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Murió en Varsovia expresidente polaco Wojciech Jaruzelski

En este artículo: Europa, Polonia, Wojciech Jaruzelski
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JaruzelskiEl expresidente de Polonia, el general Wojciech Jaruzelski ha muerto en Varsovia a la edad de 90 años.

El general Wojciech Jaruzelski fue ingresado de urgencia en un hospital capitalino tras sufrir un derrame cerebral el 13 de mayo.

Nacido en julio de 1923, Jaruzelski fue el último líder superviviente de uno de los países del antiguo bloque socialista de Europa del Este.

El veterano militar ha padecido en los últimos años un cáncer y una neumonía y ha sido hospitalizado en numerosas ocasiones.

Jaruzelski fue la figura militar y política clave de Polonia entre las décadas de 1960 y 1980.

Durante la Segunda Guerra Mundial su familia fue deportada a Siberia. En 1943, inició su carrera militar en la Unión Soviética.

Ocupó la cartera de Defensa en 1968 y fue primer ministro de 1981 a 1985, presidente del Consejo de Estado de 1985 y 1989, y presidente del país entre 1989 y 1990.

(Con información de RIA NOVOSTI)

Se han publicado 10 comentarios



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  • raulin dijo:

    bien muerto esta pues bastante daño le hizo a Polonia como titere de los rusos

    • banshee dijo:

      No tienes que hacer tanta gala de tu anticomunismo sino leer más. En primer lugar Jaruzelski no fue ningún titere. La declaración de la Ley Marcial salvó a Polonia de una intervención soviética y por contra fue el primero de todos los presidentes de los países del campo socialista en negociar con la oposición, representada por Solidaridad en Polonia. Luego siguió de Presidente hasta las primeras elecciones

  • Brutal dijo:

    Figuras como esta son las que hace falta ahora en Europa.

  • Aroldo dijo:

    Estuvo de presidente un año solamente, seguro la caída terminó su mandato.

  • garcia dijo:

    raulin ,que sabes tú de política ,por tú comentario eres un anafalbeto disfuncional.

  • Taran dijo:

    Aroldo:
    En realidad fue jefe del estado desde 1985 hasta 1990, ya que del 85 al 89
    el presidente del consejo de estado era tambien el jefe del pais. Luego fue
    “presidente” del 89 al 90, la caida del comunismo polaco se considera fue
    en el 89 y por eso tomo el nombre de presidente el jefe del pais. Yo no estoy
    en contra de estas notas cortas para dar una noticia, pero como me gustaria
    mas tarde leer un trabajo profundo sobre personalidades que fallecen,
    con criterios *propios* de Cubadebate. Gracias.

  • alexander rosa granado dijo:

    Que pena, el anticomunismo tiene que ver con el analfabetismo funcional.

  • Fernando dijo:

    En Europa (a nivel académico) está de moda sacar las entrevistas y discursos de líderes de Europa oriental porque eran personalidades geniales, inteligente, valientes que lucharon contra el nazi-fascismo y lo vencieron. Ahora en Europa los “políticos” son actores analfabetos que no tienen discurso alguno. Marionetas del verdadero poder.
    Los polacos anticomunistas que conozco reconocen a Jaruzelsky como un gran patriota. Los comunistas simplemente lo honran y añoran. Comparativamente el pueblo polaco tenía mejores índices de bienestar con el socialismo que en la actualidad y estamos comparando etapas históricas diferentes. Lo digo desde la ciencia sociológica que ahora estamos reconociendo que el socialismo garantizaba salud, vivienda, trabajo, cultura y deportes a niveles que ahora no se llega.

    • LIBORIO dijo:

      Fernando, permítame carcajearme….jajajajajajjaja, creo que usted ha roto todos los records de comentarios absurdos, analfabetos e ignorantes, y mire que eso abunda por aquí.

  • Sergio dijo:

    ENTREVISTA A JARUZELSKI (2005)

    “Visto desde la historia, el Papa tenía razón”

    El fervor con que Polonia despide estos días a Karol Wojtyla podría tener su reverso en Wojciech Jaruzelski (Kurów, 1923), el general que a principios de la década de los ochenta asumió la dirección del régimen totalitario, decretó la ley marcial y combatió a Solidaridad, el sindicato que bajo el manto protector de Juan Pablo II ponía en jaque al Gobierno polaco y amenazaba con resquebrajar todo el imperio soviético. Jaruzelski vive estos días con emoción contenida, enfrascado como en los últimos años en exponer su visión de la historia, la que justifica la ley marcial como un acto patriótico -evitar la intervención soviética- que puso los cimientos de la futura democratización, lo que le colocaría al final del recorrido en la misma trinchera que Juan Pablo II.

    Protegido como siempre por sus grandes gafas oscuras, hierático y aún enérgico, Jaruzelski considera a Wojtyla como una de las figuras “más grandes” del mundo contemporáneo, aunque considera “simplista” atribuirle el derrumbamiento de la Unión Soviética y sus satélites. El general cuenta con despacho oficial en Varsovia, en un céntrico edificio del Ejército cuya destartalada fachada evoca los tiempos del realismo socialista. En la sala se amontonan libros, símbolos patrióticos y regalos del Ejército, entre los que destaca una efigie de emperador romano que le fue obsequiada en 2003, con motivo de su 80º cumpleaños.

    Pregunta. ¿Qué tiene previsto hacer durante el entierro de Juan Pablo II?

    Respuesta. Pasaré el día delante del televisor: es la única forma que tengo de acompañarle. Físicamente, no me siento capaz de ir a las ceremonias, pero viviré la jornada junto al resto de compatriotas.

    P. ¿Está sorprendido por la inmensa ola de fervor hacia el Papa desatada en Polonia?

    R. No, porque la religiosidad de los polacos es bien conocida. Pero se trata de una religiosidad emotiva, algo superficial. Podría decirse que los corazones polacos están cerca del Papa, pero las cabezas, no. Hay además un componente muy patriótico. Y habría que añadir el papel de los medios de comunicación, que han creado un ambiente algo exagerado. Él era muy modesto; no creo que le gustase todo esto.

    P. Muchos en Polonia ven también a Juan Pablo II como un libertador frente a la Unión Soviética.

    R. ¿Se refiere a principios de la década de los ochenta en Polonia? ¿O a lo que se dice ahora del Papa sobre que hizo caer el comunismo y desintegrar todo el bloque soviético?

    P. ¿No son parte del mismo proceso?

    R. No. En 1980-1981, ante la amenaza de invasión, el Papa no hablaba con [Leonid] Breznev ni tomaba medidas al respecto. Lo que hizo, bendiciendo a Solidaridad, fue prevenir frente a corrientes opositoras radicales. Que Polonia pudiera dejar atrás la ley marcial de forma tranquila fue en parte gracias al Papa y a su llamamiento a la moderación. Después desempeñó un papel enorme en las transformaciones históricas a partir de 1990, pero hablar del Papa como la persona que hizo posible la caída del comunismo es una simplificación vulgar. Su semilla caía en tierra fértil; era un proceso que el Papa apoyaba y que contribuyó a que avanzara.

    P. ¿Lo que acabó sucediendo no implica que Juan Pablo II tenía razón y usted, el Gobierno comunista, erraba?

    R. Visto desde la perspectiva de la historia a largo plazo, él llevaba la verdad. Tenía razón situando la mirada a lo lejos y considerando los supuestos morales: deseaba cambios en Polonia y en el mundo. Pero creo que no la tenía cuando se pronunció en contra de la ley marcial: le faltaba la perspectiva completa de las amenazas. A corto plazo, yo tenía razón.

    P. ¿No se arrepiente de haber impuesto la ley marcial?

    R. Fue una decisión muy difícil y dolorosa, pero no me arrepiento. La alternativa hubiera podido ser una gran tragedia. Y sin aquella decisión no sabemos si después hubiera sido posible el ascenso de [Mijaíl] Gorbachov en la URSS y los acontecimientos que se desencadenaron. Le voy a recordar, citado de memoria, lo que dijo Breznev el 1 de marzo de 1982: “Si los comunistas polacos no hubieran puesto un dique a la contrarrevolución, si no hubieran detenido a sus adversarios, se hubiera puesto en gran peligro el destino del continente y de Polonia”.

    P. ¿En aquel momento temía más a Breznev o a la fuerza del Papa?

    R. Hay que diferenciar bien entre uno y otro porque pertenecen a dos planos completamente distintos. Breznev era el líder de una gran potencia, un poco petrificado, muy consevador, creador de una doctrina conocida [de soberanía limitada de los países dentro de la órbita de la URSS]. Ejercía una influencia constante sobre nosotros. La amenaza de intervención nos era desfavorable y había que evitarla. Al Papa lo veía en cambio como el líder espiritual de la Iglesia católica como un patriota polaco, con una visión muy diferente del régimen de la que tenía yo.

    P. Usted dedica ahora grandes elogios a Karol Wojtyla. ¿Cuándo se dio cuenta de que era una persona “tan formidable”?

    R. Mi primer encuentro a solas con él fue en 1983. Vi que se trataba de una persona formidable, con gran fuerza intelectual, con carisma, cultura, capacidad para escuchar… Era un adversario, pero, paradójicamente, también un aliado porque llamaba a Solidaridad a no escoger la vía radical. Ha sido, no obstante, con el paso del tiempo cuando he podido apreciar la gran figura que representó: es una gran figura de la historia moderna, de Polonia y del mundo.

    P. ¿Considera que sus enseñanzas están incluso más próximas al socialismo que al capitalismo?

    R. La enseñanza social de la Iglesia es cercana a los valores del socialismo y Juan Pablo II fue el primer Papa que lo vio. Seguramente fue porque vivió la mayor parte de su vida en ese régimen y vio sus defectos y pecados, pero también determinados aspectos de igualdad y de justicia. Él apreciaba esos valores, aunque consideraba mejor el capitalismo, más vinculado a la democracia, a la mayor eficacia de la economía de mercado, a las libertades… Pero al mismo tiempo el Papa también alertaba de las injusticias, del consumismo desbocado, del culto al dinero, de la publicidad agresiva…

    P. ¿Es cierto que Juan Pablo II consideraba que usted, en el fondo, también era creyente?

    R. Me han llegado algunas opiniones en este sentido, tal vez no expresadas exactamente así. Creo que veía en mí a un patriota polaco con determinada sensibilidad social y lo asociaba a mi educación, profundamente católica y patriótica.

    P. ¿Se considera católico?

    R. No soy creyente. Le tengo mucho respeto al Papa y a todas las enseñanzas de los Evangelios que contribuyan a hacer del hombre un ser mejor. Pero tras años de reflexiones, me aparté de la fe, especialmente de la idea de que hay vida después de la muerte.

    P. ¿Y sigue siendo comunista?

    R. Nunca me he considerado comunista en el sentido vulgar que se da a la palabra, de identificación plena con el sistema y lo malo que había en él. La palabra misma se ha utilizado para cosas que no llegaban a serlo. Si leemos el Manifiesto Comunista vemos que en ninguna parte del mundo se cumple. Como sistema, trajo consigo muchos males, pero si las ideas se toman de forma pura, como Marx las expresó, siguen vivas. También los socialdemócratas creen en ellas; con otros medios y otros instrumentos. Alcanzar por completo estos ideales es imposible porque los seres humanos nunca seremos ángeles, pero la humanidad anhela justicia e igualdad. Sigo siendo fiel a estos valores. Si usted asocia estos valores al comunismo, entonces sí, soy un comunista.

    P. ¿No se arrepiente de nada?

    R. Sí, sobre todo de dos cosas. De no haber podido llegar a un compromiso con Solidaridad que hubiera evitado el abismo en que la ley marcial era ya imprescindible. Y después, con su aplicación, hubo injusticias y acciones que la desbordaron. Aunque no soy responsable de ellas, pido perdón y lo considero un mal menor respecto a lo que hubiera podido suceder. De forma más personal, me arrepiento de haber entrado en el mundo de la política, lo que me llevó a ser primer ministro en tiempos extremadamente difíciles.

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