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¿Se sentará Obama en la poltrona?

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La candidatura de Barak Obama, significa para los negros y los luchadores por los derechos civiles, sólo una esperanza recuperada tras los cuarenta años transcurridos desde el asesinato del reverendo Martin Luther King en la habitación 306 del hotel Lorraine de Memphis. El pecado mortal de King  consistió en batallar en pro de los derechos civiles y por la reivindicación de los negros como seres humanos, habida cuenta del trato bárbaro y discriminatorio que la sociedad norteamericana les ha dado en el siglo pasado y aún ahora.. Antes, más obvio, descarnado y desenfadado como la de confinarlos a los asientos traseros de los medios de transporte y dedicar bebederos de agua diferentes a los de los blancos, entre muchos otros crímenes como las persecuciones asesinas del Ku Klux Klan.

  Ahora, la situación es diferente.  Hoy, las acciones discriminatorias contra los afronorteamericanos han tomado otras formas incluidas dentro del universo en que sumergen también a los inmigrantes mexicanos, haitianos y de otros países latinoamericanos, salvando las deferencias que tiene Washington   -impulsadas por la mafia anticubana- con los que emigran de la mayor de las Antillas. Las razones del trato a los cubanos son obvias y  pasan por la cólera incontrolable hacia el gobierno de La Habana que ha resistido todo tipo de crueldades, pero no se ha dejado mangonear por el imperio. Hace ya medio siglo tienen a la Isla  atravesada como espina en la garganta.

Pero el candidato demócrata a la presidencia, el afronorteamericano Barack Obama, con muchas posibilidades de sentarse en la poltrona  que hasta ahora ha sido siempre ocupada por blancos,  tiene ante sí una encomienda totalmente distinta, una proyección diferente a la  de los líderes negros como King o MalcomX.  Para empezar, es un senador elegido para representar a Illinois en el Congreso.  Intentará  gobernar el país más poderoso del mundo, sumido en la mayor crisis financiera desde la catástrofe de 1929, con salpicaduras  universales, debido  a una política belicista totalmente arbitraria y que sólo tiene sentido para los grandes consorcios de la guerra y los que recogen enormes tajadas en los contratos multimillonarios para supuestamente reconstruir lo que ellos mismos destruyen mientras mueren miles y se pierden incalculables valores materiales y culturales imposibles de recuperar.

Obama está en la preferencia del público, según las encuestas. Es la figura joven y fresca, hijo de norteamericana blanca con un negro de Kenya a quien apenas conoció, que promete el cambio que tanto se necesitaría en Estados Unidos,  mientras que el republicano McCain, de setenta y dos años (recuerdo cuando se postuló Reagan con setenta como la opinión pública se asombraba debido a su avanzada edad) por mucho que trate de desembarazarse de sus vínculos con Bush, está claro para muchos que su entrada en la Casa Blanca significaría más de lo mismo.

  El candidato demócrata, de ganar las elecciones, aspira a complacer a aquellos que anhelan a recuperar una fe enraizada en el llamado "sueño americano". Tendrá que al menos intentar desfacer ciertos entuertos. Luego de enumerar algunos de los graves problemas que el pueblo norteamericano enfrente cotidianamente, consigna en su libro The  Audacity of Hope:

[…]Ellos alternan la esperanza con el miedo sobre el futuro. Sus vidas están llenas de contradicciones y ambigüedades. Y como la política se ocupa poco de la situación por la que atraviesan-porque saben que la política hoy es un negocio y no una misión, y lo que parece un debate es poco más que un espectáculo, ellos se refugian en su interior, lejos del ruido, el furor y la interminable charla.

Quedan pocos días para las elecciones. Pueden pasar muchas cosas porque las encuestas pueden reflejar una preferencia por Obama, pero hay muchos que no aceptarían a un afronorteamericano en la Casa Blanca. Se puede esperar desde un enorme y descarado fraude como el que orquestaron en la Florida los republicanos en el enfrentamiento de Bush contra Gore. Pero también lo pueden asesinar antes o después de los comicios porque en la historia de Estados Unidos se han mandado a matar a cuatro presidente -Abraham Lincoln en 1865, James Garfield en 1881, William Mc Kingley en 1901, y John F. Kennedy en 1963- y han sido objetos de atentados Andrew  Johnson, quien salió ileso en 1835 y al candidato demócrata a la presidencia, el senador Robert Kennedy, asesinado en 1968.

Durante su estancia en el poder fueron objeto de atentados Teodoro Roosevelt en 1912, Franklin Delano Roosevelt en 1933, Harry Truman en 1950,  Gerald Ford en 1975 y Ronald Reagan en 1981.

Nada tendría de raro que los gángsters ultraderechistas desaparecieran a Barack Obama de la escena. Que lo piensen bien porque entonces, de darle una pulmonía mortal a Mc Cain, ¡comandaría ese país la hipócrita, ignorante y  advenediza, Sarah Palin!

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Lillian Lechuga

Lillian Lechuga

Periodista cubana especializada en temas internacionales.