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Rosa Regás: “Estoy y estaré con Cuba”

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  Rosa Regás, sin vergüenza de tener el corazón a la izquierda  

Madrid.-La gata se llama Lucy y ronronea sobre el sofá, rodeada de libros y páginas mecanografiadas que arman un pequeño caos en el saloncito del apartamento madrileño de Rosa Regás. El animal de color gris perla desaparecerá en el mismo instante en que llega su dueña, una mujer que ha derrumbado el mito de que el escritor es un monje de la palabra desde que abre sus ojos al mundo. Ella se ha alzado con algunos de los más importantes reconocimientos en las letras hispanoamericanas prácticamente sin darse respiro a sí misma entre una obra y otra, pero empezó a escribir a los 55 años (hace poco más de una década), y desde entonces ha publicado cuatro novelas merecedoras de tres de los más importantes premios de las letras españolas: Memorias de Almator (1991), Azul (Premio Nadal, 1994), Luna lunera (1999, Premio Ciutat de Barcelona, y presentada en Cuba) y La Canción de Dorotea (Premio Planeta, 2001).

Rosa fue uno de los 135 escritores, artistas, académicos y profesionales, mayoritariamente españoles, que firmaron el comunicado de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, en contra de la campaña mediática anticubana que se desató desde abril de este año. De eso vamos a hablar, entre otros temas que no hemos convenido previamente, y que saldrán casi sin que nos demos cuenta, con la pasión de quien vive la literatura y el periodismo sin negociar su compromiso político. “Sin vergüenza de tener el corazón a la izquierda y debidamente condenada por hereje”, como diría Roque Dalton, una frase que le recuerdo en el momento en que una pausa de silencio corta el diálogo y reaparece Lucy, otra vez con sus ronroneos, recordándonos que ella vuelve a su siesta en el sofá y que es hora de despedirse.

 

LA GUERRA

-En Cuba se ha publicado Luna lunera, una novela marcada por la memoria atormentada de la Guerra Civil Española. ¿Cuánto, efectivamente, la conmocionó esa guerra?

-Muchísimo. Mi infancia está marcada por la guerra. El tema de la Guerra Civil para mí es un tema absolutamente vivo, como lo es también el tema de la nefasta influencia de la Iglesia Católica en todos los procesos políticos españoles, poniéndose siempre del lado del fascismo.  Este es otro tema para mí muy vivo, por eso estoy tan en contra de la educación religiosa, y tan a favor de la separación de Iglesia y del Estado. Yo no tengo nada en contra de la religión católica en sí, salvo cuando se mete en los asuntos de una sociedad que es, por su Constitución,  laica.

Eso sí me ha influido, como también, terriblemente, la historia de mi padre, de mi madre y de mi familia que, cuando la repaso, me parece casi light comparada con la historia de tantísimos españoles que fueron perseguidos, humillados, acusados, torturados y asesinados en nombre de Dios, del orden y del fascismo.

Si hay algo que me deja muy perpleja es constatar que el franquismo no ha desaparecido en ninguna de sus facetas. Todavía hoy, cuando los historiadores van buscando por los pueblos testimonios de las matanzas que hicieron los falangistas, los ancianos callan, porque aún tienen miedo. El franquismo perdura en el alma de muchísima gente que es constitucionalmente de derechas…

-¿Se puede decir que sobrevive en España una especie de síndrome de “gatopardismo”, cambiarlo todo para mantenerlo todo igual? ¿Fue eso lo que hizo la llamada transición?

-Sí, pero estos de ahora ni siquiera quieren cambiar nada. A estos les gustaría que volviera Franco…

-Que en cierto modo sigue ahí…

-Hombre, claro; ahí están ahora sus hijos y nietos. Eso es evidente.

-En Luna lunera dice que “las guerras se parecen para quien las sufre y cada cual se atribuye el sentimiento y el pavor de los demás con los que acaba confundiéndose”. ¿Usted se refería solo a la Guerra Civil, o ya pesaba en esa frase la experiencia de los años recientes?

-Sí ya pesaba, y ahora mucho más. Lo de la Guerra contra Iraq es una salvajada de tal calibre que si el mundo recupera un poco el sentido común, se avergonzará del peso de esta brutalidad, y de este capricho de niños imbéciles protagonizado por Bush, Blair y Aznar, tres nuevos ricos en la democracia, que no tienen idea de nada. Ellos se han permitido el lujo de exagerar y de mentir como han querido, en una guerra en la que creyeron que les daría muy poco trabajo y mucho prestigio. Y les ha dado mucho trabajo y muy poco prestigio, afortunadamente.

Una guerra, por cierto, en la que el lenguaje lo tergiversa todo. Nosotros en España tenemos en las vitrinas del régimen y en las de la Historia, una heroína que se llama Agustina de Aragón, que luchó contra la entrada de los franceses que venían a traernos, supuestamente, la “democracia”, la “libertad”, la “justicia”. Sin embargo, esa mujer se puso al frente de muchísima otra gente y lucharon con armas, hasta la muerte.

Bueno, pues esto ahora Aznar no lo puede entender. Él sigue llamando terroristas a los iraquíes y a los palestinos, que lo que hacen es resistencia, porque no aceptan al invasor. Esta lógica parece ser muy difícil de entender para mentes tan poco lúcidas, y para mentes tan poco democráticas como la de estos tres personajes.

-Hablando de Bush, Blair y Aznar, el dramaturgo Alfonso Sastre imaginó recientemente un retablo en el que le asignaba determinados papeles a estos personajes. El le atribuía la Codicia a Bush, la Muerte a Blair y la Lujuria (del Poder) a Aznar. Si usted tuviera que escribir una novela en la que aparecieran estos tres, ¿qué haría con ellos?

-Yo no sería tan benevolente. A Bush le daría el papel de la corrupción, a Blair le daría seguramente el papel del nuevo rico -que imitan a los ricos y siempre se equivocan-, y a Aznar le daría el de papel de palanganero… ¿Sabe lo que es?

-Sí, pero me gustaría que usted misma se lo explicara a los lectores…

-El palanganero era la persona que en el siglo pasado iba con una palangana en las casas de putas, para que los hombres se lavaran sus partes pudendas.

EL PAÍS

-Revisando algunos textos de José Martí durante su estancia en España, en la década del 70 del Siglo XIX, me encontré con una frase que me pareció extraordinariamente contemporánea: “España solo será libre cuando ya no tenga su frente manchada de sangre”. ¿Hasta qué punto se ha manchado de sangre su país en estos últimos tiempos?

-Es una frase cierta, aunque debería añadir que no solo España se ha manchado de sangre en esta guerra. No voy a defender a mi país, pero es justo decir que manchas de sangre en la frente las tienen todos los países europeos, junto con Estados Unidos. Todos.

-Solo que esa certeza se enmascara o se justifica totalmente a nivel de la opinión pública. El poder parece seguir una pauta doble. En el Primer Mundo, el método favorito es la manipulación de los medios; en el Tercer Mundo, todo es menos sutil, y sigue funcionando la violencia física y la exclusión.

-Los medios son una empresa, y como tal, son la derecha, y necesitan manipular la información en provecho propio. Aparte de esto, hay algunos independientes -realmente muy pocos-, que tienen que lidiar con un Juez Garzón que encarcela a los periodistas, porque les encuentra conexiones con Al Qaeda, lo cual me parece totalmente idiota. Al Qaeda no la fabricaron los periodistas, sino Estados Unidos. Todo, como usted dice, está cambiado y enrevesado.

En España, por ejemplo, las empresas mediáticas son en primer lugar eso: empresas. ¿Cómo se van a poner a favor de quienes tienen una visión más social de la vida? No lo van a hacer, y estarán siempre al lado del poder. Siempre.

-Pero el diario El País, por ejemplo, parecía venir de una tradición más liberal, menos comprometida con ese poder…

-Es una tradición falsa. El País es una empresa también, y el señor Polanco es un empresario. No hay que extrañarse. Nunca se van a poner en contra de sus intereses.

-¿Y la intelectualidad española? ¿Cree que está más comprometida con el poder que en otros tiempos?

-Hay muchos intelectuales que todavía se la juegan. Estemos de acuerdo o no con ellos, algunos se enfrentan a ese poder. Yo no estoy de acuerdo con la mayoría, pero no se trata de que digan lo que yo digo, sino de que defiendan lo que creen que deben defender. Esa es la verdadera democracia. Lo que ha pasado es que no pocos se cambian la camisa, porque les interesa el poder, porque se sienten mejor cobijados al lado del poder. No quiero mencionar nombres, pero entre nosotros hay muchas personas que se ponen de vez en cuando en contra de algo, pero nunca se pondrán en contra de Sharon. No conozco ningún intelectual español vinculado a los grandes medios que machaque a Sharon, que es el más grande asesino de la historia, fundador de un Apartheid que ha dejado pequeño al de Sudáfrica, que se permite tomar la justicia por su mano, que mata indiscriminadamente, que puede hacer lo que le dé la gana y que no ha cumplido nunca una sola de las 500 resoluciones de las Naciones Unidas. Nadie dice nada. Y sin embargo, luego se meten con Fidel Castro, y le sacan en cara que si hizo esto o aquello.

Yo estoy en contra de la pena de muerte, no la acepto. Pero, ¿por qué se escandalizan tanto por lo que ha pasado en Cuba, y no se ponen en contra de todas las penas de muerte que ha firmado Bush? Estoy muy consciente de la presión a la que se somete a Cuba, y por tanto, bajo esta presión es que tengo que juzgar todas las demás cosas que ocurren en ese país. Por eso firmé la carta de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y estoy y estaré con Cuba, y en contra de la campaña que se ha desatado contra la Isla.

-Ya que estamos en el tema Cuba, ¿cómo valora usted la decisión de la Unión Europea de cortar el intercambio cultural entre nuestro país y Europa?

-No tiene precedentes, y siento además que esto expresa un problema que está en la raíz de la Unión Europea. Están perdidos. Les falta una ideología, una brújula, no hacen más que improvisar y cometer disparates. Ahora mismo Aznar se ha ido a ver a Khadafi para seguir haciendo papeles ridículos, contradiciendo una y otra vez -a conveniencia- las reglas que ellos mismos en algún momento han puesto en práctica. Bush y los demás se han enrolado, por ejemplo, en una guerra contra Sadam Hussein, acusándolo de tener unas armas que nadie ha visto, acusándolo de no ser demócrata. ¿Por qué les molesta ahora la falta de democracia, si antes se cargaron la democracia en Chile y la de otros países?

Es tan incongruente todo lo que ocurre, que lo de Cuba es otra incongruencia más, y a nadie le llama demasiado la atención. ¿Es o no es incongruente que el Juez Garzón ahora quiera procesar a Ben Laden, una persona que está procesada en 30 países? ¿Esto es de locos, o no? No te olvides que en España hemos tenido a un fiscal que estaba investigando a 400 casos de delito de guante blanco y los han catapultado a todos (exonerado del proceso legal) ante las narices de toda la nación. Es una locura.

-¿Por qué cree que España lidera dentro de la Unión Europea esta política de sanción y aislamiento a Cuba?

-Aznar se lo ha tomado como algo personal, y yo creo que tiene que ver con el gran complejo que él padece, no solo como hombre bajito, pequeñito y con bigote. Él no puede ser Felipe González, y se ha empeñado en que todo lo de su predecesor, él tiene que hacerlo también, pero al revés. En algún momento Felipe González intentó un puente entre Latinoamérica y Europa, y Aznar se ha empeñado en hacer todo lo contrario: girar el puente hacia Estados Unidos. Ha dado la espalda a Europa y a Latinoamérica, fundamentalmente en el ámbito del intercambio cultural. A las empresas que allí roban, no. A estas ha tratado de darle vía libre.

-¿Pero por qué esa relación enfermiza con Cuba? ¿Una obsesión, un trauma, una perversión?

-Les ha dado por ahí, a él y a los medios de comunicación. No olvidemos que Aznar controla todos los medios. Todos. Yo creo que es así: una obsesión enfermiza, que le viene de atrás, favorecido  por la falta de libertad de opinión que padecemos. Aquí la gente no se atreve ni a meterse con Garzón. Y hasta hay unas cartas por ahí rodando, que piden que le demos el Premio Nobel de la Paz a Bush, y el Premio Nobel de la Concordia a Garzón. Es muy difícil intentar entender lo que está pasando. Muy difícil. Yo no lo entiendo.

-Sí, lo es, tanto que en la práctica existe un doble estándar en la política contra el terrorismo. ¿Conoce el caso de Cinco cubanos prisioneros en Estados Unidos por enfrentarse al terrorismo que se practica desde territorio norteamericano?

-Sí, lo conozco, pero de eso no se habla en ninguna parte.

-¿Y por qué cree que no se habla?

-Porque dominan lo que dicen las agencias internacionales, y todo lo que se debe decir y pensar. No les conviene que se sepa una palabra de esto, ni de otras importantes verdades, en un proceso en el que además se cercena cotidianamente la memoria. Aquí en España son maestros en eso. A nosotros nos han cercenado la memoria de la Guerra Civil y de la etapa de posguerra, de tal manera que un joven de 16 ó 17 años no sabe nada de lo que en realidad pasó. Se les habla del franquismo solo como “el régimen anterior”.

LA LITERATURA

-Y pasan cosas como el centenario de García Lorca o de Rafael Alberti, a quienes la prensa oficial y los políticos tratan de escamotear la memoria de estos dos extraordinarios intelectuales. En los homenajes se suprimen o minimizan aquellas partes de sus biografías incómodas para la derecha…

-Sí, y también ha ocurrido que la derecha se ha puesto en la boca textos de la izquierda. Por ejemplo, el 11 de Septiembre un hombre totalmente de derechas se ha puesto a hablar públicamente de Lorca y Alberti, citándolos como si nada. ¿Pero, hombre, si usted es de derechas? ¿Qué está citando? Eso es solo para dar ideas de que son más progres que nadie, como si no los conociéramos… Esos son los peores.

-Tambien, gente que hace muy mala literatura, de pronto tiene una presencia desmedida en los medios y en los favores de las editoriales. Es el caso, por ejemplo, de Zoe Valdés. ¿No tendrá tanto “éxito” en el mercado editorial por sus ideas políticas, afiliadas a las posiciones más extremista de los grupos anticubanos?

– No creo que sea tan así, y le sugiero que ni se preocupe por eso. Toda la vida ha habido arribistas. Esta chica debe haber salido desnuda en alguna revista, o habrá hecho textos absolutamente pornográficos, y por eso debe llamar la atención. Pero eso no importa un comino. Ya pasará. Esta es de las que se ha cambiado de camisa, de los conversos, y yo te diría que su presencia en este mundo es absolutamente coyuntural, como no lo es la de otros cubanos que sí han tenido éxito, y a mi juicio muy merecido. Por ejemplo, Leonardo Padura, cuyos libros son muy bien aceptados en España. No sé si él pasará a la historia como uno de los grandes de la literatura cubana, pero sí te puedo decir que tiene muchísimo más prestigio que Zoe Valdés.

-Usted también en alguna entrevista ha elogiado a otro joven escritor cubano, Alexis Díaz Pimienta, de quien habló en términos de que “pertenece a un grupo de jóvenes que se ha ido forjando una voz y un mundo propio”.

-Escribió una novela que me gusta muchísimo. No lo conocía, hasta que participé en un jurado que le dio un premio. Me gusta mucho su literatura. Recuerdo que cuando le dimos el premio, pidió permiso para hablar en versos, e improvisó un discurso de media hora absolutamente fantástico.

-Cuando estuvo en La Habana le tiró los trastos por la cabeza a la gente que habla de la existencia de una “literatura femenina”.  ¿Por qué?

-Porque me parece absurdo. Se pone la etiqueta de literatura femenina simplemente para ubicarla en un lugar inferior. Hace unos años un periodista de El País hizo una lista de las cien novelas más importantes que se habían publicado en España en los últimos 20 años -todos hombres, naturalmente-, y acabó diciendo: en cuanto a la literatura femenina, esta sigue en auge.

En todo punto de vista, influye el carácter, el sexo, la educación que ha tenido la persona, todo. Pero no sabemos en qué medida influye. Las feministas muy rabiosas creen que las mujeres somos una cosa aparte. Pero yo no lo creo. Para tener un profundo conocimiento del alma femenina no necesariamente hay que ser mujer. Yo misma he escrito novelas en las que el protagonista es hombre. En Luna lunera el protagonista es un hombre: el abuelo. No hace falta ser hombre y criminal para escribir una novela sobre un hombre y un criminal.

LA VIDA

-Luna lunera es una novela autobiográfica, que revela a una mujer que ha vivido intensamente.  Pero usted empezó a escribir a los 55 años, en contra de lo que parece ser una ley -el escritor nace escribiendo- y, por cierto, no le ha ido nada mal…

-Sí, es verdad, como también, que me he dedicado a otras vocaciones. He querido tener una gran familia -y la tengo-, y eso da mucho trabajo, muchísimo. Tengo cinco hijos, y 14 nietos…, figúrese. Aunque trabajar en una fábrica es más difícil. Nunca pude almidonar las cortinas, pero tampoco quería hacer eso. Yo no quería hacer lo que hacen las mujeres burguesas: quedarse en casa y ver la televisión dos o tres horas al día, ir a la peluquería cada dos días…

-Sin embargo, no dejó de ser una mujer atractiva… ¿Quién le decía aquello de “Rosa Regás, que buena que estás”?

-Ese era Gabriel García Márquez… Sí, he hecho muchas cosas, y he viajado muchísimo, y he salido mucho por la noche, y he bailado, y he leído mucho, y he hecho deportes…

-¿Y ha sido feliz?

-Sí, no tengo derecho a quejarme.

-Pero Luna lunera habla de una infancia muy desgraciada…

-Lo fue, tanto que la Rosa Regás de 20 años estaba muy descalabrada, y era muy desdichada, no entendía nada, pero poco a poco fui encontrando mi camino…

-¿Qué pasó con sus tres hermanos, los otros personajes de ese libro?

-Mi hermano mayor, Elías, fue quien tuvo una vida más extraña. Se casó siete veces; pasó de archimillonario a mendigo, de artista a terrorista… Hizo de todo… Pero un día dio un salto por una ventana y se mató. Hace cuatro años. Era el hombre más dotado que he conocido. Todo lo que hacía le salía bien. Por eso no llegó a nada, porque le gustaba tan poco hacer las cosas, que no se esforzó en nada. Recuerdo una vez que estaban rodando una película y alguien le propuso jugar tenis, y él se negó porque no sabía. Tanto le insistieron para hacer solo una toma, que se puso a jugar tenis y le ganó al tío que sí sabía.

Luego estaba Georgina, que se parece a mí, pero con una tez morena. Se dedica a hacer libros de cocina y cerámicas… Y luego mi hermano Orión, que tenía uno de los establecimientos más famosos de Barcelona, donde se reunían artistas, modelos, fotógrafos, intelectuales…

-Me conmovió mucho la historia de su madre y de su padre republicanos, y el drama de esos cuatro niños rehenes del abuelo franquista… Tal vez la fuerza de la historia esté en el narrador, esa niña pequeña que describe lo que le está pasando, tan descarnadamente, casi sin emoción…

-El libro es una milésima parte de lo que ocurrió en nuestras vidas. Si hubiera puesto más, no me habrían creído. Efectivamente, lo más difícil para mí fue encontrar al narrador, hasta que di con aquella voz infantil. Un niño no juzga. Él se acerca al que lo quiere, y se aleja del que le pega. Pero no sabe que este que le pega es malo. Esto lo descubre después, en la adolescencia, donde lo confunde todo.  Por eso es tan fácil de manipular a un niño. Me metí en la piel de una niña que no juzga para que no se me fuera la mano. Solo hay juicios cuando estos niños son mayores y están viendo el cadáver del abuelo, y lo condenan de la peor manera.

-¿Qué fue de su mamá, despojada de la posibilidad de estar cerca de ustedes por sus ideas políticas y por su independencia?

– Murió hace cuatro años. La vimos al cabo del tiempo, e intentamos una relación con ella, pero ya era muy difícil. Bueno, la tuvimos, y fue muy buena, pero difícil en el sentido de que habíamos idealizado de tal modo el amor de madre que, cuando la veíamos ahí en carne y hueso, nos dábamos cuenta de que no coincidían los retratos. Ya mayores fue que empezamos a reconstruir aquella relación, y la llamábamos y la veíamos. Nosotros vivíamos en Barcelona, y ella en Madrid, y luego cuando vine a residir aquí estuvimos juntas.

-¿Y su padre?

-Murió antes. Mi padre había luchado por la República y era un hombre feliz, con una mujer y cuatro hijos, que era un autor teatral, y tenía un puesto en el Partido de Izquierda de Cataluña, y un despacho de abogados importantes. Con la guerra lo perdió todo. Absolutamente, todo. Estuvo en un campo de concentración, luego en París escondido -la GESTAPO buscaba a los republicanos para entregarlos a Franco, que los fusilaba de inmediato como hicieron con muchos-. Y finalmente, como mi abuelo era partidario del fascismo, logró que mi padre viniera, pero haciendo vida de noche, y durmiendo de día.

Él tenía la esperanza de que cuando entraran los americanos con los británicos, salvarían a España del fascismo. Era un bendito. Creía que los Aliados era gente de izquierda, y cuando los americanos aceptaron el régimen de Franco, se quedó muy tocado. Y ahí comenzó el declive suyo. Sin embargo, se resistía y aguantaba. Pero cuando murió Franco, y él se dio cuenta de que lo que teníamos era una democracia que no procedía de la República, sino del franquismo -con un Rey impuesto por Franco-, y que todos los asesinos seguían en el gobierno, todos se habían cambiado la camisa, y todos se habían vuelto demócratas, dejó de hablar voluntariamente. Desde el año 77 hasta el 80, año en el que murió. No pronunció una palabra más en vida.

-En alguna entrevista usted decía que la única experiencia que le ha faltado por vivir es mirar el mundo desde un globo.

-Ya lo hice. Un día lo comenté en una emisora de radio y lo escuchó uno de mis hijos. Poco después, estábamos en la casa que tengo en el campo con todos mis nietos, y apareció ese hijo, y nos dijo: vámonos. Me llevó a Angerona, me subió a un globo e hicimos todos el viaje que había estado soñando.

-Entonces si ya cumplió ese sueño, es de suponer que tenga otro que está por realizar. El ser humano en este terreno es insaciable.

– Pues, la verdad… No lo sé…

-Mire, que si lo dice ahora, tal vez se le cumpla…

– Tengo un sueño que no sé si veré realizado. Llevo la mitad de mi vida con Franco, y la otra, con la derecha. Primero, Jordi Pujol en Cataluña, y ahora aquí, desde el 96, con el PP, que se ha cargado todo. Se ha cargado el sentido de la democracia, la justicia, la educación, la ideología… todo…Si me concedieran la realización de otro sueño, me gustaría que cayera la derecha de este país. ¡No se imagina cuánto me gustaría eso!

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana. Vicepresidenta de la UPEC y la FELAP. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros “Antes de que se me olvide”, “Jineteros en La Habana”, “Clic Internet” y “Chávez Nuestro”, entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo “Juan Gualberto Gómez” En twitter: @elizalderosa

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