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¡Ah! El tranvía

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Llegaron a circular más de 30 líneas de tranvías en La Habana y sus barrios. Foto: Archivo.

¿Recuerda usted los tranvías, aquellos equipos movidos por electricidad y que se desplazaban por carriles? Algunas personas me han pedido en la calle que escriba sobre ellos. En específico se interesan por saber sobre todo cómo se operaban.

Intentaré la respuesta a partir de lo que he leído y me contaron. No soy tan viejo para conocer de primera mano ese detalle, aunque vi y utilicé esos vehículos y mi padre, para que tuviese ese recuerdo, me hizo fotografiar delante de uno de ellos cuando en la década de 1950 se anunció que dejarían de funcionar. Su desaparición estuvo precedida de una larga agonía.

El poeta Nicolás Guillén, en una de sus crónicas, aludió a la “parálisis progresiva del tranvía”, porque los carros y la infraestructura se fueron deteriorando sin que la Havana Electric Railway Co. acometiera las inversiones imprescindibles para salvarlos. Todo obedeció a un turbio negocio, que enriqueció a los grandes propietarios de la compañía y arruinó a los pequeños accionistas, encaminado a dar entrada en la ciudad a la empresa de los Autobuses Modernos, que trajo aquellos ómnibus de fabricación inglesa, remanentes de la II Guerra Mundial y pintados de blanco a los que el pueblo no demoró en bautizar como “las enfermeras”.

Los nueve puntos

Esa carroza lenta, constitucional y democrática, era operada por dos motoristas. Uno de ellos, el maquinista propiamente dicho, ocupaba su lugar en la plataforma delantera del vehículo, en tanto que la plataforma del fondo era el feudo del conductor, que es como siempre se ha llamado en Cuba a los que cobran el pasaje. En esa plataforma viajaban, asimismo, los que tomaban el tranvía para distancias cortas y los que no habían podido hacerse de un asiento. En la plataforma delantera se trasladaban gratuitamente los carteros con las grandes bolsas de cuero en la que transportaban la correspondencia y los policías siempre que estuviesen de servicio, lo que se evidenciaba por el uso del club o tolete.

Entre una plataforma y otra, y a cada lado de un pasillo, corría un cuerpo de asientos dobles, de mimbre, refugio no pocas veces de chinches y otros insectos. Como los asientos estaban dispuestos sobre el motor y los juegos de ruedas, el pasajero quedaba alto con relación a la calle. Esto no era obstáculo a la hora de abordar o descender porque entre los asientos y las plataformas había un peldaño y otro más entre las plataformas y la acera que facilitaban al viajero las maniobras de la subida y la bajada.

La velocidad no se media por kilómetros ni por millas, sino mediante una escala que iba del uno, velocidad mínima, al nueve, que era la máxima. De ahí que cuando alguien andaba de prisa o mostraba afán por concluir una tarea, se le decía que estaba con los nueve puntos.

El dispositivo que permitía dar velocidad al tranvía, o reducirla, se hallaba a la izquierda del maquinista, que en caso de urgencia podía también accionarlo a “contra corriente”, con lo que hacía que las ruedas se movieran en sentido contrario. El freno, de retranca, se operaba haciendo girar una manivela. Había un pedal frente a su pie derecho. El maquinista lo pisaba cuando debía regar arena sobre los rieles a fin de evitar que el tranvía patinara a causa de la lluvia o por el jabón que, en sus protestas o novatadas, colocaban los estudiantes entre los carriles. Con una soga el maquinista hacía sonar la campana del tranvía.

El motorista estaba provisto de una palanca de acero con la que movía las agujas que cambiaban la dirección de los rieles. El conductor se ocupaba de los troles, que suministraban electricidad al vehículo, cada vez que perdía contacto con los cables o cuando se cambiaban las agujas.

Lawton-Parque Central

Una parrilla sobresalía de la parte baja de la careta del tranvía; evitaba que llegaran a las ruedas los objetos que hubieran podido acumularse en la vía. Al doblar en las calles estrechas, el maquinista debía recogerla.

Además de las ventanillas laterales, que lo ventilaban —todos coinciden en afirmar que era muy fresco—, el tranvía tenía otras tres ventanillas en su careta delantera. Encima de ellas y hacia la derecha aparecía una letra, que correspondía a la terminal o paradero del vehículo, seguida por un número que indicaba su ruta o línea, y a su lado, en la parte central, otro número que era el de la serie del vehículo. Debajo de las ventanas y encima de la parrilla una banderola, con sus colores correspondientes, precisaba el recorrido. Por ejemplo; Ruta L-4, recorrido Lawton-Parque Central, aunque una vez allí se internaba en La Habana Vieja. Los colores ayudaban a los analfabetos, que eran muchos, a orientarse sobre el tranvía que necesitaban tomar.

Llegaron a circular más de 30 líneas de tranvías en La Habana y sus barrios. Las V salían de Santos Suárez, y las M de Jesús del Monte. Otras líneas salían de esas terminales, pero de identificaban con letras diferentes, como las I y las F, que tenían su base en el paradero de El Vedado, y la L, que correspondía a Jesús del Monte. El L-4, Lawton-Parque Central, digamos, comenzaba su viaje en San Francisco y Diez de Octubre, y, en bajada, llegaba por San Francisco a la Avenida de Acosta, seguía por Concepción, 16, B, Octava, Concepción, Diez de Octubre, Monte, San Joaquín, Infanta, San Rafael, Consulado, San Miguel, Neptuno y Monserrate. Y, de vuelta al paradero, “subía” por Empedrado, Aguiar, Chacón, Monserrate, Neptuno, Infanta y Diez de Octubre hasta San Francisco. Tranvías, al igual que los ómnibus que llegaron después —hasta hoy—, iban en “bajada” cuando salían del paradero, y en “subida” cuando regresaban.

La terminal de Jesús del Monte se ubicaba en lo fue después el paradero de la Víbora, y estuvo antes en Diez de Octubre esquina a Madrid. El del Cerro, en la Calzada de ese nombre esquina a Primelles. El de Príncipe, en Carlos III y Boyeros. El de El Vedado en la calle Línea cerca de la boca del túnel…

Esas estaciones generaban gran movimiento a su alrededor y daban vida a no pocos establecimientos comerciales. La de la Víbora tenía a su derecha el restaurante-cafetería El Asia, famoso por sus sándwiches cubanos; a su izquierda, el café El Recreo, y enfrente, el café Central, inaugurado en 1906. Y, por no faltar, además de una sala cinematográfica, Gran Cinema, y una tienda de ropa, La Casa Brito, había un almacén de víveres, una panadería y una farmacia, todos con el nombre de San Ramón. Algunos de esos establecimientos existen todavía y se les sigue conociendo por sus nombres originales.

El pasajero podía pagar el uso del tranvía en efectivo o con fichas o tickets que adquiría previamente. Los tranvías de Santiago de Cuba disponían de dos contadores, uno para cada forma de pago. En esa ciudad algunas rutas, como la de Vista Alegre-Cementerio, tenían solo una vía y en las cabeceras se movían los respaldos de los asientos y el maquinista cambiaba de plataforma. En los tranvías de Matanzas, los conductores eran mujeres.

En La Habana, donde el primer tranvía eléctrico circuló en 1901, el maquinista podía ser cubano si era blanco, pero la plaza de conductor se reservaba a españoles. Privilegio este que erradicó el decreto llamado de la nacionalización del trabajo, promulgado por el presidente Ramón Grau San Martín en noviembre de 1933, que obligaba a las empresas asentadas en la Isla a que fuese cubana la mitad de su empleomanía. Aun así, no fue hasta bien avanzada la década de los 40 cuando entró el primer negro a laborar en los tranvías.

Se han publicado 18 comentarios



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  • Ernesto Lopez dijo:

    Súper interesante ,maestro es bueno recordar estas cosas y costumbres de nuestra vieja Habana, para que la juventud conozca que también en la historia hay cosas maravillosas ,saludos y salud para usted y familia

  • Minerva dijo:

    Cro Ciro
    Muchas gracias por esta crónica que me ha hecho recordar mi infancia.
    Yo viví en San Francisco y el L4 bajaba la loma sonando una campana y todavía recuerdo la "musiquita" que hacía.

  • Victor Angel Fernández dijo:

    Les propongo buscar el libro de Michael González Los rieles que mueven una ciudad. Un libro estelar sobre el tema para comprender los tranvías y su importancia en el surgimiento y desarrollo de varios lugares de la Habana.

  • Silvioluis dijo:

    Muy interesante y valiosa información para elevar nuestros conocimientos sobre las tradiciones y costumbres de Cuba.

  • Anya dijo:

    Muy bueno este artículo y le comento que aquí donde vivo en Marianao también los había el terreno de frente de mi casa que hoy es un área deportiva de la secundaria era uno de los puntos desde donde salían para diferentes destinos.

  • Manuel dijo:

    Yo, nacido en 1948, todavía me empeño en creer que ví los tranvías en La Habana, en su recorrido por las cercanías de la Universidad de La Habana. ¿Es ilusión o en la primera mitad de la década del 50 aún funcionaban?

    • Aroldo dijo:

      Bueno, dice Ciro en el artículo que fue en la década del 50 que se anunció su desaparición, así que ud debe estar en lo correcto.

  • Pedro L dijo:

    Todavía se ven en Cienfuegos las líneas del tranvía q también circuló en esa ciudad

    • Aroldo dijo:

      En Santiago también las he visto.

  • Joe 67 dijo:

    Los tranvías que tenían la letra S era porque salían desde Santos Suárez, específicamente desde Santa Catalina y Cortina, aunque su base radicaba en el Paradero de la Víbora al igual que los de la letra M (Jesús del Monte). En la esquina de Santa Catalina y Cortina existe una casa en la que han fijado, en una columna exterior, un mosaico en el que hay la representación de un tranvía con el número de la casa. Me parece muy ilustrativo que se haya homenajeado de forma modesta y silenciosa, el hecho de ser el lugar de partida de las rutas S2 y S4 de los tranvías. Y en esa cuadra de Cortina entre Santa Catalina y San Mariano todavía la calle está empedrada con adoquines y permanece como testimonio un pequeño tramo de la línea por donde rodaban estos vehículos. Lo invito a que pase por allí y vea esa marca de lo que un día fue nuestro principal medio de transporte público.

  • oflaven dijo:

    Una vez mas, Ciro Bianchi nos regala una maravillosa historia de nuestro pais, por ello me atrevo a proporcionarle la informacion adjunta, obtenida con el proposito de investigar el empleo de los vehiculos electricos en el pasado y previsiblemente en el futuro.

    En Cuba, también un siglo atrás, se introdujo el vehículo eléctrico para uso público. La primera línea de tranvía eléctrico, de unos 4 kilómetros, conectó a Regla y Guanabacoa en marzo de 1900. Un año después –cuando la capital contaba con 240 mil habitantes- se abrió la primera ruta en el casco urbano habanero entre el Vedado -Línea y 20- y el paradero de San Juan de Dios, en Empedrado y Aguilar.
    Entre 1907 y 1908 se inauguró oficialmente el servicio de tranvías eléctricos en Santiago de Cuba y Camagüey, que tuvieron sistemas similares al de doble trole de La Habana.
    Entre 1912 a 1918 se introdujo en Cienfuegos, Cárdenas y Matanzas, pero con carros que dependían de acumuladores. Todo parece indicar que en La Habana también hubo tranvías con acumuladores desde 1913. Los de la capital, Cienfuegos y Cárdenas estuvieron entre los primeros cinco sistemas de su tipo en América Latina. Sólo otros cuatro se construyeron después en el continente, incluido el de Matanzas, en 1916.

    El 29 de abril de 1952, en el turno de la madrugada, el tranvía P2 número 388 realizó su último viaje, con el acostumbrado recorrido desde el paradero del Príncipe hasta la Avenida del Puerto y de regreso al paradero del Príncipe, situado en la Avenida de Carlos III. Rondando las cinco décadas de la inauguración del servicio, fue el último tranvía que circuló por La Habana.
    ¿Volverán algún día los tranvias electricos a Cuba?

  • Pedro Mojena dijo:

    Considero oportuno aprovechar este relato sobre el tranvía en Cuba
    He sugerido atendiendo a su vigencia en otras Capitales en Europa ,norteamérica.donde los he montado.que se retome su utilización en Cuba muchas más ventajas que desventajas.La más apreciable desventaja está Dada en la inestable y deficiente generación eléctrica actual.
    El resto son ventajas.
    Utilización de líneas eléctricas para garantizar el funcionamiento de sistemas motrices eléctricos es más económico que el diesel.
    Sistemas de ruedas más durareros.
    Más disciplina en el horario en los recorridos.
    Más cantidad de pasajeros a transportar.
    Ahorro en insumos.
    Está es una tarea para el Mitrans y el Gobierno su materialización.

  • Tal vez dijo:

    Creo, si mi memoria no me falla que en la esquina de calzada del Cerro y Boyeros todavía resaltan los rieles

  • katar dijo:

    Don Ciro pudiera dedicar un artículo a la historia del sandwich cubano.

  • Edelis dijo:

    Creo que todos los cubanos somos admiradores de Ciro Bianchi y acá en Las Tunas, Roger Almaguer Carralero uno entre los que más. Cuántos quisiéramos contar las historias más o menos parecido, ligeras y suaves crónicas de esas que "atrapan" más. Edelis y Pablo.

  • Carlos Moreno dijo:

    EL ESTADO DEBE DE EMPESAR UN ESTUDIO ECONOMICO CON LA REPUBLICA POPULAR CHINA CON EL OBJETIVO de restaurar el tren electrico de casa blanca a Matanza con doble via y trenes modernos como los que esta fabricando Mexico,y reforzar el sistema electrico con plantas de gas ya que hasta hora funciona con su electricidad sin apagones.

  • Carlos moreno dijo:

    Se debe ir pensando en modernisar el tren electrico de casa blanca para que llegue a matanza con 2 lineas una de ida y otra de vuelta con equipos nuevos que se hacen en china y mexico,va a ayudar a la poblacion y el turismo.Cojan ejemplo de mexico lo que estan haciendo en yucatan con el tren MAYA ,con mexico y china no hay embargo.GRACIAS.

  • luis b gonzalez dijo:

    Me crie en Lawton. Habia un juego que consistia en montar una chapa de botella aplastada a modo de cuchillo que montada en un cordel se hacia girar a velocidad suficiente para cortar los hilos de un competidor igualmente provisto. Las tapas aplastadas se colocaban en la linea del tranvia para afilarse. Yo afilaba las mias en la ruta del L4. Te podias afeitar con ellas.

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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