Germán Velazco: “La música es mi paz interior; el arte de combinar sonidos y ritmos” (+ Fotos y Video)

Germán Velazco. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
La ejecución de Germán Velazco con el saxofón es magistral. Sostiene el cuerpo del instrumento, y desde la mística que este metal posee, más la habilidad de los dedos después de años de práctica, sopla la boquilla y emana un sonido embriagador. Germán, además de la perfección técnica, le impregna a su huella musical esa afrocubanía y fuerza que corre por cada una de sus venas; la misma que le legaron sus antepasados yorubas.
A Germán Velazco lo conocí en el 2019, en la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, Egrem. Allí hablamos del inicio de un proyecto: “Saxofones Live Session” a partir del ensamble del joven Yamil Schery, laureado en los concursos Jojazz; Evaristo Denis Baró, profesor del instrumento, y el dúo integrado por Cesar López y Alfred Thompson. Por supuesto, y Germán. Esos instrumentistas virtuosos tanto en lo popular, como en la música de concierto, brindan a Cuban Sax Quintet una sincronía musical casi perfecta en cada una de sus interpretaciones.
Hablamos poco más de una hora. Germán, siempre jovial, bromeaba y, a la vez, el pecho se le llenaba de orgullo cuando hablaba de ese “hijo musical”. No obstante, la modestia no faltó ni ningún instante de la conversación.
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-¿Cómo reacciona cuando todas las miradas están puestas sobre usted?
“Nunca pienso en eso. Busco un punto fijo hacia dónde mirar”.
-¿Y cuándo nadie lo mira?
“Soy un tipo bastante tímido”.
-¿Cómo lo definen otras personas?
“Dicen que soy una buena persona. Debo de tener enemigos pero no los conozco”.
-¿Cómo se define usted?
“Un músico; un buen padre de familia”.
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Germán Velazco. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
-¿Por qué eligió la música?
“Es una tradición familiar. Mi papá y mi tío eran músicos. Desde que nací los vi tocar el clarinete y el saxofón en una jazz band llamada La Tridimensional”
-¿Cómo recuerda esos primeros años de niñez?
“Mis padres eran muy caseros. En la casa había buena energía y armonía. Me obligaron a estudiar violín porque con cinco años tenía las manos muy chiquitas. Me puse muy mal. No me interesaba ese instrumento. Al año y medio dije que no iba a tocarlo más, que lo que quería estudiar era clarinete. Entonces, me matricularon en la Escuela Provincial de Arte de Camagüey para cursar el nivel elemental. Allí estudié con Horta, el abuelo de Ana Is Abreu y con Rafael Abreu Moran, primer clarinete de la Sinfónica de Camagüey.
“Aún no había cumplido los 12 años y viene para La Habana a estudiar el nivel medio en la Escuela Nacional de Arte. Fui un desastre. Me botaron en dos ocasiones de la escuela; tengo el honor que me recogieron dos veces. No era un mal alumno, pero sí muy indisciplinado. Cosas de muchachos. No me gustaba ponerme la camisa por dentro, ni limpiar las botas…”
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-¿Cuál es la decisión o proyecto que ha tomado y se sienta más orgulloso?
“Cuban Sax Quintet”.
-¿Cuál es el fallo más grande que recuerde haber cometido?
“No recuerdo. Sé que me he equivocado, pero lo he hecho tantas veces que no sé cuál ha sido la peor”.
-¿Qué le gustaría hacer que no esté haciendo ahora mismo?
“Cocinar”.
--¿Qué haría después?
“Comerme lo que cociné”—sonríe—.
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Germán Velazco no llegó a graduarse de la ENA, si bien terminó el estudio del clarinete, le faltaban algunas asignaturas teóricas. “Mi papá se enfadó mucho y me llevó con 15 años a la Banda de Música del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y le dijo a Rolando Forneiro Delgado, su director, y a Ney Miguel Milanés ‘arréglenlo’”.
Ahí fue donde —según Velazco—lo enderezaron de verdad. “No tenía edad para entrar al servicio militar. Empecé de ayudante del clarinete y del concertino. Hubo un momento en el que la banda se quedó sin flautista y Milanés me llamó y me dijo: ‘tú crees que tú puedas asumir eso. Te vamos a liberar de todo y matricularás en la Escuela de Superación Profesional para que estudies flauta’. Como había que salir a la calle, acepté al momento. Así fue que aprendí a tocar la flauta con Alfredo Portela”.
El saxofón lo estudió por su cuenta. Como era estudiante a tiempo completo podía dedicarse a aprenderlo y tuvo la suerte de que sus mismos compañeros de la banda le dieron los métodos y los secretos del instrumento. “Después, cuando llegué a Irakere Carlos Fernández, que tocaba al lado mío, me terminó de acotejar con el saxofón”.
Después de la banda del Estado Mayor General integró La Revé como flautista. En esta orquesta empezó a tocar música popular bailable. “Imagínate, no había hecho eso nunca; fue una experiencia maravillosa”.
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-¿Cuál es su mayor defecto?
“Cuando toco mal”.
-¿Y virtud?
“Cuando toco bien”.
-¿Qué prefiere hacer en su tiempo libre?
“Ver la televisión. Escucho música. Leo libros”.
-¿Cuál ha sido su mayor sueño?
“Todavía. Tengo metas por cumplir. No lo he hecho todo en la vida. Hay cosas por hacer en la música”.
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Germán Velazco. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
-¿Cómo llega a Irakere?
“Cuando Paquito D' Rivera abandona el país, Arturo Sandoval, que lo había conocido en la Banda del Estado Mayor General, me conecta con Chucho Valdés. Así logré uno de mis sueños, no solo tocar a su lado, sino ocupar uno de los atriles de su banda. Irakere es lo más grande que ha pasado por Cuba. La mejor agrupación que ha dado este país.
“Pasar por sus filas fue mi graduación universitaria. Todo lo que sé de música se lo debo a mi paso por Irakere. Ver como Chucho arregla o escribe un tema, organiza los músicos, y arma un repertorio es una gran experiencia”.
-¿Cuál usted cree que sean esas características de Irakere que hacen que actualmente sea parada obligatoria en la música cubana?
“Primero está la genialidad de Chucho Valdés. Su forma de escribir y tocar, el lograr reunir esa cantidad y calidad de músicos. Creo que el mérito está ahí. Además, se tocaba música muy difícil. Demasiado difícil. Para tocar ahí había que estudiar durante mucho tiempo. Horas de ensayo y estudio individual en la casa.
-Y después, NG La banda….
“Estuve cuatro años en esa orquesta. Salimos muchos metales de Irakere y nos llevamos prácticamente el timbre que distinguía a esa banda. Lo que pasó con NG La Banda fue que cambió la ritmática para el bailador. Lo puso en una cadencia distinta y surgió otra forma de tocar la música popular bailable.
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-¿Algún secreto que no haya compartido en una entrevista anterior?
“No tengo secretos”.
-¿A qué le tiene miedo?
“A las lagartijas”.
-Si llegara alguna persona nueva a su vida, ¿Cómo podría hacer para llegar a conocerlo mejor?
“Debe ser una persona inteligente. Si es un buen músico, estaría bien”.
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En el año 1992 Germán Velazco se une a la agrupación de Pablo Milanés. Tenía ganas de hacer otro tipo de música. De correr nuevos riesgos. “Era una música que nunca había hecho. Me sirvió como experiencia. Experimenté con ese tipo de formación, de estilo y de género. Música netamente romántica, trova, canciones y boleros. Nunca había tocado con un cantautor. Fue el propio Pablo quien me fue a buscar. Estuve bastante tiempo, casi 25 años”.
Cuando Isaac Delgado regresó a Cuba, Germán dirigió su orquesta durante un tiempo pero ya tenía pensado hacer su propia agrupación. Un tarde, en el bar de los Estudios Abdala se concretó esta aspiración.
“Estaba en un estudio y César López en el otro. Coincidimos en el bar y empezamos a conversar. ‘Vamos a hacer algo, grabar juntos’, dijimos. Primeramente se nos ocurrió hacer un cuarteto. Pensamos en Thompson, Evaristo y después apareció Yamil.
A Cuban Sax Quintet lo distingue las ganas de crear. “Hacer todo lo que sea música: clásica, bailable, jazz. Lo que aparezca y sea bueno se hace”.
Si preguntas por las características de Germán Velasco como instrumentista que lo diferencia de otros saxofonistas en Cuba, el artista refiere que cada cual tiene su forma personal de tocar. “Eso es lo que me hace a mí diferente. A la hora de interpretar trato de ser lo más personal que puedo. No es ser ni mejor ni peor. Es ser diferente”.
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-Si hace una panorámica de su vida, ¿está satisfecho?
“Completamente”.
-¿Qué es aquello que quiso hacer y no pudo y ya no puede hacer?
“Montar a caballo” —sonríe, me mira y repite—“De verdad”.
-¿Qué consejo le daría a su versión de hace 20 años?
“Que aprovechara el tiempo. Que estudiara más”.
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Germán Velazco. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
-Dentro de todos los géneros de la música cubana, ¿cuál prefiere?
“Me gustan todos: el bolero, la salsa, la canción, el chachachá, el son, el danzón. El único requisito es que esté bien hecho”.
-¿Cómo se manifiesta la cubanía en su música?
“A la hora de arreglar, de tocar, de escribir la música y cuando compongo. Nací aquí, me críe y me desarrollé en este país. Es una forma también de ser agradecido”.
-Y las raíces afrocubanas…
“Mi familia es religiosa. Eso está arraigado en mis raíces. Aunque en mi casa se oía bastante jazz, también Los muñequitos de Matanzas, agrupaciones folclóricas…”.
-¿Instrumentista o productor?
“Prefiero ser instrumentista, pero la producción discográfica me encanta”.
-¿Qué rol juega la música popular bailable en su carrera profesional?
“He tocado muchísima música popular bailable. Es un género importante para mí. Ahora estamos siendo un disco que se llama Latinoamericando, que es música totalmente latinoamericana”.
-¿Cuáles son sus principales paradigmas dentro de la música?
“Chucho Valdés. En el plano internacional, John Coltrane era un monstruo, como le decimos aquí a los excelentes músicos”.
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-¿Qué significa Cuba?
“Todo”.
-¿Ha pensado alguna vez en tomarse un año sabático?
“No. Me debo a mi trabajo”.
-Si pudiera elegir una forma de morir o alguna en que no le gustaría hacerlo, ¿cuál sería?
“Morir tranquilo y no despertar, sin tener que enfermarme, ni sufrir”.
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Dice Germán Velazco que él es como los elefantes: Siempre hace lo mismo, va por los lugares habituales. O sea, no es una persona cambiante.
Si indagas por ese instante que marcó un antes y un después de su carrera, contesta sin vacilación que está pasando justo en este momento. “En el grupo de Pablo había rigor, pero ahora estoy estudiando más el saxofón que antes. Después que vino el Quinteto me he enfocado en tocar”.
El jazz es su vida. “Desde pequeño lo escuchaba mucho mi papá tenía un tocadiscos muy chiquitico con muchos álbumes de este género. Así fue que conocí a Charlie Parker, a Oscar Peterson, y a otros jazzistas importantes de la época”.
En esta misma línea, confiesa que con la improvisación comenzó dándose cabezazos. “Me ayudó mucho Arturo Sandoval. Uno empieza a aprender, a moverse en el piano, a enlazar acordes y ahí es donde inicia el desarrollo. Ya existe el método, que la juventud de ahora lo tiene, pero en mi época estuvo está prohibido mucho tiempo escuchar jazz”.
Sin dudas, el disco que más alegrías le ha dado ha sido el álbum debut del Cuban Sax Quintet “Saxofones Live Session”. “Ese fonograma obtuvo premios en el Cubadisco y fue nominado a los Grammy Latino. De mis proyectos es el mejor”.
“Todos”, responde si pregunto cuál álbum ha sido más difícil de producir. “Empiezas grabando y después viene la mezcla y el master. No hay un disco fácil porque uno se empeña en que salga lo mejor posible”.
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-¿Cuáles son sus principios y valores sagrados?
“La familia. La ética”.
-Si pudiera comenzar desde cero, ¿Qué cambiaría?
“Empezaría a estudiar música”.
-¿Si todo desapareciera y pudiera rescatar solo una cosa, qué sería?
“El saxofón”.
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Germán Velazco. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
-¿Qué significa el éxito para Germán Velasco? ¿Cuál cree que sea la clave para alcanzarlo?
“No creo mucho en el éxito. Si en trabajar bien y hacer lo mejor posible todos los días. Si viene, bienvenido sea, pero no me preocupa”.
-Y los premios.
“Menos. Eso me preocupa menos. El disco fue premiado, felicidades, eso es que trabajaste bien. He visto también muchas injusticias y discos buenos que no han sido premiados”.
-¿Qué siente Germán Velasco cuando hace música?
“Paz interior. Cuando trabajo me transporto. No pienso en más nada más que en la música. Me da tranquilidad y cuando queda bien el trabajo me siento orgulloso de mi mismo”.
-¿Qué significa la música?
“Es el arte de combinar los sonidos y el ritmo. Simplemente maravilloso. Es que todo se mueve con música. Ahora mismo estamos conversando y las palabras establecen un ritmo. Las cosas se hilvanan con música, la danza, las artes plásticas…”
-¿Qué le ha regalado la música?
“Satisfacciones”.
-¿Qué le ha quitado?
“Tristezas”.
-¿Cómo ha sido llevar a la par familia -trabajo?
“He sido un incomprendido. De hecho, me he divorciado cuatro veces. La música no tiene horarios. Llega a las tres de la mañana y hay que levantarse para escribirla. A veces me ha tocado estar un mes trabajando fuera del país. Es lo que me toca, no puedo hacer otra cosa”.
-De no ser músico, ¿qué sería?
“Músico. No me interesa más nada. Soy fiel a lo que quiero y amo”.
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-¿Cuál cree que sea su mayor legado a la cultura cubana?
“¿Mi mayor legado? He hecho música, he tocado, pero todavía me faltan cosas por hacer. Todavía”.
-¿Una palabra que defina su vida?
“Crear”.
-Al terminar esta entrevista, ¿qué tres cosas debería llevarme sobre usted?
“Una buena impresión, mi sonrisa y el gusto de habernos conocido”.
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Magnífica entrevista. Soy un irremediable admirador y seguidor de Irakere y por lo tanto de todos aquellos grandes músicos que integraron esa banda ya legendaria. Cuando muchos creímos que con la salida de Paquito D´Rivera no encontraríamos otro saxofonista de esa talla, apareció Germán Velázco, casi de la nada, para decirnos que no solo Irakere, sino toda Cuba, es una selva. Los invito a disfrutar de algunos de sus solos más recordados de su paso por Irakere como en ¨Estela va a estallar¨, ¨Tema de Chaka¨ o la inigualable ¨Las Magaritas¨. Hace poco pude ver en internet un audiovisual de un concierto de Irakere en el extranjero en el que Chucho invita a tocar a Paquito. Por supuesto aquello fue grandioso pero lo que más me conmovió fue el abrazo de Paquito y Germán. Era el reconocimiento mutuo a la grandeza y la confirmación de que el gran líder de la banda no se equivocó al elegirlos. Muchas gracias a Talhía e Ismael por este paseo, breve pero placentero, por la vida de un grande. Felicidades.