Servicios gastronómicos, luces y sombras tras la reapertura (+ Fotos)

Clientes en el Restaurante Tablazo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
En la terraza de Tablazo, bajo el sol mañanero y frente al mar, la vida vuelve poco a poco a la normalidad. O al menos a una nueva versión de ella donde los nasobucos, las caretas, el alcohol, las soluciones cloradas y el distanciamiento son partes obligadas de la rutina. A pesar de ello, se nota la alegría: las parejas romancean, los amigos fotografían los reencuentros y las familias celebran entre platos sabrosos y una que otra cerveza.
Desde que el pasado 24 de septiembre reabrieron de manera gradual los servicios gastronómicos en ocho provincias del país, esta y otras cafeterías o restaurantes de la capital intentan asegurar ofertas variadas, buena atención y un cumplimiento adecuado de las medidas higiénicos-sanitarias para que los habaneros disfruten el regreso al aire libre. Pero, por supuesto, no todo es sencillo, ningún lugar es igual a otro, los precios no siempre son asequibles y algunos clientes no están conformes.
En ese contexto, Cubadebate salió a tomar el pulso de la reapertura. En un recorrido por varios negocios de la ciudad -ya abiertos o a punto de hacerlo- observamos la alta presencia de público, las acciones implementadas para contener los contagios de la covid-19, las luces y sombras de los servicios brindados y los desafíos que enfrentan quienes los ofrecen.
El regreso

Bar PaZillo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
En PaZillo se vive el ajetreo del día antes: los dependientes organizan mesas y sillas, el cantinero acomoda las botellas en el bar, otros trabajadores se encargan de dar los últimos repasos de pintura a las paredes, se ve un ambiente distinto, incluso festivo. Casi todo está listo para su reapertura este 1 de octubre. Aunque en este tiempo de pandemia continuaron brindando servicios de entregas a domicilio, estar nuevamente de cara al público constituye un reto.
Para Maikel Paz Leal, su dueño, tanto los negocios como los clientes estaban preparados y deseosos del reinicio. “Creo que las medidas higiénicas orientadas son correctas. Se habla de distanciamiento físico, desinfección de las superficies -esto llegó para quedarse-, soluciones cloradas en las puertas... Después de dos años de pandemia las personas saben cuidarse, aunque para nadie es un secreto que en los bares se relajan. Pero nosotros hacemos cumplir lo orientado”, explicó.
El pasado año, dijo, estuvieron abiertos al público seis meses sin reportar eventos de transmisión en el local. “Esto demuestra que si las medidas se cumplen bien, funcionan. Nosotros orientamos a los visitantes que si van a ir al baño deben colocarse el nasobuco, que no todos salgan a fumar a la vez y otras acciones que garantizan seguridad”.
“El mundo se está abriendo y nosotros no debemos quedarnos detrás. El turismo no va a venir al país si no existen ofertas y, por supuesto, seguridad, control... Además, esta reapertura de los negocios permite que se mueva la economía y aportamos impuestos”, agregó este joven cuentapropista graduado de arquitectura, que tiene un máster en administración.
Además de ser un negocio por cuenta propia, PaZillo es un proyecto de desarrollo local del municipio de Plaza de la Revolución que tiene un compromiso con la localidad.
Entre los usuarios que dejan comentarios en nuestro sitio web, potenciales clientes de estos servicios gastronómicos, las opiniones son diversas. Algunos consideran las nuevas decisiones “un poco apresuradas”, en función de la cantidad de casos que aún se reportan diariamente. Señalan que en aperturas anteriores “confiar en la autorresponsabilidad nos ha costado caro” y “ha faltado exigencia y control”, por lo que se deben garantizar ahora más que nunca.
Otros aseguran que no se puede seguir esperando. En un contexto marcado por cientos de trabajadores del turismos detenidos, reubicados o al 60 % y otras tantas personas con sus negocios cerrados, se impone apelar al autocuidado y comenzar a abrir la economía, dicen.

Titular del Restaurante Tablazo José Peón Gutiérrez. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
El titular del Restaurante Tablazo José Peón Gutiérrez coincide. “El día 15 de noviembre deben comenzar a llegar los primeros vuelos y los servicios gastronómicos debemos ir preparándonos para ese escenario. Además, muchos clientes nacionales estaban deseando tener esta oportunidad de compartir con la familia y amigos; están muy alegres”, comentó a nuestro equipo.
Pepe, como lo llaman en el local que dirige, considera esta apertura toda una bendición: “para quienes nos gusta trabajar de cara al público estos han sido días felices, el lugar vuelve a coger vida, las calles se ven diferentes”. Aunque durante el tiempo de la pandemia estuvieron brindando servicio a domicilio, él prefiere esta normalidad.
Hasta el momento, quienes han visitado Tablazo han sido muy responsables con el cumplimiento de las medidas. “Igual nosotros somos estrictos con el protocolo, nuestros trabajadores están protegidos y dentro de cocina se asegura la calidad de los alimentos y la higiene. Aunque se nos dificulta el acceso a productos de aseo que necesitamos, como detergente y cloro”, dijo Peón Gutiérrez.

Lázaro Miguel de la Fuente Rodríguez, uno de los dependientes, quien lleva dos años trabajando en El Jardín. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Otro restaurante, en este caso estatal, también reinició sus servicios cumpliendo de manera estricta los protocolos sanitarios. Desde comienzos de esta semana, El Jardín abre sus puertas a partir del mediodía y hasta las 7 de la noche, al 50 % de su capacidad.
“Ubicamos las mesas a un metro de distancia y los pasos podálicos. También aplicamos la desinfección de las mesas y de las manos”, dijo Lázaro Miguel de la Fuente Rodríguez, uno de los dependientes, quien lleva dos años trabajando en el lugar.
Añadió que hasta el momento las personas han respetado estas medidas y se sienten contentos por volver a compartir en este tipo de espacios.
Un par de calles más arriba, en el mismo Vedado habanero, el Bar Restaurante La Catedral vuelve a recibir clientes en su terraza y salón. Su dueño, Diego Hernández, confirma la necesidad de esta reapertura.
“A pesar de que aún se reportan casos de covid-19, las cifras han bajado. Por tanto, con el cumplimiento de las medidas, se puede controlar el contagio”, nos dijo a través de WhatsApp. En función de ello, colocaron pasos podálicos y desinfectante para manos en los baños, separaron las mesas a más de dos metros, entre otras medidas.
Estos primeros días, señaló, la afluencia de público ha sido organizada. “Las personas están contentos y felices por el servicio, por la posibilidad de pasear y comer fuera de casa”.
Nuevos precios, viejos problemas

Clientes consultan los precios en El Jardín. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Desde que reiniciaron los servicios gastronómicos presenciales en La Habana, algunos clientes han aprovechado las redes sociales para criticar los nuevos y altos precios de cafeterías y restaurantes. En las diversas plataformas se compartieron recibos con elevados importes, denuncias por la mala calidad de algunos locales e insatisfacciones por la poca variedad.
¿A qué se deben estos conflictos? ¿Existe una verdadera relación entre la calidad y las nuevas ofertas? ¿Cómo se establecen los precios en estos establecimientos?
Para Maikel Paz Leal, dueño de PaZillo, uno de los problemas fundamentales que enfrentan quienes gestionan este tipo de negocios -y que influye en la definición de los precios- tiene que ver con las complejidades para acceder a abastecimientos, aún más en tiempos de pandemia.
“Aunque se han abierto nuevas opciones, podemos comprar en la tiendas en MLC, con comercializadoras de importación como ITH y en tiendas mayoristas en CUP, aún no es suficiente”, precisó.
En el caso de las mayoristas, dijo, no funcionan correctamente: “Se pueden encontrar productos puntuales; en algún momento hay harina, azúcar, pero no hay mucho surtido. Ahora está online y es más difícil comprar”.
Por el contrario, las comercializadoras se han convertido en una importante fuente de materias primas para negocios como el suyo. En el caso particular de ITH reconoció una paulatina mejoría en los servicios: “se han acortado los tiempos de entrega, ahora tienen servicio de mensajería... pero aún hay cosas que se pueden mejorar. Todavía tenemos limitada la cantidad de productos que podemos adquirir, y estos son en MLC”.

Tablazo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Similar situación presentan en Tablazo. José Peón Gutiérrez explicó que, aunque compran en Mercabal, allí sólo aseguran una parte de los productos necesarios.
“No llega ni al 15% de los insumos que requiero para brindar los servicios, pero es una ayuda. Tenemos la comercializadora ITH que tiene mayor variedad de productos, pero que tampoco cumple con todas las necesidades. Además, compramos en las tiendas en MLC”.
Desde su perspectiva, los tiempos en la entrega de productos por parte de comercializadoras como ITH sigue siendo un punto pendiente. “Necesitamos un mercado que sea diario o, al menos, que los tiempos de llegada del producto sean más cortos. Por temas de disponibilidad de dinero y almacenamiento, gestionarse para largos periodos de tiempo resulta difícil”.
En El Jardín tampoco están brindando todos los servicios para los cuales tienen potencialidades por falta de recursos. “Tenemos poca materia prima, pero hemos logrado que las personas se sientan satisfechas, aunque esperamos tener más opciones para los clientes”, señaló Lázaro Miguel de la Puente Rodríguez, uno de los dependientes.

Maikel Paz Leal, dueño de PaZillo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Respecto al tema de los precios, Paz Leal añadió que existen casos donde son excesivos, sin ninguna justificación. “Hay lugares donde una copa de vino cuesta 375 pesos y no necesariamente lo vale, aunque todo eso depende del tipo de vino”.
No obstante, explicó, “cuando quitamos los extremos queda la situación de los costos. Subió la electricidad, el agua, el gas, los salarios de los trabajadores, los materiales para el mantenimiento, los insumos, las materias primas y todo esto se revierte en los precios”.
Por ejemplo, “los productos de Havana Club pasaron de CUC a MLC y aumentaron su precio. Además, desapareció el Añejo Blanco, que era la botella más barata. Esto necesariamente encarece el costo de los tragos”, apuntó el dueño de PaZillo.
Otro dueño de un negocio particular que no quiso ser identificado coincide en que el conflicto de los altos precios se reduce a un asunto medular: las materias primas. “Estas se compran en una moneda, pero los restaurantes ofertan en otra. Los productos que necesito para abastecer mi restaurante están en las tiendas en MLC. Sin embargo, yo vendo en Moneda Nacional”.
Agregó que en el caso de los pagos recibidos en divisas a través del servicio de POS, los restaurantes los ingresan en sus cuentas fiscales en moneda nacional al cambio 1 por 24. “Nos cierran las puertas al reabastecimiento en divisas, por lo que muchos emprendedores terminan comprando euros o dólares al cambio de la calle para comprar las materias primas”.
Por su parte, José Peón Gutiérrez, titular de Tablazo, espera que cuando comiencen a entrar turistas, mejore la situación de los insumos y se abaraten algunos costos, puedan bajar algunos precios. “En un escenario más favorable, la misma competencia entre los negocios hará que bajen”, dijo.
Mientras ese momento llega, urge que cada local defina precios coherentes en función de sus costos, pero también de sus clientes; garantice un servicio en sintonía y, por supuesto, cumpla con las medidas higiénico-sanitarias orientadas. Para que cada habanero pueda disfrutar del regreso a estos espacios... sin pasar por malos tragos.

Bar -Restaurante El jardín. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Barra de PaZillo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Tablazo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Tablazo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
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Ya la brutal y despiadada competencia entre merolicos, timadores por cuenta propia de todo tipo y e ingenuos emprendedores de toda laya existe desde que se inició el reordenamiento y esta consiste en quien vende más productos de procedencia legal o ilegal con menor peso, en menor cantidad y calidad y a mayor precio. Es una carrera desenfrenada y permanente entre ellos que la pagamos nosotros. Les falta esto y lo otro, los insumos, la electricidad cara, el combustible escaso pero no quiebran porque nosotros, la mayoría, los mantenemos. Ellos tienen sus clientes entre ellos mismos y el dinero se mueve entre ellos. Los bolsillos de ambos desbordados chorreando dinero. O lo tomas o lo dejas, esa es la oferta, no tengo otra alternativa es la demanda. Y la vista gorda a quien corresponde es la indiferente respuesta. ¿Hasta cuándo?
Es muy triste para el pueblo de cuba despues que tanto a pasado con la PANDEMIA tener que lidiar con los precios en todos los establecimientos..es una falta de respeto comparando los salarios que una familia por una merienda tenga que gastarse 3000 pesos el salario de un mes..me pregunto si se les facilitara la compra de insumos a todos los particulares y mejoraran sus precios al comprarlos ellos deben de bajar todos los precios en los restaurantes y cafeterias del país..el estado cubano debe velar por todas esas cosas ya que pienso la nueva medida sea bajar los precios ya que es una burla internacional comparando todo con Dubai y es la verdad y muy dolorosa por cierto.
Al final de la historia con los precios altos baja el nivel de producción porque con menos tienen mayor ganancia ,no piensen q van a producir más ,lo ha demostrado la historia
Zombi, totalmente de acuerdo con Ud. no solo los restaurantes del paseo maritimo , también el biky
y otros más. Ojo, no están enseñando la carta con sus respectivos precios. Eso es una gran violación , Comercio Interior tome nota!
Sin palabras...........................
Es muy importante esta nueva etapa. En la Habana hay de todo: pero en Granma de nada. Por ejemplo Guisa es mi municipio, a la semana solo los sábados ofertan un poquito de cerveza y ron. Esto es combollado con comida, solo para llevar. Y de los sigarros ni hablar, la caja más barata: criollos $120 pesos. No vas a ver ni una sola botella de ron en una cafetería o restaurante.
Mi nombre es: Lenar Centeno Martínez
Calle Francisco Tamayo #91A ,Guisa Granma.