La trampa de la equidistancia

La reciente participación de Israel Rojas, líder del dúo Buena Fe, en el programa La sobremesa de la plataforma digital La Joven Cuba ha despertado un interesante debate en los márgenes de la intelectualidad revolucionaria cubana. Su presencia, educada pero firme, honesta y serena, ha sido celebrada por muchos como un gesto de apertura y valentía. Y sin duda lo es. Pero ese reconocimiento no puede llevarnos a soslayar el terreno donde se produce el intercambio. Porque en política —y especialmente en la batalla cultural— el escenario importa tanto como la palabra, y no hay diálogo inocente cuando el guion lo escribe el adversario.
La escena se presenta como un diálogo entre diferentes, una sobremesa cubana en clave plural. Pero es una puesta en escena perfectamente calculada: un espacio diseñado para erosionar la legitimidad simbólica del proyecto revolucionario desde dentro, bajo la máscara del periodismo “crítico” o “independiente”. La clave está, precisamente, en esa palabra: independiente. ¿Independiente de qué? ¿De quién? ¿Y con qué recursos?
La cuestión no es menor. En tiempos de guerra cultural y asedio híbrido, donde el adversario no solo bombardea con misiles económicos sino con discursos aparentemente neutros, la elección del espacio importa tanto como el contenido del mensaje. La Joven Cuba no es un foro cualquiera: es una plataforma que ha recibido apoyo financiero de la Embajada de Noruega en La Habana, cuyas líneas de cooperación han priorizado desde hace más de una década el fomento de un ecosistema mediático “alternativo” en la Isla. Pero, ¿alternativo a qué? A los medios públicos cubanos, sí. Pero también —y más gravemente— alternativo al propio proyecto revolucionario, al que presenta como anacronismo o autoritarismo disfrazado de legitimidad histórica.
La estrategia no es nueva. En 2011, bajo el segundo mandato de Barack Obama, se reformuló abiertamente la política de “cambio de régimen” hacia Cuba a través de una sofisticada ingeniería del consenso. En lugar de apostar por la confrontación directa, la Casa Blanca impulsó una “sociedad civil” cultivada artificialmente, con apoyo logístico y financiero de la USAID, la NED y distintas embajadas europeas aliadas. En ese marco se multiplicaron proyectos académicos, culturales y periodísticos que, bajo la retórica de los derechos humanos, la diversidad de voces o la modernización del Estado, promovían en realidad una mutación ideológica: vaciar de contenido revolucionario el espacio público, y reemplazarlo por una falsa equidistancia entre víctima y victimario, entre asediado y agresor.
Desde luego, el problema no es Israel Rojas. Su presencia en el espacio ha permitido introducir, en un entorno muchas veces refractario al debate honesto, la voz de la Cuba que resiste. Pero también ha servido, involuntariamente, a la escenificación de un falso pluralismo: una conversación “entre iguales” que iguala artificiosamente al defensor de un proyecto revolucionario con sus adversarios estratégicos. Y eso, en un país bajo sitio económico, financiero, político y mediático, no es neutral: es un acto con consecuencias.
La guerra cultural y la contrarrevolución blanda: La trampa de la equidistancia
La política exterior de Estados Unidos hacia Cuba cambió sustancialmente con la administración Obama, no en sus objetivos, sino en sus métodos. Ya no se trataba de tumbar la Revolución con marines o asfixia directa, sino de fomentar una “sociedad civil” alternativa que, en nombre de la apertura, introdujera los valores del liberalismo burgués —el individualismo, la meritocracia, el pluralismo abstracto— en el tejido ideológico cubano. Es lo que Joseph Nye llamaría poder blando: no imponer desde fuera, sino hacer que la dominación parezca deseable desde dentro. Lo que Antonio Gramsci analizó, desde coordenadas materialistas, como hegemonía cultural.
Para ello, se activó toda una red de financiamiento y apoyo institucional a proyectos mediáticos, académicos y artísticos que, sin declararse abiertamente contrarrevolucionarios, ponían en duda la legitimidad del Estado socialista, cuestionaban el rol del Partido Comunista y proponían una refundación democrática en clave liberal. Uno de los frutos más evidentes de esta estrategia ha sido la proliferación de medios digitales como La Joven Cuba, cuyo nombre, por cierto, constituye una apropiación simbólica del legado de Antonio Guiteras —un revolucionario profundamente antimperialista que jamás hubiera aceptado financiación extranjera para su causa.
Aquí se impone una distinción esencial: una cosa es la crítica desde dentro del proceso revolucionario, como forma dialéctica de su perfeccionamiento, y otra muy distinta es la crítica funcional al desmontaje del proyecto socialista, financiada y validada por quienes desean su fin. Esa crítica no es tal, es contrarrevolución blanda, con rostro amable y modales académicos.
Israel Rojas, como artista comprometido con el destino colectivo de su país, ha defendido siempre la Revolución desde una posición popular, crítica y creativa. Su presencia en La sobremesa no desdice esa trayectoria. Pero es necesario advertir sobre el marco. Al entrar en ese plató, incluso con la mejor de las intenciones, Israel se convierte —queriéndolo o no— en un elemento legitimador del dispositivo.
El programa no busca simplemente conversar. Busca escenificar un diálogo de “pares” entre la Revolución y quienes, con sonrisa moderada, propugnan su desmontaje. Lo que se presenta como pluralismo es, en realidad, una estrategia de normalización de la contrarrevolución bajo el envoltorio de la diversidad. El problema no es debatir: es aceptar como interlocutor legítimo a quien recibe fondos del extranjero para socavar el orden constitucional cubano, especialmente cuando esos fondos provienen de embajadas como la de Noruega, que lleva años financiando proyectos audiovisuales, artísticos y periodísticos vinculados a los sectores más activos en la agenda restauradora camuflados bajo la etiqueta de “sociedad civil”.
Gramsci advertía sobre el uso del concepto de “sociedad civil” como disfraz del poder burgués, capaz de absorber las energías intelectuales y morales del adversario para neutralizarlas dentro de los límites del sistema. En Cuba, esa lógica se reproduce mediante la creación de espacios híbridos, que aparentan ser plurales, críticos y modernos, pero que operan como dispositivos de legitimación de una restauración capitalista travestida de ciudadanía crítica. Se trata de la cara amable de la contrarrevolución.
En ese sentido, no se puede soslayar el vínculo entre estas operaciones culturales y fenómenos como el 27N, el Movimiento San Isidro o la campaña de influencers digitales que, en medio de la crisis económica derivada del recrudecimiento del bloqueo y la pandemia, buscaron capitalizar el descontento popular para desencadenar una ruptura institucional.
No hay simetría ante el asedio
La elección del nombre La Joven Cuba no es un gesto inocente. Pretende trazar una falsa continuidad entre el legado heroico de Antonio Guiteras —caído en combate contra el imperialismo yanqui y sus títeres locales— y un espacio que, en lugar de luchar contra el poder global, se financia con sus migajas. Como ha recordado Carlos Fernández de Cossío, la oposición a la Revolución es contrarrevolución, tenga el apellido que tenga. Y el fundador de La Joven Cuba original no necesitó ni hubiera aceptado jamás ayuda extranjera para emprender su lucha.
Gramsci insistía en que la batalla por la hegemonía no se libraba solo en los parlamentos o en las fábricas, sino en las escuelas, los periódicos, las universidades, los teatros. Hoy, podríamos decir, también en las redes sociales, los podcasts y los medios digitales. Y Cuba, bajo sitio permanente, no tiene el lujo de conceder neutralidad a esos frentes. No cuando la libertad de prensa, como advirtió Rafael Correa, sigue siendo la voluntad del dueño de la imprenta. Y el dueño, en este caso, no es cubano.
Lo que está en juego no es un debate académico ni una conversación postmoderna entre sensibilidades ideológicas. Lo que está en juego es la capacidad de un país bloqueado, atacado y criminalizado para defender su soberanía política, su modelo social y su legitimidad histórica. En ese contexto, cualquier espacio que pretenda situar en el mismo plano a la Revolución y a sus adversarios financiados, no es un espacio de diálogo: es una trampa semiótica, una escena cuidadosamente montada para desplazar el eje del sentido común hacia el consenso liberal.
Participar en esa escena no es solo hablar: es contribuir a la producción de un nuevo guion, donde la Revolución aparece como una entre muchas opciones posibles, desprovista de excepcionalidad moral e histórica. Y ahí reside el peligro.
Defender la Revolución Cubana hoy implica no solo resistir los ataques económicos, sino también leer con claridad los signos del momento. En la guerra cultural, las formas importan: el espacio, el lenguaje, la interlocución, el financiamiento. No se trata de rechazar el debate, sino de no regalar el terreno. No se trata de censurar, sino de desenmascarar. Y no se trata de atacar a quien participa desde la honestidad, sino de denunciar la arquitectura que permite al adversario disfrazarse de moderado.
La defensa del proyecto socialista exige inteligencia, sutileza y coraje. Y también exige no olvidar que en política, como en la dramaturgia, el escenario nunca es neutral. A veces, incluso el monólogo mejor interpretado puede terminar legitimando la obra equivocada.
A veces, participar no es dialogar, sino validar. Y validar al adversario en su terreno, con sus reglas, es ceder una batalla más en esta guerra prolongada por la conciencia de los pueblos.
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Estimado Carlos González, no tengo el honor de conocerlo. A Israel sí, es un creador con ideas profundas y valientes, admirado y respetado. Lo he leído con atención, ya que cita a los clásicos, le recomiendo repasar “la enfermedad infantil del izquierdismo”, de Lenin y contextualizarlo sin “soslayar el terreno donde se produce el intercambio”.
En líneas generales, concuerdo con lo expuesto por el comentarista y reconozco el peligro de validar los medios y los espacios de la contrarrevolución, pero también pienso que eludir la confrontación, negar la entrevista, dejar de reconocer realidades, etc, también favorece a la contrarrevolución, porque nos hace ver a los revolucionarios incapaces de reconocer que ninguna obra humana es perfecta, que estamos ciegos, que no queremos ver o, lo que es peor, que estamos tratando de tapar el sol con un dedo y de imponer una realidad imaginaria o virtual.
La discusión entre dispares es muy complicada y casi siempre el que invita a la confrontación va a llevar las de ganar, tanto porque aceptemos el combate, como si negamos el enfrentamiento.
En fin, pienso que el tema en cuestión es muy complicado y tiene muchas, pero muchas aristas.
Hola!
Comparto su opinión!
Saludos desde Guantánamo!
Muy claro el artículo, que hubiera hecho Martí si los españoles le hubieran pedido discutir el proyecto de libertad para Cuba para desde el otro lado justificar la colonia en un intercambio de ideas, tampoco lo hubiera hecho Guiteras.
seguro que Marti hubiese defendido dignamente y a toda costa nuestro proyecto de independencia y soberania en un debate con los españoles y hubiese desmontado cada uno de los argumentos coloniales para mantenernos sumisos..Como mismo lo hizo en cada uno de los discursos que dio, en cualquiera de las tribunas donde participó en Cuba y en el Extranjero. Sino se dio ese debate es porque los colonialistas sabían que no podían igualar la altura ética de los ideales d e nuestra revolución mambisa, y mucho menos los principios incorruptibles de Marti
Creo importante desenmascarar las intenciones de las plataformas digitales, como hace este artículo, creo necesario eliminar la inocencia en política, creo que tenemos que prepararnos para ejercer con responsabilidad nuestro criterio...pero creo también que el combate se realiza en todos los terrenos ( aunque escoger y preparar el terreno para el combate es un factor de garantía de victoria), Freire dejó claro que "Espacio que dejes, lo ocupa el enemigo" y Fidel nos enseñó que internet parece estar echo para nuestra lucha, aceptar el reto y vencerlo es valentía, denunciar la intención del escenario es necesario.
Muy interesante el artículo.Sólo un detalle: nuestro Comandante en Jefe concedió miles de entrevistas,muchas a personas o medios no identificados con la Revolución ¿Acaso estaba validando esos medios ó estaba dando a conocer las posiciones y pricipos de la Revolución?
estoy de acuerdo con este articulo...pero tambien estoy de acuerdo con ISRAEL....y si hubiera muchos Israel Rojas debatiendo en cada espacio subersivo que quieren montar y dando su criterio propio, cubano, revolucionario...con matices .. Desafortunadamente no tenemos suficientes escenarios propios, mucho menos que trasciendan el estrecho de la florida o el mar caribe; no nos queda de otra que luchar en el escenario del enemigo , enemigo no solo de la revolución sino del país entero. Preparemos entonces a toda la nación para esa guerra de pensamientos a la que llamó Martí y sobre todo respaldemos a los abanderados de esa guerra. Recuerdo batallas mediaticas muy bien montadas por los grandes enemigos de nuestra revolución que fueron desarticuladas y de las cuales salimos con contundentes victorias, Fidel , Alarcon, Edmundo ......incluso si la victoria no fue evidente o si el resultado no nos favoreció, el simple hecho de no rehuir de la pelea, de dar la cara es un hecho patriótico y una victoria a largo plazo...en nuestra historia tuvimos muchos fracasos y descalabros pero este pueblo supo sobreponerse , aprender las lecciones e intensificar su lucha hasta la victoria.
Cierto es que estos espacios tienen una dudosa independencia editorial, pero también es cierto que el silencio y la ocultación edulcorada en nuestra prensa de los temas que a diario conversamos los cubanos, son una de las principales causas de que seguimiento a estos medios este creciendo en el pueblo. Los periodistas cubanos parecen "maniatados" a pesar de haber tanta gente brillante en esos medios, en alguna medida son cómplices del silencio y la falta de suficiente abordaje y análisis de la cotidianidad. Somos nosotros los que con ese silencio dejamos espacio a los odiadores para ganar seguidores en el cubano común. Hasta que no se produzca el cambio en nuestra prensa y más aún, en la comunicación política del país, liderada por el partido, seguiremos a la defensiva en esta batalla. Fidel fue un ejemplo. Cuando había problemas no salía de la mesa redonda, explicando, hablando, convenciendo, aportando información. Pareciera a veces que tenemos miedo al debate y la exposición transparente de los hechos y su explicación. El presidente lo tiene claro. Lo ha en hablado innumerables ocasiones, pero uno de los problemas que estamos teniendo es el espacio agrandado entre el discurso y la accion. Mucha convocatoria pero muy poco actuar visible y sobre todo con resultados. El otro es el tiempo. Nos falta impaciencia, una impaciencia que movilice todos los días, que no de espacio al descanso, que no demore tanto el abordaje de problemas que solo pareciera que se ven cada 6 meses en un parlamento que todavía no debate como quiere el pueblo. Y por supuesto la prensa, esa asignatura pendiente por años que no acaba de honrar plenamente a Martí en algunas de sus definiciones sobre el medio:
La prensa es un vigía que lo desentierra todo. El desinterés del periodista es esencial. Aflige cobrar por lo que se piensa. Y más si cuando se piensa, se ama.
La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante. Es proposición. Estudio. Examen y consejo”.
Preguntas para Cubadebate
¿Qué necesidad tiene Cuba de que un periodista extranjero venga a hablar aquí de nuestra realidad?
¿No hubo ninguno de los buenísimos nuestros que aceptara la misión? O les pareció que no resulta ofensiva a nuestra dignidad nacional publicar eso?
¿Creyeron que tendría más fuerza si lo hacía alguien de afuera?
¿Dónde están los medios cubanos donde se puede hablar a camisa quitada de nuestros problemas? ¿Dónde está la apertura mediática a que artistas e intelectuales pongan sobre la mesa con valentía, honestidad y compromiso, cuestiones que son voz populi y que simplemente no tienen espacio para expresarse ni para la confrontación saludable con representantes del de instituciones y del gobierno?
¿No les parece obtuso sostener firmemente como única verdad que hablar en un medio "considerado enemigo" nos hace daño? ¿ En qué nos daña hablar en ese medio, con una postura revolucionaria? ¿No creen que es un referente de la posibilidad de diálogo sin renunciar a nuestros principios?
Buenos días, leí primero este artículo y luego accedí a la entrevista. El artículo es interesante, llama al debate, a la reflexión, pero me quedo, no con la entrevista, sino con la reflexión siempre honesta, humana y firme de Israel. El terreno de la entrevista, me resulta muy insignificante, me importa el contenido de las respuestas de Israel, a pesar de las claras intenciones de la periodista. A cuántas entrevistas no accedió Fidel? Me llama la atención q Cubadebate no exprese una opinión directa, clara, precisa en relación a la entrevista y utilice al amigo asturiano, con el no tengo nada en contra, pero para ser sincero, prefiero opiniones del patio. No tengo dudas, a pesar de mí limitada información sobre la Joven Cuba, de sus propósitos, incluso del posible origen de financiamiento, repito, prefiero o mejor dicho, espero a los medios oficiales en relación a toda la informacion q maneja el amigo asturiano. No obstante, cualquier medio, financiado por quien sea, donde se pueda expresar con valentía y honestidad, cómo pensamos los cubanos, bienvenido sea. Q aprenda Cubadebate, q utilice mejor sus ingresos de promoción al capital privado. Gracias y gracias a Israel.
De acuerdo Ernesto con lo escrito por ud. Ya hoy hay un Chapeando hablando sobre todo esro
Saludos
Que significa al final del 5to párrafo?:será un acto con consecuencias .
A mi me pareció que Israel Rojas dio serias y consecuentes respuestas ,en correspondencia con su vida y nuestras realidades y siempre al lado de la revolución. De hecho, me pareció un acto evolucionado, mas que revolucionario.
Cuantas veces Fidel concedió entrevistas a diferentes medios ,simpatizantes o no ?Incluso se le vio contestando en inglés muchas de las respuestas?.
Por que la prensa oficialista no se renueva y se hace mas audaz?.
No es demeritar a unos que nos hacemos más inteligentes. Es tendiendo puentes entre las diferencias que se hacen los logros y se defiende mejor uno o varios propósitos. Mi parecer, deja ver a un Israel Rojas muy inteligente, muy resiliente y muy revolucionario .
Son momentos de unión, ya hay mucho descontento para seguir tejiendo odios.
Solo una vez Fidel renunció a una entrevista y fue cuando Oriana Fallaci cometió el error de decirle en un avión a un destacado periodista argentino muy vinculado a Cuba que Fidel era como Mussolini. La actual Loba Feroz Maria Elvira Salazar entrevistó a Fidel y como ella muchos más con la peor de las intenciones y ninguno pudo decir que Fidel se acobardó por el lugar, la posición política del entrevistador o por el debate mismo.
Israel es un músico consecuente con los tiempos, con una posición verdaderamente revolucionaria y valiente y sin dudas el más denostado de los cantautores cubanos contemporáneos por la contrarrevolución.
Si yo fuera el director de un medio de prensa cubano y revolucionario no le permitiría a ningún extranjero que se dice afín y solidario con Cuba a cuestionar la decisión de un cubano a defender su criterio publicando un artículo como este donde la única consecuencia percibida por el pueblo lector es que no se aprueba oficialmente que el debate en cualquier campo sea decidido y hecho libremente por quienes estamos de este lado.
Las verdades hay que defenderlas y esto se hace frente a todo el que quiera escuchar.
Carlos, todo lo contrario Israel lo que hizo fue mostrar la verdadera esencia de La Joven Cuba, legitimizando que no son pares, ni alternativa y al verdadero revolucionario, hombre que hace por su pueblo todos los días apesar de las dificultades. Nos mostró a todos lo que es tener fe en sus principios, defenderlos y no temer a sentarse a esa mesa y con honestidad y valentía defender el proyecto de vida en que cree. Ir al terreno que ellos han creado para el engaño y ganarle la partida no con discursos ni eslogan aprendidos sino, con la realidad de los que en este país a pesar de las agresiones externas, la burocracia, la corrupción, el abuso de poder, siguen dando la batalla, pues creen en los principios nobles de un proyecto revolucionario, es de valientes. Los de la Joven Cuba nunca van a tener la valentía de ir a una mesa redonda si los invitaran, pues entonces no se puede dejar pasar la oportunidad de ir a su cubil, sin miedos con la certeza de que nuestra trinchera de ideas valen más que todas sus artimañas por deslegitimar nuestro proyecto de vida revolucionario.
No temió Raúl Castro cuando se sentó con Obama y cuando lo recibió acá en Cuba, mostrando que cuando estamos seguros de lo que somos y de lo que defendemos estamos dispuesto a echar la batalla en cualquier terreno con la convicción en la victoria
Muy buen programa de la JC y mi total apoyo.
Como lo veo, LJC lo que tiene de "novedoso" con otras plataformas creadas con el mismo objetivo es la manera de presentarse, quien representa al canal y a sus patrocinadores. Ciertamente la entrevistadora no es agresiva y muestra inteligencia, e intencionalidad, al presentar sus preguntas desde diferentes ángulos buscando provocar la tan anhelada crítica que enfrente al entrevistado con el gobierno cubano. Para ser igual a la mayoría de las plataformas contrarrevolucionarias solo le faltó la chusmería.
No coincido con quienes buscan punto de comparación entre las fuentes de financiamientos de plataformas como LJC y la de los movimientos revolucionarios cubanos, desde las guerras de independencia hasta el triunfo de la Revolución en 1959. El dinero con el que se nutren los primeros proviene del gobierno de los EEUU, a través de la CIA, y a través de "ONGs", o directamente gobiernos de terceros países (estando tanto el noruego, como el polaco et al., entre los más festinadamente prestados para ese aquelarre). Los fondos para nuestras luchas independentistas no colectaron ni un solo peso de gobierno alguno, (menos aun de los EEUU, quien en su momento apoyaba a Batista, (como hoy apoya a Netanyahu en su genocidio), ni de ninguna otra antigua metrópolis venida a menos). Los pesos duramente colectados en el exterior para nuestras tropas mambisas y para el Ejército Rebelde fueron obtenidos de gente del pueblo, estadounidense, borriqueño, mexicano, entre otros, con el duro sacrificio de hombres y mujeres que, como Martí durante la epopeya mambisa y los jóvenes del M-26-7 se jugaron la vida misma para hacer que eso dineros se convirtieran en armas para la lucha. En fin, dos orígenes absolutamente distintos.
Por supuesto que, (como una muestra más de las libertades de los cubanos), Israel Rojas fue por su propia voluntad a esa "conversación de sobremesa con una taza de café por medio". Las "comillas" son por que no fue una tal conversación, fue una entrevista donde Israel vertió sus razones para ser quien es, un revolucionario y cubanazo identificado con su país y su gobierno sin dejar de ser crítico proactivo, (muy importante lo de proactivo), con nuestras deficiencias y reconocedor de la grandeza de nuestros logros, (sin comillas esos logros pues el solo hecho de aun existir como nación independiente es un inmenso logro que no pocas ex potencias dominantes de la vieja, culta y prostituida Europa pueden ostentar)
Si nos atenemos a lo recomendado por el Che, "al imperialismo, ni tantito así, nada!" el llamado de alguno a ser un poco más "tolerante" y menos "incisivo", tendremos que obviarlo por el momento. Al menos hasta que quienes nos quieren ver de vuelta al pasado, (en una dimensión mucho más oscura y despiadada), nos den muestras de un real cambio de actuación con relación a nuestro país, nuestro pueblo y el tipo de sociedad elegida.
Si algo le fuese a señalar al actuar de Israel en esa entrevista, sería no haber sido también un poco incisivo en sus respuesta, he intencionar declaraciones de principios a su entrevistadora. Siempre que él dejaba una denuncia contra las agresiones del EEUU contra Cuba, ella pasaba a otra pregunta, o la misma desde otra arista, sin dejar su opinión sobre lo planteado por Israel.
Entiendo a quienes ven como señal de peligro el dar el más mínimo reconocimiento de posición a quienes trabajan para el beneficio de gobiernos contrarios a nuestro sistema, la historia avala como más que justificado el recelo pero, tampoco veo mal que personas con los principios morales y las herramientas culturales suficientes se muestren dando la pelea justo en el terreno que el contrario, (porque son contrarios de eso que no se dude), preparó para “emboscarnos”. La cultura política de Israel Rojas se mostró más que suficiente para ese “enfrentamiento”, (que también lo fue). Como ya se comentó anteriormente, Fidel no reusó al enfrentamiento de ideas en ningún terreno.
Por último, esta entrevista de LJC a Israel Rojas me recordó la que hace unos años vi en un video que le hiso una muy agresiva (y chusma) Maria Elvira Salazar a Edmundo García, expresentador de la Televisión Cubana y emigrado en EEUU, que demostró con creses como la condición de emigrado no está necesariamente en confrontación con ser buen patriota, convirtiendo un escenario montado para atacar a Cuba en la oportunidad de desarmar toda la parafernalia sobre la que se ha instalado toda la guerra mediática contra Cuba, (como lo intenta ahora esta antítesis de la original La Joven Cuba de Guiteras). Recomiendo ver esa entrevista, (no apta para personas en extremo sensibles por lo próxima que estuvo Maria Elvira a que se le estallara la carótida).
Me parece que hacer de la presentación de Israel este comentario, es simplista y oportunista, las entrevistas a Carranza, Omar Everleny y Fabián, fueron mucho mejores y sus posiciones igual de claras en defensa del proyecto social cubano. Lo que se evidencia más allá de su financiamiento y fin de este medio, es la carencia de una comunicación política que este país necesita, y esta no se puede pensar ni hacer desde lo monolitico, en un país extremadamente dividido y polarizado, acaso la comunicación política que se hace en Cuba representa a todos los sectores políticos de este país? Qué papel juega la prensa, el periodismo y la comunicación social y política en Cuba, a quién responde y a quién dice representar?
Yo creo que cada persona tiene el derecho a debatir y exponer sus ideas en cualquier escenario. Expresar sus ideas, aunque no sean afines para mí, es sinónimo de libertad, derecho, pluralidad, diversidad y democracia. Claro está, siempre que sea de forma civilizada. Cuba ha perdido estos espacios; actualmente, en los medios públicos se hacen debates con ideas afines, y criticamos a los medios alternativos porque ya sabemos que independiente no es nadie: alguien tiene que pagar. El gobierno paga a los oficialistas, y el financiamiento externo sostiene a los alternativos. Sobre todo cuando actualmente no existe un lugar donde se pueda expresar nuestro pensar más allá de la puerta de nuestra casa, entre familia y amigos. Pero no por eso hay que denostar el pensamiento crítico de los demás cuando no nos gusta, sino que nos tiene que servir para ser mejores, aunque nos duela. El otro problema que veo es meter a todos los cubanos que piensan distinto en un mismo saco. Y aquí hago una pregunta: ¿Los ocho millones de cubanos tenemos que pensar igual? ¿Deben ser rechazados o increpados los que piensan distinto bajo la condición de que apoyan al Imperio yanqui y el anexionismo? En Cuba hay inquietudes verdaderas, nacidas de los propios fallos de la Revolución, de desilusiones, de sueños no alcanzados, de necesidades no cubiertas y, sí, también de pobreza. Digo esto como joven cubano: yo deseo una Cuba más abierta, más libre, más plural e independiente, donde todos los cubanos puedan alzar su voz.
Respeto otras opiniones, pero me pregunto: ¿Podemos inocentemente pensar en la buena fe del espacio cuando a todas luces se nota que está francamente dirigido a desmontar el proyecto revolucionario cubano y se abstiene de siquiera rozar la perfidia de su enemigo principal y los daños que nos ha ocasionado? Debatir no es el problema. Esta lucha ideológica transita por el cruce de visiones. No podemos encerrarnos en una bola de cristal. Es una guerra de pensamientos, como avisoró José Martí, lo que sucede es que esa guerra debe hacerse bien. No considero que el articulista haya cargado sobre el hecho de que Israel Rojas accedió a comparecer en el, para mí ilegítimo espacio. En lo personal estimo que ello ofrece dividendos a sus gestores pero también a los patriotas cubanos por cuanto podemos emplearlo para fortalecer la defensa de la Revolución, por mucho más sólida que las bases de esta gente. La naturaleza contrarrevolucionaria de La Sobremesa queda expuesta en cada transmisión, eso se ve sin la necesidad de mucho esfuerzo. Saquémosle provecho comunicacional e ideológico. El espíritu de la verdadera Joven Cuba, esa que nos legó Guiteras y se consagró para siempre en El Morrillo, está junto a nosotros. ¡Viva Cuba Libre, revolucionaria y socialista!
Asi es como Cuba debate? Desde Asturias? EPD al espíritu crítico. El debate en tiempos de redes no puede ser igual al de los tiempos de Gramsci. Los bomberos no se pisan la manguera. Cambio y fuera.
No voy a entrar en el tema de la entre vista solo voy a decir el cuestionamiento del medio donde se hizo este artículo cuestiona que el medio ma joven cuba medio que por cierto me entero ahora que existe no es independiente dejando entrever que trabaja para el enemigo el enemigo el enemigo
Acaso la prensa del estado cubano es independiente por favor es más la prensa cubana deja mucho que desear hasta como prensa porque toca solamente las cosa que le dejan tocar y muchas veces el papel a leer o publicar vienen de arriba así que cuando el tejado es de vidrio hay cosas que es mejor ni mencionar
Creo que Israel Rojas estuvo acertado en aceptar el reto. Hizo reconocer a la entrevistadora la existencia del asedio de USA a nuestro país, Eso no es poca cosa .
Totalmente pero Cubadebate no es capaz de apreciar todo lo que Israel abordó cultural y politicamente., defendiendo su posición siempre.
La condición necesaria para la existencia de los extremistas es atizar el fuego en el centro no se conciben extremistas sin una sociedad polarizada, de hecho, los extremos son los que proveen a sus adversarios, sus argumentos el ejemplo más elocuente en este momento en el mundo es Donald Trump
La cuestión no es ni será arremeter contra quien piense o tenga una opinión diferente es solo aclarar los conceptos y entender que en política nada es casual, no podemos olvidar quién es nuestro enemigo y cuáles son sus pretensiones.
El autor del artículo toma partido- está bien que lo haga, es su derecho- y expone sus criterios, opiniones y convicciones. Puede tener el ciento por ciento de razón. O puede que no. Supongo que, dada la sagacidad que lo caracteriza, amen de su inteligencia y sólida formación, Israel comprenda la esencia del artículo y sus objetivos y a lo mejor hasta quiera dialogar con él, sin que ello derive en una confrontación entre defensores del proyecto social de Cuba. Nadie tiene que ofenderse. Se ofenden, seguramente, quienes no comparten todos los argumentos defendidos por el líder de Buena Fe y, sobre todo, todos los abordados por el autor del artículo. Esos sí tienen un problema. A quienes, cada uno desde su posición y posibilidades, apoyaron, apoyan y apoyarán el derecho y el deber de Cuba a existir, ser soberana, trabajar por el socialismo, por una sociedad más justa, Con todos y para el bien de todos, y a defenderse con uñas y dientes frente a tanta agresión armada, comercial, económica, financiera, ideológica, mediática, nos corresponde escucharlos, leerlos, analizarlos y aunar esfuerzos, estrechar el círculo, tomarnos de las manos y empeñarnos siempre a fondo en defender el legado de esta Revolución que comenzó en octubre de 1868, continuó bajo la égida de Martí y tuvo la conducción de Fidel, a quien prometimos abrumadoramente ser fieles a su legado y a su incansable lucha por una Patria socialista y a un mundo mejor que, como él mismo sentenció, ¡es posible! Por esa Cuba que queremos: ¡oídos sordos a los cantos de sirena y a los falsos profetas!
Creo que Israel Rojas estuvo soberbio y aunque opino que La Joven Cuba pide ser una plataforma más de los enemigos creó que al difundir a Israel para aparentar ser cool y abierta, nos hizo un gran favor
Otros sitios de nuestro combate ideológico debieran superar a La Joven Cuba con mostrar más a quienes defienden a Cuba.
Perdone la franqueza criolla: no joroben con La Joven Cuna y hagan más.
Si participar es validar esa plataforma, habrá que criticar a quienes participan ¿ verdad, o no?
El artículo no es tan malo, si fuera parte de un ecosistema habitual de periodismo crítico, aunque deja ver alguna pifia en el camino. Lo grave, a mi modo de ver, es que parte de una premisa que no es solo errónea, también es peligrosa; ese supuesto anquilosado de que un artista o ciudadano solo debe opinar en espacios propios acotados es una de las peores limitaciones conceptuales de cualquier pensamiento transformador.
Estoy muy de acuerdo ...al imperialismo, ni un tantito así. Y eso hizo sin temor a equivocarme Israel Rojas, les dejó claro quien es el enemigo, les dejó claro cual es su postura, siempre lo ha dejado claro, siempre ha sido una persona convencida de lo que quiere y ama, de su posición política, no por gusto el enemigo le hace las cosas que le hace, hay que ver como ha revuelto a los odiadores de nuestro país, escritos como estos:..... fue una expresión pública de su indiscutible apoyo al régimen cubano, y otros muchos más, también no faltaron quienes quisieron manipular sus respuestas, pero de esos ya estamos acostumbrados. Entonces, particularmente yo considero que el objetivo fue cumplido.
Considero admás, y es mi opinión muy personal, que estuvo muy bien por Israel, tuvo mucha valentía, mucho coraje y mucha ecuanimidad, no se dejó provocar y dejó todo muy claro.
Recordemos como nuestro Comandante con mucho valor, con mucha valentía política y firmeza enfrentaba a estos tipos de entrevistas, nunca tuvo miedo, al contrario, las aprovechaba para demostrarle al mundo quien era Cuba, y cual era nuestro proyecto, a eso nos enseñó nuestro Fidel, recuerdo no una, varias las entrevistas que le hicieron, donde hasta se burlaba de la interlocutora y con la inteligencia que lo caracterizaba llegaba a informar al mundo lo que realmente quería. Ejemplo varios puedo poner de interlocutoras pagadas por el imperio, entrevistaron al Comandante y el nunca tuvo miedo, esas son sus enseñanzas
Pienso que Israel tomó la oportunidad, la aprovechó y la condujo muy bien, lo felicito. Como lo felicité cuando en España enfrentó al enemigo con mucha valentía y no vaciló en seguir defendiendo nuestro proyecto revolucionario.
Y termino haciendo una observación, un artículo como este a los que muchos tienen acceso, incluso el enemigo, nuestros odiadores, no solo destruye una imagen, destruye la unidad, en el peor de los casos que Israel se haya equivocado, que no lo considero así, no era la vía de dejárselo ver, además de que esto es un criterio de un periodista con una visión que puede o no estar equivocada.
No hay por qué temer al enemigo en su propio escenario. Israel está bien definido de lo que es y lo que defiende. Temer a LJC es huir a la confrontación. Israel se mostró como un joven revolucionario que defiende nuestro proyecto social que no se defiende callando, sino, luchando como lo hizo él.
El "adversario" solamente hace las preguntas, las respuestas son la opinión del entrevistado. Eso, es lo que importa. Cualquiera puede preguntar. Sólo las respuestas pueden brindar luces al que las necesita.
Mi pregunta es: ¿Y por qué no una "SOBRE MESA" (entre comillas y no por gusto) desde un Periodismo de Investigación en nuestros medios o desde dentro, quizás desde CUBADEBATE, será que podrá ser?