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Lo que me cuenta mi padre

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Bandera y Palma Real en el Cementerio de Santa Ifigenia. Foto: Marcelino Vázquez Hernández / ACN / Cubadebate

Mi padre tiene 81 años. Él dice 81 y medio porque en junio cumplirá 82. Mi padre era un niño del campo. Su padre era desmochador de palmas y un día se cayó de una palma y murió. Mi padre tenía 9 años. Era el mayor de 5 hermanos en una escalera de desamparo a partir de ese día. Pero un amigo de la familia que tenía una finca le dijo aquel día triste del entierro de mi abuelo Amado, que tenía trabajo a su disposición para que sus hermanitos no pasaran hambre.
Mi padre me cuenta que al día siguiente estaba en pie a las 4 de la madrugada y fue para el campo a trabajar. Al mediodía llevaba almuerzos al campo... caminaba 6, 8 km. En las tardes vendía agua... en un palo largo colgaba las latas y las llevaba del pozo a las casas campesinas... A la vez, iba a la escuela cuando podía... cursaba varios grados al mismo tiempo...

Después vino el ciclón del 44 y se cayó la escuelita. Nunca nadie fue a arreglarla y entonces un campesino bueno prestó su casa de tabacos para que la escuela funcionara, pero un día la necesitó y se acabó la escuela. De todas formas, del municipio un día fueron a examinarlos. Mi padre hizo las pruebas de 5to y 6to grados. Y aprobó con 100 cada una. Cada día llevaba a casa lo que podía: ayudar a su mamá, mi abuela Lucía, y alimentar a tantas bocas era su sueño. No se podía aspirar a más.

Mi padre me cuenta que cuando triunfó la Revolución y empezaron las campañas de que si aquello era comunismo o no, su abuelo canario, mi bisabuelo Secundino, le dijo: Oye mijo... yo no sé si es comunismo o no. Pero si comunismo es todo esto que están haciendo, ¡pues yo estoy con esto!

Mi padre se incorporó a la Revolución, hizo muchas cosas, estudió en la Facultad Obrero Campesina y se jubiló hace un año solamente porque mi madre tiene Alzheimer y ahora él la cuida y la acompaña.

Mi padre siempre dice que si él hubiera nacido en la Revolución hubiera sido médico. Uno de mis hermanos lo es.

Para mi padre la Revolución es intocable y por duras que sean las circunstancias él siempre tiene una solucion original.

A menudo habla de su infancia... y yo lo escucho con emoción. Sin palabras inventadas para impresionar, mi padre habla de una Cuba que yo no conocí, ni mi hijo. Y cuando él habla yo pienso en esta Cuba. Y entiendo... y de él aprendí que para mí también la Revolución es intocable... en mi tiempo, en mis batallas, en mis empeños... pero sin ninguna escalera de desesperanza como aquella en la que mi padre creció, sin más porvenir que ese que se hizo cierto el 1ro de enero de 1959. ¡Por eso cuenta conmigo siempre Revolución Cubana!

Se han publicado 105 comentarios



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  • jovensSOY dijo:

    Gracias cuba debate por esta sección creo que es muy necesario para que no se pierda la memoria y resaltar cada día los logra de la Revolución .Hoy tengo 28 años y también creci con las historias de mis abuelos como cuando los mercenarios intentaron invadir nos por Punta de Silencio en Maisi Guantanamo lugar de donde soy y quizás muchos no conozcan,nueva mente gracias a cuba debate y ojala muchos jóvenes de mi edad lean estos artículos.YO VOTO SI.
    VIVA LA HISTORIA
    VIVA CUBA

  • Lira dijo:

    Mi madre nacida en el 53 me cuenta muchas historias de aquellos tiempos difíciles q le tocaron vivir, ella es nacida en Baracoa,Guantánamo en una familia humilde y honrada de 10 tíos y 6 hermanos. Una de las historia q más me conmueve es cuando en cualquier día de cualquier mes pasaban los rebeldes avisando q tenían que esconderse porque iban a bombardear y tenían acostarse debajo del suelo de madera todos los q estubietan en casa y comer arroz blanco acostados hasta q aquello terminaba. Hoy tengo 34 años y soy altamente revolucionaria porque mi madre me contó todas estas historias que me trasladaron en el tiempo y me ayudaron a entender, valorar y querer más a mi revolución.

  • Mimi dijo:

    Completamente de acuerdo con el comentario del Prof. Dr. C. Alfredo Pita Hernández.

  • Orlando dijo:

    Quemadura por café.
    Me contaba mi padre, que corrían años muy duros de la década del 50 por los campos de Cuba. Con mucha suerte se encontraba trabajo en el central Algodones del Municipal Majagua.
    Para un joven que provenía de una familia en extrema pobreza, era todo un lujo tener trabajo permanente en los pozos de petróleo de Campo Hatuey, muy cercanos a la casa, y escapar del tiempo muerto de los trabajadores del central.
    Me dice que en una fría madrugada, hicieron un fuego para calentarse, y uno de ellos puso en una lata a hervir un poco de agua para colar un café. Cuando estaban a punto de la colada, llego el capataz y al verlos en torno al fuego, de la manera más violenta, arremetió, pateando la lata, derramando el agua y apagando el fuego.
    ¡A trabajar, animales, que yo no les pago para calentarse, ni para que tomen café! Fueron sus palabras. Ante las expresiones de mi cara, en espera de que me terminara el cuento, me dice que ya, que se acabó. Yo lleno de indignación le pregunto que si no hicieron nada. Me responde con una pregunta: ¿nada, como qué? Bueno nada como cogerlo y meterlo dentro de la lata y hervirlo, por fresco, fala de respeto, por el mal trato.
    Me respondió con una sonrisa, y me dijo: Jovencito, guarda esa arrogancia y esos impulsos, que ni tú eres más hombre, ni más valiente que ninguno de los que estábamos allí. Ese era el momento de sentir que nos quemaba por dentro el agua del café. Muchos de los que nos quedamos con frio y con hambre esa noche, nos incorporamos a la Sierra, a la lucha contra bandidos, a la campaña de alfabetización y le arrebatamos el petróleo, el agua y el café.
    Con tanto respeto, como con tanta admiración le pedí mis disculpas, con toda la gratitud para aquellos que sufrieron tantas penurias y que sacrificaron tanto, al precio de sus vidas, para que hoy pudiéramos disfrutar de todo lo que tenemos, le manifesté hasta mi sana envidia por no haber vivido en tiempos de tanta gloria.
    Concluyó mi padre con otra enseñanza: No creas que no tendrás tu tiempo, tus misiones y tus batallas. Primero para que nadie, nunca más, les arrebate el agua, el petróleo, ni el café, y para que además, puedan conquistar y disfrutar de todas las cosas lindas que les depare el futuro.
    Dr. Orlando Jiménez Martin

  • ama dijo:

    Mi hermana Niurka ya hizo lo que iba a contar yo, sobre mi padre, el que aún nos guía con su moral y ejemplo, solo agregar que sus tres hijas son profesionales, ella medico, la más pequeña graduada de química y yo Licenciada en Contabilidad y Finanzas, y que además una nieta es médico y dos nietos estudian carreras universitarias. Mi madre, persona humilde y honesta, fiel a mi padre en todo, también ha contribuido a conformar a esta agradecida familia, agradecida de la Revolución , de Fidel y de todos aquellos que hicieron posible que familias humildes antes del 59, después de triunfo se superaran como seres humanos, Maribel, magnífica periodista, mis hermanas y yo entendemos perfectamente la necesidad de agradecer a nuestros padres la gratitud a nuestra revolución que es la misma, cambiando solo lo que deba ser cambiado y sin olvidar el pasado de ellos.

  • Patricia Soler Silva dijo:

    Hay que hablar en las familias de esas historias vivas, para que las nuevas generaciones conozcan que esa realidad no se inventó para dibujarla en los libros, que son parte de lo que somos hoy. Descuidamos pasar esas vivencias a las nuevas generaciones y son realidades que pueden repetirse si no cuidamos esta Revolución que no se hizo con promesas, sino con mucha sangre y mucho trabajo duro, así que con trabajo duro tenemos que mantenerla, porque si no, nos costará mucha sangre nuevamente.

  • Soñador dijo:

    Excelente relato.. mi abuelo paterno era tenerdor de libros en el Central Contramaestre y cuando murió, apenas al día siguiente, un jefe de la compañía le dijo a mi abuela que tenía abandonar su casa del batey del central y mi padre tuvo que salir a buscar donde vivir, mi bauel y dos tías.. en el decursar de los tiempos pudo vivir frente a la Universidad de la Habana, donde los policías de la dictadura, cada vez que había manifestaciones estudiantiles, registraban su casa si piedad ni orden judicial, dejándola revuelta y estropeada.. Por eso para mi, la Revolución es intocable porque sin ella dudo que hubiera sido un profesional y un trabajador digno....

  • Msc. María Cardoso Cárdenas dijo:

    Buenas tardes , en mi caso, tengo pocas y muy malas cosas que contar, mi mamá , nos crió con muchas dificultades, éramos siete hermanos , algunos de padres diferentes, por lo cual pasamos mucho trabajo , carecíamos de muchas cosas , ella era muy buena , solo tenía poco conocimiento , no tenía recursos para ir a la escuela, pero aprendió algo para poder comunicarse , encontró trabajo en el Hospital Materno de Santa Clara, Villa Clara, trabajaba mucho y le pagaban poco, ocupaba una plaza de baja categoría en alquel tiempo se le llamaba así, siempre a pesar del poco nivel cultural que tenía , nos motivó para que estudiáramos y fuéramos independientes económicamente, crecimos , estudiamos en escuelas internas por mucho tiempo, lejos de ella, le agradecemos el rigor del esfuerzo para que lograramos ser alguien en la vida, siempre nos contaba cosas agradables de la revolución , al extremo que siempre crecí con esos principios, a ella me debo , pertenezco al grupo de los agradecidos, he alcanzado nivel superior , por la oportunidad de la revolución, mi sistematicidad ha servido para formar muchas generaciones, a pesar de peinar canas, me mantengo trabajando y pronto con carácter de jubilda me reicorporaré en mi cargo hasta que dios me bendiga, tenga salud y pueda balerme por mis propios medios, admiro a todas las personas , que aún jublida, tengan salud , para servir a la revolución , y puedan contar historias de su famila y de personas , las cuales han servido de paradigmas para sus vidas, culmino con una frase , que en un momento dado escuché pronunciar a Hugo Chávez , no todas las personas tienen la oportuniad de nacer en CUNA DE ORO. Y otra de nuestro Jose Martí, Saber leer es saber andar.

  • Ariadna dijo:

    Muy buena historia que debería ser reproducida en todos los medios. La juventud hoy desconoce la situación real que vivía Cuba antes de 1959. La leccion más importante de este articulo es que la Revolución es intocable.

  • Leidys herrera Perez dijo:

    Lic. Maribel me gustó mucho su publicación, yo soy de esta nueva generación pero como muchos también de abuelos campesinos que al triunfar la revolución pudieron ver a sus hijos estudiar fue una oportunidad para los humildes, mi papa siempre nos educó con las vivencias de su niñez para que le diéramos más valor a las cosas y siento hoy que nos hizo personas más consientes, más humanos; ojalá muchos hoy en esta sociedad pensaran como usted así lograríamos más.n y ahun mas su respuesta al comentario

  • alexander dijo:

    Es cierto que no se puede vivir de la Historia como muchos a veces pretenden y quedarse en lo logrado. Pero mucho menos se puede olvidar la Historia, pues todo aquel que la olvida (y está probado) la repite y de forma más dura. Tenemos ejemplos cerquitica. Argentina, Brasil, Ecuador con el traidor de presidente... A nosotros nos han invitado de todas las formas posibles a olvidar el pasado que nuestros padres, abuelos y bisabuelos en muchos casos nos contaron. A mi en lo particular me molesta cuando cada cinco minutos me sacan el pasado para justificar inmovilismo, pero no es menos cierto que la gente olvida y es bueno recordar para que la Historia no nos la cuenten de afuera (como en muchos países latinoamericanos), ni la tergiversen los que con oscuros propósitos quieren que nos fijemos en desarrollos que sólo disfrutaban unos cuantos y no en los derechos igualados para todos que trajo la revolución.
    Mi familia no fue de las que pasó hambre, pero si sustos. La ropa no era nada abundante. Mi mamá tenía dos ripios de ropa para la semana y un vestidito, que era el menos desgastado, para la misa del domingo. Estuvo a punto de ser casada con un guardia rural para que mejorara su situación. Pero como dijera el Gran Puebla "...en eso llegó Fidel". Y se fue mi madre a alfabetizar y alfabetizarse ella misma, despues fue maestra Macarenco donde conoció a mi padre. Los dos fueron maestros hasta su jubilación. El resto de los 14 hermanos tuvieron la oportunidad de estudiar, pues sólo el segundo era el que lo hacía. Los demás trabajando en el campo desde niños para ayudar a mis abuelos.
    Por su parte, mi padre era hijo de un carpintero que por suerte era dueño de su taller. Aunque tambien trabajó de niño, pudo estudiar algo. Pero cuenta que sus juguetes eran hechos por su padre o los que le prestaban los amiguitos ricos de su barrio. De vez en cuando, su padrino le regalaba juguetes a sus ahijados. Pero era casi más de política que por otra cosa. Las historias serían increibles, pero baste la imagen de un nño corriendo con una caja de cerveza por una ciudad pequeña para llevarla hasta las casas que la pedían a domicilio, por sólo unos centavos. Esos centavos eran para comprar un libro, pues ese lujo se lo daban los que podían.
    Ese es el pasado que no debemos olvidar para no regresar a él. Es lo que tenemos que tener presente como pueblo cada vez que alguien se siente en la Asamblea Nacional, en la silla presidencial o en un ministerio, para que no nos aparezca un Lenin Moreno en Cuba. Por eso es que más que criticar por criticar hay que estudiar la Historia, la Constitución y cada proyecto de ley para que no haya el menor asomo de retroceso en nuestro proyecto de país. Para que la Justicia llegue completamente a Cuba.

  • almagor stein dijo:

    Breve Testimonio de un Revolucionario
    (por Almagor Stein)

    Tengo 75 años, nací, vivo y moriré en mi gloriosa Habana, la capital de todos los cubanos, en especial de los revolucionarios. He vivido muy intensamente estos 60 años de la Revolución, habiendo sido el año1959 uno de los más tensos, felices e inolvidables de mi vida. Luché junto a mis padres en las filas del clandestinaje en una célula del 26 de julio de la Víbora, mi barrio, donde vivían familias decentes, profesores de la Universidad de La Habana, médicos, abogados, dueños de Compañías, de farmacias, pero también vivían concejales, representantes a la Cámara, oficiales de la Policía de Batista, del SIM y el BRAC. Los hijos de todos ellos eran compañeros de estudio míos del colegio H.H. Maristas (hoy “Cepero Bonilla”), otros del Edison, del colegio Nuestra Señora de Lourdes o del Instituto de la Víbora, que estaban enclavados en aquel barrio, muy cercanos los unos de los otros. Era un barrio “tranquilo” hasta que llegó el 1ro. De enero, cuando comenzó la “desbandada” de muchos de aquellos lugareños. Por las noches se veían los movimientos de enormes carros de la época (hoy son almendrones) llenos de maletas que se dirigían raudos y veloces hacie el aeropuerto, hacia Marina Hemigway o Varadero para embarcarse en sus yates hacia Cayo Hueso, Miami y algunos (los más grandes) hacia América Central y Yucatán. Esto mismo sucedía en Miramar, el Nuevo Vedado, el Casino Deportivo, el Biltmore. Algunos se despedían de mi familia sin saber que éramos militantes revolucionaios. Los niños más pequeños se iban llorando porque no querían irse para ningún lado. Algunos de los que se quedaron empezaron a organizar células contrarrevolucionarias clandestinas del MRR, DSR y otras muchas. Una de aquellas celulas, pretendiendo poner una bomba en el cine Alameda (sito en Sta. Catalina y Párraga, a tres cuadras de mi casa) le explotó en las manos al manipularla en el baño de la Academía Nobel (Escuela de Secretariado e Inglés sita en San Mariano y 10 de Octubre) y le ocasionó daños irreparables a su “creadora”, una muchacha rubia muy bonita de 15 años de edad, que por cierto yo conocía pues estudiábamos juntos por la noche en esa escuela. A veces por las noches se oían disparos aislados y ráfagas de ametralladora Thomson que eran los enfrentamientos callejeros entre los mafiosos y contrarrevolucionarios con las fuerzas revolucionarias, que las formábamos los combatientes clandestinos del 26 de julio, o entre los mafiosos entre sí. “Los pases de cuenta” estaban al orden del día entre los mafiosos. Recuerdo una noche, que regresando de la escuela de Secretariado, en la esquina de mi casa (Vista Alegre esq. A Heredia) sentí una ráfaga de Thomson que me obligó a tirarme debajo de un carro. Dos carros Oldsmobile negros ametrallaron la puerta de la casa de un mafioso que vivía en la calle Heredia. Al otro día ví la puerta que parecía un colador. El año 1959 se crearon los primeros grupos de futuros milicianos, y los primeros cursos de “arme y desarme” en el Puente Almendares. Las armas eran las que sacamos de las estaciones de policía, en algunas a tiro limpio, los combatientes de la clandestinidad después del 1ro. De enero. Limpiamos La Habana de esbirros, por eso cuando Fidel llegó a La Habana el 8 de enero la capital era totalmente segura y nuestra.
    Eramos los combatientes clandestinos del 26 de julio de La Habana integrados en el germen de las futuras Milicias Nacionales Revolucionarias. La Habana era un hervidero en todos los barrios, como también lo fue antes del 1ro. De enero de 1959, con la gran diferencia que ahora los dueños de La Habana éramos nosotros, los combatientes clandestinos del 26 de julio con el apoyo del aguerrido, revolucionario e intransigente pueblo capitalino que tanta sangre vertió en la enconada lucha contra Batista. Sin temor a equivocarme, no alcanzarían las calles de La Habana para colocarles el nombre a todas ellas de los cientos de habaneros asesinados por los sátrapas batistianos, torturados en las estaciones de policía, descuartizados y arrojados en los parques por los sicarios del SIM y el BRAC. ¡Honor y Gloria a los valientes combatientes de la clandestinidad!

  • aps dijo:

    yo soy nieta de una envasadora de tomates y un campesino ambos cursaron hasta el cuarto grado y cuya fabrica de tomate era de un americano y en tiempo muerto no tenia trabajo, lo que hacia en ese tiempo ere limpiar casa(ERA CRIADA)por un medio a la semana y me contaba que el señor era carnicero y la ayudaba con la comida para sus hijas pero la mujer preferia darle la comida a los perros que a ella. mi Abuela nacio en 1916 y fallecio en el 1999 cuando yo tenia 15 años de cierta manera ella fue la que me crio porque mi mama trabajaba y eso que cuenta usted MARIBEL es verdad mis tias fueron alfabetizadoras mi mama no porque ella nacio en el1958 pero si hay un millon de cuentos reales para hacer un libro O VARIOS LIBROS de todas las cosas que pasaban las personas antes de 1/1/59 la realidad es que el triunfo de la revolucion fue un giro de 360 grados para todos los cubanos y para que nosostros y las generaciones porsteriores tuvieramos todos los beneficios que tenemos hoy que en cualquier otro pais no es asi. Pero eso no solo hay que contarselo a la juventud hay muchas muchas personas que podian alfabetizar y no lo hicieron como hay tantas que tienen una trayectoria laboral sin haber hecho nada y que son de esa epoca. por todas esas cosas y cumpliendo el LEGADO DE FIDEL A CUBA NO LA TOCA NADIE Y MUCHO MENOS A LA REVOLUCION.

  • Cubana x Siempre dijo:

    Fue mi padre un gran hombre y la persona que más he amado en mi vida, el me enseñó a partir de sus anécdotas y vivencias a amar esta revolución. Me contó de cosas horribles vividas por él y por mis abuelos, sus padres, antes del 59. Mi abuelo, emigrante español, quien huyera de su natal ciudad de Pontevedra, hacia Cuba, buscando lograr cumplir sueños, esto fue a la altura de los años 20 del siglo pasado. Mi abuela, hija de emigrantes españoles también, quien tuviera 11 hijos, y de ellos mi padre era el mayor.
    Todos los días en mi casa se hablaba de Fidel y de lo que él había logrado para los cubanos, a partir de comparaciones que mi padre hacía, obviamente, por todas las cosas que anteriormente expresé relacionadas con lo vivido por mis abuelos y por mi padre, quien también naciera antes del 59.
    Mi mayor legado es defender con garras esta hermosa revolución, pues no quisiera que ni en sueños se vuelva a vivir la realidad de nuestros antepasados.
    Debió haber sido tan grande la injustica social en este país, que llevo al convencimiento a la mayoría de apoyar esta revolución. Viva Fidel y todas las personas que junto a él, se arriesgaron para tener lo que hoy tenemos.

  • Beatriz Díaz dijo:

    Saludos Maribel la admiro por su linda experiencia!!!

  • Anadelma camagüeyana dijo:

    Hola, están muy buenos todos los comentarios, todos somos cubanos y cómo tal debemos comportarnos, la historia de la periodista es parecida a muchas historias de muchas familias de nuestra Cuba, sin embargo en ocasiones nos olvidamos de dónde venimos y por poner un ejemplo nosotros mismos nos maltratamos, esa opinión la doy pues he estado leyendo los demás comentarios que han dejado en la página, lo que debemos hacer es luchar contra los males que nos aquejan, pues no es menos cierto que tenemos un bloqueo hace más de 6 décadas pero con ese bloqueo muchos se tapan para hacer de las suyas, por eso le digo a todo el pueblo cubano que hoy más que nunca debemos estar unidos y acabar con la delincuencia y todo lo falso que nos acarrea, debemos mantener vivo el ideario martiano y las reflexiones de nuestro comandante invicto Fidel, pues desde que lo perdimos siempre hemos dicho “YO SOY FIDEL “

  • Miguel Almaguer Segura dijo:

    Excelente artículo Maribel. Mi madre trabajó casi como esclava a en casa de Ricos propietarios en Velasco, municipio de Gibara, con el objetivo de poder mantener a la familia antes del año 1959. Mi madre a quién le deseo mucha salud en sus 77 años, vió los horrores de los asesinatos que se cometían por la dictadura batistiana representada por uno de los más aserrimos enemigos del pueblo en aquel batey, el asesino: "Sosa Blanco", el que por donde pasaba dejaba desolación y muerte, casas quemadas, asesinatos, persecuciones, etc.. Las que también pudieran ser muy bien contadas por los pobladores del lugar.
    !Participemos el 24 de febrero y aprobemos la nueva Carta Magna, nuestra Constitución...
    Cuidemos la Revolución para nuestros hijos, para las futuras generaciones, no olvidemos nuestra verdadera historia y recuerden que quién la olvida, como dijera nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, no vivirá para poder contarla.

  • Marta dijo:

    Maribel y yo estudiamos juntas la carrera de periodismo, por lo que durante esa etapa compartimos nuestros recuerdos familiares. En aquel tiempo de estudiante, al menos yo, no podía valorar en su magnitud todo lo que significaba para muchos de mis compañeros poder estar estudiando en la Universidad. Para los que nacimos después del 59 era lo que tocaba por lógica, para no decir por derecho, después de nuestro paso por los niveles de enseñanza, resultado del estudio, buenas calificaciones, y otros muchos factores de índole personal. No tenía madurez política para analizarlo desde otra óptica, como hoy nos lo muestra Maribel en su hermosa escritura… Y al decirles entonces lo que muchas veces contó mi madre podrán comprender por qué digo eso. Mi madre hoy tiene 87 años. Vivió su niñez y parte de su juventud en una humilde casita en el campo, bien lejos de la carretera central, más allá del batey de Cuatro Esquinas, en el municipio matancero Los Arabos. La primera vez que me habló de su infancia dijo no recordar haber tenido una muñeca con que jugar. Mi abuelo se rompía el lomo trabajando en el campo y en las zafras azucareras, pero solo ganaba para dar algo qué comer a su familia. Así que desde muy chiquita, de edad y de tamaño, tuvo que ayudar en las faenas de la casa, llevar un poco de funche ( harina de maíz) al surco y cuidar a los más pequeños. Mi madre compartía los únicos zapatos que tenía con una de sus hermanas para asistir a la única aula, de la única escuela en el batey del central, donde los niños de diferentes edades se sentaban por fila y cada fila era un grado; recibían juntos todos los grados a la vez. Un día no pudo ir más. A los diez años abandonó sus sueños de estudiar y no volvió a hacerlo hasta décadas después , cuando ya era una mujer con esposo e hijas y deseaba insertarse en todo lo nuevo que le mostraba el proceso revolucionario. Junto a mi padre, lamentablemente ya fallecido, pero con una historia de pobreza tan parecida a la de ella, matriculó en las clases para la Batalla por el Sexto Grado, una de las tantas que emprendió la Revolución Cubana para dar dignidad a su pueblo. Yo hubiese querido que siguieran estudiando pero ellos prefirieron entregarse al trabajo y emplear todo su esfuerzo en la educación de sus hijas. Las historias de vida de muchos padres de nuestra generación han estado ligadas a la misma raíz colectiva de su existencia, donde la pobreza y el desamparo fueron el denominador común para una gran mayoría del pueblo cubano. Gracias Maribel. Compartimos el mismo sentimiento de amor a nuestros padres y a la Revolución.

  • Barbara Gonzalez Saavedra dijo:

    Profe Maribel ¡Que bella historia y cuanto de amor!!!!! Derroche de ternuras y palabras llanas, elocuentes... repletas de símbolos para que todos, sin excepción comprenda el gran mensaje.
    Un. Es esa gran comunicadora que enamora, encanta y conmina a la reflexión.
    En cada historia crece más ese orgullo de ser cubanal.
    Fui su alumna hace un tiempo pero vecina también. Hoy a las nueve mi aplauso para su padre y para Ud. Siga escribiendo para que muchos beban de las fuentes de nuestro pasado y coadyuve a que renazca en el corazón de todo el que lea sus artículos era maravillosa sensación del orgullo de ser: CUBANA Y ESTAR DISPUESTA A ENTREGARLO TODO POR ESTA TIERRA QUÉ NOS VIO NACER.

    FELICIDADES PROFE!!!!!
    COMUNICADORA POR EXCELENCIA !!!!!!!!

  • Amalio Delgado dijo:

    Hace años te fuiste de Artemisa y ahora vives en no se que lugar de la habana, pero seguramente alejada de las paupérrima cuarteterias y solares al borde del derrumbe, con nauseabundos olores y con una miseria nunca antes vista, si tu bisabuelo Canario ve eso, hubiera preferido quedarse a vivir en la cueva donde seguramente vivió en Canarias, alimentándose con papas arrugadas y gofio amasado con surrón.

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Maribel Acosta Damas

Maribel Acosta Damas

Periodista cubana, especializada en Televisión. Es profesora de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana y doctora en Ciencias de la Comunicación.

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