Imprimir
Inicio » Opinión, Historia  »

Los imperios y el combate de las historias

| 16

Calixto García

Hace unos veinte años, mientras visitaba el Castillo de Santa Bárbara, en Alicante, descubrí en el patio de armas una tarja que decía: Aquí estuvo preso el forajido cubano Calixto García Íñiguez.

Tras el instante de perplejidad, fui invadido por sentimientos contrarios. Como es lógico, primero sobrevino el fastidio: entendemos por forajido al bandolero armado que suele asaltar viajeros indefensos por los caminos, y, como se sabe, Calixto García fue uno de los más brillantes generales en nuestras Guerras de Independencia.

Más aún, para nosotros es símbolo de valor y dignidad. Conocida es la anécdota cuando las autoridades españolas informaron de su captura a su madre Lucía Íñiguez. ¡Ese no es mi hijo!, dijo ella. Pero cuando le dijeron que antes de ser apresado se había dado un tiro bajo la barbilla, entonces Lucía replicó: ¡Ah… Ese sí es mi hijo!

Sin embargo —y tanto como sucedió a Lucía Íñiguez— luego del disgusto, llegó el sentimiento de orgullo. Entendí que tras el término ofensivo en realidad se ocultaba bastante de soberbia y despecho. “Más se perdió en Cuba”, a modo de conformidad todavía suelen decir los españoles cuando pierden algo valioso; y, a fin de cuentas, si a Calixto le habían dedicado aquella tarja, era porque su estancia forzada allí aún seguía prestigiando aquel recinto. Aunque costara reconocerlo.

Más tarde, al filosofar sobre el asunto, también entendí que las historias no solo cuentan las guerras, sino que además combaten contra otras historias. Por ejemplo, aquella donde se relata que el hombre surgió del barro, ganó la batalla a la que afirmaba que surgió del maíz. Ello permitió que, sin remordimientos —y a nombre de una supuesta verdad— los conquistadores españoles pudiesen matar a millones de indios en América.

Los aztecas habían logrado condensar una rica y compleja cultura; pero, según los conquistadores, estos eran unos salvajes que hacían sacrificios humanos. Para nada importaba que entonces los propios españoles quemaran en la hoguera a miles de sus compatriotas solo por pensar diferente. Ya se sabe: si logras demonizar una idea contraria, la tuya parecerá de origen divino.

Desde luego, es esa una manera disfuncional de enfocar la historia; pero lo asombroso es ver cómo el método una y otra vez se repite. Casi medio siglo antes de que Hitler declarase a los nazis herederos de la supuestamente superior raza aria: manera de justificar el asesinato de millones de eslavos y judíos en campos de exterminio; ya en Cuba, el Capitán general español Valeriano Weyler había creado los Campos de Concentración.

Según el consenso de varios historiadores, se estima que, como consecuencia de dicha política, no menos de 300 mil civiles murieron de hambres y enfermedades: o sea, el 20 % de los habitantes de la Isla. Estimemos entonces a quiénes, con toda justicia, podemos llamar forajidos.

Desde luego, tales hechos pudieran parecer lejanos en el tiempo, y lo expresado sobre Calixto entenderse como casual irreverencia. Sin embargo, la historia de una nación no solo es el registro escrito de su vida pasada, sino también conocimiento acumulado, razones morales; guía y fuente viva para la acción futura.

Así, desde determinado punto de vista, quizá apreciemos que las tendencias geopolíticas actuales son otras: por ejemplo, ya España no es un imperio; pero mirado el asunto desde otro ángulo, vemos que de pretensiones hegemónicas aún no se priva el mundo. Que un imperio quiera dictar su sistema de creencias al resto de las naciones, sigue siendo cosa del presente.

Y para lograr ese objetivo, tampoco han variado mucho los métodos: intervención militar, desestabilización de gobiernos, guerra cultural… Mediante la propaganda y el despliegue mediático, no solo se busca demonizar naciones, ideas, culturas y sistemas políticos que adversen, sino asimismo exhibir la doctrina o cultura particular como si fuera la única y predestinada verdad del universo.

Al promover la llamada doctrina del excepcionalísimo, los imperios no solo se consideran por encima de cualquier regla, principio u obligación comúnmente aceptada, sino que, en nombre de ella, actúan como si cumplieran un mandato de la providencia. No exagero; así ha sido siempre. Los césares romanos solían ser divinizados, los reyes españoles obraban en nombre de la salvación de almas, en la grafía japonesa el término “emperador” significa “soberano celestial”, y el presidente norteamericano George W. Bush dijo haber conversado con Dios antes de atacar Irak.

Ciertamente, con Estados Unidos mantenemos un largo diferendo histórico que no empezó con el triunfo de la Revolución, sino mucho antes. Recordemos la Fruta Madura, la Doctrina Monroe, la política del Gran Garrote… A propósito, también recuerdo aquella durísima carta que en 1898 enviara Calixto García al general William Rufus Shafter cuando las tropas norteamericanas impidieron la entrada de los mambises en Santiago de Cuba.

Después vino la Enmienda Platt, la intervención militar de 1906; la permanente injerencia en los asuntos internos del país… En 1959 triunfó la Revolución, y entonces ensayaron de todo para derrocarla: bloqueo, invasión mercenaria, amenaza nuclear, guerra bacteriológica, intento de asesinar sus líderes, terrorismo… Como consecuencia de actos terroristas, miles de cubanos murieron o quedaron con secuelas permanentes; mientras el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por más de medio siglo ha provocado, y aún sigue provocando sufrimientos a nuestro pueblo.

Recientemente el presidente Obama nos llamó a olvidar esta historia. Lo paradójico es que pocos minutos antes, en ese propio discurso, reconoció que Cuba “es una pequeña nación que ha hecho valer sus derechos, se ha puesto de pie ante el mundo”.

Como es natural, lo mismo que a muchos cubanos me molestó esa pretensión. Sin embargo, poco después recordé la anécdota que sobre Calixto García relato en el arranque de este artículo, y entonces lo dicho por Obama me llenó de legítimo orgullo. Veamos, en el fondo de todo nos estaba diciendo: Cubanos, como no hemos podido derrotar su historia, ni desacreditarla ante el mundo, háganlo ustedes mismos. Renuncien a sus derechos y pónganse de rodillas.

Otra vez la misma mezcla de despecho y soberbia ante la fortaleza moral de nuestro pueblo; pero, hasta donde he podido averiguar, era la primera vez en la historia que un imperio parecía estar pidiendo que no hicieran quedar mal su aparente mesianismo.

Se han publicado 16 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Antonio dijo:

    Es la forma que tienen de ver su historia, la de ellos, en la cual hoy Calixto seria un terrorista mas de una honrrosa lista con millones de nombres entre ellos Espartaco, Garibaldi, Bolivar, Ho CHi Ming y el Che Guevara entre los mas conocidos.

    Pero esa lista corresponde a la otra historia, la de la lucha de los pueblos.

    • una sin permiso dijo:

      Ellos no, los imperialistas porque en España hay también una honrosa lista de luchadores de los pueblos.

      Nunca renunciaremos a la historia transcurrida ni a la que construimos todos los días de nuestras vidas porque somos orgullosamente conscientes de su significado político, de la toma de partido que hemos hecho por quienes producen los bienes materiales y espirituales de Cuba.

      El triunfo de 1959 es el más reciente tramo de la victoria de la nación cubana por la independencia y soberanía; es el triunfo de las ideas antiimperialistas y anticapitalistas demostrando que es posible la creación de un mundo superior en su humanidad donde la bondad no sea un lastre para avanzar sino la esencia de ese movimiento.

      Pero fallamos cuando damos todo por sentado y no empleamos todo nuestro potencial en hacer la contraparte a la guerra que se nos hace. Por ejemplo, no conozco que en Cuba tengamos un monumento a las víctimas de la Reconcentración, donde no harían falta epítetos para que el observador nacional o extranjero se forme una opinión sin sesgo de Weyler, solo el número de muertos y los testimonios gráficos. No estoy hablando de museos, lugares a los que se selecciona ir, sino de señales más inmediatas y abiertas que expongan simbólicamente lo que nos distingue.
      Conozco un conjunto escultórico que acompañando nuestras emociones y sentimientos materializa la resistencia al bloqueo de los cubanos: una figurita de acero rojo plantada en un espejo de agua mientras se opone con una bandera a un dragón llameante. Es una obra de Niemeyer y está en la plaza con el mismo nombre en la UCI. Cuántos cubanos sabrán de esta representación y podrán sentirse estimulados y acompañados?

      Quisiera que tuviéramos algo así para sintetizar realizaciones que lo merecen como la Campaña de alfabetización, o la creación de los Círculos infantiles, el poder del baile entre nosotros (casino, danzón, rumba, ballet, guaguancó), la ayuda médica al mundo, la creación de piezas de repuesto, la organización ante los ciclones. Quizás existan esas obras e igual pecamos por desconocimiento, no por carencia.
      Siempre podrá haber quien diga que no es necesario porque en definitivas toda nuestra realidad es un monumento vivo pero este artículo demuestra que la existencia de la verdad no es suficiente porque los hechos pueden ser ignorados o manipulados y que es necesario difundir nuestros puntos de vista.

  • Y.Cuba dijo:

    Hermoso!!!!!!!

  • Y.Cuba dijo:

    Chichito como siempre aprecio mucho lo que haces!!!!!! Que esa fuente nunca se agote.

  • senelio ceballos dijo:

    Antonio…Le capte su articulo en Rusia y lo lei dos veces..Me gusto mucho y sobre todo muy realista…Aunque debemos tener presente las cosas buenas que nos trajeron los Gallegos hacia la islita amada…. Calixto Garcia aun vive entre los verdaderos hijos…

  • mabuya dijo:

    Bien escrito. Ahora bien, creo que entre nosotros, los cubanos, dejando fuera por un instante lo externo, también debemos mejorar la forma en que contamos las historias.

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    Diccionario de la Real Acadamia;
    Forajido, da. (Contracc. de fuera exido, salido afuera). adj. Dicho de una persona: Delincuente que anda fuera de poblado, huyendo de la justicia. U. t. c. s. || 2. desus. Dicho de un hombre: Que vive desterrado o extrañado de su patria o casa.

    El hecho de que la segunda acepción esté en desuso hoy día, no quiere decir que lo estuviera en el momento en que se colocó la tarja. ¿Porqué no pensar que el autor de la tarja se refería a esa segunda acepción, que significa desterrado de su patria?.

    El lenguaje evoluciona con el tiempo, como casi todo lo demás. Recuerden que la palabra “voluntario” era ofensiva para los cubanos del tiempo de las guerras de independencia. Y la palabra “habitante” era un insulto en la Habana de principios de los años sesenta.

    Saludos.

  • arturo dijo:

    en cuba hay muchos que le rinden pleitesia al imperio y mas ahora que llega dinerito fresco de alla

  • baracoa dijo:

    Esa tarja le da prestigio al lugar, aunque la soberbia ensombrezca la intención. Todavía les duele la liberación de Amèrica. Como colonias, los países le dieron luz y esplendor a España a sangre y fuego. Miren que es España ahora.! Desempleo y otras bellezas, tanto que ni siquiera son capaces de gobernarse. Y el Sr. rey sin saber que hacer!

  • ROBERTON dijo:

    QUE BUEN CUBANO ESE CHICHITO. LO ADMIRO MUCHO, OJALA ESA CUBANIA JAMAS SE PIERDA. UN ABRAZO.

  • Humberto dijo:

    La fuerza, la mentira, la traición son parte del arsenal de los poderosos, pero ser poderoso no es ser grande. La grandeza y el poder pueden andar de la mano cuando se acompañan del sano orgullo, la solidaridad, el amor al género humano. La víctima sufre el desespero del verdugo y en la medida que le resiste se aproxima a la victoria final. La dignidad es un privilegio y la grandeza afianzada en la fuerza, según la entienden los poderosos, está cada día más lejana de la dignidad. Nuestro Calixto fue digno, no importa lo que digan las viejas tarjas cuando en la práctica sufren su frustación desde hace más de un siglo y se consuelan con lo que fueron y más nunca serán. Están tan fraccionados moral y políticamente que no son capaces ni de formar un gobierno. Es, como decimos los cubanos, vivir del cuento.

  • Andrés dijo:

    Interesante comentario y excelente conclusión. De todos modos, creo que no debemos conformarnos con racionalizar cada insulto histórico de esta forma. Eso modela la opinión pública de las sociedades mundiales, y es la razón por la cual nos encontramos de vez en cuando la hostilidad de buenas personas, que desconocen la otra parte de la historia. Nosotros estamos claros de quién fue Calixto García, pero si alguien en el mundo decide hablar de él, entonces tiene que rendir respeto a la verdad histórica. Ellos lo ven como forajido, nosotros, con nuestros argumentos bien organizados en la mano, lo vemos como un héroe. Pero eso tiene que saberlo el mundo.

    Por esa razón, opino que debemos obrar pro-activamente con estos asuntos. Hay que tomar la iniciativa. Nuestros medios de comunicación y nuestra intelectualidad deben prepararse para propagar internacionalmente nuestra versión de la historia. Se debe hacer a través de los canales más sofisticados que existen, y con la mejor factura posible. Nuestras autoridades deberían entrar en conversaciones tranquilas, pero oficiales, con autoridades de otros países, con el fin de corregir estas injusticias históricas. Esto no se consigue en tres días, sino a largo plazo. Pero no podemos seguir permitiendo que otros controlen nuestro propio pasado. Lo más que podemos concederle es el debate, pero debe quedar claro para el mundo lo que nosotros pensamos. Sobre todo en lo referido a nuestra propia historia.

    En cuanto a los imperios, la historia siempre ha tenido alguna nación cuyo poderío económico, militar o de otro orden le ha concedido más influencia relativa entre las naciones. Sin embargo, no siempre ha sido el caso que la nación poderosa ha decidido ejercer su influencia cultural o militar para obtener sus fines. Ha nosotros nos ha tocado la era de la dominación occidental, antes con el colonialismo español, y ahora con el imperialismo norteamericano. Ellos se han comportado de forma estúpida y arrogante, pero no todos han hecho lo mismo. Occidente no ha entendido como se mantiene el poder, y creo que debería estudiar con más detenimiento, independientemente de su complejidad, la historia de los imperios chino, macedónico, islámico, e incluso, el romano en algunas de sus etapas. Respetar los intereses, historia y tradiciones (incluso adquirir muchas de ellas) de las naciones menores ha sido también una constante en la historia de los imperios más estables. Cuando esto no está, el imperio se va a bolina.

  • Andrés dijo:

    Interesante comentario y excelente conclusión. De todos modos, creo que no debemos conformarnos con racionalizar cada insulto histórico de esta forma. Eso modela la opinión pública de las sociedades mundiales, y es la razón por la cual nos encontramos de vez en cuando la hostilidad de buenas personas, que desconocen la otra parte de la historia. Nosotros estamos claros de quién fue Calixto García, pero si alguien en el mundo decide hablar de él, entonces tiene que rendir respeto a la verdad histórica. Ellos lo ven como forajido, nosotros, con nuestros argumentos bien organizados en la mano, lo vemos como un héroe. Pero eso tiene que saberlo el mundo.

    Por esa razón, opino que debemos obrar pro-activamente con estos asuntos. Hay que tomar la iniciativa. Nuestros medios de comunicación y nuestra intelectualidad deben prepararse para propagar internacionalmente nuestra versión de la historia. Se debe hacer a través de los canales más sofisticados que existen, y con la mejor factura posible. Nuestras autoridades deberían entrar en conversaciones tranquilas, pero oficiales, con autoridades de otros países, con el fin de corregir estas injusticias históricas. Esto no se consigue en tres días, sino a largo plazo. Pero no podemos seguir permitiendo que otros controlen nuestro propio pasado. Lo más que podemos concederle es el debate, pero debe quedar claro para el mundo lo que nosotros pensamos. Sobre todo en lo referido a nuestra propia historia.

    En cuanto a los imperios, la historia siempre ha tenido alguna nación cuyo poderío económico, militar o de otro orden le ha concedido más influencia relativa entre las naciones. Sin embargo, no siempre ha sido el caso que la nación poderosa ha decidido ejercer su influencia cultural o militar para obtener sus fines. A nosotros nos ha tocado la era de la dominación occidental, antes con el colonialismo español, y ahora con el imperialismo norteamericano. Ellos se han comportado de forma estúpida y arrogante, pero no todos han hecho lo mismo. Occidente no ha entendido como se mantiene el poder, y creo que debería estudiar con más detenimiento, independientemente de su complejidad, la historia de los imperios chino, macedónico, islámico, e incluso, el romano en algunas de sus etapas. Respetar los intereses, historia y tradiciones (incluso adquirir muchas de ellas) de las naciones menores ha sido también una constante en la historia de los imperios más estables.

  • medardo m rivero p dijo:

    EL ARTICULO ME HA GUSTADO MUCHO, TANTO, QUE ME HIZO RECORDAR ALGUNOS MOMENTOS DE LA VIDA REVOLUCIONARIA, EN LUCHA PORQUE EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE CUBA, NO SE DESCUIDARA. EN AQUELLOS MOMENTOS MI LUGAR DE ACTUACIÓN ERA EN LAS FAR, DE DONDE LUEGO DE CUMPLIR AÑOS DE SERVICIO Y EDAD, ME RETIRE. EN MI NUEVO LUGAR, SEGUÍ TRABAJANDO EN INTERÉS DE LA HISTORIA DE CUBA Y LA UNIVERSAL POR SU IMPORTANCIA PARA UBICAR A LOS NUEVOS PROFESIONALES, EN QUE LUGAR OCUPAN Y QUE MISIÓN DEBEN CUMPLIR; TENER PRESENTE QUE PARA CUMPLIR CON LA OBLIGACIÓN POLÍTICA-MORAL DEL CIUDADANO, DE SER FIELES A SU HISTORIA, DEFENDERLA A COMO DE LUGAR, CON SU CONDUCTA Y VERBO, ES, EN LO QUE RESPECTA A LOS VALORES PATRIÓTICOS UNA SATISFACCIÓN CONSIGO MISMO, MAS QUE UNA OBLIGACIÓN FORMAL.
    TODAVÍA SIGO PENSANDO, QUE ALGÚN QUE OTRO METODOLOGO, CREE QUE NO DANDO HISTORIA, NI FILOSOFÍA, NI OTRAS ASIGNATURAS DE LAS CIENCIAS SOCIALES, SU TRABAJO SERIA MAS FÁCIL PARA ENCONTRARLE LUGAR EN LA PLANIFICACIÓN, SERIA MEJOR INTEGRARLAS AL CONTENIDO SUSTANTIVO DE LAS ASIGNATURAS PRINCIPALES DE LA PROFESIÓN.

  • Hector Pupo Velázquez dijo:

    Magnífico artículo, muchas gracias Antonio muchos todavía siguen creyendo en las ¨buenas¨ intenciones del imperio USA.

  • Ramon Licea dijo:

    Ud tiene razon, los tipos que escriben, o ponen etiquetas con el maso del poder en la mano, muchas veces no saben lo que hacen ó lo hacen con desprecio. Otro ejemplo es que hace un tiempo a los respetables hoy cuentapropias, se les llamaba en tono despectivo merolicos.

Se han publicado 16 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Antonio Rodríguez Salvador

Antonio Rodríguez Salvador

Es poeta, narrador, dramaturgo y ensayista cubano.

Vea también