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¿Qué estamos haciendo?

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"¿Qué estabas haciendo el 12 de septiembre de 1998 a las cinco de la madrugada?, ¿qué estaban haciendo los demás cubanos a esa hora, ese día?". La pregunta la hace Olga Salanueva, esposa de René González, uno de los cinco cubanos que  este domingo cumplieron seis años de injusto encarcelamiento en duras prisiones  de Estados Unidos, esperando un fallo justo del circuito de Apelaciones de Atlanta, quizás con la misma incertidumbre y angustia con la que ahora cazan los partes meteorológicos del huracán Iván que amenaza  su patria y la suerte  de sus seres más queridos.

Olga me recuerda que aquel 12 de septiembre era sábado y eso facilita la respuesta. Quizás, lo más seguro, es que yo estuviera frente a un micrófono de Radio Rebelde, dando los buenos días a los oyentes del programa Haciendo Radio, lo que significa que estaba feliz. La otra probabilidad es que estuviera descansando -a menudo vacaciono en septiembre para que mis colegas con hijos lo puedan hacer en julio y agosto- y esa es otra manera de estar feliz, aunque sea soñando. El resto de Cuba, con excepción de los madrugadores y los insomnes, también dormía, como solemos hacerlo, en paz, tranquilamente.

Para entonces ya habíamos vencido los sobresaltos y las angustias que apenas un año antes nos causaron las explosiones en hoteles de La Habana y Varadero. Ya sabíamos quiénes eran los autores intelectuales de aquellos criminales atentados que se llevaron la juventud del turista italiano Fabio Di Celmo y habían sido detenidos los autores materiales de esos hechos.

Tres meses antes, el Gobierno cubano había entregado a una delegación del FBI todos los detalles del plan de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), coordinado y dirigido por el terrorista de siempre Luis Posada Carriles. Se suponía que los receptores de la información actuarían. Y actuaron. Pero no contra los terroristas, sino contra los que con sus observaciones y sus informes, habían logrado detener la cadena de bombas y habían hecho posible que el 12 de septiembre de 1998 en Cuba durmiéramos más tranquilos.

La historia de lo que pasó esa madrugada en cinco humildes apartamentos de Miami, es bastante conocida, al menos por los cubanos. El FBI del sur de la Florida asaltó literalmente los sueños de Gerardo, Fernando, Ramón, Antonio y René -este último en compañía de su esposa y sus dos hijas menores- y se los llevó a punta de pistola, desaliñados y a medio vestir, sin dar explicaciones.

El Nuevo Herald diría en su edición del día siguiente que se trataba de espías cubanos, pero la verdad es que la Fiscalía nunca planteó esos cargos (solo tres de ellos fueron acusados de conspiración para el espionaje), porque no era posible imputarles directamente un delito inexistente. En términos jurídicos, penetrar y observar el movimiento de personas o grupos ajenos al Gobierno, no es espionaje en ningún lugar del mundo. Por eso la ambigua fórmula de la "conspiración", que no exige pruebas.

Así comenzó la historia de uno de los procesos más arbitrarios y sucios de la historia jurídica norteamericana. Un verdadero escándalo, según expertos en leyes de muchos países -también de los Estados Unidos- por el móvil político del procedimiento y la violación flagrante de las propias leyes del país, incluyendo su sacrosanta Constitución.

Increíblemente, ese escándalo transcurrió en silencio. Toda la alharaca que habían levantado los grandes medios norteamericanos al momento de la detención, fue olvidada en cuanto se supo que cinco agentes cubanos, infiltrados en grupos anticubanos de la Florida, se negaban a negociar su libertad a cambio de mentir sobre sus misiones.

Los cinco habían preferido decir la verdad. Y la verdad era demasiado dura para los oídos de la gente común. La verdad era que la administración norteamericana había elegido proteger a los terroristas y castigar a quienes se atrevieron a vigilarlos en la tierra  de sus padrinos históricos. Después del 11 de septiembre de 2001 y de la cruzada antiterrorista de Bush, aquella verdad se hizo más impublicable aun. ¿Cómo explicar que estuvieran presos cinco luchadores contra el terrorismo? Del doble rasero del antiterrorismo de Washington no se podía hablar.

Solo una parte de la prensa de Miami mantuvo el tema entre las noticias. La misma parte de la prensa que los acusó antes que los fiscales y los condenó antes que la jueza. Pero aun entre las líneas de sus tendenciosos reportes, ahora en archivos, se pueden encontrar las inconsistencias  e incoherencias del proceso y, sobre todo, es posible ver a un tribunal incapaz de dictar justicia frente a cubanos de Cuba.

Hace ya seis años de aquel 12 de septiembre, sábado, madrugada. En ese lapso de tiempo, los cinco recibieron las más altas e injustas condenas, se les separó en prisiones de estados diferentes y distantes entre sí, se les dificultaron las apelaciones, se les llevó varias veces a celdas de castigo sin motivo y hasta hoy se les entorpece la relación con familiares y abogados  y se les prohibe hablar a la prensa de su país y del resto del mundo. En víspera del sexto aniversario de sus detenciones, cuatro terroristas convictos y confesos fueron liberados en Panamá y tres de ellos recibidos como héroes en el Miami que condenó a los cinco.

A pesar de todas esas burlas a la justicia, los cinco se han ido convirtiendo en un símbolo de Cuba dentro y fuera de su país. Cada vez que uno de ellos escribe, lo hace en nombre de todos y todos se declaran a sí mismos hermanos  inseparables; el  Gobierno de Cuba los declaró Héroes de la Patria; su pueblo, entrenado en la creación y la resistencia, les dedica sus mayores proezas. Y una ventana abierta por la solidaridad internacional, ha logrado progresos importantes como sacarlos de celdas de castigo. Hoy el caso comienza a conocerse en muchas partes y se va levantando la cortina de silencio incorporada a sus condenas.

En los seis 12 de septiembre transcurridos desde 1998, cada vez más personas comienzan  a actuar en defensa de los cinco. La verdad es que  no todos dormimos tranquilos desde que sabemos a sus espíritus libertarios confinados en prisiones y a los criminales que ellos seguían, actuando libremente en calles norteamericanas o centroamericanas.

Porque durante muchos años fui de los millones que amaneció feliz gracias al trabajo callado y riesgoso de Gerardo Hernández Nordelo, Fernando González Llort, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez y René González Schwerert, decidí esperar  este 12 de septiembre escribiendo contra la injusticia. Mi esperanza es que el mensaje llegue a nuevas personas honestas de cualquier rincón del planeta  y que todos los que sabemos del caso, empecemos cada día de nuestras vidas preguntándonos qué estamos haciendo por esos cinco defensores de nuestra suerte que permanecen injustamente presos en el país que dice luchar contra el terrorismo.

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Arleen Rodríguez Derivet

Arleen Rodríguez Derivet

Periodista cubana y conductora del programa de la televisión cubana "Mesa Redonda", que transmite una emisión especial para Telesur. Es coautora del libro "El Camaján".