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Pacto de los grupos

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Foto de archivo. Adelante

Corría el mes de mayo de 1951 e informaciones aparecidas en la prensa y la voz de la calle aludían a contactos entre distintos grupos de acción, “los caballeros del gatillo alegre”, como les llamó Fidel, en las que se daban a conocer detalles sobre sus negociaciones para un acuerdo que, se decía, enterraría los viejos odios y rencillas entre las bandas rivales que dirimían sus diferencias en una vendetta interminable. Se darían facilidades a sus miembros para que se reintegraran a la vida normal y se “resolvería” su permanencia en el exterior si decidían abandonar el país. Organizaciones como Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), Agrupación Revolucionaria Guiteras (ARG) y Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), entre otras de menos cuantía, campaban por sus respetos en la vida habanera y pistoleros connotados como Policarpo Soler y Orlando León Lemus (El Colora’o) ganaban un relieve que les franqueaba el acceso a las altas esferas sociales y políticas de la nación. Sesenta y cinco atentados ocurrieron durante el gobierno de Ramón Grau San Martín (1944-48) y otros 26 durante el mandato de Carlos Prío Socarrás (1948-52).

Se acercaban las elecciones generales del 1 de junio de 1952 –frustradas en definitiva por el golpe de Estado del 10 de marzo– y Orlando Puente, Secretario de la Presidencia en el gabinete de Prío, movía los hilos del llamado Pacto de los Grupos. A partir del momento en que se concertaran los acuerdos, las bandas depondrían las armas y se dedicarían a actividades políticas y sociales “constructivas”. Lo curioso de ese pacto es que no quedó constancia escrita de sus acuerdos y se desconoce quiénes lo suscribieron.

Los atentados se sucedían al ritmo de dos por mes cuando se iniciaron los acercamientos entre Gilberto Leyva, representante a la Cámara por la provincia de Las Villas, y José de Jesús Jinjaume, que había asumido la jefatura de la UIR en sustitución de Emilio Tro, ultimado en la llamada masacre de Orfila, el 15 de septiembre de 1947. Ya rendido, a Tro lo cosieron a balazos. Tenía 15 perforaciones en el tórax, dos en la región escapular, otras seis a flor de piel, tres en el hombro, otra en el muslo y otra más que le destrozó el maxilar superior y le vació el ojo derecho.

En una reunión posterior estuvo presente Pedro Suárez, ex candidato a la alcaldía de Marianao, quien asistió en representación de Policarpo Soler y Orlando León Lemus.

Las pretensiones de estos imposibilitaron llegar a un acuerdo. En un siguiente encuentro asistió, en calidad de mediador, Eufemio Fernández, ex jefe de la Policía Secreta, quien sostuvo conversaciones con miembros de grupos y con figuras de la política, como el presidente del Senado, Miguel Suárez Fernández, el llamado Zar de Las Villas –manejaba, se dice, 5 000 botellas–, parlamentarios como Rolando Masferrer, Baire López y varios ministros.

Después de varias reuniones se llegó al acuerdo, avalado por figuras del Gobierno, que proclamó la terminación de la guerra de los grupos, con el compromiso de dar facilidades a sus miembros para que se reintegraran a actividades normales y “resolverles” la permanencia en el exterior si preferían abandonar el país.

Acuerdos que no se cumplieron del todo. Con posterioridad al pacto ocurrieron varios atentados, como el que sufrió el general retirado Genovevo Pérez, ex jefe del Ejército, y el del ex ministro de Gobernación Alejo Cossío del Pino, acribillado a balazos en el café Strand, de Belascoaín y San José.

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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