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Las ondas y los misterios

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Una parte de la ciencia moderna particularmente apasionante es la de los llamados fenómenos periódicos, y en particular las “ondas”. Se trata de todo aquel hecho físico que se repita en el espacio y el tiempo con una cierta cadencia o frecuencia regular que se puede expresar en términos de “veces por segundo”, o por minuto. Una guagua de un servicio de ómnibus correcto debería aparecer en las paradas con una cierta frecuencia, digamos una vez cada cinco minutos en ciertos horarios de alta demanda. Se trataría así de un fenómeno periódico. Ya sabemos que esa organización perdida de nuestro sistema de transporte tendrá que recuperarse, más temprano que tarde.

Las ondas, por su parte, son fenómenos periódicos que pueden involucrar objetos con masa (“peso” si están en la gravedad de la tierra). De estas, las llamadas sónicas o acústicas involucran, por ejemplo, a las moléculas de gas en el aire y nos permiten “oir”. Una multitud en un estadio de fútbol a veces escenifica ondas que involucran la masa de sus propias extremidades superiores.

Las llamadas ondas electromagnéticas son de otra índole. Lo periódico en este caso es la influencia eléctrica y magnética que pueden ejercer sobre cualquier material. En nuestro universo las ondas electromagnéticas son tan ubicuas que de alguna forma hasta nosotros mismos lo somos. Sin embargo, no las vinimos a conocer bien hasta el último siglo de existencia de la humanidad.

Las que históricamente nos han sido más útiles son las de la luz, que nos permiten ver. Un haz de luz roja repite sus propiedades en el tiempo en la medida que se desplaza en el espacio cada 700 milmillonésimas de metro. Consecuentemente, repite sus propiedades con una frecuencia de nada menos que 400 millones de millones de veces en un segundo. Más modernamente hemos aprendido a usar las llamadas microondas y las ondas de radio.

Todas son portadoras de energía, o lo que es lo mismo: de capacidad de trabajo o acción. Por eso podemos usar la luz para generar electricidad con los paneles solares. La propiedad que determina esa energía es precisamente su frecuencia. Por ejemplo, la luz roja tiene menos frecuencia que la violeta, y consecuentemente la energía que porta es menor. Nos tenemos que cuidar de la luz solar excesiva porque con su energía puede provocar efectos indeseables en nuestra piel.

Una conclusión demasiado simple de lo anterior sería que si vivimos en un entorno saturado por ondas de radio o de microondas, que se generan por muchas fuentes naturales y también por el hombre, tendríamos que cuidarnos también. Afortunadamente estas son periódicas entre un metro y 0.1 milímetros y por ello tienen frecuencias bajísimas de entre 300 y 300 000 millones de veces por segundo. Portan muy poca energía. Nos traspasan porque casi nada en nuestro cuerpo interactúa con ellas. Solo las microondas pueden calentarnos indetectablemente al agitar un poco nuestras moléculas, haciéndolas rotar, o “bailar”. Es verdad que, si se concentran para determinada frecuencia de rotación del agua, la pueden calentar hasta hervir. Es eso justamente lo que ocurre en los hornos de microondas. Pero los demás componentes del horno, que no tienen agua, no se calientan con esas radiofrecuencias.

Para las ondas electromagnéticas los misterios no existen hoy en día. Se las domina intensivamente y logramos con ellas efectos que en tiempos pasados hubieran sido considerados como magia negra. Encender un ventilador con un mando a distancia (basado en luz infrarroja, de menos energía que la roja) puede ser cosa espiritual si no se conoce de las ondas. También hubiera parecido mágico hace un siglo poder tener una videoconferencia con un ser querido en Japón desde Cuba en tiempo real. Eso es posible gracias a las ondas de radio de los teléfonos móviles y las llamadas wifi, entre otras, que están en todas partes.

Si alguien atribuye a las microondas algún daño a la salud estaría refiriéndose a enfermedades masivas, que las padecerían cientos de millones de personas del mundo de hoy, como mínimo. Solo casos muy contados en los que alguien use una onda cuya longitud de repetición (se conoce como longitud de onda) fuera exactamente la de su cuerpo o su cabeza o un múltiplo de ella y esa onda fuera muy intensa, quizás podría sentir alguna sensación al convertirse el mismo en una antena de eficiencia excepcional. Pero haciendo un ejercicio de pensamiento estadístico podemos llegar a la clara conclusión de que en este mar de microondas y ondas de radio en el que vivimos, que todo lo inunda, es imposible lograr algún efecto a no ser que se nos ocurra meter la cabeza o un dedo en un horno diseñado especialmente para ello. Definitivamente, este tipo de onda no porta energía suficiente para alterar el estado de sustancia alguna y solo se puede lograr algún efecto con una concentración extrema y dispositivos muy especiales y evidentes. Estas son verdades de libros de texto elementales.

Cuando se desea colorear con misterio algo relativo a las ondas en estos tiempos se peca de charlatán o embaucador. Si sensaciones de enfermedad descritas por individuos se atribuyen a ataques personales con ondas acústicas o electromagnéticas y se declara expresamente que su naturaleza es desconocida, alguna intención turbia se debe tener para ello. Además, si los síntomas y circunstancias no se dan a conocer transparentemente a investigadores independientes, alguien con una cultura científica elemental sospecha engaño, decididamente.

En el caso que ocupa la prensa sensacionalista actualmente acerca de supuestas afecciones a la salud de funcionarios de algunas embajadas en Cuba se ha llegado a decir que la causa de las mismas es misteriosa. Algunos políticos inescrupulosos han llegado a culpar a los que menos interés podrían tener en hacerlo, que somos los cubanos en Cuba. Este evidente evento de ciencia-ficción con ondas electromagnéticas es usado política y mediáticamente para reforzar políticas históricas que apuestan por aislar a los cubanos de los norteamericanos y coartar nuestras libertades. Así los misterios se disipan automáticamente. Un razonamiento como este solo puede terminar con un final muy usado por un popular periodista cubano: “¡Saque usted sus propias conclusiones!”.

Se han publicado 14 comentarios



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  • Subzero dijo:

    jaja…interesante artuculo profesor Montero….jaja, aplicando teoría de Una de cal y otra de arena….jajajaja…Esta claro que este articulo no tendrá ni la 3ra cantidad de comentario que su anterior…pero si, es importante en la vida el tacto y saber alargar y recoger el cordel. Saludos cordiales

  • ernesto dijo:

    Ya el Maine acústico se hundió sin penas ni glorias y lo cambiaron por uno electromagnético, después inventarán otro solo para seguir beneficiándose del negocio de la contrarevolución y los millones de dólares de los contribuyentes que lo alimentan. Como dice ese mismo periodista, sigamos la ruta del dinero y encontraremos el inicio de la madeja.

  • Abishek Baccham dijo:

    Nada de ondas, el malestar lo provocó un ataque de ultrasonido: “..escobas, trapeadores, jarros de aluminio, percheros, recogedores…” que se superpuso con otro perpendicular pero de la misma frecuencia: “… la jabita de pan suave, la galleta de mantequilla, el quesito crema..” pero a este ataque sónico estamos sometidos los habaneros todos los días y solo nos provoca algún encabronamiento cuando es a horas inapropiadas (siempre)

    • Simon dijo:

      Entre otras otras propiedades interesantes de las ondas está la de la resonancia cuando interactúan con otras ondas de similar naturaleza. Así vemos que una piedra lanzada sobre la superficie de una laguna en calma produce ondas longitudinales que avanzan circularmente desde el centro del impacto hacia la periferia. Si en su camino sobre el agua se encuentran con otras ondas, ambas se refuerzan o cancelan en ciertos puntos. Este fenómeno también es bien evidente en la periodicidad de las olas del mar donde cada cierto tiempo llega la “ola grande”

      Otro efecto de resonancia mecánica, que en ocasiones ha tenido resultados nefastos, es el de la vibración sobre puentes sometidos a la marcha rítmica de soldados.
      Cuando las pisadas al unísono coinciden con la frecuencia mecánica natural del puente la vibración se amplifica y puede dar lugar al derrumbe de la estructura, tal como se dice ocurrió durante la primera y segunda guerra mundial. Por ese motivo los soldados suelen rompen la marcha al cruzar sobre puentes débiles o muy largos.

      Se dice que ha habido cantantes de ópera cuya intensa voz, sostenida a una cierta frecuencia, ha sido capaz de romper una delgada copa de vidrio.
      Sea verdadera o no la anécdota lo cierto es que se ha logrado romper una copa de vidrio colocándola frente a un altavoz emitiendo un sonido de la misma frecuencia que la de resonancia mecánica de la copa.

      Son muchas las propiedades de las ondas de todo tipo y mucha la literatura sobre tan interesantes manifestaciones de la naturaleza. Sin ellas seríamos ciegos, sordos y mudos.

  • cam dijo:

    gracias profe por la didáctica explicación, en otro articulo di mi propia versión de lo ocurrido igual de creíble que la que ahora se discute, y la cual comparto aquí también:
    sobre los diplomáticos incidió un haz de luz provocado por una erupción de una estrella en la galaxia de Andrómeda y que refractado en la superficie de una luna de Jupiter, fue absorbido por la capa de ozono, devuelto en forma de ondas mecánicas, filtrado por los gases de los pantanos y amplificado por el sonido de un reloj en mal estado.
    creo que esta es la respuesta y ademas describe todos los síntomas.
    con relación al articulo publicado en el Journal de Medicina, según las críticas que he leído no se ha publicado ningún dato para una verificación independiente, también el threshold que usaron para diagnosticar los trastornos cognitivos en algunos pacientes fue tan alto que el 70% de la población padecería de problemas de aprendizaje, nada parece que en vez de ajustar la teoría a los datos, ajustaron los datos a la teoría.
    saludos

  • Jose R Oro dijo:

    Magnifico y muy aclaratorio documento del gran cientifico cubano Dr. Luis A. Montero Cabrera. Ademas muy oportuno, con “La Chambelona” mediatica de las microondas

  • tdl dijo:

    cam:

    Eso en lógica se describe como la falacia del francotirador: como la agrupación de disparos en el blanco era distante a la diana, se hicieron primero los disparos y después, alrededor de ellos se dibujó la diana, jajaja.

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    Yo jamás he creído que el Gobierno cubano tuviese algo que ver con ataque alguno a ningún diplomático de ningún país, pero pienso que en el fondo de todo esto tiene que haber aunque sólo sea un grano de verdad. La misma imposibilidad científica de un arma sónica capaz de causar las afectaciones descritas, me dice que si estos síntomas fuesen una completa mentira y todo fuese un plan urdido con alguna oscura finalidad política, los autores del plan hubiesen buscado algo más creíble y menos ridículo. Algo que pudiese crear dudas razonables y no fuese tan completamente descartable desde el punto de vista de la factibilidad científica. El adversario no es analfabeto ni mucho menos.

    Yo pienso que algún día se sabrá la verdad verdadera y puede que tal vez ni siquiera tenga nada que ver con sonidos ni nada venido de fuera de la embajada.

    saludos.

  • G.Esteban Ramirez dijo:

    Respetado Profesor Montero, agradezco su fundamentado articulo,mas, le ruego tenga la amabilidad de volver sobre el tema y nos aclare lo, referido al “Efecto auditivo de las Microondas” o Efecto Frey,pues en esta epoca de Nanotecnologia y conociendo las tretas de la CIA (“remember MK-ULTRA),no seria nada extraño que hayan inventado un artilugio tamaño celular,y a distancia, logren dicho efecto Frey y ademas, obtienen (los yankis) una ganancia politica..

    • Luis A. Montero Cabrera dijo:

      Muchas gracias por la lectura y el interés. No creo que el llamado “efecto Frey” mencionado en el artículo del NYT que desató las especulaciones de microondas sea reproducible. Lo que creo entender es lo que menciono en este artículo que al hacer interactuar la cabeza de una persona en un concentrador de ondas y estas ser similares en longitud a componentes de la cabeza o a ella misma, tales entes biológicos pueden convertirse en antenas o resonadores. Lo que no es predecible de forma alguna son los efectos biológicos que ello pueda tener y eso merecería un estudio muy amplio que no debe de estar publicado, si es que se ha hecho. No se habla tampoco de la reproducibilidad del susodicho “efecto Frey”, cosa esencial para confiar en algo desde el punto de vista científico. De cualquier forma, estaríamos ante una situación extremadamente improbable de que la cabeza de una persona, en presencia de otras, sea la que se ponga dentro de un concentrador de ondas, digamos que una antena parabólica de microondas, para poder empezar a analizar cuales efectos eso puede tener. Lamento no tener cultura suficiente para esclarecer más el asunto.

      • Simón dijo:

        Muy de acuerdo con el Dr. Luis A.Montero.

        El que se haya detenido a observar una hormiga o cucaracha dentro de un horno activo de microondas se dará cuenta de que las ondas no las afectan en absoluto y continúan vivas y caminando como si nada estuviera ocurriendo, a pesar de que una rana de tamaño normal colocada en el mismo lugar en pocos segundos comenzaría a hervir hasta quemarse.

        La diferencia en efectos se debe a la longitud del insecto o de la rana con relación a la longitud de onda emitida por el magnetrón del horno. Además, aunque la longitud de onda en cuestión es de 2,450 MHz, equivalente a unos 12 cm, otro efecto importante es el de la interferencia ondulatoria que tiene lugar dentro de la cavidad donde se colocan los alimentos debido a las numerosas reflexiones de estas sobre las paredes metálicas.

        Las ondas se anulan o refuerzan según coinciden sus picos y valles, dando lugar a ondas estacionarias de alta intensidad. Una pizza colocada en un horno sin plato rotativo se calentaria desigualmente produciendo zonas calientes y otras tibias o frías.

        La energía de un fotón solitario a esa frecuencia es de 1 x 10-5 eV. Bien pequeña por cierto, pero como todo en la naturaleza …..”en la union esta la fuerza”

  • Aroldo dijo:

    Lo mejor que he leído sobre este asunto de las ondas misteriosas, gracias profe Montero.

  • Marisol dijo:

    Muy buen artículo, gracias otra vez, Montero

  • G.Esteban Ramirez dijo:

    Muy reconocido a Ud. Profesor Montero y acepto totalmente sus argumentaciones,mas, recalco en que esta era tecnologica y conociendo los “minidrones” espias producto de la nanotecnologia,lo que hoy es “ciencia ficcion”,mañana ya puede ser ciencia real.Renuevo mi reconocimiento a Ud. y yo,que ya pude arribar a los 82 años, le deseo que los supere en su vida,tan util a la Sociedad.

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Luis A. Montero Cabrera

Luis A. Montero Cabrera

“Es Doctor en Ciencias. Preside el Consejo Científico de la Universidad de La Habana. Miembro de mérito y coordinador de ciencias naturales y exactas de la Academia de Ciencias de Cuba.”

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