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Egipto: un nuevo canal y un gran dilema

En este artículo: Canal de Suez, Economía, Egipto
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canal de suezApagados los fuegos de artificio y silenciado el tronar del desfile aéreo, los egipcios poseen hoy un nuevo canal marítimo del que esperan soluciones a los muchos problemas que arrastra este país hace décadas.

Los augurios oficiales de un incremento casi al triple de los ingresos por peaje de la vía acuática, de unos 4 mil millones de dólares a más de 13 mil en un lustro, son cuestionados por analistas según los cuales el comercio mundial no aumentará al ritmo calculado por las autoridades. Un año, más de 4 mil millones de dólares, 10 muertes y el despliegue de un dispositivo de seguridad discreto, pero perceptible, fueron necesarios para dragar la nueva vía acuática cuyas ventajas son inobjetables.

La disminución de la travesía entre los mares Rojo y Mediterráneo en hasta 7 horas, con el consiguiente ahorro de combustible y el descenso de la contaminación ambiental, por sí, son ventajas tangibles.

Pero el nuevo canal es más: el presidente Abdel Fattah El Sisi, que exigió disminuir de tres a un año el plazo de construcción del megaproyecto, deseaba, y necesitaba, una obra que marcara su mandato iniciado hace apenas 14 meses y fijara en los egipcios la idea de que el futuro les pertenece y será mejor.

Esta hipótesis está comprobada por la venta de 8 mil millones de dólares en bonos, necesarios para el dragado de la vía, limitada a personas naturales y jurídicas egipcias, que las adquirieron en menos de dos semanas.

Pero ni la fastuosidad de la ceremonia, presenciada por reyes, presidentes, jefes de Estado y altos funcionarios, ni el hecho que transcurriera en la más absoluta calma esconden que este país está enzarzado en una guerra sorda con grupos islamistas cuya supervivencia es tangible.

Apenas 24 horas antes de que la vía de 73 kilómetros quedara abierta, circularon imágenes fílmicas en las cuales un súbdito croata dice haber sido secuestrado a fines de julio por Estado Islámico (EI) que a cambio de su vida demanda la “liberación de las musulmanas presas en Egipto”.

En el imaginario de los inversores extranjeros, el rehén personifica la seguridad interna de este país norteafricano, requisito primordial antes de decidirse a traer sus capitales.

Más que el rumbo del comercio mundial, la cantidad de buques que pasarán por el nuevo canal y el éxito de la planeada zona económica, el dilema creado por el rapto del extranjero es una coyuntura que demanda una solución salomónica.

Aceptar la exigencia sería síntoma de debilidad y un precedente que alentaría acciones del mismo tipo; dejarlo morir, un indicio de crueldad que marcará la magna obra.

(Con información de Prensa Latina)

Se han publicado 2 comentarios



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  • nopasarán dijo:

    De que ahí va a haber violencia y complicaciones, no me cabe duda. Demasiado conflicto en esa zona, para que algo tan importante quede indemne.

  • Ak-47 dijo:

    Que lo administre .una empresa estatal ..socialista….con ello…no habra problemas…..???

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