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Cultura y nación

Viví los tiempos de la soledad. La conocí en un hogar donde los artistas compartían las angustias del empecinamiento en seguir haciendo obra a pesar del silencio y la adversidad. Compartí con mis coetáneos la lectura de manuscritos que tan solo habrían de ver la luz después del triunfo de la Revolución y frecuenté los precarios cineclubes destinados a proseguir el aprendizaje, aunque se careciera de vías de realización inmediata. Esa realidad era resultante de una República sumida en el subdesarrollo, vuelta de espalda a los grandes problemas de la educación y la cultura, inseparables la una de la otra.