Artículos de Rosa Miriam Elizalde
Periodista cubana. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros "Antes de que se me olvide", "Jineteros en La Habana" y "Chávez Nuestro", entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo "Juan Gualberto Gómez" y el Premio Nacional "José Martí", por la obra de la vida. Fundadora de Cubadebate y su Editora jefa hasta enero 2017. Es columnista de La Jornada, de México.
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Llegaron este sábado poco antes de la once de la mañana y se marcharon una hora después. No eran más de 30 entre figurantes, periodistas y policías, en un “manifestación” frente a la Embajada de Cuba en España que transcurrió solo para las cámaras de la televisión y los aburridos agentes del orden, correctamente vestidos de azul y alertados desde hacía una semana antes. En la calle desierta, los ocasionales transeúntes se cambiaban de acera para no ser confundidos en aquel retablo estrafalario, cuyos personajes me recuerdan a los de Roberto Fabelo, aunque sin la entraña de humanidad que trasunta »
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Ese es el nombre de un programa de máxima audiencia de la televisión española, en Telecinco, por más señas. Y de veras que parece cosa de otro planeta. Anteayer, dos mujeres y dos hombres se enredaron en una animado chancleteo peninsular, acusándose mutuamente de eyaculación precoz, impotencia o frigidez, según el caso, en el contexto de una escenografía cuyo telón de fondo eran imágenes de los “distinguidos invitados” en “pelotas”, como diría alguien del público. La crónica cada vez subía más de tono, y yo me fui a acostar, indignada con esta propuesta televisiva para mirar por el hueco de »
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En la gran pelea de Estados Unidos contra el mundo, este diario se alinea con los ricos, con el mundo neoliberal, con ese capitalismo feroz; en fin, se manifiesta en contra del otro mundo de una manera descarada. Es un gran negocio, con una élite de profesionales muy bien pagados, y con una mayoría de periodistas en la base subempleados, que viven muchos de ellos con contratos basuras -las delegaciones de El País en provincia, por ejemplo-, y que no tienen más remedio que someterse a ese medio de comunicación, a sus normas, bajo amenaza de terminar en la calle.