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La innovación es nuestra

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Somos hijos de un país que se innovó muchas veces, tanto en lo social como en lo económico y tecnológico, durante más de cinco siglos. Y esa innovación predominó como hábito social a partir de la natural tendencia de personas llegadas de tierras muy lejanas, desarraigadas. Unos se innovaron a si mismos al decidir abandonar lo suyo y probar suerte en una ignota isla tropical. Aquéllos que no vinieron buscando libertad, y no la tuvieron, innovaron mucho para poder supervivir. Esos orígenes innovadores, por cierto, nos son comunes a los países como Cuba y los Estados Unidos, donde las civilizaciones autóctonas fueron alienadas y de ellas quedan mayormente solo los genes en nuestra sangre y relativamente poca cultura.

El lenguaje teórico de la política científica contemporánea ha incluido felizmente el término “innovación” como lugar común. Es un término de fácil comprensión por todos y un concepto amistoso con cualquier persona que mire adelante y quiera lo mejor para los suyos y para si mismo. Y por las razones anteriores eso predomina entre la mayoría de nuestros compatriotas. Es muy raro oír en Cuba que algo no debe cambiar porque “así ha sido siempre”.

Si se piensa de acuerdo con los caminos lógicos que nos enseña la ciencia, la innovación nos es intrínseca. Sabemos muy bien que nunca nos bañamos en el mismo río, que todo cambia inevitablemente, en el decursar de nuestros espacios y tiempos. Y que si hoy alguien puede leer estas líneas se debe a un proceso innovativo que comenzó desde que nos constituimos como especie independiente entre los animales. La información, su procesamiento, su flujo y su soporte han sido y seguirán siendo procesos esencialmente innovativos, parte de nuestra propia esencia.

Un sistema económico eficiente debe tener su centro en la innovación. Y si se quiere hacer ordenado y planificado, tal ordenamiento y planificación deben servir a la innovación, nunca al revés. Nadie planificó la escritura del primer texto cuneiforme en una tableta de barro, ni podía planificarse. Sí era válido que algún sirviente talentoso de la época en la Mesopotamia fuera favorecido, de acuerdo con el plan de algún poderoso, para que usara y desarrollara su espíritu innovador. Y ocurrió que ese innovador favorecido de alguna forma generó el primer código que convertía el lenguaje hablado en una conjunción de conos creados en barro blando por un palillo cilíndrico. Desde entonces ciertas palabras muy importantes no se las lleva el viento o los muertos a su tumba. Hemos llegado en ese camino, gracias a la innovación, a que este texto pueda ser leído hoy mediante ciertos espejuelos o gafas por una persona en Australia prácticamente al mismo tiempo en que se escribe en Cuba. ¡Nunca lo soñó el que inventó la escritura cuneiforme!

Solo la conciencia innovadora de un liderazgo con poder para ello podía romper los marcos del plan anual para generar en Cuba el movimiento biotecnológico en 1984 (y desde antes). La ruptura del camino cuidadosamente elaborado del plan de ese año fue revolucionaria. Aprendimos entonces que mucho queda por innovar en la concepción del funcionamiento de un sistema político donde los medios fundamentales de producción de riquezas deben de rendirla a las mayorías y no a las minorías, que es lo más justo y humano. Lo que llamamos socialismo no puede ser “como ha sido siempre”. Los hechos de la última década del siglo pasado en Europa nos dijeron que los caminos y procedimientos de lograr ese ideal socialista no podían ser sostenibles sin innovar, en todo, incluidos los conceptos fabricados como el de igualar al socialismo con la planificación y con la ausencia de competencia.

Y algo muy importante: innovar no es patrimonio exclusivo de científicos y tecnólogos, ni de este o aquel ministerio o empresa. Innovar es deber y placer de todos, de la sociedad entera y de cada uno de sus integrantes. Si algún mecanismo debería existir es el que estimulara a todos para que innoven en todo lo que pueda ser de beneficio para la condición humana, y su riqueza espiritual y material.

Se han publicado 4 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Manuel dijo:

    A los cubanos todos, la vida nos ha obligado a innovar, y esto va desde las recetas de cocina de nuestras amas de casa, hasta partes y piezas fundamentales de nuestra industria.
    El ultimo medio siglos, ha sido de innovación en todas las esferas de la vida, bajo muy fuertes presiones externas; lamentablemente, no todo lo hecho, se ha visto coronado por el éxito, pero si ha tenido una alta dosis de buena voluntad.
    Una mala experiencia de innovación, es la aparición de tubería hidrosanitaria de diámetro 100, 75 y 50mm. De polipropileno y no de PVC, que es material tradicional para esta función. Como consecuencia de lo anterior, las piezas de tubería y accesorios de PVC, no son compatibles con la Tubería innovadora de PP y quienes usan estas, tiene salideros en las uniones, por tanto es necesario que los innovadores desarrollen una nueva versión de pegamento para PVC, que no será PLINEX, sino alguna mezcla, para mi desconocida. Por el momento, tenemos un nuevo problema, en el gigantesco banco de los mismos, pendiente de un innovador.

  • Néstor del Prado Arza dijo:

    Una vez más el compañero Montero Cabrera pone el dedo sobre la llaga o para decirlo de otra manera menos socorrida: blande el vector pensante sobre el remolino de la sabiduría. No albergo dudas de que la innovación en todas sus dimensiones es imprescindible para evitar el retroceso, el derrotismo o morir con el carnet de salud actualizado. Innovación de producto, innovación de procesos, innovación social. Innovaciones incrementales y sobre todo innovaciones radicales.
    Como en tantas otras cosas hay que pasar del conocimiento a la acción consecuente. Vuelvo a un axioma de vida: Es más fácil saber qué es la cosa, que saber cómo se hace la cosa, y lo difícil es hacer la cosa bien desde la primera vez y con el mayor fijador posible.
    !Cuánto me alegraría que este destacado científico cubano estuviese en los debates del próximo Congreso del Partido!

  • Bol Bacchan dijo:

    DR. Montero, profe, está muy prolífico ultimamente y con buenos materiales, solo señalar que han habido innovaciones que casi matan….. y que conste que no son las himnovaciones de Les Luthiers

  • yam dijo:

    Dr en Ciencias Químicas Luis A. Montero Cabrera: De acuerdo con Ud. Hay quienes se hacen los confucios (confusos) y lo que hacen es improvisar para pescar en río revuelto. Hay que revisar todas las teorías que dábamos por sentadas y ajustarlas a nuestra realidad.

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Luis A. Montero Cabrera

Luis A. Montero Cabrera

Es Doctor en Ciencias Químicas y miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Preside la Sociedad Cubana de Química y el Consejo Científico de la Universidad de La Habana.

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