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Mientras la barca de la democracia choca con la roca del capitalismo

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Es muy socorrido que se califique de inmovilista, dogmático u oficialista, o anclado en el pasado, o estatista, a todo aquel análisis del proceso político cubano que emplee algún término, advertencia, valoración o propuesta, que apenas así sea se sospeche que se opone al diálogo, o a las negociaciones en curso, o a las búsquedas de consensos, o que se vea obligado a emplear palabras que denoten alguna firmeza en determinadas convicciones, como enemigo, guerra cultural, o resistencia, o unidad. Hasta se ha llegado a negar que exista una guerra cultural en Cuba.

Es una corriente de pensamiento entre cuyas aguas, sintomáticamente, no asoman la cabeza o hacen naufragar otras palabras del mataburros, como revolución, socialismo, marxismo, propiedad estatal, y, en cambio, nadan muy bien o sacan de allí a la superficie con bastante frecuencia, conciliación, democracia, libertad de expresión, derechos humanos, cambios, cambio de régimen, tránsito, evolución, reformas, etc.

Tanto en lo que fundamenta como en lo que impugna, es un discurso que se nutre y aprovecha del innegable prestigio del pensamiento republicano de la Ilustración, a la vez que se catapulta cómodamente sobre el descrédito del socialismo que realmente existió hasta su estrepitosa caída.

Así, es bien conocido el gran provecho que el pensamiento liberal y neoliberal de sus prestigiosos gurúes le han sacado a esa feliz combinación. Sobre estas últimas ingloriosas ruinas, y la desnaturalización de aquel magnífico sueño republicano, ha edificado e impuesto la cultura neoliberal el éxito de su engañosa visión, vendiendo la búsqueda del éxito individualista y fomentando las minúsculas ambiciones humanas, como el único camino posible hacia la felicidad y la virtud, para que aquellas utopías colectivas de las revoluciones no despierten ya jamás del sopor consumista en que una buena cantidad de habitantes de este puntito azul en que vivimos se adormece.

La ubicuidad siempre ha sido atemorizante, los dioses son inapresables y omnipresentes. Por eso es tan difícil visualizar el Gran Estado del Capital que hoy se abate sobre la Humanidad, mientras un pobre diablo afirma que ya él no le trabajará más al “estado socialista”, su estado, que le han enseñado a ver como su enemigo, porque ya no es capaz de distinguir aquel por el que realmente arrastra su vida sin ilusiones. Aquí se ha revertido el mito y es ahora el avasallador Polifemo quien se viste del nombre de Nadie para poder devorar al viajero.

La práctica liberal y neoliberal, que Alain Badiou ha llamado la “liberación del liberalismo”, con toda su incesante cadena de privatizaciones, destrucción de las garantías laborales, concentración oligopólica de la riqueza y los recursos públicos, y el estrechamiento indetenible de los márgenes de soberanía de los estados nacionales, sin embargo, ha logrado convertir en su rehén también privado el tesoro milenario del pensamiento democrático, apropiarse de su lenguaje, e imponer la aplicación de sus concepciones, pero a la bella figura de la Libertad la han vestido de un ropaje engañador: no es fácil ver cómo la separación trinitaria de los poderes es en el capitalismo una verdadera repartición de poderes. El lector curioso y simple diletante tiene que bregar duramente y dedicarle a la lectura y el estudio un tiempo que desgraciadamente no siempre se tiene por las exigencias de la cotidianeidad.

El triunfo de esa cultura en ciertas personas se nota mucho si uno decide arrojar un poco de tiempo por la ventana, y leer los comentarios del ciberchancleteo en algunos foros digitales, y eso cuando la palabra humana no se degrada en los ataques más vulgares y envalentonados por el anonimato. Se nota en la repetición de términos como el “inmovilismo” del socialismo, (y no les pregunte si saben distinguir hacia dónde es que me mueve, si se mueve, lo que suponen su contrario), o las diatribas contra los “estatistas”, los dogmáticos y oficialistas, que son siempre los que atentan contra la libertad de expresión, los negadores de los derechos humanos, y en resumen, los enemigos de la democracia y los amigos de las dictaduras. Creo que a eso le llaman hacer uso de la libertad de expresión, cuando quizás sólo sea la libertad de excreción, acto humano muy digno, pero no en el uso de la palabra que se dice pública.

Curiosamente en relación con lo anterior, los campeones del anti-dogmatismo, tal pareciera que nunca cavilaran una siniestra posibilidad: que a su vez estén repitiendo o creando nuevos dogmas en sus interpretaciones y propuestas, por estar detenidos ante el espejo y el límite de horizonte que le proporciona la práctica democrática “realmente existente” principalmente la que se ha conocido en el mundo a partir de las revoluciones burguesas europeas. Como no hay manera, al menos sin faltar a la honestidad intelectual y en la medida que las ciencias sociales puedan hacerlo, – de demostrar que exista la verdadera democracia hoy en muchos gobiernos, pues al menos hay que virarse para tercera con la bola escondida y limitarse a proponer para Cuba una prístina y pura aplicación democrática, como surgida de una aséptica y amable caverna platónica, en que las ideas están allí, flotando e incontaminadas, completas y definitivas, listas para su aplicación, y desasidas del análisis de cómo puede despertar, y está ocurriendo, la dinámica del sueño democrático de la pesadilla de la realidad capitalista mundializada.

Se le podría solicitar a un representante lúcido, honesto e inteligente del republicanismo (que por gran suerte los hay) que tenga en cuenta en sus propuestas “prácticas”, o en sus investigaciones teóricas, y en sus exigencias, en sus reivindicaciones, pero sobre todo en las soluciones que proponga, las siguientes realidades:

1) el predominio ya casi absoluto del capital transnacional en el mercado mundial;

2) el casi absoluto dominio del espacio informativo por muy pocos oligopolios de la información;

3) el hecho incontrovertible, tanto histórico y actual de que ninguna de las democracias latinoamericanas son verdaderamente respetadas, y sí agredidas mediante un surtido de medios tan innovadores como aparentemente inagotables. Ni las muy poco “simpáticas”, para no mencionar a las más demonizadas, que son las que han ganado más de una decena de veces en el ruedo de las elecciones, pero eso no basta para ser democracias a los ojos de los amos de la verdad. Pero tampoco la de países como Honduras, Argentina o Brasil en estos últimos tiempos, y sí toda aquella que entre por el carril de lo que se impone como democracia;

4) un análisis de la posible dinámica prospectiva de las relaciones EEUU-Cuba a la luz de los objetivos no ocultos del nuevo amigo;

5) Un análisis del estado geopolítico del mundo actual;

Si los puntos anteriores no son tenidos en cuenta, y todos los otros que se escapan pues soy sólo un simple comentarista, estamos sembrando en el aire, como aquellos árboles famosos de la brillante frase de Martí, para que lo tundan y talen las tempestades. No hay otra parcela del pensamiento hoy donde sea tan urgente hallar la interrelación entre todos estos elementos mencionados antes, y en Cuba mucho más, si es que se pretende, desde la academia, contribuir con algo más serio y real, que propuestas teóricas. Proponer cambios con una reflexión que sólo se reduzca a exigir en el frío marco de las normativas abstractas de la tradición, sin tener en cuenta aquellos puntos, convierten al pensador en aquel metafísico que discurría sobre el sexo de los ángeles. Está proponiendo una bella entelequia desasida de la terrible realidad.

Pero mientras esos estudios son casi inexistentes entre el pensamiento criollo, y sin embargo no escasea en otros lares para sus específicas situaciones, por ello abundan las propuestas que están inspiradas en las prácticas constitucionalistas latinoamericanas de los gobiernos progresistas del momento.

Pero allí se detienen, porque lo que no encontraremos con la frecuencia deseada en esos análisis de la experiencia nuestramericana, son los análisis de cómo resolver (y sobre todo, vencer en Cuba) las ingentes dificultades que estos países ya afrontan y que se pueden reproducir en la Isla, cuando sus políticas de beneficio popular se ven obligadas a jugar en la cancha donde únicamente están dispuestos a jugar la ficción democrática los poderosos: a) con la mayor porción de poder mediático en sus manos, b) con la alianza pronta e irrestricta del capital internacional, y llegado el caso, la militar c) con la supervivencia interna de la propiedad privada del gran capital, d) el enorme poder de violenta intromisión que estos tres factores conjugados le permiten al capitalismo interno y externo para deformar, manipular y conducir el imaginario social en los procesos de elecciones, y a la vez periodizar el tiempo de gobierno, existiendo así la amenaza constante (siempre con aquellas tres decisivas bazas a,b,c en las manos) de la regresión conservadora derechista (hoy Argentina, Brasil), o la manipulación de las leyes contra los indeseables, o cualquier otro expediente del momento actual.

Cuba está prácticamente protegida, hasta el momento al menos, de los factores a,b,c y por lo tanto, del d, porque lo que hizo fue, efectivamente, una revolución.

Por eso se oye con tanta insistencia desde ciertas plataformas y personeros de dudosa legitimidad para inmiscuirse en los asuntos cubanos, una serie de reivindicaciones y exigencias que pueden contribuir, incluso contra la voluntad de los bienintencionados, a sembrar el semillero del que alguna vez broten las zarzas ardientes que permitan alumbrar el siniestro camino de la perdición, cuando se instalen poco a poco esas condiciones: prensa privada, elecciones multipartidistas, fragmentación del tejido social en inconexos intereses individuales, una clase media favorecida, siembra de desconfianza y desaliento, minería acuciosa en las dificultades, análisis descontextualizado de la historia o los fenómenos migratorios, cuestionamiento del carácter del estado o el partido cubanos como representantes válidos, cuestionamiento de la peculiar democracia cubana, todo ello alentado y pagado mediante hilos sutiles o injerencias descaradas en la formación de las juventudes.

Pero ahora, en mi opinión, y pese al clamor de simpatía que suscitan los adormecidos cánticos optimistas, no se valora con suficiente claridad todavía que la política amistosa del buen vecino se propone crear esas condiciones, y abonarlas por control remoto, y de manera tal que no aparezcan ellos como los hechiceros que cocinaron directamente la pócima en la marmita de la historia insular, sino que sean los propios cubanos quienes acopien las semillas, aren el terreno, hagan la siembra, abonen, y cosechen el resultado.

El más de medio siglo de agresiones directas e indirectas, nacionales y extraterritoriales, fue la larga y paciente, y en varios aspectos claves exitosa, preparación artillera, aunque ahora algunos increíblemente se atoren con la atractiva retórica de que todo es consecuencia de la comprensión de un olímpico “fracaso”. Los caminos de la historia son, como el de Dios, inescrutables, pero una vez que se conocen bien los senderos y los pasos de sus caminantes, no tan imprevisibles. Y no prever en política, ya sabemos, es un crimen.

El “fracaso” asumido por el ilustre visitante presidente en Cuba, no reveló una secreta certidumbre que el elocuente orador se mostró muy cuidadoso de ocultar tras su encantadora sonrisa y ágiles maneras. Imaginemos esos pensamientos: 1) las favorables probabilidades de un éxito para el cambio de régimen, fundado en que tiene que existir un desgaste que era previsible después del agónico camino que mis predecesores le han infligido a este pueblo; 2) una situación latinoamericana que se revierte, pues la unidad continental que se comenzaba a fraguar tan peligrosamente para los intereses de EEUU, ya comienza a estallar aquí y allá; 3) la probable nueva soledad de este corredor de fondo que es Cuba, casi ya solitario en este mundo del sueño socialista, cuando le comiencen a fallar los insumos de sus aliados a causa de lo anterior, (hoy el Mariel ya está en dificultades por el golpe parlamentario en Brasil); 4) un cambio generacional y sus consecuencias y conflictos (por ejemplo, es muy probable que ni las nuevas, ni algunos representantes de las viejas generaciones depositen su confianza en los nuevos líderes del partido y logremos enterrar mucho más la semillita de la necesidad de elecciones distintas a las que se han dado a sí mismos los cubanos, que es un espectáculo carnavalesco tan propicio para usar nuestra tecnología y artillería cultural); 5) la evidente erosión a que hemos sometido la concepción estatal socialista y todo lo que tiene que ver con los socialismos, aunque nosotros somos cada vez más un enorme estado mundializado y militarizado; 6) los diferentes intereses gremiales, intelectuales o económicos que vamos a dividir en parcelas, en mil ambiciones, y aupar, y si es posible financiar y alentar; 7) una población juvenil que imagino mayoritariamente inficionada por nuestra cultura superior, y la inevitable reinyección en ese mundo mediante la ubicuidad de las tecnologías, y redes de nuestra visión del mundo, pues la austeridad y el sacrificio es ya moneda moral muy devaluada, y hemos logrado ponerlo a la cuenta del fracaso del socialismo, pues nuestras vitrinas siempre están muy bien surtidas, y además siempre tendremos a mano que, con las dificultades que hemos creado y las futuras provocadas por errores que no podrán dejar de cometer – porque se la pondremos muy difícil parcelando las ayudas, prometiendo aquí, estrechando allá, sin prisa, pero sin pausas, – sus profesionales y sus inteligencias nunca podrán ser bien recompensadas, y allí ofreceremos nosotros a oportunistas o idealistas, nuestras 30 monedas, siempre tan efectivas… ha llegado, pues, el momento de prometer el paraíso del derrame de la riqueza, pero de manera que dosifiquemos las zanahorias en la medida en que cada uno de esos elementos se muestren propicios. Y así ha comenzado otro capítulo con la reciente abstención en la ONU.

Una preparación que tiene nuevo episodio y que apenas comienza: el juego en el Congreso, el pulseo entre el garrote inteligente y las zanahorias económicas que son tan vitales a Cuba para el sostenimiento de su proyecto, y donde, además, gravitará mucho todo lo que vaya sucediendo en el patio trasero, ahora convulso por el reflujo neoliberal, o allende allá en el mar meridional de la China, y en el Oriente Medio, es decir, la suerte de la tensión mortal que EEUU y la OTAN hoy sostiene con China, Rusia, Irán y Siria y toda la convulsa trama de aquella región.

Algunos analistas no miran hacia allá, o como son personas informadas, no pueden dejar de tener en cuenta esas inquietudes. Pero es obligación de los entendidos en abordar estos temas en su íntima relación, si es que las inteligencias quieren contribuir a la causa más allá de exigencias que son válidas, pero que deben ser también, y urgentemente, atinadas.

Algunas propuestas para Cuba de los transicionalistas, o los demócratas teóricos y librescos, muestran a veces muy sutiles como etéreos vínculos mediante la tercerización de relaciones con los alambicados caminos de las rutas del dinero, relaciones con ciertas “amistades peligrosas”, con “instituciones”, ONGs, “academias”, o medios de divulgación digitales externos o internos, graciosamente apoyados o financiados, que tienen un hilo conductor sutilísimo hasta el gran capital, como es el ejemplo de las instituciones de Soros, las becas de formación de líderes y como si ya la fabricación de líderes internos fuera también ya un derecho internacional.

El caso es que esas corrientes a que nos referimos se anclan, con peligro de dogmatizar, en sus conocimientos de academia, y usufructúan el prestigio y los aplausos y simpatías de la palabra libertad, democracia y libertad de expresión, pero clamadas en el desierto de una propuesta abstracta por cuanto no se responsabilizan por una creación original y, además, nunca vemos en sus estudios un análisis siquiera somero de la realidad geopolítica mundial, esa, una realidad, que marcha tenazmente por otros carriles. O los estudios que sobre la relación democracia – capitalismo hoy abundan.

Ocurre que hoy existen pensadores, activistas, filósofos y políticos – por supuesto, estos sospechosamente de formación y convicciones marxistas, pero del marxismo que nada tiene que ver con la variante de lo peor del marxismo-leninismo de manual, y mucho menos con su variante Groucho, como dice el chiste, -, que advierten continuamente que la concepción occidental democrática, tal como es aplicada hoy en la inmensa mayoría de los países que se hinchan de orgullo por sus sociedades, es una democracia instrumental y subsidiaria del capital (que es lo más antidemocrático que se pueda imaginar), y que en vez de separación de poderes, lo que ocurre de facto es una repartición de poderes (como ocurre ahora mismo en este segundo (escribo mientras espero se verifique un golpe parlamentario y partidista “suavísimo” en el estado español para dejar el camino libre a la peor derecha neoliberal de Mariano Rajoy y el PP, e impedir el avance de Unidos Podemos, qué casualidad, un partido antisistema con simpatías fundamentales con Cuba, Venezuela y todo lo que huela a anticapitalismo radical).

Y en Europa toda no es otra la realidad, donde la democracia que existe ha degenerado en la autocracia de la banca. Y aquí detengo estas notas para escuchar un poco las discusiones en que será investido Rajoy. No pretendo tener la razón en todo lo que argumento, y quizás casi en nada, o en nada. Entonces que sólo sirvan estas ideas para hacer pensar, ya esa sería la única y buena contribución a que aspiraría. Escribo estas notas en mis ratos libres, estas notas no se pagan, y hasta pueden provocar suspicacias de cocinarse en retorcidas oscuras retortas, para decirlo con una infame cacofonía medieval. Pero de algún acierto, o muchas equivocaciones, soy el único responsable.

Se han publicado 15 comentarios



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  • Silvio Rodríguez Domínguez dijo:

    Sea señora (2008)

    Sea señora la que fue doncella.
    Hágase libre lo que fue deber.
    Profundícese el surco de la huella;
    reverdézcanse sol, luna y estrellas
    en esta tierra que me vio nacer.

    A desencanto, opóngase deseo.
    Superen la erre de revolución.
    Restauren lo decrépito que veo,
    pero déjenme el brazo de Maceo
    y, para conducirlo, su razón.

    Seguimos aspirantes de lo mismo
    que todo niño quiere atesorar:
    una mano apretada en el abismo,
    la vida como único extremismo
    y una pequeña luz para soñar.

    Las fronteras son ansias sin coraje.
    Quiero que conste de una vez aquí.
    Cuando las alas se vuelven herrajes,
    es hora de volver a hacer el viaje
    a la semilla de José Martí.

  • Eduardo González S. dijo:

    Carlos Luque hace a uno pensar y pensar bien. ¿Puede CUBADEBATE brindar alguna info sobre el autor de este artículo?

  • Lebis Abarka dijo:

    Me gustaría primero ver donde salen los comentarios . Me consta que se han hecho pero no los veo

  • jorge dijo:

    Excelente que aparezcan trabajos en Cubadebate de este autor, creo es el primero, no?

  • Arnold August dijo:

    ¡Que bueno que CubaDebate publicó este artículo por nuestro amigo Carlos! Espero que no sea el último. De hecho vale la pena publicar unos otros anteriores que son todavía muy validos ahora.

    Coincido con otros que piden información sobre el autor. ¡Vale!

    Con esta publicación por CubaDebate, aunque pienso que la situación sea ahora mas compleja y peligrosa que nunca antes para la Revolución Cubana, estoy segura que el pueblo cubana vencerá la guerra cultural dirigida por imperialismo yanqui y sus aliados fuera y dentro de Cuba contra la cultura socialista Cubana.

  • jwilson dijo:

    Que bueno, al fin un comentario inteligente, digno de hacernos pensar, sin tanta retórica y con mucha actualidad. Felicito a Cubadebate por la publicación de este articulo.

  • Pedro Monreal dijo:

    Las ideas que hoy se discuten en Cuba acerca de las transformaciones sociales que necesita el país son mucho más diversas y sustantivas que las que sugiere el autor. Limitar la descripción del debate a un supuesto contrapunteo entre dos visiones, una de “convicciones y firmeza” (una especie de marxistas “de verdad”), y otra de “transicionalistas y demócratas teóricos y librescos” (de inspiración republicanista y/o neoliberal), revela una visión limitada de los análisis y las propuestas que hoy se hacen en Cuba. Por ejemplo, dentro de la tradición marxista –por solo citar una corriente de pensamiento- existen más de dos visiones posibles respecto a cada uno de los principales problemas que hoy se discuten en Cuba: las modalidades de organización del poder político de los trabajadores, las correlaciones entre las formas de propiedad, los mecanismos de regulación de la economía, y los principios de distribución del excedente.

    La mayoría de las ideas que se discuten hoy en Cuba se derivan de análisis de la realidad concreta del país. En la mayoría de los casos nada o muy poco tienen que ver con una supuesta “influencia” externa. Hay suficiente preparación en el país que permite hacer análisis propios y que reflejan riqueza de ideas. Bastaría revisar una revista como “Economía y Desarrollo”, de la Universidad de La Habana, para comprobar la calidad y variedad de los análisis que hoy se hacen en el país.

    La gran mayoría de las posturas críticas que existen en Cuba, incluyendo las que reclaman mayor espacio a la propiedad privada y al mercado, son opiniones tan políticamente legítimas como las que hacen quienes postulan que el Estado debería continuar ocupándose de la gastronomía popular, que la gestión de la agricultura necesita de controles de precios, que el inversionista extranjero necesita ser exonerado de impuestos, o que es inevitable reemplazar trabajadores cubanos por albañiles de la India. El éxito del debate al que el PCC ha convocado al pueblo cubano implica la capacidad ser capaces de dialogar constructivamente sobre esos problemas para poder avanzar.

    Poco aporta a ese debate la profusión de calificativos con intención descalificadora que a veces se hacen desde distintos puntos del espectro del debate. Tampoco resulta adecuado tratar de descalificar ideas acudiendo al trillado recurso de que son “académicas” y “librescas”, entre otras cosas porque proyecta la imagen falsa de que los debates actuales de Cuba se mueven en el plano de la abstracción.

  • Diógenes dijo:

    LA REVOLUCIÓN CUBANA no va a ceder nunca lo suficiente para que se instaure el neoliberalismo en el país, que es lo que busca en definitiva la política de los USA. Mucha gente no valora lo que tiene, pero a la hora de verlo en peligro instintivamente reaccionará. Sí creo que padecemos crónicamente de secretismo, información sesgada o incompleta, inconsecuencia, triunfalismo y un largo etcétera de males -incluida la existencia de poderosos intereses particulares lesivos de la democracia participativa- que no facilitan una adecuada toma de conciencia crítica de la gente. Pero eso es superable si el “núcleo ideológico” de la mayoría de la población en Cuba se conserva.
    Lo que arruinó el socialismo europeo fue básicamente -según tengo entendido- el desarrollo de una casta política y militar endiosada y divorciada de los intereses del pueblo y una grave falta de sentido común al juzgar al individuo. Y no creo que ese sea nuestro caso. Así que no le veo futuro a los esfuerzos mediáticos por globalizarnos. Y disculpen el tono pitonísico.

  • Carlos Luque dijo:

    En política lo real es lo que no se ve. No basta con afirmar que las reclamaciones de un mayor espacio a la propiedad privada y al mercado, son opiniones tan políticamente legítimas como cualquier otra. Se supone que es políticamente muy legítimo que las clases medias superiores (y las no tanto), favorecidas por un status determinado en un determinado país, voten, por ejemplo, por una política neoliberal, de derecha, o incluso de extrema derecha, como ocurre en algunos países de Europa, o Latinoamérica. Aunque el gobierno de Rajoy, por ejemplo, se debe hoy en España a una componenda política con el PSOE, le han preferido millones de españoles, pese a lo que ha estado ocurriendo en ese país, y otros de Europa en las últimas décadas. ¿Por qué? Es conocida la respuesta de Franco a las inquietudes de un estadounidense que le preguntó qué dejaba detrás de su gobierno: lo tranquilizó diciendo que no se preocupara, que le dejaba en herencia una clase media muy favorecida.
    Si es políticamente legítimo que las clases favorecidas (digamos ciudadanos, si la palabra clase para algunos es algo molesta) defiendan sus intereses, ¿debemos asumir la legitimidad política de los intereses de los que detentan el poder económico, y con él el verdadero poder explotador, como de igual valor a la legitimidad política de los que padecen la desigualdad y la explotación? La respuesta a esta pregunta es importante, porque ese es el verdadero parteaguas de las opciones fundamentales, y es donde la respuesta del marxismo sigue siendo válida pero, … para los intereses de unos, y no para los intereses de otros.
    Precisamente tesis como las que sostienen un relativismo político (y hasta ético) con respecto a la pregunta anterior, son las que se quedan en un plano de análisis insuficiente y donde se puede hallar una opción, pues siempre se opta, se elige una posición ante esa cuestión fundamental. Esas tesis vacían el análisis de su contenido de clase, y con ello el terreno está preparado para la imposición del más fuerte, es decir, del poder económico. De hecho, supuesta democracia con poder económico superior de una parte minoritaria, es la verdadera y más franca dictadura, la dictadura fáctica del poder transnacional, que hoy tantas mentes brillantes (independientes y valientes), reconocen, pero que a la vez ha tenido la facultad de hacerse más difícil de visibilizar por las grandes mayorías.
    La combinación de los intereses de los favorecidos por un estado de cosas, y la manipulación y desinformación de amplias masas que propicia el dominio del espacio informativo por los grandes intereses económicos, explica, según los entendidos, los votos por Macri en Argentina, o incluso en Venezuela, aunque con sus diferencias bien evidentes y tejidas con otras causas específicas de cada país. No creo que baste con preguntarse por qué hay gente que vota por las derechas, sobre todo las neoliberales, cuando es ya evidentísimo hacia dónde conducen esas políticas. Es necesario ir más allá de la pregunta abstracta, como es necesario ir mucho más allá de afirmar la legitimidad política de cualquier interés que sea. Por ese camino podríamos afirmar que es muy legítimo el interés de un gran explotador, o que lo es también que una parte pequeña de la humanidad detente la propiedad y el bienestar que le falta a la otra gran mayoría.
    De hecho, la estrategia del Estado cubano se propone adecuar un determinado espacio de la propiedad privada a los objetivos del proyecto socialista, tanto como desarrollar o ir perfeccionando la forma de implementar la democracia que se han dado los cubanos. Ahora, negar el intento de participación (intromisión) externa en el proceso de la generación de propuestas y soluciones, resulta algo sorpresivo en alguien verdaderamente informado cuando incluso se producen simposios, reuniones o congresos en que se discuten y proponen soluciones para el “caso” cubano. Sostener que muy pocas de esas ideas provienen de fuentes externas, lo es también. Lo intentaremos demostrar en otras notas, cuando el tiempo lo propicie.
    Sólo quiero apuntar aquí esto: Se debe atender a la grave contracción a nivel mundial de los márgenes reales de la democracia y por lo tanto cómo debe ser la forma original que tanto la democracia como la propiedad privada tenga en Cuba. Se debe atender a la innegable gravitación que hoy tiene la existencia de una especie de estado supranacional en todo el orbe. (se acaba de firmar por ejemplo, el acuerdo CETA para Europa, y otros vienen en camino). Y por ello la importancia que tiene para Cuba la fortaleza de su Estado, que algunas corrientes tanto se encargan de desacreditar. Para Cuba no basta exigir, ni proponer, entonces que cambie su proyecto político por una implementación peculiar de los mecanismos democráticos que reciben el visto bueno de los intereses precisamente de la galaxia del poder económico donde la democracia hoy padece esa contracción y verdadera asfixia. Y los estudios democráticos o republicanos que se limitan a un desarrollo de la prestigiosa tradición (nadie en su sano juicio moral ni político niega que el ideal del socialismo democrático sea el más bello sueño de la humanidad), y que no responden a las graves cuestiones de cómo garantizar una democracia – según esos modelos – en medio de esta desigualdad de condiciones mundiales, son los que llamo abstractos y librescos, lo cual no es descalificatorio, sino precisamente, calificatorio de una evidente limitación. Del humilde texto de este lector no especialista, hay preguntas que no están respondidas y apuntan en una dirección: es frecuente encontrar entre algunas corrientes que defienden el relativismo de las legitimidades, un rechazo, o distanciamiento, o desconocimiento del socialismo, sobre todo, el que está intentado continuarse en Cuba, y una evidente inclinación empática por los problemas que se suponen va a resolver la propiedad privada. Es frecuente también una distancia de esos estudios y especialistas a lo mejor y válido del pensamiento marxista, y por último, no es infrecuente que esas propuestas se muevan o se originen en los círculos internacionales que pertenecen a las esferas donde el dinero es poderoso, fluye y financia: eso es bastante frecuente. Entonces hay una correlación entre esas realidades y es sobre lo que llamo la atención. “A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no se ve.”

  • Pedro Monreal dijo:

    Estimado Carlos, sugiero enfocar el asunto en el plano nacional. Hay aspectos ocultos de la política que no deberían estar fuera del alcance de la clase obrera cubana. Una buena parte de las críticas que los trabajadores cubanos hicieron a la Resolución 17 de 2014 y a la que la reemplazó (Resolución 6 de 2016), y que en su momento fueron reflejadas en los comentarios que aparecieron en esta misma publicación (Cuba Debate) criticaron -algunas veces con mucha dureza- la falta de consulta con los obreros y la carencia de receptividad de los funcionarios frente a los planteamientos que hicieron los obreros, lo cual indica un problema político y no una dificultad técnica ni metodológica. Se agradece entonces que Cuba Debate haya permitido abordar directa y claramente ese asunto., que obviamente es un área que la actualización del modelo se propone resolver.

    En un plano más amplio, Raúl y otros dirigentes han criticado el “secretismo”.

    Además, lo “real” en la política se puede observar, se puede medir y se puede analizar, aunque durante un tiempo las cosas no sean visibles.

    La pregunta que Ud. considera como crucial (¿debemos asumir la legitimidad política de los intereses de los que detentan el poder económico, y con él el verdadero poder explotador, como de igual valor a la legitimidad política de los que padecen la desigualdad y la explotación?) debería ser reformulada si es que Ud. quiere que se responda para el caso específico de Cuba, y no para el caso de la España de Franco.

    Quizás cabria reformularla de la siguiente manera: ¿debemos asumir la legitimidad política de los intereses de los que detentan el poder económico –los trabajadores cubanos- como de igual valor a la legitimidad política de quienes pudieran intentar explotarlos y enajenarlos, por cualquier vía?

    Es una pregunta que seguramente pudiera responderse de muchas maneras, pero mi respuesta es clara: la legitimidad política del trabajador cubano debe ser la predominante y debe estar basada en el ejercicio del poder político que descansa en su condición de propietario de los medios de producción fundamental del país. Es más, agrego que siempre que se pueda, esa legitimidad debería estar asentada en mecanismos directos de poder obrero, o sea de democracia obrera directa. Creo que aquí no habría nada de relativismo.

    En relación con la necesidad actual de la empresa privada nacional, el problema central es que el socialismo tiene que ser una sociedad de trabajadores y por tanto tienen que existir empleos productivos que permitan que la fuerza de trabajo se convierta en el valor que luego habrá de ser distribuido bajo el principio de la solidaridad social. Si el sector estatal cubano, por las razones que sea, no es capaz de crear empleo neto y en su lugar lo está creando el sector “privado”, esa es una razón muy práctica, No es para nada una razon “libresca”, ni expresa “inclinación empática” alguna.

    Es una cuestión eminentemente práctica, la necesidad de utilizar el sector privado en función de algo de lo que no puede prescindir el país: trabajar para crear valor.

    El Estado socialista tiene a su disposición mecanismos para asegurar que una parte sustancial de ese valor creado sea distribuido con justicia social. Pero esa solución es política, no puede consistir en un esquema económico que despilfarre el principal recurso de la nación (la fuerza laboral calificada) simplemente por razones doctrinarias.

    Aquí conviene tomar la evidencia como punto de partida de cualquier discusión. No se trata de “los problemas que se suponen va a resolver la propiedad privada” sino de los problemas que desde hace rato ya está resolviendo el sector privado, a pesar de las limitaciones con las que debe operar.

    Ahí están las cifras oficiales de empleo de Cuba: el sector privado ha estado creando en los últimos tres años unos 90 mil empleos netos anuales, aproximadamente el mismo número de empleos netos que se reducen actualmente en el sector estatal. El empleo total que hoy ofrece el sector privado es el principal soporte económico de miles de familias del país y con ello contribuye a la estabilidad social y política del país, es decir es un componente nada despreciable de la seguridad nacional de Cuba.

    Eso es algo muy real, que además puede verse sin mucha dificultad.

  • Carlos Luque dijo:

    Aclaro que no se dirige ud, estimado Monreal, con la bondad de comentar mi texto y compartir sus conocimientos, a un especialista en estos temas, como sí creo que es su caso, y por ello le agradezco doblemente su atención. Sólo soy una persona que leo a otros que saben sobre los temas que provocan mi interés, y trato de reflexionar sobre ello a partir de ciertas certidumbres, muchas dudas y algunos principios fundamentales. Participo en las redes con la esperanza de ser útil a mi país.

    En mi opinión, el análisis de las posibles soluciones económicas no puede desvincularse del análisis político, es decir, de las consecuencias políticas de, digamos, el pragmatismo económico. Creo que ese es el espíritu del principio que en la estrategia cubana que se examina y discute ahora a nivel nacional, se propone utilizar los mecanismos del mercado y un espacio a la propiedad privada en una economía cuya columna vertebral sea la planificación, la propiedad estatal y social como expresión de la propiedad de todos, y la empresa socialista gestora de los principales recursos económicos del país. Y en el horizonte, el socialismo como la difícil meta en desarrollo.

    Es a partir de esos principios, que no son mera doctrina en cuanto la palabra doctrina tiene a veces un sesgo peyorativo, o descalificador, que trato de entender y proponer. No afirmo convencido que ud la haya utilizado en ese sentido, pero como la palabra tiene ese sema componente de su significado por extensión, aclaro mi punto de vista. En todo caso, la cosmovisión, digamos neoliberal – por poner un ejemplo -, tiene claramente definida su doctrina, en el sentido respetuoso del término, pese a todas las consecuencias que bien conocemos tiene la aplicación de esa doctrina.

    Para mi se sigue tratando del antagonismo fundamental de dos sistemas excluyentes, pero que por el predominio mundializado de uno, (militar, económico y cultural) hace muy “difícil” el florecimiento del otro. Y la palabra difícil es aquí casi un término delicado y amoroso, pues ya se sabe bien qué ha hecho y hace ese sistema para impedir que Cuba tenga éxito económico suficiente, pese a lo cual, el que ha tenido le ha parecido tan peligroso como para agredirla por más de medio siglo. Y le sigue siendo tan molesto que incluso en la “normalización” no cambia sus objetivos: muy peligrosa y molesta Cuba entonces ha de ser, porque eso de creer en el motivo de ayudar al pueblo cubano, ya sabe ud. que no hay quién lo pueda creer. No sé en verdad, con todo respeto, si lo cree ud. Entonces mis reflexiones económicas, desde mi posición de ignaro en el tema, no pueden estar desvinculadas de esas realidades para observación de las cuales, no creo que se necesiten especialidades tan arduas.

    Es por ello que mi enfoque del tema no puede ser pragmático, es decir, no puedo por ejemplo, apoyar la idea de un desarrollo incontrolado de la propiedad privada, cuando por “las razones que sea”, la economía estatal no puede generar suficiente empleo. Para mí son fundamentales esas razones “que sean”, no creo que un buen análisis pueda ser aquel que las hecha a un lado: se han cometido errores, y creo que son naturales aunque nunca se justifiquen por esa naturalidad, pues hay cierta espontaneidad en el surgimiento del interés individual, que tan bien explota la cultura capitalista, y el afán socialista hay que cultivarlo, y si ud cultiva contra viento y marea, ya tiene la experiencia cubana como ejemplo, pese a todo lo cual, es innegable que se han podido cosechar ciertos frutos.
    No puedo analizar la cuestión cubana desvinculada del orden mundial, ni tampoco desde el punto de vista de la legitimidad relativizada con respecto a las opciones a que llevan las respuestas posibles a esa pregunta. A ello me refería con esa interrogante, que ud. respondió con otra, y que por ello no encontró directa respuesta. Esa pregunta es crucial no sólo para el caso de Cuba, y para el caso de Cuba es que se quiere mantener su respuesta en el rumbo socialista, y en medio de una situación nacional e internacional muy adversa. Esa es una cuestión básica y que atraviesa toda la situación mundial: tanto es España, en Grecia, como en Cuba. No se puede desvincular del destino de Cuba, haciendo un enfoque reductor a su problemática. A ud no se le puede escapar el hecho de que, solo un ejemplo, la política de “normalización” hasta el momento trate de excluir de sus posibles “bondades” al estado cubano, y en cambio, y bien confeso, declare su voluntad de apoyar sólo al “emprendimiento” privado. Es muy natural en este mundo que se tenga que acudir a dosis de pragmatismo económico, a esas razones “prácticas” a las que ud apunta con tanto acierto, como es tan natural, que se tenga que combinar cierto pragmatismo con cierto cuidado de algunos principios en la cuestión política. Es lo que aprecio está tratando de hacer la política cubana. Es allí donde algunos no ven, o no quieren ver, lo que políticamente anda por el subsuelo.

    Con respecto a su pregunta, sólo puedo decirle que si nos atenemos a la experiencia mundial, ninguna de las fórmulas – autogestión obrera, lo que se llama democracia fabril directa, etc. han tenido los resultados esperados. Resulta, entonces, cuestión de creación heroica, como decía nuestro gran pensador, pero si se pudiera experimentar sin injerencias y sin el terrible poder transnacional, estoy seguro de que algunas de ellas daría buenos resultados y la democracia sería una realidad, y no sólo en Cuba, por cierto. Allí tiene ud la experiencia de Venezuela en la que es innegable que el universo de todas esas ideas de participación democrática directa – no sólo representación – poder comunitario, etc. forma parte de su constitución y su democracia reconocida hasta por organismos internacionales, y sin embargo…Entonces, los mecanismos internos, económicos o políticos que los países adopten en el mundo de hoy están estrechamente vinculados con todos los factores externos conocidos. No podemos parcelar las realidades ni los análisis. No podemos proponer soluciones que no sean holísticas ni tengan en cuenta las complejidades, y no podemos acudir al pragmatismo económico sin sopesar sus consecuencias políticas. Es la misión imposible del socialismo. A eso me refiero con las propuestas librescas y académicas que no quiso ser un término ofensivo, sino lo que significan, sacadas de los libros cuando se impone la creación original sobre el material candente de la realidad. Quizás no puedo aportar nada a sus conocimientos ni contribuir a sus reflexiones, pero yo le agradezco su atención. Por que intercambiar ideas ayuda a pensar sobre todo cuando hay diferencias evidentes en ciertos aspectos básicos.

  • Carlos Luque dijo:

    (II) Es por ello que mi enfoque del tema no puede ser pragmático, es decir, no puedo por ejemplo, apoyar la idea de un desarrollo incontrolado de la propiedad privada, cuando por “las razones que sea”, la economía estatal no puede generar suficiente empleo. Para mí son fundamentales esas razones “que sean”, no creo que un buen análisis pueda ser aquel que las hecha a un lado: se han cometido errores, y creo que son naturales aunque nunca se justifiquen por esa naturalidad, pues hay cierta espontaneidad en el surgimiento del interés individual, que tan bien explota la cultura capitalista, y el afán socialista hay que cultivarlo, y si ud cultiva contra viento y marea, ya tiene la experiencia cubana como ejemplo, pese a todo lo cual, es innegable que se han podido cosechar ciertos frutos.
    No puedo analizar la cuestión cubana desvinculada del orden mundial, ni tampoco desde el punto de vista de la legitimidad relativizada con respecto a las opciones a que llevan las respuestas posibles a esa pregunta. A ello me refería con esa interrogante, que ud. respondió con otra, y que por ello no encontró directa respuesta. Esa pregunta es crucial no sólo para el caso de Cuba, y para el caso de Cuba es que se quiere mantener su respuesta en el rumbo socialista, y en medio de una situación nacional e internacional muy adversa. Esa es una cuestión básica y que atraviesa toda la situación mundial: tanto es España, en Grecia, como en Cuba. No se puede desvincular del destino de Cuba, haciendo un enfoque reductor a su problemática. A ud no se le puede escapar el hecho de que, solo un ejemplo, la política de “normalización” hasta el momento trate de excluir de sus posibles “bondades” al estado cubano, y en cambio, y bien confeso, declare su voluntad de apoyar sólo al “emprendimiento” privado. Es muy natural en este mundo que se tenga que acudir a dosis de pragmatismo económico, a esas razones “prácticas” a las que ud apunta con tanto acierto, como es tan natural, que se tenga que combinar cierto pragmatismo con cierto cuidado de algunos principios en la cuestión política. Es lo que aprecio está tratando de hacer la política cubana. Es allí donde algunos no ven, o no quieren ver, lo que políticamente anda por el subsuelo.

  • Pedro Monreal dijo:

    Estimado Carlos, he tomado nota de sus comentarios.

    Me complace poder intercambiar con Ud.

    De manera telegráfica le anoto varias observaciones:

    1. El análisis de las posibles soluciones económicas es fundamentalmente un problema político. Siempre he recalcado eso. El asunto es que todo análisis de la política es principalmente un análisis de relaciones de poder, me refiero sobre todo a las cuestiones de poder a nivel interno. Lamentablemente esa no es una de las áreas beneficiadas por la proliferación de análisis que se hacen hoy en el país, pero observo que es un tema sobre el cual hay un creciente interés.

    2. La propiedad estatal no equivale automáticamente a ser una forma de la propiedad social del trabajador. El asunto es complejo y necesita una valoración precisa para cada lugar y en cada momento. Parte de la actualización consiste en tratar de avanzar en ese terreno, pues desde hace tiempo esa relación no funciona de manera adecuada en Cuba.

    3. Cuando me refiero a adoptar un esquema económico que se inspira en razones doctrinarias, especialmente en cuanto a la cuestión de la función y peso del sector privado en Cuba, me estoy refiriendo a esquemas que parten de la premisa de que la forma de propiedad socialista es “superior” –económicamente hablando- respecto a otras formas de propiedad. Esa premisa no tiene sustento en la práctica nacional. En ese sentido, refleja una visión doctrinaria resultante del apego a una determinada teoría sin considerar suficientemente la evidencia que aporta la práctica. Los reiterados informes de la Contraloría General de la Republica sobre el mal funcionamiento de las entidades estatales aportan una evidencia que, por alguna razón, no son tenidas suficientemente en cuenta por quienes insisten en la superioridad predestinada de la empresa estatal. Obviamente no se trata de una generalización negativa de la empresa estatal. Se requiere un análisis específico, apoyado en datos de la realidad.

    4. Existe una diferencia entre apoyar la expansión de la empresa privada y apoyar la idea de un desarrollo incontrolado de la propiedad privada. Como he expresado anteriormente, el Estado cubano dispone de muchos mecanismos para ejercer el control efectivo de la empresa privada.

    5. La referencia a “las razones que sean” la hice para recalcar la circunstancia de que las decisiones respecto a la empresa privada no deben ser rehenes de discusiones –usualmente interminables y reiterativas- respecto al funcionamiento de la empresa estatal. Basta con tomar nota de un dato de la realidad: desde hace varios años, la empresa estatal cubana no logra hacer lo que el sector privado hace sin mucha dificultad: crear empleo neto. Obviamente, un análisis detenido –que no es lo que puede hacerse en un simple comentario- exigiría detenerse un “las razones que sean”. En ese sentido apunto solamente una de esas razones: los salarios del sector estatal son notablemente bajos.

    6. Francamente, no pude encontrar una relación directa entre la pregunta que Ud. hizo y la realidad nacional. La contradicción en Cuba no alcanza a ser, hasta donde conozco, una contradicción entre la legitimidad de quienes detentan el poder económico y la legitimidad de los que padecen la desigualdad y la explotación.

    7. He utilizado los términos “cuestión práctica” y “razón práctica”, pero no me he referido al “pragmatismo”, que es algo diferente. Lo primero se refiere a la necesidad de tomar en cuenta la realidad. Por otra parte, e pragmatismo se refiere a una visión particular de la realidad que privilegia la búsqueda de la eficacia y la utilidad.

    8. Estimado Carlos, concluyo volviendo al punto número uno: la cuestión del poder. La democracia obrera directa no tiene fórmulas mágicas y como Ud. bien apunta la experiencia en muchas partes deja mucho que desear. Sin embargo, la experiencia con las formas de democracia socialista no directa no son mejores, incluyendo el caso de Cuba. Lo que me parece muy discutible, es que la burocracia estatal tenga legitimidad para reclamar para sí una superioridad de gestión de la propiedad social que –salvo excepciones- nunca ha podido demostrar convincentemente. Esas prerrogativas que les vienen dadas a la burocracia, dada su supuesta función de fideicomisarios de la propiedad social, representan una parcela de poder que no hay que asumir que van a ceder con facilidad. Entonces, pudiera ser que las objeciones que muchas veces se le hacen a las formas de democracia obrera directa estarían más bien expresando la renuencia de la burocracia estatal –que es grande y tiene recursos- a entregarle cuotas de poder económico y político a los obreros, legítimos propietarios de los principales activos económicos del país. Un asunto políticamente complicado, pero que la dirección de la Revolución ha manifestado claramente que es un toro que hay que agarrar por los cuernos.

    Agradeciendo su atención y paciencia, le saludo fraternalmente.

  • Carlos Luque dijo:

    (I) Estimado Monreal: paso a referirme a algunos de sus puntos.

    1. Estoy de acuerdo con ud cuando afirma: “El análisis de las posibles soluciones económicas es fundamentalmente un problema político.” De eso se trata: y como opino que la dialéctica interno – externo es inevitable en este punto, por ello le reitero la pregunta, aunque comprendo que quizás no sería de su interés entrar en el tema: ¿qué opina ud de, o por qué cree que, la política gubernamental estadounidense de la “normalización” se propone estimular el auge de la propiedad privada en Cuba, pero a la vez excluye al Estado y Gobierno (cuya legitimidad paradójicamente dice reconocer y en la que afirma no querer influir) de esa política? La finalidad política de ese objetivo económico está a la vista. Por lo tanto la cuestión del manejo adecuado de la propiedad privada en relación con los objetivos socialistas, pero no sólo con respecto a lo que puede contribuir al crecimiento, sino a la gravitación política de la propiedad privada (y su influencia política) , es de la máxima importancia en Cuba en interés del futuro de su sistema económico social.

    Por lo tanto, si antes, como ahora, la gestión de la propiedad estatal y social de los principales medios de producción no da todos los resultados esperados, ¿cuáles son las causas que, en última instancia, son las fundamentales?¿Son ellas las que se localizan en el carácter de la propiedad estatal misma? Claro que esa perspectiva se puede sostener solo sí se aísla el análisis interno con respecto a las consideraciones de este tipo y muchos otros factores.

    Ud afirma: “La propiedad estatal no equivale automáticamente a ser una forma de la propiedad social del trabajador. El asunto es complejo y necesita una valoración precisa para cada lugar y en cada momento. Parte de la actualización consiste en tratar de avanzar en ese terreno, pues desde hace tiempo esa relación no funciona de manera adecuada en Cuba.”

    2. Opino que la misma eventual complejidad – cuestionamiento, que ud le señala a la valoración de la propiedad estatal como una forma legítima de la propiedad social, se le puede aplicar – pero para mi con muchas más razones –al tema del espacio y la extensión crítica y aconsejable del significado político de propiedad privada, en un sistema que se propone el socialismo. Como bien ud señala esa valoración debe intentar ser, al menos, “precisa para cada lugar y en cada momento”, idea que me recuerda de inmediato lo que aconsejaba también Lenin.

    Pues precisamente por allí va mi intuición, cuando creo que no podemos analizar y proponer soluciones para el caso cubano intentando sólo el análisis del marco “interno”, gravitando en demasía el asunto económico sin su interrelación con el orden mundial y la oposición imperialista, y señalando al Estado y la propiedad estatal como la causa fundamental de que la economía cubana no pueda despegar.

    Creo que existe una diferencia de ópticas entre ud como especialista y mi opinión como ciudadano con conocimientos más bien elementales en esta cuestión: ud considera que La actualización del modelo económico en Cuba es un fracaso, según leo en un trabajo suyo (http://thecubaneconomy.com/articles/authors/monreal-gonz%C3%A1lez-pedro/), pero esta óptica, sin más consideraciones, no tiene en cuenta, y disculpe ud mi opinión si en otros trabajos suyos que desconozco no es así, las inmensas dificultades que el orden económico global le impone a las experiencias del tipo cubano.

    Es decir, cuando hay una valoración bastante unánime y extendida entre muchos especialistas, economistas y politólogos de que no se puede juzgar o valorar la capacidad interna de una forma de gobierno (sobre todo de los que han intentado el socialismo) sin tener en cuenta la oposición (bloqueo transnacional y extraterritorial, guerra económica, etc), no me parece válida la perspectiva de un análisis que al valorar la capacidad de un ordenamiento político y económico, no lo tenga en cuenta y todo se ponga a su cuenta. En los análisis suyos que he podido leer observo esa posición que ud reitera aquí, es decir, limitémonos a la cuestión interna. Por supuesto que si aislamos a Cuba de esas consideraciones no es posible otra perspectiva y no son posible otras conclusiones. ¿Pero es posible (¿es justo?) sostener que la propiedad estatal socialista no puede generar más empleo, o hacer crecer la economía a ritmos del PIB adecuados a sus necesidades solo por ser propiedad estatal? No creo que se pueda fundamentar eso como la causa per se, en un país excluido de los mecanismos internacionales de crédito, sometido a una persecución constante de toda su actividad financiera y comercial internacional, tan sistemáticamente y durante tanto tiempo, con la acumulación de dificultades y deformaciones que ello implica. En todo caso hay que tener en cuenta esta complejidad y el análisis preciso para cada lugar y en cada momento.

    3. En relación con todo lo anterior está el punto 3 de su comentario. La propiedad socialista no sería “superior” –económicamente hablando- pero no, en puridad, por ser propiedad socialista, teniendo en cuenta, sobre todo, que el socialismo en una página en construcción y que en ninguno de sus intentos se ha podido intentar en paz. Sin embargo, la propiedad privada como columna vertebral predominante de un sistema, y sobre todo si es neoliberal, no creo yo que se pueda considerar “superior” incluso ni económicamente hablando, cuando examinamos la tremenda y abismal, y creciente desigualdad mundial y la catástrofe que es el estado de cosas mundial actual. No tengo que citar las cifras que un economista conoce y maneja mucho mejor que este comentarista, solo recuerdo esa especie de chiste que reza que el sistema capitalista es el mejor de los sistemas posibles, precisamente…para los ricos capitalistas. Las evidencias son abrumadoras a este respecto para que tengamos que detenernos en ellas.

  • Carlos Luque dijo:

    (II) 6. En su punto 6, ud reitera que no pudo “encontrar una relación directa entre la pregunta que Ud. hizo y la realidad nacional “. Mi pregunta la suscita este comentario suyo anterior: “ La gran mayoría de las posturas críticas que existen en Cuba, incluyendo las que reclaman mayor espacio a la propiedad privada y al mercado, son opiniones tan políticamente legítimas como…”. Y creo que es notorio en mis comentarios anteriores, que yo no pueda desvincular el examen de estos temas a los factores externos a Cuba, por una parte, por lo que la reflexión sobre el tema propiedad no puede quedar circunscripta al marco de la realidad nacional, y por otra, lo que es más importante para mi ,y que es una cuestión de principio y de fundamento, si se quiere, en este sentido: no todas las posturas que reclaman un mayor espacio a la propiedad privada buscan el objetivo, tienen el significado, ni las consecuencias políticas propicias a la sobrevivencia y continuación del proyecto socialista cubano. Eso es una evidencia y sería un comentario muy largo ejemplificarlo. Baste decir que hay una corriente de pensamiento que muy enfáticamente aduce “razones económicas” para la ampliación de la propiedad privada en la línea del cambio de régimen. Eso, cuando se declara abiertamente, que no es lo más frecuente. Y hay otra línea que en su argumentación de la conveniencia económica de un determinado auge de la propiedad privada, apoya y hace sinergia con un rosario bien definido de otras propuestas a) el pluripartidismo b) el cuestionamiento de la capacidad y legitimidad del gobierno y el estado cubano, y como ha dicho alguien, el cuestionamiento del socialismo y al final de la Revolución Cubana c) el análisis focalizado estrechamente en los factores internos de las dificultades d) las propuestas de democratización reducidas a la práctica democrática liberal, pero sin apoyar y reconocer un desarrollo de la forma de democracia que se han dado los cubanos y otros puntos que ahora se me escapan.
    Esos objetivos no tienen legitimidad política hoy en Cuba, ni están refrendados en su Constitución, porque son contrarios a la voluntad general y mayoritaria en cualquiera de los ejercicios de la democracia cubana hasta el momento, que insisto, no tiene por qué ser impuesta según otros modelos. Además de todos los ejercicios anteriores, el hecho de que hoy las mayorías estén discutiendo y examinando los documentos de la actualización y los
    emanados de los congresos, es un tipo de manifestación de la voluntad ciudadana. Para más claridad, a un tipo específico de exigencia de la ampliación de la propiedad privada o aspiraciones capitalistas me refiero, o si se quiere, a posturas contrarias al socialismo, y con respecto a ella va mi pregunta, que situada de ese modo, la encuentro muy pertinente. Si se trata de la legitimidad política de los que abogan por un determinado desarrollo y empleo de la propiedad privada en conjunción con los objetivos socialistas, pues no hay nada que decir, pues esa ese es también el objetivo del gobierno, del partido y del estado cubano y de la voluntad popular. La cuestión es otra: desde el punto de vista económico cómo resolver esa dialéctica propiedad privada – socialismo, y sobre todo, con qué objetivos y finalidades políticas.

    7. Me queda claro su punto 7 en cuanto a la definición de los términos. Puede que me equivoque, pero a veces noto que la búsqueda de la eficacia y la utilidad, a ultranza, que es en su correcta definición el pragmatismo, ocurre precisamente cuando los análisis se reducen a las cuestiones tecnocráticas económicas. No solamente la tragedia del socialismo es esa, sino ya de cualquier gobierno que se proponga una política de beneficio que no rinda tributo claro y directo a la eficacia y la utilidad de la economía pero nótese bien, cuando van en detrimento de la conducción económica de la que se benefician los grandes poderes económicos de la actualidad. Ejemplos sobran hoy. ¿Y que es la concepción neoliberal de la economía sino la búsqueda a todo costo, y qué costo, de la maximización de las ganancias, es decir, la máxima eficacia y las utilidades crecientes? No creo que haya sistema económico precisamente más salvajemente pragmático. Los hechos escapan a toda doctrina.

    8. Su punto 8 es muy importante. Es innegable que el burocratismo retardatario existe. En las experiencias socialistas ha sido una rémora desde su primer intento histórico, ya Lenin tuvo que luchar ferozmente contra ella desde los primeros años de la experiencia bolchevique. En lo que diferimos es en la valoración en bloque y generalizadora, que da la impresión primero de que es abrumadoramente predominante y decisiva, y segundo de que no se hace nada significativo contra ella. Además del hecho innegable de que la burocracia, no el burocratismo, es algo propio e inevitable en todo sistema estatal, de toda organización humana, incluso en las organizaciones económicas capitalistas. Pero de allí a deducir que hay un burocratismo prevaleciente que es el que se opone a buscar e implementar soluciones al problema de la propiedad social en Cuba, va una distancia. Dialogo con ud y por lo tanto le digo con respeto que no será ud el que quizás maneje tendenciosamente ese tema, pero sin dudas como parte de la propaganda que intenta debilitar y desacreditar al sistema cubano, hay toda una corriente interna y externa de muy vieja data que hace énfasis en ese punto, sin considerar su dinámica histórica y los hasta los intentos pilotos y experimentales que se hacen en determinados municipios del país por ir buscando formas de organización que pongan frenos a las consecuencias del burocratismo. En esto cada uno tiene su apreciación, la mía es de apoyo y confianza a que lo mejor de los representantes de ese gobierno, de ese sistema de vida y organización política no está inspirado en una burocratización contraria a los derechos sociales de los trabajadores y las demás capas de la población y que ello también está relacionado a las inmensas dificultades que se le han opuesto al desarrollo pacífico de sus potencialidades.

    Agradeciéndole mucho también su atención, pero la paciencia no ha sido necesaria en mi caso, quizás sí en el suyo, al disponerse a dialogar con una persona sin preparación académica en tan arduos temas, lo cual creo que no es muy frecuente. Un saludo. Y si está ud a favor del socialismo cubano, como se deduce de sus reflexiones sobre los derechos de los trabajadores, espero que su obra y sus investigaciones le sean propicias a tan noble intento.

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Carlos Luque Zayas Bazán

Carlos Luque Zayas Bazán

Licenciado en Literatura y Español, y profesor de Computación. Cubano residente en Chile. Administra el blog “El aldeano vanidoso”: https://chilecuba.wordpress.com/

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