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Turquía y su “fútbol sudamericano”

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Fatih Terim. Foto: El Tiempo

(Con la colaboración de Alejandro Parra)

Dicen los que saben que el fútbol turco desprende una fragancia contagiosa. Lejos de los principales focos mediáticos, de la asfixiante liturgia televisiva y el clamor popular, en suelo otomano todavía quedan atisbos del balompié de antes, de esa conjunción indispensable entre hinchas y jugadores, de la vehemencia sudamericana extrapolada a los estadios de la vieja Constantinopla. En efecto, no en vano cuando la música de la Champions resuena allí, opacada por los decibelios de la gente, muchos recuerdan al instante que una visita a Estambul es, deportivamente hablando, un peligroso viaje al infierno.

También recuerdan los nostálgicos aquella selección que en la Eurocopa de 2008 encantó con su juego pasional, tan intenso como su máximo estandarte, el entrenador Fatih Terim, cuyo espíritu bravo ha guiado por años los hilos del fútbol en Turquía.

Y para aderezar aún más esa imagen tan “uruguaya”, de lucha por encima de talento, o de ambas unidas, esta temporada la Liga local se ha vuelto loca, con la irrupción en la élite de la tabla de equipos a priori pequeños y la debacle de clubes con un historial importante en el certamen doméstico.

Bastaría con percibir el abrazo en la cima entre Trabzonspor y Basaksehir a 53 puntos. Los primeros son un conjunto histórico de la liga turca, acaso uno de los más resistentes al dominio de los clubes radicados en Estambul, con una importante hinchada en la zona del Mar Negro. El Basaksehir, por su parte, es una entidad ligada al gobierno y las clases políticas dominantes, aunque posee una masa de aficionados bastante pequeña. Este año ha logrado consolidar una plantilla en la que juegan, entre otros, el francés Gael Clichy, el eslovaco Martin Skrtel, el holandés Eljero Elia, el senegalés Demba Ba, Arda Turan y nada más y nada menos que Robinho. Una serie de nombres nada despreciable.

Tras 26 jornadas disputadas completan las posiciones europeas, que en Turquía son los cuatro primeros clasificados, el Galatasaray, con 50 unidades y que no necesita mucha presentación por constituir un habitual en las máximas competiciones continentales año tras año, mientras en la cuarta posición marcha el Sivasspor, la gran sorpresa del campeonato y el “equipo de los campesinos”, de la clase obrera, con toda una ciudad (Sivas) detrás y el cartel simbólico de club del pueblo.

Renegados al quinto y séptimo lugares están el Besiktas y el Fenerbahce, en ese orden,  para completar la parte más asombrosa de la tabla y demostrar que actualmente, pese a diversas ayudas, sobre todo económicas, los grandes no viven un momento feliz. La crisis que afecta a los que siempre se han repartido el título, le impregna un matiz romántico al torneo.

Pero más allá de los factores competitivos, el principal rasgo de la Liga Turca, el que atrae a miles de fanáticos cada fin de semana y la hace especial, es la esencia de un fútbol poco vistoso, pero con muchísima garra, con la concepción táctica de luchar cada balón, de priorizar los duelos individuales y las segundas jugadas y nunca, nunca jamás darse por vencidos. La teoría de que el Cholo Simeone, por sus características como técnico, podría triunfar con un once de uruguayos y turcos, parece más real que ficticia.

En Turquía, aunque suene hiperbólico, el fútbol sí se vive de forma diferente. Otro rasgo distintivo es el apoyo a los soldados del país (con saludo militar en los inicios de algunos partidos) y las sorpresas habituales en la ventana de fichajes, que suele traer a buenos jugadores para disputar los últimos años de su carrera. Este año, para beneplácito de sus fieles seguidores, además del fragor habitual dentro de los terrenos de juego, se suma la paridad entre clubes importantes y clubes chicos, entre aficiones acostumbradas a ganar y otras acostumbradas a sufrir.

Es fútbol, en su significado más puro, y cada jornada también es una historia de lucha extradeportiva. Ahora descansa forzosamente y el infierno de Estambul, tan ruidoso los días de partido, aguarda paciente y en silencio el regreso de sus hinchas.

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Eduardo Grenier Rodríguez

Eduardo Grenier Rodríguez

Estudiante de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

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