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Se marchó Angelito, la gran sonrisa del feeling (+ Video)

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angel-diaz1Yo  me encontraba hilvanando ideas para hacer de este domingo una fiesta de palabras al reseñar la “toma” de la Casa de las Américas, en sus cincuenta años, por tres jóvenes trovadores. Yo  me preparaba para armar un párrafo confesando que pocas veces un músico había removido en mí tantas fuerzas espirituales juntas como, desde hace un par de años, lo ha conseguido con su obra -letra y música-uno de ellos: el joven villaclareño Leonardo García (Leo para sus amigos). Yo me disponía  a destacar lo estimulante que había resultado el dejarme llevar por la mirada de Inti Santana, así como a evidenciar mis impresiones acerca de Pedro Beritón, quienes, conjuntamente con un percusionista -Armando- en la caja y una vocalista -Luna- en los coros, completaban el elenco escogido para la descarga que ellos consiguieron armar el viernes 18 de diciembre, a partir de las 7 de la noche. Yo pensaba escribir mucho más, bajo el impulso del buen sabor que  dejó en mí aquella tanda de  trova: es más, había encontrado un título que me complacía: La Casa trovada y vuelta a trovar en sus cincuenta. Entonces, alguien llamó para decirme que Angel Díaz acababa de marcharse de este mundo.

Angelito -así me enseñaron a llamarle-. Cuando lo conocí en 1957, me impresionó su manera tan especial de articular las palabras mientras entonaba, dichas pero fraseadas, casi habladas pero cantadas, apoyándose en la guitarra con un acompañamiento sencillo, transparente a la vez que fiel a la armonía, canciones que no se escuchaban en la radio porque no pertenecían al repertorio más disquero o victrolero del momento sino que rodaban de boca en boca en las voces de sus autores o de algunos intérpretes tan jóvenes e impresionantes como desconocidos sobre quienes, algún día, descansaría toda la gloria de nuestra canción. Angelito cantaba, con una gracia que no he encontrado en otras criaturas, aquellos raros mambos nuevos repletos de ingenio en sus letras y tupidos en sus armonías, aquellas guarachas que nada tenían que ver con las de toda la vida. De pronto, abandonaba la guitarra y tomaba la tumbadora para acompañarse. Siempre, absolutamente siempre, sonreía.

Yo supongo que, al conocer a Angelito Díaz en una esquina, en un parque o en alguna fiestecita (no me tocó vivir ese episodio de nuestra historia musical) cada uno de aquellos jóvenes que comenzaron a reconocerse como afines y, más tarde, decidieron identificarse entre sí como “el grupo del feeling”, debe haber hallado, en la sonrisa abierta de aquel muchacho gallardo, ocurrente y escrupulosamente bien educado, una especie de invitación a mirar siempre hacia delante, un deseo de abrazarse y decirse hermano en la música que,  amparado en el ejemplo y la tradición de un padre trovador de los buenos -Tirso Díaz– no tardaría en hacer de él  el anfitrión natural de aquellas reuniones que se armaban, por la nochecita, en la sala de su casa habanera del Callejón de Hammel desde donde, allá por los años cuarenta del siglo pasado, se abrieron horizontes coloreados con un nuevo matiz para la música popular cubana.

Angelito fue el guardián de algunas canciones huérfanas de padre o madre a las que se encargaba de presentar ante cualquier oído sensible, en una lucha perenne contra el abandono. Así ocurría con el pulso angustioso de aquel No serás de mí, entre otras que Grecia Domech, desaparecida muy joven en 1955, dejaba flotando en el desconsuelo de quienes supieron de su talento extraordinario como compositora e intérprete y de aquellos que, como yo, llegamos después al lenguaje del feeling; así también ocurría con las heridas -aún abiertas en torno a muchos de los matices relativos a los movimientos estudiantiles en aquellas décadas- que dejó el amigo asesinado en plena lucha en 1949, Justo Fuentes, uno de los jóvenes del grupo, cuya obra se empeñó en mantener a salvo del olvido mientras tuvo aliento, a fuerza de tanto cantar esas canciones marcadas con un sello tan especial como lo pueden ser Burla o Ya tú lo ves. Angelito poseía un sentido especial que le permitía desbrozar cualquier maraña de sonidos o palabras, palabras y sonidos juntos y detectar lo estrictamente admirable. Admiraba con gusto, sin freno, con verdadera pasión. Y sonreía. La suya había sido también una casa tomada por los jóvenes, una casa trovada y, por eso, el arte de la sonrisa que siempre parecía decir “pase usté”, se hizo historia.

Escalofriante y hermosa, impávida y temerosa sin dueño, su canción-bandera, La rosa mustia, apela al corazón sensible de quienes tantas veces, cortando todo viso de posible indiferencia abrimos las puertas de la memoria para dejarla entrar y, ahora, no vamos a permitir que se quede triste, sola. Para algo tiene que servir la historia vivida o aprendida, a juzgar por los cuentos de los demás. Despedimos el 2009 con el buen sabor que nos deja la convicción de que hace falta que las casas tengan a bien dejarse  tomar por los jóvenes ávidos de empatar la noche con el día, así como ocurriera en los cuarenta del siglo pasado con la sala de aquellos altos en un callejón habanero. Entramos al 2010 con una punzada en el corazón porque se marchó Angelito, la gran sonrisa del feeling. Sólo que, al hacernos cargo de no dejar caer en el olvido su hermosa historia y su mejor canción, sentimos como si nos hubiese confiado también  su llave de abrir puertas para el trovar y su noble costumbre de marchar por la vida con una sonrisa bien ganada.

Almendares, 24 de diciembre de 2009

Cesar López y Habana Ensemble interpretan “Rosa Mustia”, de Ángel Díaz

Se han publicado 2 comentarios



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  • F.Juan Águila dijo:

    “ANGELITO” ASI NADA MÁS.

    En 1956 hice mi primer viaje a La Habana. Un amigo del Instituto Santa Clara (Eduardo Llerena) me dijo que fuera al St. John a escuchar a José Antonio Méndez (el King) y a Moraima. Eso no estaba en mis planes. Fui a ver a Moraima y me llevó por la noche al hotel cantaban en el “Lobby”, Ella me presentó a José Antonio y a Angelito.

    A partir de 1962, siempre estuve en la Calle Concordia; pero finalmente a partir de 1977 hasta 1987, entre Oquendo y Soledad, por donde no veíamos casi a diario. Muchas veces “Subíamos” desde el barrio al “Pico”, donde actuaba para escucharle.

    En una ocasión, una visitante “sueca” que nos visitaba, me pidió la llevara a un lugar que a mi me gustara y la llevé al “Emperador” para que escuchara a José Antonio y más tarde al “Pico” a escuchar a “Angelito”.

    Ella se maravilló por las voces de ambos, y me dijo: ” son voces distintas, muy distintas” a las que había escuchado. Angelito se quedó hablando con nosotros y ella se quedó maravillado, incluso de cómo hablaba.

    ¡Me he enterado, en este instante, de su fallecimiento! Tengo en la mente ahora la melodía de una canción que siempre le pedía y no me viene a la mente el titulo (El nombre de una mujer). La memoria suele ser traicionera; pero Angelito tú sabes cual es y me la cantarás cuando salga de aquí. Lo sé.

    Angelito ¿Qué harán tú, el King, Elena y Moraima, a partir de ahora? ¡Maravillas, supongo!

    Gracias y mi felicitación a Marta Valdés (Su Majestad La Música)

  • F. Juan Águila dijo:

    Angelito, mi hermano;

    Gracias, por regalarme “Alfonsina”.A pesar de que no me he ido.

    ¡Que DIOS te bendiga!

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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