Los ataques de Marco Rubio a las familias cubanas son el diseño, no un efecto colateral

El actual secretario de estado toma de una larga tradición de su gobierno al mentir en público y negar que sus políticas buscan dañar al pueblo de Cuba. Antes que todo se supiera, desde Kennedy hasta Reagan, negaron que los sabotajes en campos y ciudades cubanos, la introducción de plagas contra ganado y cultivos, o del dengue hemorrágico, eran obra de su gobierno. Este es el mismo gobierno que le negó al pueblo de Cuba oxígeno cuando más lo necesito en plena pandemia de COVID-19.
El turismo es un renglón que ayuda a comprender los impactos que por diseño ocasionan las políticas de Trump-Rubio.
El turismo emplea unas 100 mil personas en Cuba. Hay unas 63 mil habitaciones de 4 y 5 estrellas, que ahora mismo tienen alrededor de un 20% de ocupación. Además existen unos 50 mil negocios privados de hostelería (B&B), predominantes en ciudades como Viñales o Trinidad.
En el terreno de lo privado, miles de transportistas, dueños y trabajadores de restaurantes, guías, artistas, artesanos, etc., se benefician de un turismo alto. Deben agregarse todos los productores de alimentos con contratos para vender a ese sector.
Súmese que parte de esos ingresos pasan a la caja del Estado para su redistribución en forma de políticas públicas o sociales. Exacto, mientras menos se ingresa, menos hay para redistribuir. O sea, menos para programas SAF, policlínicos, hospitales, construcción o reparación de viviendas, modernización del sistema electro energético, transporte, industria (cemento, cabilla)...ya se entiende.

De nuevo, esto no es un daño colateral, es el diseño. Rubio lo sabe, como lo sabía Lester Mallory en 1960, George Ball en 1964, y otros antecesores en el Departamento de Estado.
Rubio conocía el daño que haría a la economía del país y familiar, terminar con la actividad de Cruceros en 2019, reducir las categorías de viajes a Cuba desde Estados Unidos el propio año, cuando el turismo estadounidense crecía para ubicarse en segundo lugar después de Canadá, prohibir el alojamiento en básicamente todos los hoteles de Cuba, mantener estas restricciones después de la pandemia de COVID-19 para impedir la recuperación del sector, imponer sanciones a los viajeros europeos y asiáticos a Cuba para dañar otros mercados, financiar una campaña en redes digitales para desincentivar los viajes de los cubanoamericanos, desacreditar los servicios, etc.
Nos toca denunciar esta criminal política y trabajar intensamente para salvar esta industria.

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