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La Habana de los guajiros o crónica de la ciudad interminable

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Paseo Marítimo. Foto: Sonia Almaguer.

No una, sino varias veces han sido la primera vez que estuve en La Habana. Así como lo he escrito, en un plural del singular. Y no es porque de pronto yo ignore elementales reglas de la gramática, ni tampoco porque sufra paramnesia reduplicativa: suerte de alucinación que hace ver la existencia de un mismo escenario en lugares diferentes.

Si como dice Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”, hay una lógica en ese milagro. Llegué a La Habana en agosto de 1972, con apenas 11 años, para participar en una competencia nacional de Círculos de Interés de protección y extinción de incendios, en la cual, por cierto, mi pequeña escuela de Taguasco obtuvo el primer lugar. Sin embargo, entonces para mí La Habana no fue la ciudad que hoy conozco, sino apenas el Acuario del Parque Lenin, lugar donde la maravilla no fue admirar peces de todos los colores, formas y tamaños, sino descubrir la exquisitez del “peter” de chocolate. El resto del tiempo permanecimos recogidos en una escuela de Arroyo Arenas, por la autopista del Mediodía, cerca del ya desaparecido autocine.

La Habana creció un poco más en 1976. Entonces yo era un Camilito, tenía 15 años, y como gané el derecho a participar en el Campeonato Nacional de Ajedrez de las Fuerzas Armadas, de pronto me vi hospedado en el hotel Saratoga, frente al Parque de la Fraternidad. La Habana me pareció Santa Clara, aunque mucho más fastuosa, sobre todo por el cine Payret, el Prado, el hotel Inglaterra y, desde luego, por el Capitolio, que por entonces acogía la Exposición de Logros de la Ciencia Soviética. Una tarde y mientras caminaba por el Prado, a través de una vidriera vi por primera vez un televisor a color. Hoy me resulta fácil de precisar la fecha. Era el 9 de septiembre de 1976, pues transmitían imágenes de China, en homenaje a Mao Tse-Tung, quien acababa de fallecer.

Vista aérea del Capitolio de La Habana. Foto: Sonia Almaguer.

Entonces creía que la ciudad terminaba un poco más al oeste, quizá por Galiano, hasta que en 1982, a los 21 años, participé en un torneo nacional universitario de ajedrez, cuya sede era cierto local cercano al Museo Napoleónico, a la vera de la Escalinata. ¡Cuánto se me expandió La Habana esa vez! A dicho torneo yo no asistía como jugador, sino como second de Jesús Hernández, excampeón nacional juvenil y actual Maestro FIDE. Nos hospedábamos cerca de la Avenida 41, en Playa.

Un día Jesús selló partida en un final de torres y peones y, aunque tenía ventaja, esta resultaba difícil de materializar. Yo le dije: “En el libro de Smyslov y Levenfish hay una posición muy parecida, jugada por Capablanca contra Yates, tenemos que hallar ese libro”. Total, por la noche nos fuimos a casa del MF Armando López, quien vivía en la calle Infanta; pero no hicimos el recorrido según manda la experiencia citadina, en guagua, sino caminando. Cruzamos el puente del río Almendares, desandamos todo 23, y así fue como descubrí La Rampa.

Cada vez que recuerdo La Habana, quiero decir, los tantísimos sitios que conforman La Habana, siempre los percibo de día. Evoco una ciudad absolutamente visual, de serenidad resplandeciente, pero no pasa lo mismo con la Rampa, la cual no solo imagino de noche, sino también mezclada con ruidos, voces y un remoto sentimiento de euforia. Pensarla es como regresar al prístino asombro de aquel Coppelia repleto de gente, impolutamente iluminado; a la aglomeración bajo las luces danzantes del Yara; al inquietante tráfico en la intersección con la calle L; a la majestuosidad de los hoteles Riviera y Habana Libre, entre otros.

¡Cuántos lugares descubrí más tarde, los cuales al evocarlos provocan un extraño sentimiento de nostalgia! No la añoranza del sitio en concreto, sino cierta pena con el niño que fui, a quien se le perdió algo valioso que en realidad nunca tuvo. Cómo me hubiera gustado, con diez o doce años, verme jugar sobre el puentecito de madera en la playa de Santa María, y allí suponer que me enfrento a John Silver, pirata pata de palo; o que de pronto embullo a mis compañeros de aula, y a punta de espada nos vamos juntos a tomar el Castillito de Río Cristal.

Hubo un tiempo en que, por razones de trabajo, viajaba con frecuencia a La Habana, e incluso pasé meses allí. También entonces, en cada simple salida a la calle, la ciudad nunca dejó de crecer. Una expansión palpable en lo espiritual, como descubrir el mismísimo regocijo en cada parque, rinconcito o doblar de esquina. Lo mismo frente a la tumba de La Milagrosa en el Cementerio de Colón, que en la Santa Metropolitana Catedral esculpida en piedra viva de Jaimanitas, en el Barrio Chino o el Club Capablanca, en la calle Obispo o la Playita de 16 donde, parafraseando a Silvio, cierta vez amé a una mujer terrible.

Como ha crecido La Habana y yo con ella. En todos estos años que la apropié, desde el Malecón y el cañonazo de las nueve, desde el estadio Latinoamericano y la Cinemateca de 12 y 23, desde el Gato Tuerto y el coro Exaudi, desde las Ferias del Libro de la Cabaña y la Virgen de Regla, desde la Finca Vigía y el pedacito de muralla que aún queda. Ay, y el snack bar del Hotel Nacional, el Castillo de la Real Fuerza, el Carmelo de Calzada, la sala teatro El Sótano, el Palacio del Segundo Cabo, la Piragua, la Biblioteca Nacional, el Zoológico de 26, el Cayuelo de Vía Blanca, el Túnel de la Bahía, la casita de Martí, el edificio Focsa, la Bodeguita del Medio, la Plaza de la Revolución, el Templete y la posada de 11 y 24.

Equilibrios en La Habana. Foto: Sonia Almaguer.

Junto a tantos y tantos habaneros imaginativos, dicharacheros, derrochadores de la risa, mirándola desde la lanchita de Regla, con la misma avidez y asombro con que al arribar a puerto la vieron Alejandro Humboldt, Winston Churchill, Emmanuel Lasker, Caruso, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca… Caminándola como Eusebio, el Caballero de París o el Andarín Carvajal. Con sus portones de madera labrada, las rejas de hierro forjado, los alfarjes con sus cuadrales; sobre los arcos tribulados o de carretes, o de medio punto, y los vitrales de rojos, azules, naranjas y verdes, “esos espejuelos oscuros de la ciudad”, según el decir de Carpentier; luces mágicas coloreando cimborrios, zaguanes, patios, colgadizos, bajo sábanas blancas colgadas en los balcones, ¡así La Habana! ¡Oh, La Habana! ¡Hermosa Habana! Ciudad interminable. Vieja mirada tan nueva. Siempre la primera vez.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 34 comentarios



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  • José A. Rondón Ayala dijo:

    La maestría de la escritura de Antonio Rodríguez Salvador no me sorprende en este artículo sobre La Habana. Me trajo recuerdos de mi incursión por esos lares donde me hice hombre y maduré a la fuerza, A lo mejor me embullo y escribo aquellas impresiones sobre esa ciudad donde nacieron y viven mi primera hija y mi primera nieta. Chichito es un maestro, una pluma de oro, reconocido en Cuba y en muchos paises

  • Wilfredo MB dijo:

    Recuerdo la Habana casi exactamente desde la misma perspectiva suya. Hace muchos años que estuve allí estudiando y tengo muchos recuerdos, gratos casi todos. Luego, por cuestiones de trabajo, también acudía con frecuencia a la capital. Gracias, Antonio, usted me ha hecho rememorar también mi paso por esa ciudad y la nostalgia que esta noche me trae tan hermosos momentos vividos.

  • Jose R. Oro dijo:

    Maravilloso articulo! No se podia esperar menos de ese brillante intelectual cubano. El tiempo, la repeticion de eventos que no son copia el uno del otro, el ser en el tiempo y el espacio. Muy, pero muy bueno. Felicidades a Antonio Rodríguez Salvador

    • Antonio R. Salvador dijo:

      Querido Oro. Soy yo quien le agradece usted. Por sus profundos comentarios siempre oportunos en Cubadebate. Por su amor a Cuba, su compromiso, y su brillante debut como articulista en estas páginas. Un abrazo

      • Jose R. Oro dijo:

        Querido Antonio Rodríguez Salvador. Muchisimas gracias por sus palabras, un gran honor que usted con su gentileza cubana, me hace. Mi compromiso con Cuba continuara siempre, y se extendera permanentemente a todos los cubanos, usted es un tangible ejemplo de ser un admirable ejemplo de nuestro pueblo.
        Un fuerte abrazo

  • senelio ceballos dijo:

    Saludos Lic. Antonio Rodriguez SALVADOR!!!!…..Gracias POR SU BELLA Y CRIOLLA NARRACION…me vi varias veces retratado con su palabras y frases muy bien definidas….Senti verguenza [ por no saber escribir tan lindo, sobre cuba como ud ] aqui en esta tarde fria del sabado 17.11.2018 con la nieve LA RODILLA…cerca del rio DON APACILE..Antonio fui uno de los ing.. que participamos en la construccion y reparacion de las presas cerca de su pueblo natal…….Lebrije, y otras…Pero mucho antes fui a tu pueblo a ver la construciones de 7 casa de tabacos que se comenzaron alli en el mismo anno 1959-60………Mi padre [EPD] era el jefe de brigade en aquel proyecto..uno de los primeros al triunfo de la revolucion…AUMENTAR LA SIEMBRA de Tabaco y tomates en vuestra pintorezca patria Chiquita……Estimado A.Rodriguez,,,,,Conoci la Habana unos annos primero que UD….creo 1958….y luego la vi otra vez cuando en la plaza se canto por primera vez….CUBA SI, YANQUIS NO!!!! Despues estudie en la U.H. QUINTA de los MOLINOS….creo que me uno a vuestras narraciones …COMO UN SALUDO DE GUAJIRO A LOS 499-500 annos de mi Habana…..Seria Bueno que los guajiros hoy medicos, ingeniers , periodistas nos hablen de sus andanzas y recuerdos de la Habana….Escribir un libro [ ud sabe escribir -muy bien] …PARA que los jovenes hoy puedan tener algo en la mano…COMO ERA AQUELLA MAGESTUOSA HABANA… ante los ojos de guajiritos como nosotros….jajaja….Me fui en 1995 y pude regresar solo en el invierno 2012-13…Me parecio tan chiquitica, menudita, indefensa, calles estrechitas, etc..Claro ya desde aquel guajirito de tu TAGUASCO…amado ha dado mucha rueda por Madrid, moscu, stambul y otras megapolis……….jajaja..ME DI UN GUSTAZO al leerle dos veces..Me reia yo solo!!!! CARAY..nuestros padres y abuelos hicieron una revolucion mas grandes que el carajo….El guajiro de chambas.

  • HENry Espinoza dijo:

    Bellísima reseña, impresionante redacción, solo un cubano, hablando sobre su Cuba es capaz de organizar tantas vivencias, evocarlas y revivirlas para transportarlo a uno que como turista, como “cubano nacido en Venezuela” tuvo la suerte y dicha de conocer, caminar y descubrir esa inolvidable ciudad, a quien su gente y Fidel han hecho universal y eterna.

  • Yvonne dijo:

    Bello artículo!!!!, en las pocas veces que he estado en La Habana me ha pasado como a usted, siempre diferente, siempre descubro algo nuevo y deslumbrante para los ojos de una guajira….

  • Sistema de Alojamiento dijo:

    …y del acento en el hablar de los habaneros que muchos guajiros identificamos “a la legua”; y del desenfado con que se vive sin mirar tanto en el modo de vivir del vecino; y en el modo de aceptar el dinero para “soltarlo” a la misma velocidad de su entrada; y en la lógica de país de que lo mejor se conozca en La Habana muchos años antes de que en Bayamo…en fin… en la peculiar forma que tenemos los guajiros de admirar esa bella ciudad que ojalá sea más limpia y mejor querida por quienes la habitan para que cada vez que lo guajiros lleguemos a la capital la sigamos descubriendo y sea la linda cara de Cuba que todos queremos…

    • Carlos Alberto SA dijo:

      Muy intersante su comentrio y muy bonito pero respeuosamente le digo que si vive en Bayamo, usted no es un guajiro, vive en una bella ciudad, si vive en zona rural entonces es un campesino, pero por favor, tenemos que enseñar a los cubanos principalmente a los de allá que es un ciudad y que es campo, para que el lenguaje se perfeccione, para que aprendamos que en toda Cuba hay personas de la ciudad y personas del campo.No es critica es una reflexion de amigos y cubanos.

    • Carlos Alberto SA dijo:

      Muy sabias sus palabras y muy bueno el comentario, creo que la respuesta de esta mañana no la terminé de enviar, pero lo que sugiero es que dejemos de apoyar ese lenguaje discriminatorio de los que utilizan la capital para minimizar a otros , si vive en Bayamo, vive en una ciudad, muy bella por cierto y cuando va a La Habana, la visita un Cubano de una ciudad, si vive en zona rural entonces es un cubano, un campesino, en toda Cuba existen campos y ciudades.

  • Candela dijo:

    ¡Precioso artículo!

    La Habana, hermosa Habana -como reza la canción-, tal vez no impecable como la quisiéramos ver los que nacimos y vivimos en ella; pero es, sin lugar a dudas, la encantadora que arraigó a mis ancestros de todas partes de Cuba y más allá de sus costas, también; la de mis nietos en Cuba y fuera de Cuba, porque La Habana es de todos los cubanos; la que debemos salvar de sus ruinas como nos enseñó Eusebio Leal, manteniéndola, no dejándola caer; la que debemos desarrollar y ampliar, porque es nuestra. La Habana con rostro auténtico que precisamos lavar y salvar de la indolencia burocrática y del mercachiflerismo esté donde esté.

    • Jose R. Oro dijo:

      No puedo menos que apoyar completamente su comentario, estimada Candela. Joaquin Sabina dijo una vez que “Madrid es una ciudad invivible pero insustituible”. Que La Habana sea bien vivible (ya es insustituible) y que acoja siempre con los brazos abiertos a todos quienes la visiten, sean de otras provincias de Cuba, cubanos del exterior o visitantes extranjeros.

  • Alexander dijo:

    Excelente artículo !!!! Soy cienfueguero y recuerdo que desde niño visitaba a mis familiares en la Habana , eran para mí las mejóres vacaciones de mi infancia , eran por los años 70’s recuerdo con orgullo la belleza y la Majestuosidad de la Capital , disfruté de sus playas , mi preferida era Santa María del mar , ahora en estos momentos mientras escribo este comentário me entra la nostalgia y casi a llorar y avéces siento miedo por no poder ver jamás nuestra Capital , resido en el extranjero pero para mí la Habana es la Capital mas bella del mundo , con derrumbes o con solares pero es la Capital de todos los Cubanos.

  • Mimisma dijo:

    !Preciosísimo artículo, así he vívido y desandando esa Habana, ha sido un fiel retrato de lo que sentimos los que no somos de la capital y la añoramos, y la amamos incondicionalmente, !Felicidades a esa gran dama por darnos abrigo en ella y acogernos siempre como uno mas!

  • Carlos Rodríguez dijo:

    Espectacular cronica.Al fin leo algo relevante.educativo y emocionante.Felicidades cubano criollo.Un abrazo desde Miami.Algún dia me gustaría conocerle.

  • JAIME GAUNA AGUIRRE dijo:

    SOY MEXICANO Y VIVO EN EL NORTE DEL PAIS, MUY CERCA DEL GOLFO DE MEXICO.
    SON VARIAS LAS OCACIONES QUE HE VISITADO LA SIEMPRE SORPRENDENTE HABANA, LA MAGIA QUE TIENE LA CIUDAD ES DISTINTA A TODAS LAS OTRAS GRANDES CIUDADES QUE EN EL MUNDO TIENEN MAGIA, EN RESUMEN: ¡UNICA!
    Si tienen información de la fecha, lugar y hora de la la ceremo la oficial del aniversario 500 de la Fundación de La fidelisima ciudad de San Cristóbal de la habana favor de proporcionarmela, creo sería una experiencia inolvidable estar presente. SALUDOS.

  • Cristobal dijo:

    Expectacular description, me recordo exactamente lo que vivi yo en la misma epoca, soy de Bauta y me fascino aquella Havana, gracias por ese viaje a la juventud y nuestra Havana

  • sheila delvalle carvajal dijo:

    Excelente..!.Magnifico .articulo.. tenia que salir de la mano y de la imaginación ..de tan brillante Cubano. a quien Respeto y admiro tanto…Gracias Chichito por hacerme revivir mis momentos Habaneros… pasearme contigo… en todos esos momentos.esos años que aun no conocía la Bella y mágica… Habana pero te juro que tu magia me llevo a caminar a tu lado en esos años 72, 76 y 82… tuve la suerte de conocer la habana en el año 1989 para mi fue grandioso justamente para su Aniversario 470…no dude en darle vueltas a la Ceiba de San Francisco…ja ja ja ..me dijeron los hermanos cubanos Xiomara Gonzalez, Maria Rolock., Xiomara Leiva… que era una tradición ..que si lo hacia regresaría pronto a la Habana..así fue.. iba casi trimestralmente…como .. Amo a tu pueblo …lo sabes… me siento Cubana…pero Tunera…Dios Bendiga tu Genio amigo…. Felicidades.. a todos los Cubanos… por el Aniversario… espero estar en los 500 años.. serán fastuosos .estoy segura…

  • Eric dijo:

    Oh La Habana, cuanta magia, cuanta vida y misterio en tus calles, avenidas, CUATRO esquinas y esas 4 esquinas, la pelota, el beisbol, el gato viejo o como quiera que querrais llamarlo, entre tantas vivencias de mi capital, recuerdo hoy que me preparo para asistir nuevamente a su encuentro desde mi Camagüey, que casi conozco de memoria los estadios y campos de pelota de la capital…desde el Francisco Cardona en el Mónaco, donde mi inicié con el firme propósito de llegar al team Cuba, allí donde vi jugar a Tony González, a Monguito Cabrera, a Eduardo el pindy Cárdenas, a los cuales quería imitar, o al “Rafael Conte” de Lawton, donde jugué de noche por primera vez y casi me trago la pelota porque guajiro al fin, me dio por miar para las luces… el Alberto Álvarez de Regla, el Eladio Cid en Los Pinos y el Latino, donde no jugué, pero me sabía cada detalle de ese monstruo, desde la 83 que cogía en el Mönaco hasta la parada de la Calzada del Cerro y calle Saravia y bajar por esa calle casi corriendo para coger buenos puestos por la zona de primera, que es la de los “guajiros”…pero en mi imaginación infanto-juvenil, me vi jugando la segunda base en el coloso del Cerro, aplaudido por los de la banda de primera y chiflado por los de tercera…y de momento despertaba ante el escándalo que armaba Armandito el tintorero, ahí me comía una de las excelentes croquetas con mostaza que costaban 25 ctvs y bajaba a buscar una perga de malta de a 0.40, que felicidad, cuando venía de vacaciones, mis amigos del barrio me rodeaban para preguntarme cosas de la capital, que tiempos aquellos donde el viaje en la Leyland costaba solo 7.00 pesos y al regresar a la capital, de nuevo para la secundaria Varona de la Plaza Roja y a jugar pelota en el Cardona o Cuatro esquinas donde se pudiera o jugar al taco, eran los momentos románticos y de definiciones, y ya La Habana, mi Habana, tu Habana, nuestra Habana, esa que deslumbra, esa que los Habaneros nativos conocen menois que los que somos del campo, llega a sus quinientos años, Dios quiera que tengamos buena salud para celebrarlo por todo lo alto o por todo lo bajo, pero celebrarlo, porque La Habana tiene ganas de que se pongan pa ella y de hecho ya bien que nos hemos puesto. Gracias Antonio, excelente trabajo que inspira a ser mejores por nuestra capital.

  • Eugenio Vicedo Tomey dijo:

    A los cinco años de edad llegó lo inevitable: viajó por primera vez a La Habana, la típica gran aventura a que puede enfrentarse un cubano del interior, “del campo”. Siempre se dijo, y todavía algunos lo dicen: Cuba es de una parte La Habana, y lo demás, paisaje. Así que ese viaje a “Labana” forma parte del rito iniciático de la formación del cubano. Vivas donde vivas, con independencia del lugar de nacimiento y del elegido para vivir, llega un momento en que, por fuerza, hay que conocer “Labana”. Puede ser de la mano de los padres, si todo se da en la niñez, o ya de adulto, por necesidades de estudio o trabajo, por una novia, o por vencer el desafío de ese desconocimiento. Y ese primer viaje, para que sea auténtico, debe ser en ferrocarril. ¿Quién que lo haya hecho puede olvidar la entrada en tren a la Estación Central? Por lo general el primerizo estaba advertido de la probable visión de la bahía, la llama de la refinería y los demás asombros que, desde Los Elevados, se ofrece al viajero a través de la ventanilla de un flamante Santiago – Habana, o de un modesto tren lechero, esos que paraban ante la más mínima señal de civilización durante el recorrido. Por demás, una formidable alternativa para comenzar a conocer Cuba. La costumbre se había enraizado: tíos y primos, ya habaneros desde hacía años – porque es difícil, muy difícil, que alguien no tenga familiares en “Labana”, ya sea por naturalización o nacimiento – , esperaban a pie firme del otro lado de los altos barrotes, no sin soportar algún que otro empellón de los numerosos parientes que esperaban a alguien del campo, ansiosos por identificarlo lo más pronto posible, y así rescatarlos con premura de los numerosos carteristas, estafadores y vividores que pululaban… Porque al del campo se le nota en la cara – esté pelado, afeitado o bien vestido, no importa – sobre todo cuando se baja del tren, y se impone la necesidad de rescatarlo de expertos en el arte de timar ingenuos con las consabidas frases de “máquina hasta la puerta de la casa”, “vaya tu carretilla aquí”…
    Y comienza la gran aventura capitalina, con dos posibles finales: primero, el de aquel que “no se adapta” al ritmo y al bullicio de la embriagante ciudad, tan distante de la tranquilidad pueblerina donde después del trabajo sólo queda baño, comida, televisión y cama. La primera confrontación por lo general resulta cuando una noche en que ya cabecea de sueño, se le plantan delante dos rozagantes jovencitas, perfumadas y provocativas que a la hora de recoger los bates, sonrientes le disparan: “primo, vamos a dar un paseo por La Rampa, y después nos sentamos en el Malecón un rato. Y mañana temprano nos vamos pa la playa”. Y eso no era lo peor: inolvidables serían esas noches en que, a la espera de la comida, imaginaba una mesa bien plantada, de esas de mantel de hilo blanco impoluto almidonado y planchado, con frijoles negros, arroz humeante acabadito de cocinar, viandas hervidas, algo de carne, un aguacate por comensal plantado frente al plato, etcétera y etcétera, para descubrir consternado, una vez hecha la cariñosa invitación – “primo, vamos a comer. Mira, siéntate por este lado” – , que “la comida” se reducía a un pan con tortilla y un vaso de batido. Y así sucesivamente, sumando experiencias hasta que un día resolvía el salvador pasaje de regreso al añorado terruño para a partir de ese instante, con mucho orgullo, decir a cada oportunidad que se le presentase: “a mí no me gusta Labana. Es muy agitada, y la gente vive metida en su casa…”. Eso no niega que de vez en cuando se dé su vueltecita por la urbe, pero como a la cárcel: “de visita nada más”.
    Pero está ese otro, que progresivamente se va adaptando a las nuevas circunstancias y ritmos de vida, acelerado por el conocimiento oportuno de una muchacha que, condiscípula universitaria de escasas entendederas, salva más de una vez de un casi seguro suspenso en árida asignatura,que lo retiene más y más, no sin triunfar sobre unos futuros suegros que a las primeras de cambio recelan, – “Niña, vamos a ver: ¿de qué pueblo de Oriente me dijiste que era?” – comentan por lo bajo – “Vieja, esto no es lo que yo quería para la Niña”; “Pero Viejo, no podemos hacerla sufrir, es nuestra única hija, y muy buena que nos ha salido” – al fin lo admiten como hijo legítimo – “después de todo, no parece mal muchacho”. Y oportunidades laborales, culturales y de superación nada despreciables hacen el resto. Un día aparece un trabajo – “muy bueno” lo calificará en las cartas a los viejos allá en el central – hasta que llega el momento inevitable y a esas alturas ansiado: el traslado. Y comienza a vivir en Labana “con libreta y tó”. Y los padres, superado ya el extrañamiento, a la pregunta del vecino: “¿Y dónde está Pirolo, que hace rato que no lo veo?”, responden orgullosos: “hace tiempo que está viviendo en Labana”. “¡En Labana!” replicará el asombrado curioso.
    Y pasarán los años, y un buen día se verá, al igual que Enrique Núñez Rodríguez, tomando café con leche por las noches, y bañándose y afeitándose por las mañanas. Y saliendo del trabajo no directamente para su casa, sino para el cine a ver el estreno de la semana, al salir comer algo al paso y al final, sin desesperarse, demorando aun más el momento de chocar con el cuñadito malcriado, retornar de noche al mismo hogar del que salió antes del amanecer: se había acabado la época en que, bicicleta mediante, en diez minutos llegaba a su casa desde cualquier lugar de su pueblo.
    Y el tiempo seguirá pasando, llegará el primer agosto que permanece en Labana sin ir al terruño – “es que me han dado una casa en la playa” – y el barrio natal será ya recuerdo, las cartas se irán convirtiendo en telegramas, se irá distanciando la expresión “que ganas tengo de ir al pueblo”, al que visitará sólo, por obligación, en circunstancias luctuosas, donde comprueba que cada vez conoce a menos gente, aunque los demás, los más viejos sobre todo, lo reconozcan perfectamente. Definitivamente, ya no podrá vivir sin los olores – que no pestes – de las cloacas centro habaneras, combinados con las brisas costeras que saltan el Malecón, cruzan San Lázaro y se reparten por las bulliciosas calles de clásicos nombres que ha llegado a conocer una a una incluyendo los callejones menos transitados pero igualmente vitales, sorteando habilidosamente carretilleros y transeúntes, donde un día quedará petrificado en una sola pieza, ya circunspecto Doctor en Ciencias de impecable guayabera y gafas de intelectual, del brazo de su no menos respetable señora y saliendo de una función de ballet en el Teatro Nacional de Cuba, entretenidos en sus comentarios de especialistas aficionados, al ver plantado delante de él un supuestamente desconocido que lo ha estado cazando desde dos esquinas más adelante y que a todo volumen y con la mayor de las expresividades, gesticulando notoriamente y con cara de Pascua por la certeza de sus conclusiones, le dispara, a boca de jarro, la terrible pregunta:
    – Ven acá chico, ¿Tú no eres Pirolo, el hijo de Caramelo y Cusunga? ¿El que vivía por Yaguaramas, al final del Callejón de los Perros, llegando al cementerio? ¿Tú no te acuerdas de mí?

    • @ppCARLITOS dijo:

      Fantástico el relato, me gustó mucho y por cierto añadirle otras cosas (la discriminación) pero quedó muy bien. Mis Felicitaciones.

  • jesse dijo:

    Creo que este escrito a aquellosque vimos La Habana de los 60 y 70, y un poco más para acá.Nos trae mucha nostalgia y añoranza por aquellos lugares y hechos vividos en ellos, que nos marcaron pautas en nuestra vidas.
    Felicidades por este recordarorio

  • Luz dijo:

    Estudié en la vocacional Lenin en la década del 80. Ahí conocí la frase “la habana es la habana, y lo demás es áreas verdes”. Y aunque no coincido con el planteamiento y cada ciudad de provincia tiene su encanto particular, es cierto que la habana sobrecoge y enamora. Gracias por ese artículo que resume tan bien el sentir de mucha gente. Cada ves que la visito la siento mía, la camino y la disfruto como buena guajira. Sirva este aniversario y los que vienen para cuidar sobre todo la disciplina y la higiene. Es una triste realidad lo LIMPIAS que están otras ciudades cubanas y lo sucia que está la habana. Y que conste que es responsabilidad de los que la viven a diario y de los que la visitan.

  • sachiel dijo:

    Excelente! Me hizo recordar (y no soy guajiro, pero con genes de algunos..) esas mismas cosas, como se van descubriendo los espacios de la Habana, en los 70 y 80 y 90, y con la mirada de niño y despues la del joven, y más tarde ya maduros, evocando cosas perdidas y viendo nuevas realidades.

    Solamente le faltó haber mencionado a personajes siempre celebres en la Habana, vulgo el Caballero de Paris, Juana Bacallao, y asi, asi….

  • ORIENTAL dijo:

    En honor a la verdad, el artículo es lindo, pero le falta realismo, como¨ guajira¨ la impresión de mi primer viaje a la Habana, especialmente en Centro Habana hace 5 años fue pésima, muchas calles rpincipales y aceras en deplorable estado, cantidades enormes de basura en las calles, vi hasta cabezas de cerdo en descomposición tiradas en una esquina, cientos de jabas de nylon llenas de basura y papeles del baño regadas por doquier, microvertederos a cada paso, en fin, deprimente. La Habana Vieja, si fue diferente, linda pero inaccesibles la mayoría de sus sitios emblemáticos para los trabajadores y en especial los ¨guajiros¨, pero bueno,¿ esa es la ciudad maravilla?

    • Cayra dijo:

      que pena! no tuviste un buen guía “guajira”
      En la capital de todos los cubanos siempre encuentras decenas de ofertas diferentes a distintos precios que las hay, y también sitios asombrosos en Centro Habana y lugares con precios accesibles en Habana Vieja
      …el disfrute del Malecón, ya sería para mí más que suficiente para creer en mi Habana; que es mía aunque también soy guajira con impresionantes historias de mis tránsitos habaneros

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Antonio Rodríguez Salvador

Antonio Rodríguez Salvador

Es poeta, narrador, dramaturgo y ensayista cubano.

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