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Celia, obra grande y creadora

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  Foto: Osvaldo Salas  

 

 

Queridas compañeras y compañeros:

Se cumplen hoy 25 años de la desaparición física de nuestra querida e inolvidable Celia Sánchez Manduley. 

Para muchos de los que aquí nos reunimos, que tuvimos el singular privilegio y el infinito honor de trabajar con ella, de conocerla, de convivir con su ejemplo de sencillez, de sensibilidad humana, de dedicación total a la causa revolucionaria, de infinito amor por su pueblo y de lealtad e ilimitada entrega a la Patria y a Fidel, este acto tiene un simbolismo y un alcance inigualables, como parte del más elevado tributo de recordación y de homenaje a su memoria.

Nunca serán suficientes la recordación, los sentimientos de respeto, admiración y cariño para quienes, como Celia, dieron todo el esfuerzo, el sacrificio y la total entrega de su vida por la Revolución, por la Patria, por el pueblo.  Porque personas como ella supieron cumplir con honor y dignidad, con valentía y sacrificio, con fidelidad y patriotismo, la gloriosa obra que la nación y el pueblo requirieron.  Porque los extraordinarios valores que defendió, los principios y la moral revolucionaria que practicó, han constituido y serán siempre un legado fundamental y un ejemplo para los jóvenes a quienes en cada etapa del proceso revolucionario les corresponde enfrentar, defender y llevar adelante la tarea que la Patria necesita.

Profundamente martiana, imbuida desde su infancia del más ardiente patriotismo y del afán por una mejor sociedad por el ejemplo de su padre, el médico rural, benefactor social y ferviente patriota Manuel Sánchez Silveira, desde muy pronto vinculó Celia su vida a la lucha por el pueblo, siendo luego una de las primeras combatientes del Movimiento 26 de Julio, al que reconoció tempranamente su condición de nueva vanguardia organizada de la lucha necesaria.

Celia fue, desde sus inicios un fiel soldado de la Revolución.

Trabajó intensamente junto a Frank País y a otros revolucionarios en la organización y crecimiento del Movimiento 26 de Julio en la zona de Manzanillo y en la creación de una vasta y firme red clandestina.

Fue combatiente de la clandestinidad y organizadora del Movimiento en la zona de Manzanillo.

Fue un factor decisivo en la preparación del desembarco del Granma.

Organizó y efectuó bajo su personal dirección los primeros envíos de combatientes y armas a la Sierra, y aseguró todo el apoyo al naciente ejército guerrillero.

Organizó y participó, en febrero de 1957, junto a Frank País y otros dirigentes del Movimiento 26 de Julio, en la histórica reunión de la Sierra con Fidel, Raúl, el Che y otros compañeros.

Se incorporó a la lucha guerrillera como combatiente de la Sierra, realizando una extraordinaria labor organizativa de impulso y ejecución de los planes, órdenes y decisiones del compañero Fidel.  Ella fue, en la Sierra, ejemplo de dedicación, atención y solidaridad hacia combatientes y campesinos.  Su sencillez y sensibilidad humana, su espíritu de lucha y su firmeza, su inigualable lealtad y absoluta fidelidad a la dirección revolucionaria fueron desde entonces uno de los ejemplos más elevados y ejemplares de nuestro proceso revolucionario.

Después del triunfo de la Revolución, no hubo obra social, plan o tarea orientada por la dirección de la Revolución a la que Celia no dedicara esfuerzo y total entrega, haciendo posible lo aparentemente imposible y que la obra creadora y grande pudiera surgir y desarrollarse de las cenizas y la destrucción moral, social y material que la Revolución encontró.

En las leyes revolucionarias y las medidas sociales que la Revolución impulsó desde el triunfo mismo y a las que ella tanto contribuyó, se fue modelando, con creatividad y participación de pueblo inigualables, lo que sería más tarde el ejemplo de la más profunda y extraordinaria transformación conocida hasta hoy en este continente.

La dirección de nuestro organismo ha querido que sea precisamente hoy, cuando se cumplen 25 años de la desaparición física de Celia, que sean reconocidos, con diplomas firmados por Fidel, compañeras y compañeros que durante 20, 25, 30, 35 y 40 años han trabajado de forma leal, esforzada y eficiente;  compañeros que en muchos casos fueron traídos por ella misma a trabajar en la antigua Presidencia de la República, hoy Consejo de Estado.  Hemos querido así rendir homenaje a nuestra Celia, la de todos los cubanos revolucionarios.

Emociona pensar que hayan transcurrido 25 años desde aquella tarde gris en que despedimos a Celia y dejamos de tenerla físicamente a nuestro lado.  Hemos guardado, sin embargo, con nosotros, en estos largos años de lucha, esfuerzo, sacrificio y victoria revolucionaria, el recuerdo de sus extraordinarias virtudes, de su obra fecunda y de su ejemplo incomparable.

¿De qué manera, con qué palabras podrá ser posible reflejar cabalmente lo que Celia es, lo que significa en la historia más reciente de la Patria, por su contribución física y moral a la Revolución, pero sobre todo por su contribución humana?  De Celia basta decir lo que con mucho acierto expresó Armando Hart hace hoy 25 años:  "Celia es la flor más autóctona de la Revolución, su fibra más íntima y querida."

Ella, con su ejemplo de sencillez, austeridad y entrega, contribuyó como nadie al desarrollo de una conciencia y una forma de vivir y actuar para las nuevas generaciones.

Ella como nadie supo interpretar las orientaciones y planes de Fidel y cumplir tareas de inmenso contenido y objetivos formadores, creadores de una cultura y un espíritu nuevos en nuestros niños y adolescentes;  en la verdadera igualdad y emancipación de la oscuridad, marginalidad y pobreza de las mujeres y jóvenes campesinas.

La belleza, la cultura, el diseño, los jardines, las flores, la pintura, el arte y sus expresiones y autores, recibieron como nunca antes su atención esmerada, su aliento y su estímulo.

La lucha internacionalista, las misiones revolucionarias en diferentes latitudes, el apoyo a la Revolución, a la emancipación y el derecho de los pueblos a su libertad, independencia y felicidad en que Fidel la educó, formó y desarrolló, en esa batalla la encontramos a ella siempre en primera línea de combate.

Girón, la Crisis de Octubre, las permanentes amenazas de desaparición, agresión y muerte para nuestro pueblo, encuentran en su estoica y espartana actitud el ejemplo vivo del sentimiento, la conciencia y la disposición total de nuestro pueblo.

Ella fue alma y sensibilidad de pueblo, combatiente, luchadora ejemplar.

En la obra inmensa y creadora que a los revolucionarios y al pueblo cubano les ha tocado vivir como momentos extraordinarios de la Historia Universal, ella, junto a Fidel, tiene un destacado lugar de honor.  Porque la Revolución Cubana cambió el curso de la historia en este continente, y su obra incomparable de solidaridad e internacionalismo no ha tenido ni tiene paralelo en la historia.   Al escribir esa historia de la Revolución y Fidel, estará siempre presente el recuerdo y la obra por ella realizada.

Nunca faltó, ante el reclamo del pueblo, su apoyo, aliento y personal ayuda, junto al lecho del moribundo y el enfermo, de la madre sufriendo el dolor de la enfermedad de sus hijos, la mano solidaria y firme en que, a nombre de Fidel, ella siempre los atendió y ayudó.

Al acercarse el final, que ella conocía en detalle, no desmayó, no se amilanó ni debilitó el febril ritmo de su trabajo.  A algunos compañeros muy cercanos se lo explicó.  Sabía que el fin se acercaba y cuidó esmerada y detalladamente de hacer conocer a otros colaboradores los aspectos más delicados y sensibles de temas esenciales para la Revolución y la historia que ella sólo manejaba;  hizo entrega a quienes el Comandante en Jefe orientó de los muy secretos documentos de la Crisis de Octubre, de la guerra revolucionaria, de los movimientos de lucha que ella conocía en detalle y de la atención a temas que él solo conocía, como parte de la inmensa, callada y poco conocida obra de la Revolución.  Como ella expresó, quería que esos extraordinarios valores históricos de la Patria estuvieran siempre accesibles cuando Fidel los necesitara.

Así, trabajando y luchando, amando y construyendo, con estoicismo inigualable, nos dejó en una fecha como esta hace 25 años.  A su lado estaba Fidel.  Lo acompañaba un pueblo entero.

Su recuerdo vive y vivirá siempre en el altar de los más sagrados valores históricos, no sólo en Cuba, sino en América.  Ella fue de la estirpe de Mariana Grajales, de Manuelita Sáez y de las grandes mujeres de la historia de este hemisferio.  Está ahí para siempre en las enseñanzas y los recuerdos que, brotando de su corazón, llegaron al alma y la conciencia de nuestro pueblo.

Celia vive y vivirá eternamente en el amor, el corazón y la conciencia de su pueblo;  en la extraordinaria obra creadora de la Revolución;  en la dignidad y libertad conquistadas;  en la excepcional e histórica batalla que hemos librado casi medio siglo defendiendo valores y principios que jamás abandonaremos;  en el inmenso aporte moral y humano de la solidaridad y el internacionalismo practicados;  en cada niño o madre que por millones hemos atendido en pueblos hermanos, o hemos educado y defendido sus derechos;  en la inmensidad moral y ética que de Fidel hemos recibido;  en el ejemplo de su vida y de su incansable lucha por una vida mejor, más humana y digna para los más pobres y desamparados de la Tierra;  en el apoyo a cualquier precio y frente a cualquier amenaza o peligro al derecho de los pueblos a la libertad, a la salud, a la educación, a la cultura, al bienestar y a la felicidad.

Nuestro pueblo, generoso y fraternal, entregó durante casi medio siglo, junto a la solidaridad practicada, el trabajo, el sudor, el esfuerzo y en muchas ocasiones la sangre de sus mejores hijos luchando por un mundo mejor.

Esa es la obra grande, eterna, incomparable, que Celia ayudó a construir y que hoy se eleva y dignifica con la Batalla de Ideas, las misiones extraordinarias en la Venezuela bolivariana, cuya Revolución avanza con fuerza indetenible hacia una América unida y combatiente por el legítimo derecho de sus pueblos.  La América nuestra de Bolívar y Martí.

Para nosotros, un acto como este debe trascender al recuerdo inolvidable, al infinito amor y los más profundos sentimientos de todo nuestro pueblo hacia quien fuera esencia y sensibilidad, vida y lucha permanente, ejemplo de lealtad a la Revolución y sobre todo de lealtad hacia Fidel. 

Han pasado 25 años, tiempo en el cual una generación entera ha hecho suya la bandera de lucha, el pensamiento y el ejemplo permanente de Fidel;  el aliento moral de la historia de la Patria y de los héroes que durante más de un siglo lo sacrificaron todo por su pueblo. 

Es nuestro deber mayor y nuestra responsabilidad que esa historia de lucha y sacrificio no quede como referencia intelectual, o que sus figuras cimeras estén sólo presentes en fechas y lugares históricos.  Ellos, como Celia y como muchos más que aún hoy, indomables, calzan las botas de la lucha, de la total entrega, del ejemplo de su vida de esfuerzo y sacrificio por su pueblo, vivirán siempre en la obra permanente de transformación que el privilegio de una revolución excepcional nos ha posibilitado.  Ahí están las raíces, ahí radica la infinita fuerza de una Revolución genuina, basada en preceptos, valores y objetivos morales y sociales, capaz de formar parte de lo más elevado, puro y revolucionario de los hombres y mujeres de nuestro pueblo.

Nosotros tenemos un excepcional privilegio, que para todos constituye un legado, una herencia histórica, cultural, moral y ética, una fuerza extraordinaria y un compromiso permanente hacia quienes guían y conducen los pasos y el esfuerzo de nuestro pueblo.  Tenemos aquí siempre, junto a su pueblo y sus más elevados intereses y valores, a Fidel, a Raúl, ejemplos ayer, hoy, mañana y siempre, que jamás olvidaremos, y que siempre serán el combustible moral, la fuerza que emana de la dignidad, el sacrificio y el ejemplo de sus vidas, a quienes acompañan la obra grande, creadora, inolvidable, en Cuba y en muchos lugares olvidados, explotados, marginados, esclavizados del Tercer Mundo, junto con cuyos pueblos la Revolución, nuestro pueblo y Fidel han luchado.

Levántense hoy del sacrificio y de la lucha, del recuerdo imborrable y el infinito amor hacia quienes todo lo han dado por la Patria libre y digna que tenemos, del ejemplo de los que hoy luchan y de las sagradas tumbas y el eterno recuerdo de los gloriosos muertos de la Patria, junto a Martí, Céspedes, Maceo, Agramonte, Gómez, Camilo, el Che.

Gritemos unidos para que ese grito llegue a los confines más lejanos:

¡Viva la Revolución!

¡Viva nuestro glorioso e indomable pueblo!

¡Vivan nuestros héroes, que jamás serán olvidados!

¡Viva la Patria libre y soberana!

¡Viva por siempre el ejemplo de Celia!

¡Viva Fidel!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

 

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