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El legado de Gonzalo Estévez: Ciencia, solidaridad y revolución

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Al Profesor Doctor Gonzalo Estévez Torres:

Habían pasado varios meses desde que arribamos a la isla haitiana, transitamos los meses del terremoto como miembros de la Brigada Médica Internacional Henry Reeve. La decisión de mantenernos allá durante un año, junto a la brigada, traía en mi caso un cambio sustancial (conmovido por la vivencia reciente), convertirme en residente de la especialidad de Higiene y Epidemiología.

Luego de un mes de médico y epidemiólogo en Jacmel, preparaba mis pertenencias para continuar mi formación en Puerto Príncipe. El Dr. Estevez, mi futuro tutor y Vicecoordinador de la Brigada Médica Cubana en Haití, pasaría a buscarme ese día. Entonces vi bajar de la camioneta a un señor de baja talla y poco pelo, que comenzó a repartir abrazos y sonrisas a diestra y siniestra. Me miró profundo y me preguntó cómo me sentía y enseguida me invitó a tomar un refresquito al improvisado bar de enfrente. Fue la primera de muchas charlas, traslucía su sentido jocoso de vivir, su pensar profundo y su inigualable modestia. Quedó tiempo antes de partir para llorar juntos por la despedida que mis entrañables compañeros habían preparado para mi partida (complotados por supuesto con Gonzalo que me alejó para facilitar los preparativos), él lloró conmigo y volvió a mirarme profundo, esbozando su tan peculiar y contagiosa sonrisa.

A partir de entonces no paramos un segundo de viajar, el profe portaba unos cuantos años ya, pero no mostraba atisbo alguno de cansancio. Recorrimos cada uno de los sitios de tratamiento de cólera que la Brigada Médica Cubana tenía desplegado por todo el país, siempre con su sabiduría a cuestas, durmiendo poco, conversando mucho, enseñando, convenciendo, escuchando. Gonzalo portaba la palabra justa, la jarana combinada con ideas profundas y vivencias increíbles. Pergeñamos junto al Soma (otro titán inconmensurable, Jefe de la Brigada Médica Cubana) los Grupos de Pesquisa Activa que extenderían la presencia cubana hasta lo más recóndito de las montañas para hidratar temprano y consensuar con la población la promo prevención necesaria para cortar la transmisión. Al bajar de aquella primera expedición que me encomendó coordinar (pues a pesar de sus deseos tenía responsabilidades que no le permitían quedar incomunicado por varios días) me recibió con la mirada llena de orgullo. De igual modo su pensamiento epidemiológico era vanguardia y motivo de contiendas académicas en los ostentosos salones ministeriales y de organismos internacionales, en los que primaba por pericia técnica y por conocimiento profundo del terreno la voz de Cuba en su propia voz.

Gonzalo bromeaba con el comienzo tardío de su escolarización, te transportaba con su caudal de anécdotas, a cada uno de los hitos de su formación como cuadro sanitario. Desde los comienzos como agente sanitario, médico, director de Higiene y epidemiología provincial, internacionalista y hasta convertirse en Vice Ministro de Higiene y Epidemiología del país durante unos cuantos años. Nunca ostentaba sus lauros, que los tenía por montones, simplemente contaba y en el cuento te sentías que valía la pena, que estar a la altura de tantas enseñanzas significaba aportar tanto, como la fortuna de humanismo recibida.

Hoy llorando la certeza de su partida, pasados más de 15 años de aquellas vivencias, entendí que Gonzalo es la revolución cubana, es mi isla querida llena de dignidad, ofrendando lo que se posea para el bien de todos, es la utilidad de la virtud martiana, la solidaridad como opción de vida. Tiempos difíciles si los hay, en esta hora de recuento y de marcha unida, debemos andar unidos, como la plata en las raíces de los andes.

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