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Y ahora qué viene

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Ponencia presentada en el Pleno ampliado del Comité Nacional de la Upec.

Al César lo que es del César. Guantánamo dio la clarinada, para este ejercicio de reflexión que emprendemos hoy en torno al nuevo discurso del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

Con los ecos todavía frescos de la visita de Obama, la UPEC del territorio presidido por José Llamo me convocó a un diálogo interactivo sobre este acontecimiento.

Me otorgaron esta deferencia no porque fuera en rigor un experto en el tema, y mucho menos lo pretendería, cuando otros sí lo son en ganada propiedad. Acaso lo hicieron en consideración a que he dedicado la mayor parte de mi vida profesional a la cobertura y análisis de aconteceres internacionales, que me llevaron a desempeñar durante años la corresponsalía de Prensa Latina en Naciones Unidas, en el país que la alberga. O por la docencia ejercida en estos ángulos del saber para futuros proyectos de periodistas.

Pero con independencia de cualquier mayor o menor competencia, lo cierto es que estas relaciones transversalizan la vida toda de este archipiélago nuestro, y de todos los que lo habitamos, desde el surgimiento de los Estados Unidos, hasta nuestros día, configurando en siglos una historia de antípodas antagónicas como el de la ambición del coloso del norte de tragarse a Cuba, versus el empuje de la identidad de la nación cubana soberana.

Ante el interés de los colegas de Guantánamo, me asalto en la mente por efecto de la intertextualidad el personaje de un desaparecido programa humorístico televisual que siempre preguntaba ¿y ahora que viene? Solo que hoy día la pregunta que posiblemente se hagan muchos cubanos no se formula precisamente en clave de humorismo.

Pienso que para los periodistas, la pregunta es asimismo muy pertinente, en tanto que como al decir de Antonio Gramchi, somos intelectuales orgánicos, productores cotidianos de mensajes públicos, participamos en la construcción de sentidos, en el fluido de lenguajes simbólicos y en la generación de consensos.

En los encuentros realizados en Guantánamo, y después en Baracoa, comenzamos por hacer un necesario ejercicio de desmontaje de la dramaturgia minuciosamente diseñada para la visita de Obama y su correspondiente puesta en escena, con la que el protagonista se dispuso a seducir al tiempo que deslizar ponzoñosos mensajes metas. De lo que por cierto hay que extraer lecciones en términos de comunicación política.

Tiene sentido sospechar que lograra zonas de encantamiento en la población, entre incautos, desprevenidos, descontentos, resentidos, alineados conscientes, y anexionistas de toda laya, convertidos en virtuales y efectivas cajas de resonancia de dichos mensajes

Como experiencia propia hace poco escribí una Coletilla en Cubadebate dedicada a la visita de Obama a Hiroshima, donde se abstuvo de pedir perdón a nombre de su país por el lanzamiento de las bombas atómicas allí y en Nagasaki, repitiendo una actitud similar respecto a la siniestra Operación Cóndor cuando visitó Argentina, este mismo año.

Pues bien, de los más de 40 comentarios de internautas recibidos, la mayoría lo justificó y defendió, y sus críticas se dirigieron hacia España, la antigua metrópoli o hacía a mí por cuestionar a Obama. Esto que cuento carece de rigor científico para medir estados de opiniones, pero ofrece algunas pistas de las que tomar notas.

Los pronunciamientos de Obama desataron artículos de periodistas y académicos en los que enjuiciaron oportunamente lo que dijo y dejó de decir.

Por supuesto lo apreciamos positivamente, faltaría más.

A mi modo de ver, se trata solo de la siempre necesaria riposta, el tener siempre listo el guante de boxeo para subir al ring, aunque tuvieren razón los que señalan que nos desplazamos del ring al tablero de ajedrez.

Pero si en fin de cuenta el mandato de Obama pasará, y los objetivos del imperio permanecerán, nuestros medios deberían ser más proactivos, afirmativos y propositivos, y llevar las riendas de nuestras propias agendas, en lugar de ir a remolque de lo que trace el otro en un acto meramente a la defensiva.

Creo que hay que empezar por recurrir mucho más, sin inhibiciones, a la más herramienta de los periodistas. A saber, la formulación de la pregunta acuciosa, inteligente y certera en entrevistas, conferencias de prensa, y toma de declaraciones ahora que ya presenciamos una avalancha de visitantes de todo tipo, de distintos niveles y variadas intenciones a nuestro país.

El día que un presidente cubano visite la Casa Blanca, tengamos por seguro que a la salida de allí la prensa estadounidense no le formulará preguntas hospitalarias, amables y complacientes, y mucho menos se mantendrá en silencio porque un funcionario indique a los reporteros que se mantengan con la boca cerrada, sino que por el contrario ellos se centrarán en buscarle la quinta pata al gato.

Si del lado nuestro nos abstenemos, en lugar de una relación recíproca, estaríamos favoreciendo una relación asimétrica.

La visión diplomática de ninguna manera tiene que ser necesariamente pugnaz, antes bien complementaria y colaboradora, y sin subordinaciones, con la función informativa veraz de la prensa, ni con el deber de desvelar los oscuros propósitos de la política estadounidense respecto a Cuba, lo que no debe nublarse a causa de la normalización de las relaciones Habana-Washsington. Que los arbolitos del embullo de la normalización de las relaciones diplomática no nos impidan ver el bosque de los antagónicos sistemas.

Los diálogos guantanamero y baracoense versaron en torno a referentes esenciales y permanentes en nuestra proyección editorial, que a continuación resumimos:

1.- El 17-D y la visita de Obama no fueron dádivas, ni actos de contrición o redención, sino fundamentalmente el resultado de la capacidad patriótica de nuestro pueblo, bajo la sabía conducción de Fidel y de Raúl. Porque, obviando enumerar toda las siniestras formas de hostilidad desatada a lo largo de las décadas revolucionarias, lo que nos llevaría extensos tiempos y espacios, se puede resumir en la afirmación de que nos tiraron a matar.

Hay otros factores externos que condujeron al nuevo discurso de Estados Unidos: el prestigio mundial de Cuba, reflejadas en las votaciones en la ONU contra el bloqueo económico y financiero, la correlación de fuerzas en los gobiernos de América Latina, que pusieron prácticamente ultimátum a Washington para que Cuba estuviera presente en la Cumbre de Las Américas, y pérdidas de poder del imperio de imponer decisiones a otras naciones, según el politólogo Noam Chomsky.

2.- Ahora se trata de cambiar los métodos en pos de los mismo objetivos de siempre: minar el proyecto socialista, mediante el llamado empoderamiento de la economía privada, como elegido instrumento de una ansiada implosión y retornar a Cuba al redil de la dependencia neocolonial. Esta vez con el añadido de amenizarse con las notas melifluas emitidas por un pretenso flautista de Hamelin

3.- El bloqueo sigue vivito y coleando, y su levantamiento será un largo proceso, debido a un complejo andamiaje legislativo y jurídico, que a mi juicio no hemos explicado suficientemente, para evitar falsas ilusiones. Tampoco el presidente ha hecho uso de todas sus facultades ejecutivas para aliviar al bloqueo, bien se sabe, y menos cuando le queda poco tiempo en el cargo.

4.- El justo y legítimo reclamo de la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la base naval en Guantánamo.

5.- Explorar más en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, llena de episodios aleccionadores.

6.- Subrayar el profundo e indivisible legado martiano, que en los discursos oficiales en Washington y en los caracterizados medios en el Estado de Florida parecen limitarse al autor de La Rosa Blanca, silenciando toda su obra capital alertadora de los peligros de la dominación imperial que se cernía sobre Nuestra América.

7.- Cubrir mediáticamente en la debida proporción la presencia y extensión de la economía privada, con más énfasis en la cooperativa, la economía estatal, sin obviar la crítica cuando sea menester, y la política de inversiones extranjeras con ajuste a la soberanía nacional, porque no serán con los emprendedores con los que Obama dialogó en La Habana con los que alcanzaremos un socialismo próspero y la aspiración a saltos económicos futuros.

8.- Poner de relieve las escandalosas grietas de la sociedad estadounidense en derechos humanos, aprovechando sus propias fuentes mediáticas reveladoras, con un sistemático rastreo, que requerirá de un mayor acceso a Internet.

9.- Colocar en foco la caótica vida de los parlamentos pluripartidistas, que nos quieren vender como modelo democrático. Ahí están entre otros ejemplos los episodios escenificados en Brasil, España, Turquía, Ucrania, Japón, y los Estados Unidos con su fórmula de bipartidismo “siamés”, que dejan de lado las sentidas necesidades de los sectores más desfavorecidos de la población.

10.- Un mayor protagonismo periodístico en la protección y preservación de la cultura nacional, sus manifestaciones artísticas y literarias y los mejores aportes universales. Prestar la indispensable atención crítica a lo que entra y circula, y se reproduce para la esfera turística.   El deplorable espectáculo de bailarinas procaces ceñidas en trusas de banderas cubanas para recibir al primer crucero proveniente de Estados Unidos, requería de una pronto respuesta de nuestros medios, sin aguardar por una señal, que de hecho ya estaba dada ante la evidencia de lo que se vio.

Por último se impone desarrollar anticuerpos profesionales para desterrar el teque, la exposición cansina y repetitiva, la saturación temática que termina solo provocando hastío e indiferencia.

En su lugar debemos exigirnos despliegue de creatividad y un sostenido empeño por seducir en los mensajes.

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Hugo Ríus

Hugo Ríus

Periodista de Prensa Latina. Msc profesor titular de la Facultad de Comunicación. Premio Nacional de Periodismo José Martí.

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