Gerardo, como un pozo de agua en el desierto

Por Marlene Caboverde Caballero
La preocupación permanente de quienes le conocemos y amamos es que él tendría que vivir dos vidas para salir de prisión y regresar a los brazos de su patria. Obviamente, resulta imposible para cualquier mortal sobrevivir a una cadena perpetua, mucho menos a dos, y como si fuera poco a quince años adicionales.
A lo absurdo se une lo terrible, la tortura psicológica de un conteo regresivo indefinido que, por suerte, está descartado en la rutina diaria del héroe cubano Gerardo Hernández Nordelo.
Desde hace casi 16 años, Gerardo, conocido en el mundo como uno de los cinco antiterroristas cubanos, permanece encarcelado injustamente en los Estados Unidos, y la mayor parte de ese tiempo ha estado recluido en la cárcel de máxima seguridad de Victorville, en California.
Cualquiera pensaría que a estas alturas el hombre estaría aniquilado por la distancia, el tiempo, la prisión, la ausencia de la esposa, la muerte de la madre y otras pruebas dolorosas que debió enfrentar desde aquel doce de septiembre de 1998 hasta hoy.
Es cierto que envejece como cualquier ser terrenal, pero algo extraordinario sucede con él. Y en ello concuerdan la familia, los amigos que se confabulan para jamás dejarlo solo, y hasta los desconocidos que le acompañan en el confinamiento cruel.
Y es que a Gerardo siempre se le ve feliz. Parecería que solo está de paso en aquel sitio, o que se trata de un tiempo para reinventarse y nacer otra vez. Quien acaba de conocerlo jamás adivinaría la carga horrible del hombre que ríe invariablemente y se las ingenia para alegrar a los demás.
Pero los que conviven desde hace tiempo con él aprenden a significar su estatura demasiado grande para aquel uniforme naranja, para tanta maldad.
No podía ser de otro modo porque el prisionero cubano siempre tiene entre manos un proyecto diferente y nadie como él para aquilatar el valor del tiempo, de una sonrisa, de los amigos. De ahí que se emplee a fondo en los diseños de los Cubacán, o los chistes y los dibujos que concibe como una misión noble y necesaria para su supervivencia y la de los demás; eso, sin contar la montaña de cartas y mensajes que cada día le espera.
De este lado continuamos en una batalla campal por su regreso ayudados por él, que de seguro se las idea para, por si caso, vivir dos vidas o más para regalarnos un día posible el premio de su abrazo.
Gerardo Hernández Nordelo acaba de cumplir 49 años de edad y ciertamente no es el mismo ni el mundo alrededor tampoco. Hoy sigue en Victorville, una prisión en medio de una zona árida y seca donde fue a parar y no por casualidad. Pienso, que de alguna manera fue elegido por un poder más allá de lo humano con un único propósito, hacer realidad la lección del Principito que advierte: “Lo que embellece el desierto, es que en algún lugar pude encontrarse un pozo de agua”.
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Hermoso, conmovedor, aleccionador. Lástima que tanta ignominia humana, no permita que este hombre extraordinario regrese a au Patria y a su familia. Gracias Gerardo por la lección de humanismo.
Gerardo, siempre dondonos una lección de infinito amor y grandeza.
Pero tenemos que unirnos fuertemente, todos, para lograr su regreso, y el de los 3 que faltan. Esos s'i son HOMBRES de verdad.