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Ernesto Niebla: “Todo nace de la letra”

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Ernesto Niebla Chalita. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Ernesto Niebla Chalita, Premio Nacional de Diseño del Libro 2019. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“Pero
la letra
no fue sólo belleza,
sino vida (…)”

Oda a la Tipografía, Pablo Neruda

No llegamos súbitamente a esta entrevista. Eso, claro está, no sucede. Ya nos esperaban cuando tocamos a la puerta de la Dirección de la UEB Comunicación e Imagen de la Empresa de Artes Gráficas Federico Engels, actual denominación de la estructura que hasta el 2018 se conocía como Grupo Creativo del Comité Central, antes del Consejo de Estado.

Lo reitero, no hubo azar en el encuentro entre Cubadebate y el diseñador y director de la UEB Ernesto Niebla Chalita; la entrevista había sido pactada con antelación, como corresponde. No obstante, y acaso extrañamente, desde los primeros minutos se instaló con cierto protagonismo en nuestro diálogo el halo de la fortuna.

A pesar de contar con una carrera sólida, avalada por instituciones y organizaciones profesionales como la Oficina Nacional de Diseño (con tres premios ONDi otorgados) y la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (con igual número de premios Espacio concedidos), estamos ante un caso de ausencia de predisposición familiar o vocación manifiesta. Niebla llegó al diseño “por casualidad”.

—Estudiaba en la Lenin (el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas) y mi promedio, a pesar de no ser bajo, tampoco era suficiente para aspirar a una carrera, digamos, como Arquitectura. De otro lado, había optado en la escuela por la especialización en Física, llegué a valorar opciones como la Metalurgia y, no obstante, lo que realmente me gustaba era ser futbolista o piloto de combate. Estas alternativas nada tenían que ver entre sí; yo, la verdad, no tenía vocación.

“En onceno grado fui a las puertas abiertas del Instituto Superior de Diseño (ISDi). Al ver las maquetas, las herramientas, quedé cautivado y con el entusiasmo de entrar retomé una vieja afición que de niño disfrutaba mucho, la de dibujar. Llegaron entonces las pruebas de aptitud, de la Lenin nos presentamos alrededor de 400 aspirantes y aprobamos tres; en total, de todo el país, entramos 60. Eran pruebas complicadas, pero en mi opinión, era bueno así. Defiendo el enfoque de la aptitud.”

La afirmación, rotunda, alude a un requisito que ya no existe para acceder a las carreras de Diseño de Comunicación Visual o Industrial y por tanto obliga a ahondar: ¿por qué la defiende? ¿qué hace a la aptitud indispensable para el estudio de estas especialidades?

—La relación entre la mano y el cerebro es muy importante para un diseñador, se requieren habilidades para esta profesión, no solo motrices sino cognitivas. Hay colegas que hacen su carrera dirigiendo a otros, aportando ideas; pero, en algún momento del proceso creativo, el diseñador debe explicar lo que se le ocurre y, muchas veces, la única manera de hacerlo es dibujando. Pensar que se puede prescindir de ello en una profesión cuyo centro es anticipar, inaugurar sentido en muchas cosas no vistas, es osado.

“Por otra parte, en mis años de estudiante el universo del diseñador eran el papel, la goma, el pincel, la tinta; las computadoras empezaban a llegar. El hecho de aprender a hacer las cosas con las manos nos daba un oficio y una sensibilidad que no noto en muchos egresados actuales, los cuales son muy rápidos, competentes y tecnológicos, pero adolecen de un toque de humanidad en lo que hacen.

“A ello habría que sumarle el consumo de tendencias, en internet hay cientos de sitios que facilitan herramientas de productividad, acciones prestablecidas y con ello algunos diseñadores acaban reproduciendo, no creando; se vuelve muy imitativo el proceso.”

Entre los profesionales del diseño es común la nostalgia por aquellos años fundacionales del ISDi. ¿Qué más recuerda de su época de estudiante?

—El ISDi de los 80 era mágico. Yo entré en el 88, pertenezco a la quinta graduación. En aquel entonces, como decía, éramos muy pocas personas; la suma de los estudiantes de todos los años apenas sobrepasaba la centena. Había muchos profesores de colaboración extranjera. El programa de estudios no estaba, digamos, del todo cuajado y, por esa misma razón, era muy experimental. Recuerdo uno de los primeros ejercicios que hicimos: leernos el poema Oda a la tipografía, elegir unos versos y tratar de encontrarles una expresión de diseño tipográfico. Eso se lo debemos a uno de los profesores que hoy es mi amigo, el chileno Hugo Rivera-Scott, a quien le otorgaron en 2019 la Medalla Haydée Santamaría, de Casa de las Américas.

“Hugo nos enseñó a ver las cosas de otra manera, era como quitarse un velo. Con él hicimos otro ejercicio: “encontrar” la tipografía grabada en los cañones de la Cabaña, sacarles unos moldes a las letras, pasarlos al papel… Hacíamos cosas muy experimentales, a lo mejor no compatibles con un plan de estudios más formado; pero te ayudaban a posicionar tu pensamiento desde otra perspectiva. Eran tiempos muy entrañables.”

Acaba de referirse a dos anécdotas del universo de la tipografía, tema sobre el cual usted ha profundizado y escrito. ¿Por qué ese énfasis en la tipografía como recurso?

—La tipografía es el ADN del Diseño de Comunicación Visual. Todo nace de la letra. Lamentablemente, hoy en día, cuando uno les pregunta a muchos graduados qué es el puntaje, te responden que es el tamaño de las mayúsculas (versales). Eso es conclusión de que aprendieron a relacionarse con la letra mediante la computadora; sin embargo, el puntaje es el tamaño de la pieza de plomo, del tipo móvil usado en la imprenta. Ese conocimiento lo adquirimos nosotros tocando tipos, sintiendo cuánto pesa el plomo, abriendo las gavetas de un chivalette (mueble con varios cajones donde se guardaban todas estas piezas). Ese tipo de experiencias, aportadoras de una vivencia y un saber particular, un estudiante de diseño no las tiene en la actualidad, o las tiene por excepción.

“En mi época de profesor, en el programa de la asignatura Tipografía solía asignarles a mis alumnos el ejercicio de componer un párrafo en plomo, lo cual hay que hacer de cabeza y en orden invertido (de derecha a izquierda), para lograr imprimir correctamente. Los muchachos lo hacían y se iban con su fragmento de papel impreso, con mucho orgullo.

“Cuando uno se da cuenta, gracias a ese proceso, de que el interletrado es una lámina de plomo ubicada entre dos cuerpos, no tiene la misma percepción que cuando solo logra ese efecto pulsando una flecha con el cursor.

“Los pintores pueden decir mucho más sobre el uso del color que los diseñadores; el recurso del espacio también tiene mucho que ver con la pintura, pero igual con la arquitectura; la utilización de diferentes materiales se relaciona con otras áreas del saber. ¿Qué, entonces, le queda al diseño gráfico como contenido propio? La tipografía.

“Al inicio, la misma persona que ‘hacía’ la letra era quien la imprimía, Gutenberg es un ejemplo. Luego, los diseñadores y los tipógrafos se ubicaron en dos partes de la cadena productiva, alejados. El diseñador en su oficina y el tipógrafo en los ‘hornos’, derritiendo el plomo para hacer los tipos. Pero hoy en día, sin el dominio de la tipografía no es posible hacer diseño; no da lo mismo cualquier letra, una u otra te marcan dos caminos diferentes.

“Coincidentemente, hubo un tiempo en que yo daba clases en el Instituto y también lo hacía José Alberto (Pepe) Menéndez, quien solía comentar en sus conferencias que la tipografía era la expresión visual del lenguaje. Luego conocí una frase del maestro grecoargentino, Juan Andralis, uno de los fundadores de la revista tipoGráfica, que me pareció incluso más redonda: él catalogaba la tipografía como la probidad del diseño, y con esa aseveración estoy totalmente de acuerdo.

“Un diseño con una mala tipografía puede ser una buena intención, pero no un diseño resuelto. La página se debe a la tipografía; nace de la letra, su tamaño, los espacios entre ellas, los márgenes…, a todos estos detalles hay que prestarles mucha atención.”

Ernesto Niebla Chalita. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Aunque el marcado desempeño de Ernesto Niebla en el diseño editorial podría inferirse como consecuencia del estudio dedicado de la tipografía, le preguntamos qué lo condujo a especializarse en este campo, y de nuevo la mano de lo casual se dejó entrever.

­—Ha sido fortuito.

“Las ocho primeras generaciones de graduados del ISDi somos generalistas porque la realidad nos obliga. En el 93, año en que me gradué, yo no podía decir, por ejemplo, que quería ser cartelista (quizás en aquel entonces lo hayan dicho dos personas entre todos los graduados y hoy en día sean más artistas que diseñadores).

“De manera general, la realidad no te permitía ese grado de especialización pues, por un lado, se necesitaba el trabajo como sustento y, por otro, las formas de gestión de ese mercado de trabajo te llevaban a orientarte en una dirección u otra. O sea, lo que uno hace es consecuencia de lo que el mercado de trabajo ha demandado.

“El primer libro que diseñé, como ejercicio de clase, fue un título premiado por Casa de las Américas a inicios de la década de los 80 del pasado siglo; se trata de Ciudad muerta, de Otávio Afonzo. ‘Masacrando’ una revista El Correo de la UNESCO lo fui componiendo, recortaba fragmentos de texto y con eso armaba los versos, y los ilustraba con unas figuras de Giacometti (escultor y pintor suizo). Pero no volví a hacer un libro más hasta el año 2000, porque no se me presentó la oportunidad.

“En cambio, he hecho casi tanta identidad corporativa como libros. He incursionado menos en interfaces o en audiovisual; son campos que requieren la complementación con otros profesionales. En ese sentido el libro es también el embrión del diseño. El editorial es un ciclo más cerrado, el control del proceso es más fácil, depende en su gran mayoría de uno. Claro que hay libros muy complejos, pero son mucho más amables como tipología de proyecto.”

Cuando se enfrenta a la demanda de un libro, a un manuscrito nuevo, ¿cómo planifica su diseño, en qué detalles repara particularmente?

—Lo primero es leer, tratar de conocer el contenido en la medida en que me lo permita el tiempo, pues también hay encargos apremiantes, con plazos muy cortos para su realización. Recuerdo en el 2005 un libro que tardó apenas una semana en hacerse, impresión incluida; diseñarlo fue cuestión de dos noches, en esos casos no es posible llegar a conocer el texto como se debiera.

“La lectura es importante porque no solo le permite al diseñador saber del contenido sino de la estructura: si son párrafos largos o cortos, si abundan los diálogos, los números, si tiene muchas citas… Todo ello condiciona luego decisiones de diseño. Y si uno no conoce estas particularidades se enfrenta al proyecto como si la caja tipográfica fuera invariable, como si siempre ocurriera lo mismo.

“El libro de Mirta Muñiz, Mi profesión a debate, tuvo, por ejemplo, 19 versiones. Trabajamos en él cuatro años. A la altura de la versión 11, sentía que el libro no acaba de cuajar en el formato en que lo tenía. Lo miraba y no entendía por qué la página no funcionaba. Sentándome a releer un día me di cuenta de una peculiaridad: el texto hacía demasiadas referencias a ejemplos (los cuales a su vez eran imágenes que se debían insertar). Al poner un formato muy alto entraban muchos ejemplos en una página, pero las imágenes no me cabían y se me creaba un conflicto, tenía que pasarlas para la siguiente y todo el contenido se corría. Logré darme cuenta de que la solución era recoger la altura de la caja tipográfica y tener así menos ejemplos por página, pero no hubiera podido llegar a esa solución si no hubiera leído y entendido la estructura del texto.”

¿Podría pensarse que tanta lectura obligada también haya influido en que usted sea de los (no abundantes) diseñadores a quienes les gusta escribir?

—Lo de la escritura se relaciona con un pasatiempo de antaño. Solía intercambiar algunas cosas con un gran amigo y hermano ya fallecido, Marcial Dacal (Marcialito), quien gustaba mucho de escribir; era a mi juicio uno de los poetas más originales que conozco.

“Con el tiempo la vida me ha enseñado que escribir no es pasar al papel lo que se te pueda ocurrir de repente un día, sino un acto bastante más serio y dedicado. Pero me gusta porque he llegado a notar que muchas ideas de diseño las descubro hablando; o sea, al hablar construyo aquello a diseñar, es como un primer proceso de prefiguración. Y tiene lógica si entendemos la estructura básica del pensamiento: lenguaje, escritura y habla. Lo que se puede hablar, escribir y describir, también se puede dibujar. Quizás sea eso lo que me dé cierta aptitud para escribir, para decir decorosamente.”

Dentro de ese proceso cuasi imprevisto de especialización en el editorial, ¿ha llegado a crear preferencias por algunos de los libros diseñados?

—La verdad, todo lo que he hecho lo prefiero, incluso aquello que no haya salido tan bien, pues de las soluciones erróneas uno aprende tanto o más que de las buenas. Siempre me avergüenza ir a las conferencias y ver a colegas hablando de su trabajo, poner ejemplos a partir de buenas soluciones de proyectos propios; es como jugar con ventaja, pues debería partirse de cómo se llegó a esos resultados.

“He hecho trabajos que, como diseños, no valen la pena; otros que sí, pero lo más interesante es cuánto todos me han permitido aprender. Un aspecto bueno del oficio del diseñador es que te posibilita beber de muchas realidades diferentes: un día puedes estar trabajando con un médico, al siguiente con un político, al otro con un poeta. Eso te da una comprensión de la vida mucho más amplia.

“¿Trabajos preferidos? Los más complejos, los más agónicos, esos son los más recordados. En el Grupo Creativo tuvimos que hacer obras del Comandante en Jefe Fidel Castro muy complicadas, son procesos con muchas revisiones y también mediaciones. Eso es algo que siempre complica la labor del diseñador: uno puede tener una buena idea, pero debe tratar de discutir con quien encarga el trabajo si esa es su idea de la solución también, ya que ese parecer va a influir en el resultado final.

En el caso de los libros de Fidel, han sido proyectos muy demandantes, que han exigido la participación de hasta 30 personas en un solo título.

“Otro libro exigente para mí fue La canción en Cuba, del sello editorial Ojalá; es el que más tiempo me ha tomado diseñar, siete años. Se había hecho una primera versión con los códigos de un libro de batalla, pero Silvio [Rodríguez] quería un libro de arte, a partir de la canción. Hubo que buscar muchas referencias visuales de todo lo abordado en el texto para poder cumplir con esa expectativa. Fue muy complicada la búsqueda de las imágenes de los protagonistas de la canción, a quienes constantemente oímos mencionar, pero rara vez hemos visto fotos; entre ellos Pepe Sánchez, [Alberto] Villalón, [Manuel] Corona… Fue preciso hacer una profunda investigación, porque además en esos casos hay hasta que desconfiar de la fuente.

“Un trabajo que también me complace mucho es el del rediseño del periódico Granma, aunque no hayamos obtenido los resultados esperados en su implementación. Le dedicamos tres años, aprendimos mucho.”

Ernesto Niebla Chalita. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Son varios los reconocimientos que constan en su curriculum; entre ellos, el Premio Anual de Arte del Libro Raúl Martínez, en el 2014, por mejor diseño de cubierta, a propósito del título Monseñor Carlos Manuel se confiesa. De manera más reciente se le ha conferido el Premio Nacional de Diseño del Libro 2019. ¿En algún momento del proceso de trabajo la posibilidad de obtener un nuevo galardón se convierte en estímulo?

—¡Qué va, eso sería muy vanidoso de mi parte! Vuelvo a una anécdota de mis tiempos de profesor en el ISDi: hubo una ocasión en que decidí participar en un concurso lanzado por San Pellegrino (marca de agua mineral de origen italiano), para hacer la etiqueta de uno de sus productos. Participé con una solución y gano otra, pero entre quienes concurrieron había estudiantes míos. Recuerdo que vino una muchacha a verme, una de mis alumnas, y me dijo “profe, al final usted no ganó”. En su razonamiento, yo como maestro debía haberme llevado el premio. Esa anécdota me obligó a tener una reflexión particular sobre los certámenes. Primero trato de no concursar, pues en estos se suele premiar una coyuntura conveniente para quien los convoca; no necesariamente se reconoce, a veces, la calidad.

“Pienso como Juan Gualberto Gómez: los honores ni se piden ni se rechazan. Si me dan un premio por mi trabajo lo acepto con la mayor humildad y, por supuesto, con alegría. Pero si no me lo dan no pasa nada, no trabajo por los premios; lo hago porque estoy enamorado de mi carrera, porque es lo que sé hacer y porque creo en lo que asumo en cada momento.

“Un premio como este, el de Diseño del Libro 2019, es un aliento grande, es algo a agradecer. Lo agradezco por la gente que ha creído en mi labor a lo largo de la vida y me ha ayudado sin una razón explícita o una conveniencia calculada…, lo agradezco más por mi familia, por el tiempo que le quito para llevar adelante cada proyecto.”

Con el pensamiento en su hogar, en los dos hijos de los cuales habló incluso antes de empezar la grabación –que si están bien, han crecido, el tiempo vuela- concluye nuestro encuentro.

Ese compromiso familiar que es tan seguro, que es concebido con amor, que nada tiene de fortuito, deviene excepción entre lo conversado; el resto de los temas explorados, ya lo vimos, fueron tocados por la ventura. Niebla no anticipó que iba ser diseñador ni se propuso escribir artículos sobre su profesión. Tampoco previó dedicarse al diseño editorial ni esperó recibir honores por ello. No obstante, gracias a todas esas “causas y azares”, Cubadebate pudo hoy, intencionadamente, publicar esta entrevista.

Algunos libros diseñados por Niebla

Se han publicado 18 comentarios



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  • francisca ibañez maza dijo:

    ernesto cuando vi tus apellidos supe que eras ernestico el hijo de rosa y niebla, tu mama mi jefa en sime y tu para internacionalista , se que eres bueno porque de padres como esos todo lo que salga de ahí es provechoso e ingenioso. felicidades ernestico.

    • Ernesto Niebla dijo:

      Gracias a todos ustedes, el premio mejor es su amistad

    • Hugo Rivera Scott dijo:

      Debo felicitar públicamente a Ernesto por este nuevo galardón que se le otorga por su labor profesional.

      Ha sido además verdaderamente un agrado haber leído - aunque con cierto retardo - esta bella conversación con Ivette Leyva, que agrega detalles de su vida en el diseño y la docencia, haciendo presente en ella su humildad, su rigor, consecuencia y la virtud de la palabra, demostrándonos con su ejemplo que el camino se hace al andar; pero hablándonos también de su fidelidad para con las amistades entrañables que han estado presentes en ese recorrido, como son el recuerdo de Marcialito y de la historia del ISDI y sus alumnos, que no puedo dejar de manifestarlo, que me tocan en lo personal muy hondamente.

      Por último debo decir que me enorgullece gozar de su amistad por lo que, desde este estrecho país del extremo sur del continente donde se renuevan las esperanzas por un mundo mejor agrego a mis felicitaciones con un abrazo de admiración al maestro Niebla Chalita,

      • Ivette dijo:

        Profesor Hugo, yo que recién lo he conocido a través de esta entrevista, me he emocionado con sus palabras. Gracias por dejarnos su comentario.

      • Ernesto Niebla Chalita dijo:

        Querido Hugo:
        Llamarme maestro, cuando en realidad soy un mero aprendiz, es de una generosidad tremenda. Si en buena medida, el recorrido de mi trabajo ha sido consecuente se debe a tratar de ser como tú, a emular tu ejemplo y tu sabiduría. Aprendidos ambos desde que fui tu alumno presencial. Ahora que lo sigo siendo, pero en la distancia, debo recordarte unos versos que sé que no has olvidado de nuestro querido Marcial: "jamás Hugo Rivera del alma que tú Scott no conectará". Tras ese magisterio tuyo fuimos otros, entre los que ando; pero el maestro eres tú. El homenaje en todo caso es para ti. Un abrazo, Ernesto

  • Gisela Herrero dijo:

    bueno, bueno y buenooo...como LA LETRA QUE NACE
    Felicidades otra vez, por el premio y a por otros más que están por venir.

  • Masvidal dijo:

    Gran diseñador! me honra ser su amigo.

  • Lourdes Alpizar dijo:

    Mis sinceras felicitaciones a Niebla, por ser su persona y arte genuinos, muy cubano y sencillo. Un gran hombre de su tiempo y para su tiempo. Gracias por tu vida y obra.

  • Christian Leyva dijo:

    Felicidades, amigo. Siempre he admirado tu talento. Un abrazo.

  • Edgar González Pupo dijo:

    Como cubano, te FELICITO, tienes el oído pegado al suelo y es real “Todo nace de la letra”.

  • Jean Niebla dijo:

    Primo muchas felicidades en hora buena por el premio Un Abrazo

  • Jorgito Sibila dijo:

    Excelente diseñador; mejor persona.

  • Jorge Sibila dijo:

    Gran diseñador, mejor persona y obligado paradigma. Bendito el azar que me llevó a contar con sus enseñanzas y su entrañable amistad.

  • René dijo:

    Felicidades amigo. Un premio bien merecido para un trabajador laborioso y que exige perfección de sí mismo. Ese ha sido el secreto de tu éxito como diseñador.

  • janusz dijo:

    buena entrevista,entre nosotros hay muchas personas q son realmente buenos en la profesión q escogieron para la vida,no importa cual es la decision,lo importante es amar y querer lo q se hace.

  • Rondo F.M. dijo:

    Gracias, Ernesto Niebla.
    Poetica disertación acerca de la intrincica relación que existe entre creador, objeto y manifestación tangible de la genuina danza que se establece entre estos elementos.

  • Daniel Noa Monzón dijo:

    Excelente entrevista...por su conducción, contenido, resultados...y mensajes para el oficio, válido para la vida en general, en cualquier profesión donde se requiere iniciativa, originalidad, sentido del buen gusto (el propio y del ajeno) y de la importancia de que el mensaje entre al destinatario por todos los cinco sentidos y hasta por el sexto sentido. El tipo, gracias a Gutemberg tuvo su antecedente en los pictogramas y en la letra cursiva. Soy de la época en que se enseñaba el método ¨Palmer¨, con una letra bella y pareja...Siempre lo bello impresiona, la forma ayuda a la digestión del contenido.
    Se diseña un libro, un edificio...y hasta un discurso...Entonces, promulguemos la creatividad en el diseño, para que tengan el éxito deseado y buscado...ese que necesitamos y aspiramos. Felicidades a todos...He disfrutado, recordado (fui aprendiz en un periódico y trabajé en una imprenta...) y aprendido

  • Richard dijo:

    Excelente entrevistadora, excelentes respuestas. Tuve con esas palabras, nuevamente cerca al más influyente de mis profesores durante la carrera. Un abrazo.

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Ivette Leyva García

Ivette Leyva García

Periodista y comunicadora. Editora de La Tiza, Revista Cubana de Diseño, y colaboradora de Cubadebate.

Irene Pérez

Irene Pérez

Fotorreportera de Cubadebate. Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana (2014). En Twitter: @irenepperezz

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