Freddy

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En los bajos estuvo enclavado el bar donde encontré a Freddy y la escuché por primera vez. A continuación, Radio Progreso y, al fondo, la Iglesia de El Carmen.

Vi alejarse a Freddy con su buena compañía y subir ligerísima las escaleras. Durante un buen tiempo permaneció en su nuevo hogar. Luego supe que estuvo albergada en otras casas de amigos y, un buen día, me enteré de que ya comenzaba a tener oportunidades, que figuraría en el show del cabaret Capri bajo la dirección artística de Anido, un prestigioso hombre de espectáculos. Para esa ocasión, mi amiga Ela O'Farrill fue invitada a componer una pieza que le serviría como tema de presentación a la cantante.

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La casa de Freddy

Alguien me habló de un sitio en el edificio -también de Infanta y Humboldt- que está en diagonal con el "Celeste". Era un bar cerrado, del tipo que llamaban "pullman" y , en una o dos ocasiones me fui con amigos a buscarla donde siempre para que, cómodamente sentados y libres de molestar a alguien, la conocieran y le dieran ese aliento que todos necesitamos cuando estamos empezando y no sabemos todavía por dónde vamos a seguir andando, sobre todo en el caso del intérprete, dependiente de tantos factores externos para darse a conocer.

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Cada vez que podía hacerlo, me llegaba al bar de Infanta, me le sentaba al lado y, al poco rato, le pedía a Freddy que cantara algo. Ella me complacía y, por supuesto, invariablemente incluía, entre las dos o tres piezas que cantaba, el bolero mío -No te empeñes más--que debió haber aprendido de la radio o la victrola en su primera y , por aquel entonces, única versión grabada en la voz de Fernando Álvarez con arreglo orquestal de Bebo Valdés.

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Placa del único que grabó Freddy, en 1960. Portada de la placa de acetato número 552 de la firma Puchito: "Noche y día". Freddy con la orquesta de Humberto Suárez.

En atención a la sana curiosidad expresada recientemente en un comentario del amigo Fuillerat a esta columna, me he tomado un par de días en destapar, pulir y ordenar como si fueran piezas de un rompecabezas, los recuerdos -siempre los mismos- que guardo de la malograda cantante cubana Freddy. A ellos les añado un resumen del testimonio que, con mucho cariño y extrema delicadeza, me ofreciera anoche la compositora cubana Ela O'Farrill, afortunadamente de visita en esta ciudad.