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Algunos somos comunistas

En este artículo: Comunismo, Marxismo, Política
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comunismoPor Alberto Garzón Espinosa*

El comunismo se ha puesto de moda. No del modo que predijeron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, pero sí de alguna forma tal que ha provocado que las tertulias políticas, en los grandes medios de comunicación o fuera de ellos, vuelvan a debatir sobre esta tradición política. Es más, tres partidos políticos -PP, Ciudadanos y PSOE- agitan ahora la bandera del anticomunismo con objeto de atacar las posiciones políticas de la alianza entre Podemos, IU y las confluencias. Suena a burda y recurrente maniobra para usar el miedo como arma electoral, pero esta vuelta a las viejas consignas reaccionarias no deja de ser sintomática.

Hace unos años la filósofa Jodi Dean escribió que el resurgir del peligro comunista se estaba produciendo porque los mercados habían fracasado. Me parece algo cierto. El anticomunismo emerge como una suerte de defensa ante los propios fracasos, los del sistema de mercado y el capitalismo. De hecho, no deja de sorprender que tras décadas de neoliberalismo y tras la más grave crisis económica desde la Gran Depresión, se vuelva a agitar el fantasma del anticomunismo. Al fin y al cabo, el desempleo, los desahucios y el miedo a pasar hambre se han multiplicado como resultado natural del capitalismo y de sus crisis. Tantos años asustando con que los comunistas nos quitarían las viviendas y al final hemos comprobado que han sido los bancos privados, protegidos y representados por trajeados hombres de negro, los que nos han robado la vivienda, el trabajo y el futuro de nuestras familias.

El geógrafo David Harvey ha insistido a menudo en que el interés por el marxismo y la economía política retrocedió durante los años sesenta y setenta porque las preocupaciones de la sociedad, y especialmente de la izquierda, se habían trasladado hacia las cuestiones culturales. Había un creciente interés sobre las temáticas vinculadas a la alienación y sobre las causas posibles de que la clase obrera no quisiera hacer la revolución socialista, dejándose de lado el análisis económico. Es más, la mayoría de los marxistas occidentales eran filósofos y muy pocos atendían la cuestión económica, como puso de relieve el clásico estudio de Perry Anderson sobre el marxismo occidental.

En aquel contexto socio-histórico típico del fordismo y del consumo de masas una obra como El Capital, que describe fríamente al capitalismo en sus fundamentos más elementales, parecía alejada de los problemas políticos de la época. Pero eso, insiste el propio Harvey, ha cambiado en las últimas décadas. Y está en lo cierto. Hoy una obra como El Capital explica con sorprendente precisión por qué y cómo nos bajan los salarios, nos despiden, nos recortan la sanidad y la educación o nos obstaculizan la organización en sindicatos. Hoy el capitalismo está mucho más desnudo, y es fácil ver cómo la razón económica del capital inunda nuestras vidas y nos obliga a emigrar, a pelear por migajas o a aceptar salarios de subsistencia como si fueran privilegios. Hoy el marxismo tiene, de hecho, más actu alidad que hace cuarenta años.

Es natural, aceptado lo anterior, que también estemos ante un resurgir del comunismo como planteaba Dean, aunque no tiene por qué expresarse con los mismos ropajes o las mismas herramientas conceptuales de siempre. En realidad el marxismo siempre ha sido así, abierto y diverso. De hecho, sólo el catecismo ortodoxo que emanaba de los manuales de la URSS pudo congelar, así fuera parcialmente, un instrumento tan vivo como el marxismo. Lo fosilizó, y a un coste enorme. Pero nadie podrá negar que el propio Lenin fue un heterodoxo, hasta tal punto que Gramsci tuvo a bien definir la revolución de 1917 como una revolución contra El Capital. Algo similar pasó en toda América Latina con los movimientos revolucionarios, destacadamente el cubano. La propia Rosa Luxemburg fue, de hecho, una teórica especialmente fecunda y crítica con la racionalización que la dirigencia soviética hacía de los acontecimientos históricos.

Pero no sólo es respecto al análisis que el marxismo es abierto y versátil, sino también respecto a la práctica política y la estrategia discursiva. Sólo hay que recordar que la consigna socialmente aglutinadora de la revolución soviética fue paz, pan y tierra y no ningún símbolo fetichizado que limitara su capacidad a la mera autocomplacencia de los revolucionarios portaestandartes. En la ascendencia republicana pasó lo mismo con Robespierre y su tan famosa expresión sobre el derecho a la existencia, que resumía así sin quebraderos de cabeza el eje central de los Derechos Humanos.

En este sentido, Harvey es de los que se han sumado históricamente a conectar los ideales del Manifiesto Comunista con los expresados en la Declaración de los Derechos Humanos. Esta es una vía que permite reconectar al socialismo con la tradición republicana y que, al mismo tiempo, permite volver a situar el foco político en los problemas de la gente y no en debates litúrgicos y ceremoniales propios de las religiones.

Hablar de Derechos Humanos y vincularlos al marxismo no es casual. Por dos motivos. En primer lugar, porque el socialismo fue la única tradición política que mantuvo viva la llama de los Derechos Humanos desde 1794 hasta 1948, y gracias a la cual se conquistaron los derechos políticos y sociales que caracterizan a nuestras sociedades democráticas modernas. En segundo lugar, porque la agresión del capitalismo es tan brutal y salvaje que, bajo las actuales condiciones históricas, defender los derechos humanos es impugnar el sistema capitalista mismo.

Sobre esto insistimos mucho durante las movilizaciones del 15-M al subrayar que no somos antisistema, sino que el sistema es antinosotros. No es cierto que durante aquellos días de 2011 el miedo hubiera cambiado de bando, al menos no tanto como coreábamos. Pero lo que sí cambió de bando fue el sentido común. En mitad de la agresión neoliberal defender una vivienda, cuya conquista como derecho se sobreentendía como parte del sentido común, se convertía ahora en un acto revolucionario –y, por cierto, ilegal. Esto también es fácil verlo hoy cuando comprobamos que la propia Constitución de 1978 y sus garantías sociales se convierten en papel mojado ante una supuesta realidad inmodificable, a saber, la supraestructura europea y el propio sistema capitalista.

Dice el catedrático de Literatura Juan Carlos Rodríguez que «lo que debería resultar más sorprendente es sin embargo lo que menos sorprende». Se refiere al hecho de que deberíamos asombrarnos ante un sistema que es capaz de dejar sin trabajo a más de un millón y medio de hogares y sin vivienda a centenares de miles de familias, por citar dos ejemplos. Sin embargo, hemos naturalizado esos dramas estructurales. Decimos la vida es así y seguimos a otras cosas. Pero no es la vida, sino esta vida. Concretamente esta vida bajo el capitalismo. Bajo un sistema regido por un principio básico de maximización de ganancias y que mercantiliza todo a su paso, desde los objetos hasta los seres vivos y los recursos naturales. Un sistema, llamado capitalismo, que nos esclaviza a un nuevo Dios llamado mercado que opera con caprichosos y cambiantes deseos de rentabilidad.

De ahí que el marxismo aspire a desnudar esa supuesta normalidad, y a mostrarla tan despiadada como es. Desmitificar las estrategias discursivas dominantes es, de hecho, parte de la acción política. ¿Acaso es verdad que somos todas las personas iguales en nuestra condición de ciudadanos como nos insisten unos y otras cada día? Cuando paseamos por el centro comercial, sugería Jean Baudrillard, se produce una suerte de equiparación en la que todos nos pensamos iguales. Ricos y pobres quedamos aparentemente indiferenciados en nuestra nueva condición de ciudadanos consumidores. Nada más lejos de la realidad, de esa realidad que palpamos en nuestras calles. Porque es ahí donde averiguamos que no sólo hay ricos y pobres sino también trabajadores y rentistas, y que por mucho que la estructura social de nuestras sociedades modernas se haya complejizado no de jamos de dividirnos en función de una distinta dependencia de nuestras propias capacidades y cuerpos. En efecto, algunos necesitan ofrecerse en el mercado mundial para ganarse el pan, y otros viven del trabajo ajeno. Eso, en esencia, no ha cambiado.

Este es el asunto más incontestable acerca de la actualidad del comunismo. Allá donde haya explotación, habrá lucha, y donde haya opresión, habrá resistencia. No importarán las etiquetas, ni tampoco la diversidad de los sujetos. Allá donde la explotación derive en miseria, desigualdad, desahucios, carencias básicas y otros obstáculos para el desarrollo de una vida en libertad, habrá contestación. En breve, siempre que exista el capitalismo como sistema existirá el comunismo como idea, movimiento y alternativa.

PS: El título del presente artículo es, queriendo, idéntico al que utilizó Carlos Fernández Liria a los pocos días del 15-M para decir, aproximadamente, lo mismo que yo ahora.

*El autor es un político y economista español. Militante del PCE y de Izquierda Unida.

Se han publicado 11 comentarios



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  • juan carlos corcho vergara dijo:

    Muy buen artículo, añadirle que desde mi percepción cotidiana pienso que la propaganda anticomunista intencionada por el capitalismos y su súper poder mediático, ha calado tan hondo, que todavía hay muchos pobres, ´´intelectuales´´, obreros y ciudadanos comunes, que sobreviven con el sueño de ingresar a las filas de los súper ricos triunfadores, y en su embriaguez y enajenación inducida, logran soportar la marginación y se mantienen desmovilizados toda o gran parte de sus vidas.

  • Ben dijo:

    Me gustó el articulo, para reflexionar. Saludos desde Perú.

  • KJI dijo:

    Importante artículo que en síntesis nos describe la eterna lucha del hombre por tener un lugar digno socialmente; pero aún falta mucho para que este hombre que somos evolucionemos y no llevemos en nuestra estructura corporal una serie de rasgos negativos que arrastramos desde que tenemos conciencia de nuestra existencia.
    Hace un buen tiempo vi una conferencia por TV de Cintio Vitier, quien fuera estudioso incansable de Martí y que la tituló: “Martí y el socialismo”. En esa conferencia el expuso el por qué de la esencia del capitalismo, un sistema que se basa en los rasgos naturales mas negativos del hombre (ambición, egoísmo, individualismo…) y por eso es tan resistente. El socialismo surge como consecuencia del capitalismo para proteger a las clases humildes, pero hay que aprenderlo, porque se basa en las virtudes humanas.
    Algo que me dejó impresionado de la conferencia de Cintio, es cuando expresa que ya los filósofos modernos expresaban preocupación acerca de la salud del socialismo, que debía cultivarse, enriquecerse, actualizarse, vigilarse constantemente, porque de lo contrario, el hombre dejaba de ser esclavo del capitalista para convertirse en esclavo de hombres de oficina, corriéndose el riesgo de perder su esencia y debilitándose.
    Todas esas fallas las aprovecha el imperio para mantener su dominio, conocedor de las debilidades humanas.
    Por todo eso es que la lucha por la credibilidad del socialismo es una batalla que se gana con la toma de conciencia a través del aprendizaje sistemático de la ideología del socialismo y su puesta en práctica en cada momento, para lograr el hombre nuevo por lo que el Che dio la vida.

  • Pedro Antonio C. Falcon dijo:

    El comunismo,como tendencia politica de izquierda,es una posicion de defensa de los sectores desposeidos y excluyentes del mundo,es una posicion de vida y realidad descansando en la teoria y la practica revolucionaria,por lo tanto considero el articulo como excelente.Viva el SOCIALISMO y el COMUNISMO.

  • Armando dijo:

    No creo en ningùn sistema polìtico, los capitalistas ahogan las necesidades materiales del ser humano, lo humillan y explotan enajenandolos de la realidad. El comunismo ahoga las necesidades espirituales, anula sus creencias en un Ser o Mente Superior, el ùnico bien espiritual que reconoce es aquel que està indisolublemente ligado a lo material. Si bien el capitalismo ha sido en extremo violento con los obreros y los comunistas, igualmente los comunistas han sido en extremo violentos con aquellos que hacen su profesiòn de fe en un Dios u otras deidades, ridiculizàndolos hasta hacerlos sentir humillados y a veces llegando a la violencia. Tanto el capitalismo como el comunismo han cambiado bastante con el pasar de los años, pero aùn continùan con esas arcaicas formas de pensar y actuar.

  • KJI dijo:

    Me motiva el comentario del compañero Armando, el cual se va por un hilo que llega a los extremos. El capitalismo se basa en los defectos humanos; el comunismo en las virtudes.
    ¿Cómo se puede ser comunista persiguiendo a aquellos que profesan una fe religiosa?…Sería un absurdo.
    No se acuerda Armando que uno de los objetivos del comunismo es la coexistencia pacífica. Si en algún momento ha habido dificultades con organizaciones religiosas es porque se han puesto sus feligreses a trabajar en contra de un régimen progresista.
    Por otro lado, ¿cuántos creyentes no han sido sacrificados por luchar al lado de los desposeídos?
    Decir comunismo no es sinónimo de antirreligión, no se puede ser absoluto, Dios es testigo de cuántos hombres y mujeres han recibido y recibirán el honroso carnet de militantes comunistas sin importar la fe religiosa que profesan. Esa es una sociedad comunista, “Con todos y para el bien de todos”…donde se da a cada cual “según su necesidad”
    Ojalá estemos vivos o de alguna manera podamos ver lo que será una sociedad comunista.
    No se puede vivir sin creencias y en el mundo actual hay dos polos y Ud forma parte, aunque no lo vea, de uno de ellos.

    • una lectora dijo:

      Excelente respuesta, la hago mía también.

  • Elisa Meza Romero dijo:

    Algunos somos comunistas: Es mu interesante la exposición y lo que debe haber al respecto ‘es ‘una mayor preocupación porque los jóvenes se introduzcan en la Historia y la Filosofía, además de los aprendizajes normales para defenderse en el trabajo que les toque desempeñarse. Cuando los jóvenes se pertrechen de la sabiduría humana hacia la realidad social. el mundo de las contradicciones entre el capital y los trabajadores bajará las tensiones y la Humanidad alcanzará la paz, borrando en gran medida el analfabetismo escolar y ELEVAR el saber como el sable de la VICTORIA.

  • AdolfoC dijo:

    Es que mientras que “algunos somos comunistas”estamos embarcados, porque no son muchos los comunistas, no creo en el comunismo porque de ser posible sería al cabo de mucho pero muchos años, pienso en la izquierda, en el socialismo por algo al que hay que alcanzar con un poco mayor de posibilidades, pero el stalinismo el famoso bloque soviético, ese socialismo irreversible se cayó sin un disparo de arma de fuego y eso dejó muy mal parado al socialismo. El obrero, el empleado público se deja aplastar porque las penurias son muchas y hay que organizarlos nuevamente pero hacia nuevas y distintas metas de izquierda.

  • luis dijo:

    YO RECUERDO UN DISCURSO DE FIDEL AL PRINCIPIO DE LA REVOLUCION DONDE EL DECIA INCLUSO EN INGLES QUE NO ERAMOS COMUNISTAS, NO ENTIENDO QUE PASO LUEGO QUE CAMBIO DE PARECER

    • AdolfoC dijo:

      Luis eso es como si kle dijeras a tu esposa que le estas pegando los tarros,hay que esperar el momento en que ella se entere o que ya se lo puedes decir porque ya te decidiste por la otra.

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