Los ingleses meten miedo

Marcus Rashford de Inglaterra celebra con sus compañeros tras marcar la ventaja de 5-1 frente a Irán, en la Copa Mundial de la FIFA 2022. Foto: Neil Hall.
Hay paradojas que solo el fútbol regala y derechos que solo el fútbol quita. Ganar y jugar mal es la gran paradoja y perder sin merecerlo la gran injusticia. Sin trabalenguas, porque para enredados los estamentos arbitrales que nos obligaron a ver un partido de 117 minutos cuando el vencedor llevaba cuatro goles de diferencia. Estas y otras cuestiones ocurren en Catar, en un Mundial de fútbol tan atípico como joven y en el cual Inglaterra gritó ya a los cuatro vientos que quiere levantar la copa.
Pero los inventores del fútbol, si hablamos de paradojas y contradicciones, son los reyes. Cuando mejor llegan, decepcionan, y a veces lucen impotentes y les sacan los colores a sus rivales. A Catar llegaron, como siempre, con una constelación de estrellas, pero también con dudas. ¿Seguirán los ingleses siendo ingleses? O lo que es lo mismo: ¿seguirán los ingleses perdiendo el partido bueno?
Sin embargo, una verdad nubla las otras. Ante Irán, si había que disipar cualquier incertidumbre. Y eso que los de Carlos Quiroz tampoco eran un manjar. Al contrario, pocos equipos han mostrado semejante disciplina táctica y férrea defensiva.
Carecen de estrellas, a no ser Medhi Taremi, un delantero que se ha cansado de hacer goles en Portugal, pero sus once jugadores juegan como uno.
Y los ingleses les pasaron por encima. Bellingham fue un surtidor indescifrable para la defensa persa. Repartió balones por todas las zonas del campo, donde quiso y cuanto quiso.
Danzó al ritmo de una selección armónica y directa. Si Southgate dio indicaciones de “salir a matar”, sus chicos lo tomaron en serio. Atacaron desde el minuto uno, por arriba, por abajo, por las bandas, por el centro. El recital tuvo a Saka y Sterling, junto a la mencionada perla del Dortmund, como líderes de orquesta.
Sería oportunista e igualmente arriesgado decir que Inglaterra va a ganar el Mundial solo por aplastar a Irán. Si algo ha martillado las opciones de los británicos en este tipo de certámenes ha sido no saber ganar el “bueno”.
Y los partidos “buenos” aún no comienzan, por mucho que Irán se antojaba, a priori, un hueso duro de roer. Pero que Southgate haya querido dejar los inventos, con su gastada línea de tres, y jugar con el tradicional 4-2-3-1, al menos es una noticia agradable y un paso firme hacia adelante.
Igualmente debutó Países Bajos, con menos brillo, pero con la misma cantidad de puntos. Estas cosas también las tiene el fútbol. Ganar de una manera u otra es, en lo concreto, ganar. Y la Naranja Mecánica lució un muro defensivo infranqueable, con hombres de mucho pedigrí en Europa y un portero (Noppert) que contra viento y marea realizó paradas memorables. Mereció más Senegal, mas la ausencia de Mané pesa toneladas.
Inglaterra y Países Bajos, en resumen, fueron los dos primeros “grandes” en mostrar sus armas. Los primeros meten miedo y los segundos consiguieron su propósito de manera algo más trastabillante. Pero esta Holanda —perdonen, es la costumbre de llamarle así todavía— me da una tremenda impresión de ir sin hacer mucho ruido para no asustar y, al mínimo chance, tumbar algún gigante. El tiempo dirá
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Que nadie hable de futbol, que sea el futbol el que hable.
¿Inglaterra mete miedo por hacer tantos goles en su primer partido?
Entonces España era un cobarde en el 2010 por perder su primer juego, y ya sabemos en qué paró la historia.
A esto le queda todavía.