necesitados, ella es de las que como diji Marti ha cumplido bien la obra de la vida

  • Leopardo Naranja dijo:

    Hermosa obra, gigantesca, de consagracion a su trabajo, que tanto bien esparcio por el mundo. Debe estar bien cerca de Dios

  • Aristides Rondon Velázquez dijo:

    Fui alfabetizador en el lejano 1961. Sé lo que debió pasar Leonela en el cumplimiento de aquella hermosa misión. Ella es de las personas imprescindibles. Nuestro sindicato tiene que trabajar para divulgar la vida de esta educadora ejemplar a la que millones de personas le deben tener la luz de los libros. Es ejemplo a imitar y a eternizar. Me uno al dolor de familiares y amigos de la manera más sincera aun cuando no la conocí ni a ella ni a ellos.

  • Ernesto Rondón Velázquez dijo:

    Fui alfabetizador en el lejano 1961. Sé lo que debió pasar Leonela en el cumplimiento de aquella hermosa misión. Ella es de las personas imprescindibles. Nuestro sindicato tiene que trabajar para divulgar la vida de esta educadora ejemplar a la que millones de personas le deben tener la luz de los libros. Es ejemplo a imitar y a eternizar. Me uno al dolor de familiares y amigos de la manera más sincera aun cuando no la conocí ni a ella ni a ellos.

    • Maria Teresa dijo:

      Por su trabajo y por sus actos permanecerá por siempre en la memoria de muchos países, con diferentes culturas, lenguas e identidades, inspiró con su ejemplo a educadores de su tiempo y el nuestro. Me enseñó que las cosas pequeñas son las que valen y enseñan.Quizo a los pobre y marginados haitianos como se quiere un hermano,
      No dejarla en el olvido es un regalo que la vida me ha dado,escribir su historia de vida que comence en el 2012 y que espero terminar para que su vida y obra perduren en el tiempo junto a otras mujeres que han hecho historias.
      Mujer tierna , sencilla, inteligente…… quedaras en el corazón de quienes te conocimos , compartimos contigo diversas trincheras, nuestro Haití querido al que soñabas con volver algun día nunca te olvidará, a su familia y su esposo Rolando quien me ayudó a buscar todo lo de su vida y obra le digo,la muerte no es el fin cuando el corazón late en nosotros. Gracias periodista.

  • Miguel Ruiz dijo:

    Gracias Rosa Miriam: Esa mujer era la personificación de la esperanza. Hizo realidad aquella expresión de Martí “… con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”. De seguro los grandes medios no dirán una palabra ni tampoco recibirá un Nobel de la Paz; pero ya está en el corazón de los pueblos.

  • Alex dijo:

    Leo: Donde quiera que estès…Te mando un beso…Gracias por tanta alegrìa, la vivacidad de tu sonrisa.Asì como nos vimos la ùltima vez te recordaré…. Invitando a seguir luchando…Por seguir siendo para siempre la maestra tan sencilla y cariñosa, ejemplo de mujer cubana, llena de ternura y sacrificio para todos, para el mundo.

    Alex

  • lili dijo:

    periodista: pensemos que haya oídos receptivos de la prensa para reconocer a quien se lo merece, pues hemos perdido personas que han dejado su huella en el andar de este país y prácticamente solo les ha acompañado el silencio. José Martí dijo Honrar honra, Leonela se merecía ese trabajo periodístico que usted ha brindado.Gracias.

  • Pedro Pablo dijo:

    que bello trabajo, que justo y sincrompara una mujer que fue toda sencillez y modestia. Rolando su esposo es otro incomparable hombre que supo estar siempre a la altura de Leonela. Tuve la dicha de compartir en varias celebraciones en Camagüey con ellos, por cierto la foto que acompaaña el trabajo fue en la Universidad Ignacio Agramonte y ese dia participé junto a ella, la besé y felicité, estaba muy contenta por tan importante Galardón, una mujer que había recibido muchos y valiosos Reconocimientos

  • alexis67 dijo:

    Concuerdo con el resto de los foristas que le inmenso trabajo realizado por esta cubanisima profesional para cuba y el mundo merecen un reconocimiento mayor que el tributado hasta ahora, desde q vi la foto al inicio del articulo me vino a la mente el mayor elogio que considero se le pudiera brindar a una persona como ella: “tiene cara de maestra”

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana y editora del sitio Cubadebate. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros “Antes de que se me olvide”, “Jineteros en La Habana”, “Clic Internet” y “Chávez Nuestro”, entre otros. En twitter: @elizalderosa

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