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Y, ¿qué cuestionan ahora?

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Fidel Castro. Foto: Archivo.

Fue el mismo Fidel Castro quien advirtió que la Revolución Cubana no dependía de un solo hombre. Foto: Archivo.

Los enemigos ideológicos de la Revolución Cubana nunca han abandonado el obcecado ejercicio de, en sucesivas ocasiones, decretar su muerte. Todavía guerrilla, intentaron matar la criatura en el vientre, pontificando que al poder se podía pretender con el ejército, pero nunca contra él. Criatura recién nacida, fallaron a favor de un destino manifiesto, la imposibilidad de oponerse con éxito al vecino poderoso; disuelta la comunidad de los países llamados socialistas, esperaron jubilosos, y ahora sí, el final siempre anunciado. De los actuales cambios esperan la definitiva disolución de su radicalidad, devorada por la omnipresencia mundial de la economía y la cultura capitalistas. Pero después de todas sus infelices pesadillas, todavía la Revolución sigue ahí.

Hoy se reeditan diversas maneras de no entender a la criatura esquiva que hizo estallar los límites de lo posible. En relación a la continuidad del proceso revolucionario este comentarista ha leído, siempre originadas en los círculos de pensamiento que se alejan de la radicalidad propia de la Revolución fidelista,  algunas opiniones con respecto a la fuente de la legitimidad de la Revolución Cubana.

Recientemente una de ellas afirma que su legitimidad tiene una relación directa con la existencia de sus fundadores y líderes. No es una completa novedad. Por años una idea afín flotó como una admonición más o menos apocalíptica sobre el futuro de Cuba, especulando  sobre lo que sucedería después de cumplido el ciclo vital de su Comandante en Jefe y líder revolucionario, Fidel Castro. Siempre fue una variante de la propaganda interesada en cuestionar las raíces de la Revolución, al hacer depender su destino de la influencia de una generación, pero ahora se añade también lo que siempre estuvo en el fondo, que es el intento de cuestionar la legitimidad de su forma de gobierno, su democracia y el papel del Partido Comunista.

Fue la enfermedad, y no el término de la vida biológica de Fidel, lo que al fin vino a demostrar, y por un lapso de tiempo suficiente, algo que muchos cubanos nunca dudaron: que la continuidad del proyecto cubano no dependía ni de un hombre, por grande e importante que fuera, ni de una generación histórica, por muchos méritos que acumulara. Fue el mismo Fidel, por muy aguda consciencia que debió tener de su papel, quien lo advirtió muchas veces.

El intento de replantear o refundar la legitimidad de la Revolución, y consiguientemente cuestionar la guía del Partido cuando ya no vivan sus fundadores, surge de no aquilatar en su justo significado las raíces y la genuina profundidad social de un proceso que corona una etapa con innegable coherencia histórica de luchas libertarias. También implica un cuestionamiento de la democracia cubana, más allá de lo que se acepta que debe desarrollarse y mejorar. Es una especulación que no pueden abandonar los que quieren ver  a Cuba como un país “normal”, subsumido y diluido por la normalidad capitalista, ni por los que pretenden meter en las camisas de fuerza de las teorías una realidad telúrica y viva.

Sobrevino después el anuncio de la acotación del período presidencial, y la eterna y supuesta preocupación por el destino de la Revolución cobró nuevos bríos. Como ya los agoreros tenían que olvidar la anunciada fractura o ruptura de la continuidad que imaginaron ocurriría con la ausencia de Fidel, ahora la trasladan a la inevitable y paulatina cesación vital de los líderes históricos que le sobreviven.

Sin embargo, esta vez se añade un elemento sumamente disruptivo, tampoco tan nuevo, pero que está recibiendo en nuestros días un mayor énfasis. Si antes se atribuía a Fidel la fuerza de su ejemplo viviente y su prestigio indiscutible de líder mundial como una especie de sostén imprescindible después del cual algo tendría que suceder, ahora, al subrayarse la idea de que la fuente de legitimidad de la revolución está ligada, o relacionada con sus máximos líderes y debe ser replanteada, subrepticiamente lo que se quiere poner en duda es la legitimidad del Partido Comunista como la máxima entidad dirigente de la Revolución y la nación cubanas.

No es casualidad, por lo tanto, que esta corriente de pensamiento también esté afiliada al “centrismo” político y aparezca en sus medios, pero apoyado esta vez en el cuestionamiento de la arquitectura de la democracia cubana.

En efecto, se lee con más insistencia que nunca antes en esos círculos, que el relevo generacional en la política cubana por la natural desaparición física de sus líderes fundadores, va a exigir la refundación del contrato social y debe iniciar el cuestionamiento de las fuentes de la legitimidad de la conducción partidista de la Revolución.

En el fondo esos criterios pretenden afirmar que sólo los líderes históricos gozaron de la legitimidad para conducir el proceso revolucionario cubano. Es incuestionable que los líderes de las luchas revolucionarias adquirieron por aclamación popular primero, y por la ejecutoria fiel al programa revolucionario después, la legitimidad para iniciar, conducir y desarrollar la Revolución ya en su período de paz. Pero la revolución cubana es algo más, y mucho más, que su última etapa de lucha armada. Es mucho más que su largo período de logros fundamentales, de conquistas logradas en medio de formidables obstáculos. Es más que  el logro del disfrute de derechos de los que muy pocos pueblos gozan, y uno de cuyos méritos ha sido sobrevivir a una agresión única en la historia.

La Revolución Cubana no se reduce a ninguno de esos elementos porque esa gesta es la que hizo posible la maduración total de la Nación al conquistar la soberanía y la independencia definitivas. Y el mérito y la legitimidad que de allí deriva no se deben a un grupo de hombres por mucho que las individualidades pesen en los acontecimientos históricos. Es por ello que Fidel afirmó que en Cuba sólo había ocurrido una revolución, tesis que nuestros enemigos ideológicos han querido refutar inútilmente, como también han intentado separar la íntima unidad que existe entre Patria y Revolución, entre socialismo e independencia nacional.

Por lo tanto, lo importante es que esa tesis puede ocultar que la fuente de la legitimidad para conducir el proceso revolucionario cubano no se puede reducir, ni mucho menos emana del mérito de sus líderes históricos, ni tampoco radica en sus líderes, por mucho merecimiento que hayan ganado.

Con esa óptica reductora no se tiene en cuenta que la legitimidad de la Revolución Cubana ha emanado del pueblo, es la Revolución de un pueblo, y no de unos líderes ni de su vanguardia, porque esos hombres jamás la hubieran podido conducir, ni aun concebir, si no hubiera surgido de raíces y exigencias populares, que la mandató después en su Partido Comunista, quien, por esa razón, está formado por los que su mismo pueblo considera su vanguardia, con miembros que son parte del pueblo, en cuya elección y aprobación participan los colectivos formados por el pueblo trabajador y donde no militan ni élites, ni representantes de intereses económicos o ideológicos contrarios al interés común, o representantes de intereses sectoriales y antagónicos.

La Revolución Cubana es algo mucho más trascendente y desborda la existencia de los líderes de su etapa actual: es su histórica coherencia, sobre todo es el pueblo que la ha construido, padecido o gozado, son los órganos de gobierno que elige con su forma peculiar, independiente y soberana de hacerlo, y su conducción no es privativa de un mero grupo de hombres, sino en un Partido Comunista mandatado y nutrido de su pueblo.

Fidel lo advirtió de esta manera: los hombres mueren, el Partido es inmortal. El cuestionamiento, escamoteo o reducción de la legitimidad a sus fundadores, es también la reducción o el escamoteo de una medida que nos pertenece a todos, y que ha sido nucleada y condensada en un órgano que garantiza su unidad y coherencia, pero sin dejar de ser ese pueblo que le otorga su legitimidad.

Faltarán los fundadores que aún viven, pero queda una obra realizada y mucho más por realizar, a partir de un legado que no dejará de ser cuestionado o atacado por poderosos enemigos, o por propuestas teóricas de importación, o por la incomprensión de lo inédito que desafía todo lo conocido por la tradición, pero es una obra de todos y para todos, porque sigue siendo la legítima heredera de lo que Martí llamó el alma visible de la Patria. No podemos admitir, ni permitir, que nos confundan.

(Tomado de La Pupila Insomne)

Se han publicado 9 comentarios



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  • Francesco Monterisi dijo:

    Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas
    articulo traducido en italiano http://www.cubainformazione.it/?p=21526

  • senelio ceballos dijo:

    Saludos desde Rusia a CARLOS LUQUE y extender mis saludos al filosofo ALEXIS CONOVAS…Estamos con su articulo en general..Pero, le claro…..Hoy ya tenemos el 01-01-1959..bravo lindo!! Ademas del 17D….Pero, es el momento historico mas PELIGROSO para el proyecto cubano….Yo lo veo asi….Vi / veo como cayeron y estan cayendo proyectos mas potentes que la amada CUBA…desde el punto de vista economico…Por Ej..Bulgaria, Estonia, Ucraina y otros Ud las conocio en la ERA de la CCCP?…vaya hoy y vera como las coorporaciones EU-UE ..Las han transformado en paises VITRINAS….CUBA va casi por el mismo camino…o no es asi?..debatimos?

    • Rey dijo:

      El fundamento de todo tiene un elemento clave en la dimensión económica pero esta no actua linealmente, como se puede interpretar de la comparación que se hace de las economias de unos y otros países.

      El hombre (y la Sociedad) es en general un ser histórico cultural, los factores económicos actuan, como todas las cosas, a través de este componente. Más relevante es lo que afirma el autor, la Historia ha hecho lo que es Cuba hoy y esa no depende de un hombre; hasta el propio Martí es producto de muchos antecesores y de la sociedad en que vivieron.

      Si quieres encontrar una imagen que pretenda captar la diferencia entre Cuba y los paises del ex-campo socialistas, pues fíjate que aquellos que dirigirían esos paises entraron mayoritariamente de trás o encima de tanques T-34 rusos: los rebeldes entraron sobre tanques Sherman americanos que le quitaron al ejercito de Batista. La entrada de los rusos a Varsovia pudo (y seguro lo fue por muchos) ser vista como una temporada más de las muchas ocupaciones rusas a través de la Historia; en La Habana y en Santiago, la entrada de los rebeldes pudo ser interpretada como una reivindicacion de las muchas ofensas e injusticias sufridas por el País en su Historia, por primera vez nadie de “afuera” definia lo que ocurría.

  • Amador dijo:

    Yo no tengo la capacidad para hilvanar ciertas ideas para debatir con el propio autor del artículo algunas cuestiones que se tocan en el escrito, pero por suerte, el forista mabuya, desde la Pupila Insomne (primer lugar donde se publicó este escrito) ha hecho papilla muchos de los puntos y verdades absolutas que este autor, famoso por su cruzada contra muchos de las voces más críticas e inteligente de Cuba, expone en su texto.

    Yo no comparto ni el 80% de lo que se expone, esta más, estoy totalmente en contra de muchas de sus concepciones antidialécticas y gastadas, pero lo que el forista mabuya toca en su comentario, termina por poner al escribidor de este artículo en 3 y 2

    • Amador dijo:

      Error de redacción, con quien no estoy de acuerdo ni al 80% es con el autor del articulo. COn Mabuya estoy muy de acuerdo

  • Carlos Luque dijo:

    Se ha hecho el intento de refutar la idea de Fidel citada en el texto, a partir de una interpretación muy simplista y literal del concepto encerrado en el término inmortal…Recordando, por ejemplo, la implosión de la antigua URSS y la caída en cadena de la comunidad socialista. Sin tener en cuenta que hoy el Partido Comunista en Rusia es la segunda fuerza política del país y que incluso Putin hace renacer en su discurso elementos simbólicos propios de la era soviética, y que sin duda permanecerán en la memoria histórica y espiritual de aquella nación, debí argumentar en otro sitio algo más como respuesta a un comentario de una persona no identificada que utilizaba la interpretación simplista mencionada al comienzo. Me veo obligado a resumirlo aquí.
    El hecho de que el PCUS u otros hayan afirmado su inmortalidad, no creo refuta la idea que expongo. No creo que nadie pueda refutar la verdad histórica encerrada en la idea martiana de que “una idea justa defendida desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”. Por supuesto, el hecho de que sea una metáfora, no le resta el mínimo de validez. A un ejército que defiende un orden injusto hay que oponerle otro que tenga la razón histórica, precisamente la idea inmortal. Es lo que hizo la guerrilla cubana ante un ejército armado con los mejores instrumentos de la época por el mismo régimen imperialista que después condenó al país a una larga agresión que obligó a Cuba a buscar las imprescindibles alianzas geopolíticas posibles en aquellos momentos. Fue esa idea justa la que impulsó a los mambises, al machete, contra los mejores fusiles del momento y derrotarlas. Es lo que hicieron cubanos y angolanos, los vietnamitas, etc.
    A la idea de la inmortalidad de un Partido, que es la de un principio, una convicción, una idea noble y superior porque es en beneficio de la humanidad, como el cubano, no se le puede hacer una interpretación tan simplificadora y pobre. Cualquier mínima información histórica de que se disponga demuestra que no hay nada históricamente irreversible, pero que único irreversible es que mientras exista la especie, los oprimidos, los explotados, los pobres de la tierra, no se resignarán a su condición y lucharán de una u otra forma, según las condiciones de cada circunstancia, por rebelarse contra las dominaciones. Es la historia de la humanidad. Esa idea simple es el principio básico, como yo lo pienso, del Partido Comunista cubano, de la aspiración socialista. Eso es inmortal, y entre otras ideas, es a lo que Fidel se refería. Mientras el Partido cubano no sea el partido de una clase explotadora, (que es lo que ocurre en los países capitalistas pese a su falso pluripartidismo), mientras no se permita que la sociedad se fragmente en los nefastos intereses parciales en pugna con otros sectores porque acumulen riqueza económica y ello les lleve a defender ideas o proyectos opuestos al interés común, mientras el Partido esté formado desde la base popular por trabajadores y gente de pueblo en fin, será el partido que tiene la irrefutable legitimidad que le otorgan esas bases, que es, resumiéndolo en una palabra, la Revolución misma. Le podemos llamar Partido aquí, pero no importa tanto el nombre que le demos. Pondré el ejemplo más caro al cubano. Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano para organizar una guerra de liberación, por cierto, no sólo anticolonial, sino antimperialista, no sólo contra el régimen colonial español, sino contra la prevista expansión del apetito estadounidense que tan profundamente estudió. Murió, cuando no debía morir, como cantó el pueblo cubano, lanzando hacia la inmortalidad la esencia medular de ese partido.
    La mágica historia cubana quiso que Carlos Baliño, miembro de aquel partido, le pasara el batón inmortal a Julio Antonio Mella, también convencido martiano, y fundaron el Partido Comunista de Cuba el 16 de agosto de 1925. En el centenario del nacimiento de Martí, otra generación no lo dejó morir, es decir, continuó en la línea de la única inmortalidad que existe, esa que, otra vez según las circunstancias históricas, era la aspiración de lucha de los movimientos o distintas organizaciones de luchadores que se unieron para continuarlo, formando el Partido actual. Esa es una innegable inmortalidad, pero que tiene también otros muchos ancestros que no es del caso mencionar aquí. La reducción del caso cubano en su relación con la URSS y el PCUS, es, como se dice en buen cubano, un cuento más largo que no puedo hacer aquí, pero que nuestros enemigos usan a placer para hablar de estalinismo, sovietización, y otras lindezas que tienen la fealdad de descontextualizar los hechos históricos y el análisis específico de cada etapa, universalizando incorrectamente los hechos y las etapas. Y si aún en un imponderable giro de la historia, si la gesta cubana fuera aniquilada, si nosotros mismos, como dijera Fidel, fuéramos los responsables de ello, no tengo duda que hay algo que va a sobrevivir, inmortal, y otras generaciones de cubanos la continuaran. Y siempre que un grupo reducido de hombres con esa idea se rebelen, allí estará ese Partido, para renacer de su aparente aniquilación. Entre otros elementos, a eso se refería Fidel, y es mi convicción.
    Las flaquezas, las traiciones, las miserias humanas, los que se levantan hoy y se rinden mañana, los militantes que no merezcan esa alta condición, siempre los hubo, en esta época y en todas, es parte de la diversidad de la especie como reacción ante las enormes dificultades que se le han impuesto a Cuba. Pero el hecho de que podamos referirnos a todas las deficiencias o incoherencias humanas, prueba, precisamente, que en nuestra sociedad, ni en nuestro Partido, son ni quedan impunes. La difícil historia revolucionaria cubana no justifica lo que voy a afirmar, pero resulta por lo menos asombroso, que no reparemos en lo que ha significado el Partido, la acción y el ejemplo sus mejores hombres, tanto los comunes, como los que tienen altas responsabilidades, de manera que hagamos énfasis sólo en las manchas del sol. Esa es mi otra convicción. Como también lo es que nuestro proyecto, sobre todo el pueblo mismo que decida seguir apoyando y haciendo el socialismo, y el Partido, deben seguir evolucionando, y revolucionando, perfeccionando su democracia interna, no diferenciándose jamás del pueblo, y continuando en la línea de esos principios que son inmortales. Si alguna vez así no fuera muchos cubanos seguirán esa tarea, sin ninguna duda.

    • sachiel dijo:

      Eso no lo dude, al sol o en la sombra, pero los agradecidos, como dice la canción, ahi estarán tambien…

      Curioso el comentario de Amador… lo hubiera expuesto sin más, no le costaba nada.

    • Eduardo González S. dijo:

      Tanto el artículo como esta acotación son profundos, sustanciosos, son válidos. Tuve por suerte hacerme profesional en la otrora URSS adonde fui a estudiar en dos ocasiones. Luego pasé por la experiencia de tres misiones en Angola y ver en acción a los que llamábamos “hermanos mayores”, cuya principal característica era parecer y ser las personas más doctrinarias del planeta y que presionaban para que los cubanos actuáramos a la par. Pero nuestra gente es más obstinada y terca que un pescador del malecón. Y resultó que ellos no podían vencer en una guerra que no entendían. “No es extraño que la victoria en Afganistán se les escape si la guerra la dirigen como en Angola”. Una expresión de uno de nuestros dirigentes cuando la parte cubana se negó a participar en dos ofensivas idiotas separadas por dos años. “Los van a derrotar”, se les dijo. Y los sudafricanos los hicieron tierra las dos veces. Viene a mi mente una conclusión de Ezer Weissman, creador de la Fuerza Aérea israelí: “Solo he aprendido que no tenemos que aprender de nadie. La creatividad de la calidad israelí siempre vencerá a la cantidad árabe”. Analícese esta frase en su contexto para evitar malos entendidos. Muchas distorsiones vimos en la tierra de los soviets y en Angola. En ocasiones cierto prurito de gran nación se hacía visible junto a una sobrevaloración de sus experiencias a lo largo de los años. Y nada, demostraron ser falibles como todo el mundo. Y nuestra islita, bloqueada, jodida y llena de carencias, vino a demostrar que podíamos hacer las cosas bien sin tutela de nadie. De todo nuetro experimento político que va a cumplir sesenta años, el rasgo que más adoro es su originalidad. Mantengámosla.

  • Alberto dijo:

    El partido jamás puede perder la capacidad de aunar las voluntades de la mayoría de los cubanos, porque de las fuerzas revolucionarias es la que tiene la capacidad potencial de ser eterna

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Carlos Luque Zayas Bazán

Carlos Luque Zayas Bazán

Licenciado en Literatura y Español, y profesor de Computación. Cubano residente en Chile. Administra el blog “El aldeano vanidoso”: https://chilecuba.wordpress.com/

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