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Animación cubana en Annecy: La primera vez

Por: Arturo Delgado Pruna
Publicado en: Canal USB
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Se celebra en La Habana el evento Días de animación III —capitaneado por Ivette Ávila Martín, profesora de Animación en el ISA—, que reúne a cuantos sean afines a dicho género.

La cita resulta momento propicio para revelar datos inéditos del corto Osain, con el que Cuba participó por vez primera en 1967 como competidora en el festival de Annecy, Francia, uno de los más importantes del mundo dedicado al cine de animación.

La primicia la ofrece Hernán Henríquez, a quien conocimos en Canal USB por medio de la entrevista Gugulandia: parodia de la Humanidad. Esta vez él desmenuza el modo en que se fue ideando el corto que dirigió, apoyado por Tulio Raggi, otro grande del dibujo animado cubano. Narra Hernán H.:

En 1964, acudí a una fiesta a casa de mi amigo Luis Quiñones. Allí estaba un mulato que se puso a vocalizar; era Tomás González, graduado de Dramaturgia. Conversamos y le pedí que me presentara un argumento para realizar un dibujo animado en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). Tomás me llevó la historia de Osain, una deidad yoruba, tomada del libro El Monte, de Lydia Cabrera. Me gustó la idea y le dije a Tulio Raggi que esa sería mi primera película como director. Tulio y yo habíamos formado un team de trabajo muy unido y eficiente: él aportaba su gran calidad de dibujo y yo mis conocimientos en la técnica de animación, nos complementábamos.

Puesto todo el entusiasmo en Osain, me encargué del guion, de la animación y la dirección; Tulio, del diseño de personajes y de los fondos. Por recomendación nuestra, el Icaic le dio a Tomás el puesto de asesor literario en el Departamento de Dibujos Animados. Tomás nos conectó con Rogelio Martinez Furé, gran conocedor del mundo yoruba afrocubano, y ahí comenzó un profundo estudio sobre el tema.

Fuimos a ver toques de tambores batá, bailé con un solo pie, me aprendí la psicología del personaje, así como la idiosincrasia de los otros: Elegguá, que abre los caminos con su garabato; Orula, el brujo; Obatalá, el padre; los Ibeyi, como los gemelos; Oyá, como la muerte. Tulio y yo fuimos en busca de diapositivas del arte de Wifredo Lam y estudiamos su obra. Vimos pictografías y diseños de máscaras africanas.

Fotograma de Osain.

Pero para mí era fundamental el sonido, por lo que junto a Furé organizamos toques de santería cantados por Lázaro Ros y eso se me convirtió en el alma de Osain. Las canciones de Lázaro a Osain: ahí fui perfilando una imagen toda en negro, donde un Osain, a lo Wifredo Lam, bailaba en formas cambiantes, y se me ocurrió que las líneas fueran siempre temblorosas, con colores brillantes que cambiaran constantemente en todas las gamas del arcoíris. Los diálogos serían hablados en yoruba. Eso fue audaz, nunca visto ni hecho en el Icaic. Los bellos dibujos de Tulio Raggi, del monte por donde transita Osain, los animales, el desfile en el entierro de Osain, la belleza de la muerte de Osain, todo eso convirtió a Osain en una obra que se proyectó con gran éxito en los cines.

Afirma usted que Osain se hizo en Cuba en 1964 y los archivos de Annecy revelan que compitió en Francia en 1967. ¿Por qué transcurrieron tres años entre uno y otro momento?

Luego de su estreno, Osain nunca más fue mostrada en los cines. Según el registro de peticiones del Icaic, Brasil y varios países africanos pidieron copias de Osain para sus cinematecas. Tan contento quedé con el resultado que, lógicamente, quise hacer más películas parecidas. Pero cuando se lo dije a mi jefe, me contestó que no, que ya bastaba con eso, que no teníamos que estar promoviendo la cultura de la santería. Para mí fue devastador.

Ficha técnica de Osain que aparece en el programa impreso de Annecy, 1967.

Un día, Mercedes Alfonso, administradora del Departamento de Dibujos Animados, me mostró una carta que venía de Francia dirigida a mí, que decía que Osain era finalista en el festival de dibujos animados de Annecy, y me invitaban para el acto de premiación, por si Osain ganaba, supongo. Fui a mostrar la carta y me dijeron que no había presupuesto para asistir al festival. Eso me resultó desalentador. Tal vez se debió a que mi padre no era cubano ni nunca había vivido oficialmente en Cuba, entraba como turista. Nunca me lo dijeron por las claras. En youtube hay una copia de Osain, deteriorada por el tiempo, sin colorido. Es una sombra de lo que fue.

Nota del autor:

Agradezco a Raphaël Cahuzac, asistente de dirección del festival de Annecy, así como a Yael Ben Nun, responsable de las colecciones de películas de animación del Museo del Castillo de Annecy, por los datos ofrecidos que refuerzan el testimonio de Hernán H.

Se han publicado 3 comentarios



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  • adrian_garcia_vh dijo:

    Triste, triste, triste... pero entre todo lo malo, al menos algo bueno: nos estamos sincerando y narrando historias como estas, eso es saludable para la confianza de toda una nación. Que hechos como estos no se repitan jamás.

  • felix b dijo:

    annecy,

    lo mas lindo de francia

  • menejías dijo:

    recuerdo los muñes de H. Henriguez en aquellos DDT de los años 70 sobre los hombres de las cavernas a ellos le paso lo mismo y no pudieron ir a ese festival

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Arturo Delgado Pruna

(Sancti Spíritus, 1971). Editor. Ha publicado artículos y entrevistas sobre historieta y humor gráfico en revistas, periódicos y sitios digitales como El Caimán Barbudo, Escambray, Juventud Rebelde, La Jiribilla, Cubahora, Esquife y Noticias de Artecubano. Ha editado los libros de cómics Los hijos del Quasar y Yakro.

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