Planes de Trump para Groenlandia cambiarían equilibrios y medioambiente en el Ártico

El deshielo del Ártico está abriendo accesos a los recursos de Groenlandia. Foto: Reuters.
Científicos y expertos internacionales coinciden en que la región ártica vive una situación especialmente delicada por la amenaza del cambio climático y la presión creciente para explotar sus vastos recursos naturales.
La crisis de Groenlandia provocada por las pretensiones de anexión del presidente de EE.UU., Donald Trump, puede alterar para siempre el medioambiente y la vida de los indígenas inuit del Ártico.
Este sábado, Trump, volvió a insistir en que Groenlandia tiene que pasar a manos estadounidenses para “preservar la paz y la seguridad globales".
Algunos de los socios europeos de Washington rechazaron su amenaza de imponer nuevos aranceles del 10% a todos los productos de los países que han enviado tropas a Groenlandia como expresión de su compromiso con la isla ártica y con Dinamarca, de la que depende, y su rechazo al plan de anexión de la Casa Blanca.
Trump ha dado a entender que, en caso de que EE.UU. se haga cargo de Groenlandia, que en la actualidad es una región autónoma integrada en el Reino de Dinamarca, su primer objetivo será su militarización para que tenga un papel fundamental en la Cúpula Dorada, el sistema antimisiles balísticos que el magnate republicano quiere desplegar para proteger Norteamérica.
“Ahora, con la Cúpula Dorada y los sistemas de armas modernos, tanto ofensivos como defensivos, la necesidad de adquirir [Groenlandia] es especialmente importante. Centenares de miles de millones de dólares están siendo gastados en programas de seguridad que tienen que ver con la Cúpula, incluida la posible protección de Canadá", escribió Trump en su red Truth Social.
“Y este brillante pero muy complejo sistema solo puede funcionar a su máxima potencia y eficiencia, por cuestiones de ángulos, límites y delimitaciones, si este territorio [Groenlandia] queda incluido en él", añadió.
José Trejo, uno de los principales expertos españoles del Ártico y que reside durante largas temporadas del año en Groenlandia, habló en entrevista con EFE sobre el riesgo que los planes de Trump suponen para la región.
“El Ártico es una región que está en una situación muy delicada, porque es un ecosistema muy frágil. Cualquier tipo de intervención humana, de actividad industrial, de actividad militar, de actividad económica, de extracción de recursos, de transporte, etc., tiene un impacto ambiental enorme", dijo.
Explicó que “cuando hablamos de una carrera por el control del Ártico, hablamos de más presencia militar, de más infraestructura, más transporte marítimo, más explotación de recursos naturales. Y todo eso tiene un efecto directo sobre el medioambiente".
En Groenlandia viven unas 57 000 personas, en su mayoría inuit, los indígenas del Ártico que han vivido en un relativo aislamiento por las circunstancias geográficas y ambientales del territorio.
Muchos temen que la llegada a la isla de miles de personas, ya sean militares, trabajadores o turistas, en caso de que Trump finalmente obtenga la posesión del territorio, afecte devastadoramente la cultura de los inuit.
“La población indígena vive de la naturaleza, de la caza, de la pesca. Y cuando hay una presión externa, más presencia militar, más infraestructura, más actividad industrial, eso afecta su modo de vida, su cultura", señaló Trejo.
Agregó que en Groenlandia “hay un problema muy grande con la minería. Se ha encontrado oro, piedras preciosas, grafito, tierras raras, uranio… Esto atrae a empresas extranjeras. Todo esto puede crear un choque cultural enorme, porque en Groenlandia las poblaciones son pequeñas", a lo que se suma el impacto ambiental considerable que tendrían esas actividades en un ecosistema frágil y muy relevante en el actual escenario climático que afronta la humanidad.
Groenlandia, con una importancia estratégica creciente, es la isla más grande del mundo, con 2 166 086 kilómetros cuadrados, donde viven unos 57 000 habitantes. El 85% de la isla está cubierto por los hielos persistentes y en esas zonas no se encuentra población alguna.
La capital es Nuuk (Godthaab, en danés), con unos 16 000 habitantes. La economía gira alrededor de la pesca y las ventas de pescado son un 85% de las exportaciones totales de la isla.
El Ártico se derrite porque se recalienta a toda velocidad debido al calentamiento global del planeta.
Al tiempo que los ecosistemas se deterioran en algunas zonas con el deshielo, se hace más posible el acceso al petróleo, gas, minerales y tierras raras que hay debajo. Avanzan los planes de quienes piensan en extracción de riquezas naturales, rutas comerciales, turismo y control militar.
Actualmente, el 50% del territorio ártico es controlado por Rusia, alrededor de un 20% por Canadá y solo un 10% por EEUU. Groenlandia equivale a un 20% cuyo control está hoy en los groenlandeses y, por vía de su estatus autónomo, en Dinamarca.
El plan de control anexionista de Trump, enemigo del Acuerdo de París y todo lo que suene a políticas medioambientales, con un declarado fin militar que añadiría tensiones en la región, cambiaría la ecuación y, seguramente, la geografía única y valiosa de Groenlandia.
(Con información de agencias)
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El sistema antimisiles balístico que Trump pretende instalar en Groenlandia no sería para " preservar la paz y la seguridad globales" (como asegura el magnate) sino para contribuir a restablecer un mundo unipolar basado en el uso de la fuerza y que condenaría al resto del mundo a vivir en condiciones mucho más penosas y humillantes que cuando Estados Unidos era la primera potencia industrial y científica, tras la II Guerra Mundial, y sus poderosas corporaciones inundaban los mercados con mercancías que mejoraban las condiciones de vida de la gente, papel que ahora realiza China en el mundo, condenando a la superpotencia a jugar el papel de potencia canalla que busca su tabla de salvación en alimentar al monstruo que lleva dentro y que en Groenlandia se convertiría en la Caja de Pandora.
Lo denunciaba recientemente el presidente colombiano Gustavo Petro al declarar que la anexión de Groenlandia por Estados Unidos nos condenaría a algo mucho peor que una crisis: a un colapso irreversible. El modelo económico depredador y cortoplacista con el que la superpotencia pretende evitar la quiebra definitiva necesita el control y la explotación de abundantes
recursos ocultos bajo el manto de hielo. Así se explica que el negacionismo climático de Trump no sea un problema de entendederas sino de que, en el corto plazo, el grave problema ambiental que ocasionaría llegaría cargado de bendiciones para evitar el colapso de su sistema financiero basado en el dólar y evitar una grave crisis de su modelo sanitario y educativo privados, del narcoestado o de una economía de guerra que acapara la mayor parte del presupuesto federal.
A falta de corporaciones capaces de competir con el modelo chino en economía civil útil en un mundo multipolar, Estados Unidos intentará sabotear el modelo acaparando recursos esenciales como las energías fósiles y los minerales que atesoran territorios como Groenlandia, su que tenga que recurrir a la fuerza para ello. De este modo, su cada vez más virtual y sin respaldo sistema financiero podrá titular bienes tangibles de alto valor económico, que le brindarían más solidez y credibilidad. Y una mayor afluencia de riqueza permitiría mayor nivel de gasto en la economía más poderosa del planeta para que el corrupto negocio médico privado, el elitista educativo, el de la economía de guerra o el narcotráfico puedan seguir
creciendo en depredación del bolsillo de los ciudadanos y contribuyentes ( norteamericanos y, replicando el modelo e invirtiendo, en sus áreas de influencia).