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Incursión en el Reino de “La Gozadera” (Notas a propósito del Día de la Cultura Nacional)

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El pasado 30 de abril el inusual ensamble de Marc Anthony y Gente de Zona recibió el Premio Billboard de Música Latina 2015 con “La gozadera”,[1] una especie de saga de “Bailando”, el tema musical que hace menos de un año Enrique Iglesias , secundado por el dúo cubano, mantuvo durante 41 semanas a la cabeza del Hot Latin Songs, el ranking de las canciones más escuchadas en las estaciones de radio estadounidenses que difunden música en español.

La convocatoria al baile como colosal divertimento de los cubanos se ha entronizado entre nosotros a través de metáforas memorables, ya sea el afamado estribillo de Arsenio Rodríguez: “a gozar de una manera espantosa”, o la exhortación jocosa que pretende conseguir el mismo efecto con la Orquesta Sinfónica Nacional, heredera de la subversiva tradición musical fundada por Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán.

“La gozadera” se pretende canto a una identidad latinoamericana que –nombrándose apenas como latina– se desembaraza de las connotaciones ideológicas o políticas de un vocablo que surgió para reivindicar nuestra americanidad.[2] Pero aquí no se trata de reiterar el llamamiento a la resistencia cultural que hiciera el panameño Rubén Blades en El plástico –tema que también fuera un hit hace casi cuatro décadas –,[3] sino de la convocatoria al disfrute lúdico y festivo de la música que los descendientes de Europa y África hemos creado. Y se toman como ejes a Miami, República Dominicana y Puerto Rico, obviando los relevantes aportes de Cuba a la cultura musical del Caribe, se dice que por exigencia de Sony Music, probablemente interesada en no incomodar a los capitostes de la industria cultural miamense.

No hay por qué esperar que un tema concebido para posicionarse en el circuito comercial de la música en Estados Unidos prescinda de los estereotipos que sobre la gente nacida en esta parte del mundo creó la auto enaltecida “cultura occidental”. Sus intérpretes –tres hombres jóvenes que proclaman su condición caribeña, hacen suyos el puertorriqueño arroz con habichuelas y la tambora del merengue dominicano sin acreditar a Miami ningún aporte cultural concreto–, parecen presumir que el exultante bailador no reparará en la incongruencia de un mensaje que fuerza credenciales de latinidad apenas basadas en la proximidad geográfica:

La cosa está bien dura
La cosa está divina
Perú con Honduras
Chile con Argentina

¿Acaso la tradición musical del Cono Sur se asocia también con “la gozadera”, entendida como exaltación paroxística de los sentidos? ¿Cuánto de las culturas inca o maya puede estar presente en “músicas mulatas”,[4] como la salsa o el merengue? Y ya en este camino, convencida de que la identidad es –como apuntó el sociólogo chileno Jorge Larraín– “un proceso discursivo que permite una variedad de versiones”,[5] me interrogué de otra manera: En este mundo globalizado, interconectado y sometido a enérgicos procesos de estandarización cultural, ¿serán perceptibles aun rasgos que puedan acreditarse a identidades latinoamericanas? ¿O estará por cumplirse la profecía aculturadora de los críticos catastrofistas, que avizoran nuestra conversión en simples copias de un original cualquiera?

 

Desde que los estados-nación emergieron sobre las ruinas de las sociedades del Medioevo, las comunidades humanas han lidiado con la incertidumbre de su mismidad y luchado por definir sus contornos identitarios. La percepción de amenaza a lo que se es, o se ha construido, siempre avista enemigos en las religiones, el comercio, los préstamos y diálogos culturales, la ciencia y, más recientemente, las tecnologías, y apresta dispositivos de defensa ante lo que se percibe como la probable irrupción de los Otros.

Con similares objetivos, las empresas colonizadoras de la modernidad hicieron grandes esfuerzos para completar sus procesos de dominación con los cerrojos de culturas impuestas. Desvalorizar y subvertir las culturas que se amalgamaron en el ambicionado y todavía desconocido mundo –a través de la lengua, la religión y la asunción colonizada de la cotidianidad– resultó, junto a la expansión territorial y el saqueo de los recursos naturales de las colonias americanas, condición necesaria para la consolidación de las potencias europeas.

Pero los procesos culturales y su caótica determinación tienden trampas, tanto a los planes aculturadores de los dominantes como a la escandalizada conciencia intelectual de las sociedades presuntamente dominadas. La resistencia, cotidiana y no siempre perceptible, anida en las palabras, los colores, los sabores, los sonidos, el descentramiento del baile, la irreverencia de la risa amplia y libre. Así, las transculturaciones e innovaciones musicales que tuvieron lugar en América –sobre todo en esa inabarcable cartografía cultural que construyó la forzada diáspora africana–, dieron origen a lo que el puertorriqueño Ángel Quintero Rivera denomina “músicas mulatas”, cre aciones musicales y danzarias cuyo carácter subversivo es destacado, por este y otros estudiosos, como acto de cimarronería cultural.[6]

La preocupación por el nuevo tipo de relaciones de dominio que, ya en el siglo XX, emblematizarían la Base Naval de Guantánamo, el Canal de Panamá y el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, dio impulso al quehacer intelectual y político de José Martí, cuya prosa avizoró el destino de las colonias hispanas en Las Antillas. Quizás debemos a Martí el modo desvelado e impaciente con que nos miramos al espejo para escrutar quiénes somos, mestizos de infinitos cruzamientos cuyos orígenes se pierden en la aurora del mundo. Más tarde, los argumentos de Darcy Ribeiro, Pablo González Casanova, Franz Fanon, George Lamming, Aníbal Quijano , Roberto Fernández Retamar y tantos otros, nos hicieron comprender que nuestro pasado colonial lo tornaría todo más difícil.

La confrontación cultural ha sido –y será– el arma por excelencia de los humillados y ofendidos, el contrapeso a su menguado patrimonio de bienes materiales, saberes sistematizados, posibilidades lucrativas y tecnologías avanzadas. El tipo de civilización que enfrentó apetencias y ejércitos entre 1914 y 1918, acrecentó los retos de la guerra cultural que desde siempre se nos ha hecho, sobre todo a partir de los años 90s, en el que el socialismo europeo, presunto modelo civilizatorio alternativo, se desmoronó, incapaz de lidiar con sus propias contradicciones.

Tomemos nota, sin embargo, de que la capacidad del capitalismo para conjurar y revertir sus sucesivas crisis, se debe, en buena medida, a la constante reingeniería del sistema y a la efectividad de sus mecanismos de subversión cultural y control social. Reconozcamos que, en nuestros días, aunque las herramientas fundamentales para el disciplinamiento social siguen siendo el hambre, la precarización del empleo, la inseguridad de preservar el patrimonio familiar, la angustia por no poder pagar las deudas, o la amenaza de paro, los contrapesos de tantos miedos son la distracción idiota y el consumo, convertidos en portentosas herramientas de coerción social.

Las discusiones sobre los nexos entre producción y consumo, civilidad y modernidad, cultura e identidad, polarizaron el campo intelectual de los países capitalistas avanzados desde el periodo entre guerras, si bien la velocidad y radicalidad de los procesos de lo que se dio en llamar sociedad de masas aún no concitó análisis causales de la mayoría de las mentes más preclaras de la época. Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, en aquellas sociedades predominantemente urbanas, con altos niveles de escolarización y una masa creciente de estudiantes universitarios, el incremento del tiempo libre, la sofisticación del consumo que auspició el Estado de Bienestar y la expansión tecnificada de la industria cultural,  cambió de modo irreversible la percepción social de la cultura. Del ideal burgués decimonónico de exaltación y deleite ante la obra artística, se transitó a la participación en el hecho cultural como estilo de vida.  Participación que tendía, cada vez más, a satisfacer necesidades de distracción, socialización u ostentación de estatus.

El debate iniciado en los años 50s, una década después fijó las antípodas entre el romanticismo tecnocrático de Marshall Mc Luhan y la dialéctica negativa de Hebert Marcuse, al desarrollar una polémica de amplio espectro sobre los nuevos significados que del espacio, el tiempo y el movimiento imponía el pujante desarrollo de la pintura, la arquitectura y el cine, las artes más influyentes e influidas por el cambio de mentalidades acaecido en el siglo XX. Para nosotros, que parecería llegamos tarde a una discusión comenzada hace cincuenta años, puede resultar reveladora la opinión de Daniel Bell, estudioso de los medios de comunicación y uno de los más persistentes animadores de aquellas discusiones:

“[…] dado que el debate fue planteado por humanistas, cuyos conceptos sobre una cultura superior se relacionan ante todo con la literatura, no se ha logrado encarar el aspecto más importante de lo que es la cultura de masas: el hecho de tratarse, de un modo innegable, de una cultura visual […] Visión y sonido, pero todavía más la vista, organizan el mundo estético y orientan al público. Quizás no pueda ser sino así, dentro de una sociedad de masas”.[7]

Hoy sabemos que la profecía formulada por José Ortega y Gasset sobre el hombre-masa, ha sido cumplida con creces[8] y que el sistema capitalista es la mejor representación de la atemorizadora “Megamáquina” entrevista por Lewis Mumford, [9] en sus análisis sobre la relación entre técnica y civilización; sus mecanismos han alcanzado plena coordinación para garantizar el orden necesario, la intangibilidad del poder y el control aquiescente. Tampoco es un secreto que la capacidad de reproductibilidad técnica (hoy deberíamos decir tecno-informática) de las creaciones artísticas, no sólo transformó los procesos de creación convirtiendo la cinematografía y las artes a ella asociadas en la nueva puerta de entrada al saber y la cultura; la incesante sofisticación de los dispositivos de lectura, escucha, almacenamiento y transmisión de la obra de arte técnicamente replicada cambió, además, la percepción de los seres humanos sobre el mundo y su lugar en él, como anticipara el exiliado Walter Benjamin.[10]

Pero sería una ingenuidad creer que solo el capitalismo es capaz de reproducir a escala social el hedonismo y la trivialización de la vida. Paradigmas de realización personal que en nuestros días gozan de un alto grado de legitimación social, estimulan el comportamiento consumista; y esquemas divulgativos del hecho cultural –como los que en Cuba mal llamamos “promoción”–, al omitir esencias y valores, reducen las propuestas artísticas a la categoría de noticia e incentivan un tipo de actitud criticada por Erich Fromm hace casi cuarenta años:

“[…] la ‘cultura’ es otro artículo de consumo y también un símbolo de status, por cuanto que ver los cuadros ‘debidos’, conocer la ‘buena’ música y leer los ‘buenos’ libros indica tener una educación esmerada […] Lo mejor del arte ha sido transformado en un artículo de consumo, o sea, que se reacciona ante él de una manera enajenada. La prueba es que muchas de las mismas personas que van a conciertos, escuchan música clásica y compran una edición barata de Platón miran sin disgusto los programas vulgares y sosos de la televisión. Si su experiencia con el arte fuera genuina, apagarían sus aparatos televisores cada vez que presentan ‘dramas’ chabacanos y triviales”.[11]

Estudiantes universitarios o jóvenes profesionales cubanos de hoy, rechazarían la unilateralidad de increpaciones como esta, pretextando la necesidad de “desconectar”. Vivimos una época en que la coherencia de los referentes culturales no parece ya evocar la Ley de vasos comunicantes de Blas Pascal, pues una excelente obra literaria puede ser tan bien valorada como una producción discográfica fallida; y un pésimo thriller resultar, para un espectador entusiasmado, tan recordado como un buen concierto. Sucede así porque el trabajo de apropiación implícito en el consumo cultural, otorga a sus protagonistas la facultad de replantear los criterios que definen la calidad del producto o servicio en cuestión, a tenor con la lógica enunciada por Pierre Bourdieu de que el consumidor contribuye a producir el producto que consume.[12]

Pero, ¿por qué nos anima, precisamente ahora, un debate cuya trascendencia se evidenció hace medio siglo? ¿Qué circunstancias permitieron a Cuba construir y preservar una política cultural humanista y emancipadora, a contracorriente de un mundo que convertía en moda la degradación de esenciales valores humanos?

A mi modo de ver, la gestión cultural cubana ha usufructuado en cierta medida nuestro cincuentenario desencuentro entre desarrollo educacional y desarrollo económico, entre acervo cultural y capacidad tecnológica, antinomia provocada por el más empecinado e irracional bloqueo que se haya conocido, y por la afiliación de Cuba, durante más de treinta años, a un sistema que fracasó no solo en los ámbitos ideológico y político, sino también en el terreno de la economía. La política cultural de la Revolución humanizó a una gran masa de ciudadanos de segunda que no tenían acceso a los beneficios de la escolarización, a la cultura y la protección social como derechos, ni oportunidades de un bienestar armónico en el que la espiritualidad no fuera víctima de la frustración originada por las carencias materiales. Y con ello se materializó una utopía: políticas de acceso pleno y masivo a creaciones artísticas y literarias de altos valores éticos y estéticos. Hasta que el creciente diálogo cultural con el resto del mundo, la progresiva informatización de la sociedad, la intensificación de los flujos migratorios y el fomento del turismo internacional, entre otros procesos, provocaron la porosidad social que nos caracteriza hoy y nos asemeja, unas veces en los peligros y otras en las oportunidades, a comunidades nacionales con las que compartimos herencias culturales e históricas.

La cultura del consumo –a la que Néstor García Canclini identifica como expresión de una nueva ciudadanía–,[13] aprovecha la ventaja de la ascendente interconexión contemporánea y la mundialización de los contenidos de la industria cultural capitalista, para acometer la construcción de un sujeto que cifra su libertad en el tener y no en el ser. Es una onda expansiva de la que Cuba, isla siempre abierta a disímiles influencias, no puede escapar. Integrada por personas formalmente escolarizadas e imbuidas del afán de modernidad que nos constituyó como nación, parte de nuestra sociedad asume las referencias instauradas por un paradigma civilizatorio cuyos modelos de desarrollo individual, solvencia económica y éxito social descalifican la frugalidad material, el eclecticismo estético y la ausencia de sofisticación del sujeto popular.

Sin embargo, no reconozco funcionalidad a una ciudadanía que se ejerce fuera de la comunidad política, prescindiendo de la participación y de la vigilancia ciudadana sobre los mecanismos de administración y control que el Estado establece en su nombre. Más bien se trata, en nuestro caso, de identidades grupales que asumen determinados hábitos de consumo cultural como forma de autorrepresentación. Es lo que percibo –ajena como estoy a diferencias ideológicas y estéticas–, en la dejadez elegante de los frikis y el sobrio exhibicionismo de marcas comerciales de los emos; o en los jóvenes que visten las camisetas y otros atributos de sus equipos preferidos para visionar, en un bar o en la casa de un amigo, un partido de la Liga Española de Fútbol y corear, sin necesidad de engorrosos trámites de rehispanización, el himno deportivo del Barza o del Real Madrid.

La humanidad del siglo XXI vive una crisis civilizatoria, y en ese marco se inscribe la crisis de valores que hace crujir el entramado ético cubano. Al estudiar los modos de manifestación de las crisis históricas, tipificadas hace mucho tiempo por cronistas y filósofos, reconozco la existencia, en diferentes grados, de perplejidad, desarraigo, desvanecimiento de ciertas creencias firmes; antropologismo y a veces  antropocentrismo; exageración –por reacción– de tendencias anteriores, expresada en la voluntad de “retornar al pasado”; tendencia a la confusión o no identificación de lo diverso; deshumanización mezclada con sensiblería; predominio del hombre de acción; utilitarismo y pragmatismo; aparición del dinamismo sin doctrina; conflicto entre la moral individualista y las ideologías en pugna; confrontación del “realismo romántico” y el “pesimismo realista”.[14]

La alerta preocupante y la crítica indignada movilizan conciencias, pero no bastan para enfrentar una crisis civilizatoria cuyos efectos están siendo reforzados por una particular fase evolutiva de la especie humana; proceso profusamente analizado en las últimas décadas por las neurociencias y la Genética, cuyos estudios han establecido que el universo simbólico, las influencias directrices del ambiente (lo epigenético) y las respuestas sociales sedimentadas en la cultura, también son ejes de la transferencia hereditaria del homo sapiens.[15]

Nuestro sistema nervioso almacena información que, además de decodificar los sonidos, los olores y el sentido literal de las palabras, genera múltiples asociaciones en virtud de conexiones nerviosas que asignan significados a determinadas señales del medio. La percepción sensorial resultante es una capacidad biológica asentada en la cultura, pues esta última provee los sistemas de descodificación. Por eso la poesía produce en las personas emociones que trascienden el sentido literal de los versos y la infinitud sonora de la música estimula diversos estados de ánimo. Por otra parte, la ciencia ha probado que la luz y su espectro cromático tienen un bien ganado espacio en el universo simbólico de los seres humanos. Así, desde pequeños estamos siendo entrenados para codificar valores y cualidades a través de colores: Blanco y negro reproducen percepciones sobre el bien y el mal, lo puro y lo impuro, condicionamiento cultural apreciable incluso en los textos bíblicos. El lenguaje mudo de los colores sintetiza valores en las enseñas nacionales y en los estandartes de clubes, equipos deportivos y partidos políticos. El color y la apariencia de sus paredes, nos hablan sobre el comportamiento esperado en instituciones religiosas y de salud, o en discotecas y salas de baile.

A la capacidad de procesamiento del cerebro humano se debe también el protagonismo de los consumos audiovisuales en nuestros días, pues la cantidad de información que impacta diariamente la retina y el aparato auditivo de un habitante de cualquier ciudad de este mundo, es mucho más copiosa que la recibida por un culto burgués europeo durante la portentosa revolución tecno-científica que clausuró el siglo XIX. Descifrar y recodificar la selva de signos en que transcurre nuestra vida cotidiana desarrolla, cada vez más, la capacidad de interpretación simultánea de un gran volumen de señales emitidas por el medio social. El protagonismo sociocultural de los productos audiovisuales es una expresión de esa capacidad.

Con los lenguajes multimedia se normalizan “lecturas interpretativas” que descifran información referida a diferentes sistemas de percepción y trascienden nuestras viejas prácticas de lectura reflexiva de la letra impresa. En este nuevo contexto, se intensifican las llamadas de alerta sobre la decadente apreciación de los productos del conocimiento –especialmente el libro–, a veces con argumentos similares a aquellos que celebraron, entre temores y esperanzas, el nacimiento del cinematógrafo, presunto enterrador del teatro, y el surgimiento de la televisión, hipotética sepulturera de la radio.

Como se sabe, toda obra artística requiere de unas determinadas habilidades de lectura, aplicadas a los proceso de decodificación implícitos en la apreciación de las artes y las letras; sus códigos de desciframiento están condicionados por el nivel educativo y, en menor medida, por el origen social. Hay lecturas relativamente fáciles, como las propuestas por el cine comercial y la música popular, y otras más difíciles, entre ellas la prosa ensayística y el expresionismo abstracto. Los seres humanos vivimos “leyendo” nuestra realidad, o escrutando, por diferentes vías, contextos ajenos. De ahí que el verdadero problema está en la insuficiente competencia cultural para aprehender los códigos de desciframiento que cada discurso estético demanda. Lo preocupante no es que mucha gente ya no quiera leer libros, sino que las personas no están siendo capacitadas, desde los primeros años de vida, para leer su realidad e, indefensos, se aficionan fácilmente, como reses ante el pesebre, al forraje monótonamente verde de la “cultura de masas”. Y esto tiene consecuencias irreversibles, ya que “[…] la manera en la cual la cultura ha sido adquirida, se vive por encima de cómo ha sido usada […]”.[16]

En fin, hemos llegado a la fase climática de un proceso iniciado hace mucho tiempo. Probablemente, para Aristóteles o Platón la lectura era un acto de reflexión, compartida con un mudo interlocutor; para Voltaire, una intelección de los ajetreos de la modernidad; para Martí, prolongación de su curiosidad de viajero impenitente. Pero ya en los años 20s del pasado siglo, Enrique José Varona llamaba la atención sobre los riesgos de que tanta abundancia informativa anulara la posibilidad de la lectura reposada: “Hoy se lee tanto, que ya no se lee. Ingerimos y no digerimos”.[17]

La inquietud que nos provoca la declinación de los hábitos de lectura de textos no puede compensarse transfiriendo la culpa a otras producciones de la industria cultural, como los audiovisuales y la música porque el antídoto es construir sinergias. Lo que en Cuba torna riesgoso el descenso de los niveles de lectura de la letra impresa es nuestra insuficiente preparación para enfrentar esta época de crisis de los significados exaltados por la Ilustración. ¿En qué momento se desencontraron literatura y cine, contraviniendo la práctica de la industria cinematográfica internacional que todavía se remite, de forma significativa, a la literatura? ¿Por qué nuestra producción de programas dramatizados reproduce muchas veces la tendencia tecnocrática que en procesos creativos sustituye a los escritores por especialistas? ¿Por qué algunos de nuestros críticos de cine, al presentar versiones cinematográficas de obras literarias, renuncian a la posibilidad de engolosinar al receptor con los orígenes de la creación artística y casi le convencen de que “basta con ver la película”? ¿Por qué los programas televisivos que estimulan la apropiación reflexiva del conocimiento se ubican muchas veces en los peores horarios, replicando la perversa lógica del rating? ¿En qué cubículo de qué olvidada biblioteca trabajan los futuros biógrafos de las apasionadas y apasionantes vidas de Wifredo Lam y Carlos Enríquez, de Beny Moré y Chano Pozo? ¿Habrá nacido ya el actor que encarnará al José María Heredia que en nuestra mente versifica?

Bien sabemos que los referentes culturales y los modelos de comportamiento no son ya refrendados por una élite, convertida en tal gracias al esfuerzo o el talento y con capacidad para establecer un orden de prelación e importancia de los valores, como evoca, con nostalgia burguesa, Mario Vargas Llosa.[18] Sin embargo, la marginalización cultural que nos alarma –en tanto reflejo o expresión no de consumos indeseables sino de comportamientos indeseados–, debe evaluarse en su concatenación con otros procesos, entre ellos la formalización de la enseñanza superior que se ejecuta ahora mismo en buena parte del mundo.

La super especialización, con su consiguiente devaluación de las humanidades, y el bilingüismo ajeno a otra segunda lengua que no sea el inglés –relevantes indicadores de los ranking de universidades que auspician instituciones académicas y grandes órganos de prensa–,[19] revierten el paradigma de expansión universitaria que distinguió a la llamada edad de oro del capitalismo,[20] mientras programas educativos como el estadounidense community college apuestan por la formación de un disciplinado ejército de trabajadores, entrenados para no pensar, cumplir negligentemente las órdenes que no puedan ser evadidas y dedicar el mayor tiempo posible al divertimento frívolo, es decir, a la gozadera. La influencia del pensamiento neoliberal en el diseño de una universidad al servicio de la economía y no de la sociedad, asegura la continuidad de un sistema que considera a las personas capital humano, ve en la educación superior un negocio y apuesta a la enseñanza de postgrado como una inversión a medio plazo.

Atrapados en esa fascinación por lo nuevo que a finales de los 60s impresionara al escritor y crítico de arte Harold Rosenberg,[21] nuestra vida cotidiana erige un altar al presentismo y su congénita confusión entre cultura e información. Tal como procede con los objetos que consume, mucha gente prefiere acumular información –es decir, memorizar–, en vez de interrelacionar saberes y experiencias. Vivimos, como escribió alguien una vez, una época de debilitamiento del poder de la tradición, [22] lo que se expresa en una cultura de […] destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores […]”.[23] Se trata de una cultura amnésica, cuya expresión cotidiana es la tendencia a la chismografía y el sensacionalismo, la sustitución de la argumentación por el discurso anecdótico.

Mas creer que en la denuncia se materializa nuestra acción ciudadana, refugiarnos en el pesimismo intelectual afín a los periodos de crisis, es suscribir un conservadurismo nostálgico, propio de élites a las que sobra ilustración y falta compromiso. Hay que convertir el ejercicio de pensar en algo tan natural como la respiración, organizar la resistencia desde el pensamiento; y acoto: organizar presupone intencionalidad, creatividad, cooperación interinstitucional y actitud proactiva, cualidades muchas veces deficitarias en nuestro sistema de instituciones.

No desdeñemos, sin embargo, las pequeñas hondas de la cultura cotidiana, pues la fragancia de un potaje de frijoles negros en un suburbio de Ámsterdam o Estocolmo, es un signo de resistencia cultural tan legítimo como la decisión de declarar la rumba patrimonio nacional de los cubanos. El potencial que para la subversión de las relaciones de dominio y la resistencia cultural tiene la música, ha sido demostrado, fehacientemente, por Fernando Ortiz, Alejo Carpentier y Leonardo Acosta. Reconozcamos entonces en la expansión comercial de la salsa un temprano y todavía evidente signo del debilitamiento de la hegemonía cultural estadounidense pues, decidida a expresarse en español, esa música “gran caribeña” se universalizó desde el babélico tejido social de New York, la capital cultural de un imperio que pretendió emular a Roma.[24] La euforia que los acordes del Himno de Bayamo genera en cada multitud que corea ¡Soy Cuba!, junto a Habana de Primera en una plaza cualquiera de este país, no debe juzgarse, superficialmente, como patriótico divertimento. Hasta “La gozadera” puede ser un Caballo de Troya, si no olvidamos al primer africano que sacrificó una cabra y luego cortó un árbol para cantarle a la vida con su primer tambor. 

Notas


[1] Pocos meses después, en octubre, Gente de Zona fue doblemente premiado en el Latin American Music Awards (en las categorías de agrupación de música urbana y canción tropical), por la difusión radial, el índice de ventas del disco y el respaldo expresado por el público a través de las redes sociales al tema “La gozadera”.

[2] La noción de América Latina data de 1862, cuando el filósofo y político chileno Francisco Bilbao la emplea en su ensayo La América en peligro. Su texto, una reivindicación de los valores culturales de la América hispana ante la intervención francesa en México y la imposición del emperador Maximiliano de Austria, excluyó de tal categorización a Brasil, Paraguay y el Caribe hispano, naciones que fueron incorporadas a la familia latinoamericana, a medida que el vocablo adquirió funcionalidad política.

[3] Este número musical fue incluido en el LP Siembra que, concebido y orquestado en 1978 por el niuyorrican Willy Colón, se mantiene como el disco más vendido en la historia de la salsa.

[4] Ángel Quintero, en Cuerpo y cultura. Las músicas “mulatas” y la subversión del baile. Editorial Iberoamericana Vervuet, Madrid, 2009.

[5] Jorge Larraín: Modernidad, razón e identidad en América Latina. Editorial Andrés Bello Mexicana, S.A. de CV, 1996.

[6] Ver al respecto: Ángel Quintero: Ob. cit; Alejo Carpentier: La música en Cuba. Temas de lira y bongó. Ediciones Museo de la Música, La Habana, 2013; y Leonardo Acosta: Otra visión de la música popular cubana. Editorial Letras Cubanas, 2014.

[7] Daniel Bell: “Modernidad y sociedad de masas: variedad de las experiencias culturales” en: VV.AA.: Industria cultural y sociedad de masas. Monte Ávila Editores, Caracas, 1969, p.38. El énfasis es del autor.

[8] José Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”. Obras completas (1929-1933). Revista de Occidente, Madrid, 1966, 6ª edición, tomo 4.

[9] Lewis Mumford: El mito de la máquina. Técnicas y evolución humana. Editorial Pepitas de Calabaza, Logroño, 2010.

[10] Walter Benjamin: “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. Discursos interrumpidos I. Ediciones Taurus 1989, Alfaguara, S.A., 1989, pp. 15-58.

[11] Erich Fromm: La revolución de la esperanza. Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1992, p.46.

[12] Pierre Bourdieu: La distinción: Criterio y bases sociales del gusto. Editorial Taurus, México D.F., 2002, p. 98. El énfasis es del autor.

[13] Néstor García Canclini: Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. Editorial Grijalbo S.A. de CV. México D.F., 1995.

[14] José Ferrater Mora: Diccionario de Filosofía. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964, 5ª edición, tomo I, p.375.

[15] Eva Jablonka y Marion J, Lamb: Evolución en cuatro dimensiones: Genética, epigenética, comportamientos y variación simbólica en la historia de la vida. Buenos Aires, Editorial Capital intelectual, 2013.

[16] Pierre Bourdieu: Ob. cit., p. 23.

[17] Enrique José Varona: “[El hombre es un gorila que ríe… y que hacer reír]”. Desde mi belvedere y otros textos. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas, 2010, p.440.

[18] Mario Vargas Llosa: La civilización del espectáculo. Punto de lectura, Buenos Aires, 2014, p.73.

[19] Los ranking de las universidades son listas ordenadas, cuya pretensión es clasificar a las universidades e instituciones de educación superior e investigación, según una metodología de tipo bibliométrico que establece criterios supuestamente medibles y reproducibles. La “Evaluación Institucional” conducida por la UNESCO, coexisten con otros sistemas, más o menos notorios. El diario británico The Times publica un suplemento propio llamado “Higher Education Supplement” (THES), una clasificación académica cuyos indicadores  relevantes son: calidad de la investigación (60%)con una metodología objetiva y con las siguientes valoraciones: 60%; cualificación del empleo obtenido por los graduados (10%); visibilidad internacional (10%) y  cociente estudiantes/académicos (20%). El grupo Quacquarelli Symonds desde el año 2011 publica en Internet el llamado Ranking QS de Universidades del Mundo. El Centro de Información y Documentación, (CINDOC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, jerarquiza 3000 instituciones 3000 instituciones, entre de 11.000 universidades y más de 5000 centros de investigación que integran su base de datos.  Otras clasificaciones conocidas internacionalmente, se elaboran en la Universidad Jiao Tong de Shanghái, China, la Universidad Técnica de Medio Oriente, sita en Turquía.

[20] Período comprendido entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la crisis internacional provocada por la primera estrepitosa caída de los precios del petróleo (1947-1973). Este cuarto de siglo se caracterizó por una extraordinaria expansión económica, notables mejoras en la vida material de los países capitalistas más avanzados, sustentadas en las políticas keynesianas que configuraron el llamado Estado de Bienestar y por los consiguientes cambios sociales y culturales;. Ver Eric Hobsbawn. Historia del siglo XX. Editorial Crítica (Grijalbo Mondadori, S.A.), Buenos Aires, 1999, pp. 260-289.

[21] Harold Rosenberg: La tradición de lo nuevo. Monte Ávila Editores, Caracas, 1969.

[22] Edward Shils: “La sociedad de masas y su cultura”, en Daniel Bell (Comp.): Industria cultural y sociedad de masas. Monte Ávila Editores, Caracas, 1969, p.156.

[23] Eric Hobsbawn: Ob. cit., p.13

[24] Ángel G. Quintero Rivera: Ob. cit.

Se han publicado 61 comentarios



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  • elmano dijo:

    No entiendo el barraje del discurso este con relacion a un tema que sirve para bailar y basta, no se que pretende la Sra Zuleica con el articulo o una clase de historia del arte o una critica artistica, bueno algo que me gustaria destacar es el realizador que creo que es el mismo de Bailando, aunque me hablen de esterotipo cultural realmente de cualquier pais latino se puede uno identificar con el mensaje y el paisaje desgraciadamente o afortunadamente la globalizacion nos esta haciendo cada vez mas parecidos esta borrando las fronteras geograficas y culturales comenzando por supuesto por zonas geograficas, como dice Arjona se jodieron las fronteras y en el arte eso va a millon. Zuleica la Gozadera lo baila y goza un Argentino, un Mejicano, un Peruano y un Haitiano, seguro que yambien un Español un portugues y hasta un chino ahorita cuando lo diundan bastante

    • el viti dijo:

      Concuerdo contigo elmano, quiero o mejor necesito que la Sra Zuleica sea mas concreta y resuma si esta emitiendo un criterio sobre la canción o sencillamente quiere dar una clase de cultura latinoamericana, lo del verso opino que fue buscando una rima al estilo música Urbana y no una doble intensión porque quien conozca a Marc Cantoni conoce de sus valores latinos y muy poco político, la gozadera es un ritmo para bailar y tan solo para gozar

    • Eduardo dijo:

      Mira, elmano: Lo que tú llamas “barraje” es argumentación sólida que clama por una justicia mínima ante un producto que produce gozo y placer pero que demasiado burdamente quiere ningunear al pais de donde procede Gente de Zona y la mayor parte del producto mismo. Y vale la pena escuchar una voz digna que ponga ante tus ojos lo invisible para ellos: lo esencial. Y tengamos cuidado; gozo y placer también se obtienen con droga cultural-audivisual y en La Gozadera han metido una dosis caballuna y aluvional. Es recomendable que nuestro Benitín y Eneas del dúo lean este artículo de una mujer profunda, inteligente y, Aleluya, muy bonita. Que no se me proyecten más como dos ingenuos.

      • elmano dijo:

        Mi amigo no se su edad, pero me parece estar oyendo la misma perorata, de los años 70 de algunos criticos donde exponian que Roberto Carlos y Jose Jose era un fenomeno del nercado puro consumismo banal y romantico, que Silvio y Pablo si era un producto genuino y cultural de buena factura, que usted direia de esta verdad a medias, entonces tanto tiene de Verdad lo de Silvio y Pablo como lo de Roberto Carlos y Jose Jose o usted ma va a decir que tengo que soportar un escrito enciclopedico para entender que simples canciones que nos hicieron soñar o amar, son una basurita por que no tienen sustento cultural, no queramos desprendernos de los sentimientos que llevamos por dentro en aras de parecer refinados y cultos, aqui el que mas o el que menos sabe a que atenerse con el diluvio del entretenimiento, pero no me hagas licenciado en arte para poder bailae compadre

      • Duda dijo:

        Vamos a ver si entendí: “La Gozadera”, así sin más está mal. Tienes que gozar pero siendo conciente del momento histórico, que te están envenenando con un Caballo de Troya, tienes que pensar en tus ancestros africanos y en su sufrimiento, en la base naval, en el antiimperialismo de Martí y tienes que ser capaz de hacer una valoración crítica de la canción, verso a verso (golpe a golpe), darte cuenta que “Perú con Honduras” es como decir “Papas con Malangas”. Ok, lo tendré en cuenta en los próximos carnavales. Entonces, “Me dicen Cuba” sí está bien. A ver: “..para saber de verdad lo que es sentirse cubano tienes que leerte a Martí, la prosa de Guillén, busca una guayabera con un sombrero de guano..” A Martí lo conocemos todos, de Guillén conozco su poesía, la prosa de Guillén no se enseña en las escuelas, la guayabera y el sombrero de guano jamás los he tenido, tengo que buscarlos y después qué? me presento en Palmas y Cañas? Aquí no hay estereotipo ni nada, esto es lo puro auténtico de verdad santificado por todo el Olimpo intelectual. Parece que no clasifico como cubano, de 4 solo 1, no tengo derecho a sentirme como tal. Voy corriendo a solicitar que me quiten la nacionalidad.

      • hedel dijo:

        @Eduardo, mejor resumido imposible

        @elmano, yo no viví los ’70, pero aún siendo joven, creo que poseo un poco de sentido común, y sobre todo sentido de pertenencia para con mi país y mi cultura, por lo que secundo 100% el comentario de Eduardo

      • LYM dijo:

        Pienso que lo más concreto de este asunto y para mi lo más importante a escala global es que todo el mundo está bailando con esta música conscientes que es cubana, que los que cantan son cubanos y la bandera cubana está bien presente en el video, a la hora de bailar no hay que estar buscando tanta letra en la canción, nadie puede olvidarse de Bacalao con Pan que es un clásico y nadie la criticó en su momento. Es cierto lo que dice Zuleica aunque no creo que este espacio sea el mas adecuado para un texto de tan elevada intelectualidad, es cierto lo que aquí platean es mejor que lo publique en alguna revista o libro, pero pienso que es demasiado complejo para hacer un debate aquí, este exito es una puerta mas abierta para el exito de de GZ y se que seguirán representando a Cuba como hasta ahora.

      • Aregavi dijo:

        Eduardo: Por favor ya sabemos que el regueton no es el mas profundo ni bellos de los generos, pero concuerdo con elviti y con el mano cuando dicen que es solo una canción, no hay que complicarse tanto, ni ser tan hiper criticos, creo que Zuleika, a quien considero una excelente escritora, dio su opinión sbre el tema y es todo, no hay que rasgarse la ropa x ello nada, la gozadera esta bien y de paso sirve para seguir poniendo la musica cubana en alto, no me gusta el regueton para nada, pero si este tema sirve para eso, pues bienvenida la gozadera y ya…. la vida evoluciona, que pena que algunas mentes no

      • BARCA dijo:

        Eduardo :

        puedo entender en parte , pero nosotros tenemos tantos problemas cultutales, politicos y economicos como para dedicar tanto espacio a un cancion que simplemente se hizo para bailar, divertirse y hablar con rima de todos los paises un poc, creo que lograron todos los objetivos y ademas fueron comerciales y han logrado premios y NOSOTROS CON NUESTROS PROBLEMAS QUE HEMOS HECHO, DESDE CUANDO NO SE HACE UNA PELICULA QUE SIRVA, FUERA DE BUENA FE Y MUY POCOS QUE MUSICA SE OYE EN CUBA NADA QUE COMO SIEMPRE …. TENGO UN CATALEJO…..

    • ed dijo:

      Alguien dijo y no me acuerdo quien “El arma mas poderosa que tiene el que domina es la mente del dominado”. Esto es para ti.

      • Eduardo dijo:

        Aregavi: Buen debate. ¿Has pensado por qué, si ya somos libres, hay que insistir en ser cultos? Pues porque es en estos tiempos, la ineludible forma de ser más fuertes. Como ves, podemos asumir “Ser cultos para ser más fuertes” vale más que la anterior sin diminuir al más insigne de todos los cubanos. Ya ves , mi mente evoluciona, pero mientras no se renuncie a conquistarnos yo no renuncio a defenderme. En este terreno, el de la cultura, no hay ni puede haber coexistencia pacífica. Si coincidieran los fenómenos y su forma de manifestarse, toda ciencia estaría de más. Guapo ahí.

    • ed dijo:

      elmano,no hay cabeza

    • Duda dijo:

      Nuevo intento: Estimada Zuleica, presente usted este artículo al concurso del Premio Casa de las Américas y seguro será apreciado por el jurado que estará capacitado para entender lo que quiso decir. Que va, este artículo está a un nivel al cual no llego. Que manía tienen los intelectuales de formular teorías incomprensibles para la mayoría, escriben para ellos mismos. Por eso es que proliferan tanto los valores anticulturales, quienes los diseñan saben como llevar su mensaje a la mayor cantidad de personas y “(con)vencerlas” fácilmente. El llamado a la reflexión, a pensar, a ver más allá, no puede ser este macuto para intelecuales.

      • otraopinion dijo:

        Coincido con Duda. Por eso trabucos tan densos y faltos de garra como este, pero en forma de libros, se ponen amarillentos en nuestras librerías sin que nadie los mire.
        Por favor, intelectuales: intelecto con raciocinio, que esto es Cubadebate, no la Enciclopedia del Supremo Saber. Aterricen a favor del NOS y aguanten un poco el YO si es que quieren comunicarse con los comunes mortales…

  • andres prado dijo:

    He tenido la oportunidad de leer en esta misma seccion dos articulos relacionados con el tema ,de la musica actual,y lo del fenomeno de gente de zona ,ellos con su estilo son utilizados por diferentes artistas de republica dominicana ,puerto rico ,españa ,venezuela ,para cubanos que trabajamos en el extranjero ,es de mucho agrado oirlos solos incertados o con desenber b …..para nuestros criticos y analistas si se difunde algo cubano sea nuevo ,insertado con otros artistas ecte se critica ,si no se difunde se critica ,,,,recuerden cuando silvio monto su navidad con feliciano donde lo criticaron y que bonito quedo que agradable …que lindo y como gusta liz alfonzo y su baile con gente de zona,y por que no el taxis que tambien lo han puesto de moda y nadie en cuba habla de esto …hoy en venezuela y colombia estan pegado en radio y tv, entonces tendremos que seguir a nivel de guantanamera – muy orgulloso – que la escuchemos ,pero adaptemonos a los nuevos tiempos ,Como el programa de los soneros a aca gusto a cubanos y no ,,,,eses es el camino

    • Eduardo dijo:

      Andrés, que venga toda la coexistencia pacífica que se quiera en estos tiempos que mencionas, pero en lo cultural ni loco. Ahí no puede haber eso. O seguimos en pie de guerra o nos tragan. Refiérete a la camisa, no al botón.

  • Enrique dijo:

    ¡Pobrecito “elmano”…! Afirma que “no entiende”…

    Estimada Zuleica, aquí tienes la confirmación de tu tesis. O nos apuramos o una legión de “elmanos” nos va a gobernar.

    “Lo preocupante no es que mucha gente ya no quiera leer libros, sino que las personas no están siendo capacitadas, desde los primeros años de vida, para leer su realidad e, indefensos, se aficionan fácilmente, como reses ante el pesebre, al forraje monótonamente verde de la “cultura de masas”.” NOTABLE SEÑAL DE ALERTA.

    • elmano dijo:

      No lo que pasa es que aunque todo se pueda politizar no puedes politizarlo todo, una cultura resiste mientra sea capaz de reconocer la diversidad, evolucionar a nuevas formas sin perder su esencia, pero dime el ritmo era marciano o tenia latinidad, los paisajes eran de Europa o se podia indentificar la latinidad, dime que te duele que habia que decir agradecemos a CUBA por este exitazo musical, nosotros los cubanos Todo lo sabemos, Todo lo escribimos, en nada nos equivocamos y al final hacemos todo lo contrario por eso estamos en una isla que se quedo como la Isla Jurasica, que no puede
      disfrutar una cancion bailable sin crear un conflicto nuclear.
      Tuve acceso a la Literatura en la epoca en que las tiradas en cuba eran millonarias y poco costosas y supe apreciar y consumir mucha literatura Vargas LLosas, Brian Echenique, Gabriel Garcia Marquez y tambien a Gunter Grass, James Joyce, pero eso no quito disfrutar de de Dashiell con su literatura negra de Raymond y de otras que en su momento se dijo literatura barata y hoy son clasicos de la novela negra. mientras sigues en pie de guerra yo sigo bailando con la GOZADERA

      • josé luis luna dijo:

        Y a qué se debe el miedo de mencionar a Cuba por lo claro?, es un tema que pretende primero que todo ganar dinero enmascarándolo con lo latinoamericano, no se concibe que una canción que sea interpretada, entre, otros por cubanos, no se mencione a uno de los países que, cuando se habla de música está a la vanguardia en nuestra zona geográfica. La música es una forma del arte, y quien la profesa, tiene que tener algo que mostrarnos, algo que enseñarnos, algo que nos enriquezca el alma, en esta época en que los temas principales de la música son la fiesta, la gozadera, etc. debieran hacer un pequeño esfuerzo y mejorar un poco las letras y no hilvanar palabras buscando rimas dejando a un lado el sentido del mensaje que tendría el tema.

    • Baphomet dijo:

      Es una verdad aplastante y dolorosa, pero es la verdad a fin de cuentas. Yo soy uno que crítica mucho esto que me gusta llamar “droga cultural” y a lo que llamas desconectar, yo le digo enajenarse… sino, piensa al menos una vez:
      ¿Por qué si en EEUU la música cubana no se escucha, le dan tanto “bombo y platillo” al reguetón “cubano”? Mejor, valdría la pena preguntar; ¿saben de donde viene el reguetón?
      Históricamente (siempre hay que buscar en nuestra memoria) la peor basura de Latinoamerica salió de Panamá, con su canal oceánico y la Escuela de las Américas… pues, del “bajo mundo” de esa sociedad que emula lastimosamente al bajo mundo norteamericano -porque hasta en eso los imitan- nació el reguetón.
      Ahora, pensemos sin politizar nada: ¿Por qué el reguetón se ha asentado tanto en Cuba? Todos me dirán una sola palabra: “el perre´o” ¡¡¡FALSO!!! Recuerden el caso de la Lambada, tuvo su “pegada” en Cuba… pero, duró 2 días; preguntó de nuevo: ¿por qué? La respuesta es muy fácil y por eso intentaré explicarla (aunque no soy musicólogo ni nada parecido): Todos los géneros musicales “normales” (Rock, Pop, Jazz, Clásica, Guajira, Afrocubana, Opera, etc) se estudian en las Escuelas de Música y requieren ciertas habilidades para ello: un cantante de Opera no canta Tango o viceversa.
      Lo “maravilloso” de esa música (vamos a llamarlo así) es que si -disculpen de antemano mi vulgaridad-:
      – NO TIENES NI PUÑETERA IDEA DE MÚSICA.
      – ERES AFÓNICO O “NO TIENES PULMONES”.
      – SE TE DA BIEN RIMAR PALABRAS OBSENAS.
      ¡ENTONCES USTED ES EL HOMBRE QUE NECESITA NUESTRO GRUPO DE REGUETÓN!
      [sarcasmo ON]LA MÁS PURA MÚSICA CUBANA…[sarcasmo OFF]
      Es increíble como en el país que más géneros musicales ha aportado a la música universal, solo se difunda y comercialice música foránea de tan mala calidad… fíjense si no es mentira lo que digo, que cuando se busca otro género preferimos la música extranjera a la nacional y con esa música es todo lo contrario; y todos los días surgen más de esas “agrupaciones” repitiendo la misma fórmula que “los negritos de La Otra Geografía” que ahora viven en Miami… disculpen, que ya volví a politizar el tema y me he extendido demasiado en algo que no merece la reflexión.

  • marcelo dijo:

    y mientras el mundo esta bailando y gozando con la gozadera, aqui se esta politizando el tema.
    es un problema de mentalidad que es muy dificil cambiarla despues de 56 años.

    • ed dijo:

      Se puede bailar y se puede pensar. Y se puede vivir en las nubes y no darle impotancia a la cultura y que otros invierte presupuestos millonarios por que esta probado que la manera mas efectiva de hacer politica es cuando parece que no lo es.

    • Eduardo dijo:

      Marcelo y Marcos: Pronúnciense sobre la intención de ningunear a Cuba en la letra. Antes asómbrense de que sin embargo, metan a Miami. ¿Son ustedes tan ingenuos? No, son “apolíticos” que es de hecho,una posición política. Luego no hagas política barata que la de Zuleica es cuando menos, una política culta.

  • maestri dijo:

    no tenemos derecho a progresar. con mentalidad asi, hasta el desarrollo puede ser nocivo porque la internet, es mala, el viajar es malo, el discrepar del discurso oficial tambien es malo, todo es malo.
    y porque seguimos nosotros tan mal. ahi esta el ejemplo de viet nam despues de 3 guerras desbastadoras y terribles, 3 guerras !!!. con un solo partido y sin complejos han reconstruido un pais mil veces mas hermoso.
    y nosotros seguimos con estos discursos.

  • marcos dijo:

    a todo, pero invariablemente a todo, tenemos la rara manera muy nuestra de darle connotaciones politicas.
    estaremos enfermos ?!

    • ed dijo:

      Lo malo es estar covencido de se puede ser apolitico. Tal vez creas que tu lo eres pero si ers honesto sabes que no es asi.

    • yolimar dijo:

      Deberías leer más a José Martí, entonces a lo mejor entenderías algo de los que escribió la Romay, cubadebate es un sitio pora todos y se pueden encontrar artículos más directos y con un lenguaje menos rebuscado y otros excelentes como el de Zuleyca, que no alcanza para entenderlo darle un simple lectura, debemos volver a él con más calma, párrafo a párrafo para entender las ideas que ella va desgranando, gracias por este trabajo zuleica Romay

  • Mijo dijo:

    Es un artículo genial, que demuestra que todavía tenemos personas que piensan en mi Cuba… Hay que seguir “gozando” pero también hay que pensar. !Felicidades Cubadebate!, ese si es un trabajo digno de este sitio, no las banalidades sobre Katy Perry y farandulas afines.

  • Asela dijo:

    Mi comentario es solo “cuando se va a hacer comentario sobre tanta musica banal, que no dice nada y la ponen en todos los programas estelares de la TV y ni dice su letra nada, ni lo hace mover los pies a uno, eso tambien es cultura?, nos `preocupa mucho esos que se hacen llamar compositores, cantantes y que te cansan con el mismo estribillo, mis respetos para la periodista, pero aqui dentro hay mucha tela para cortar, o es que en la cancion no se dice Cuba, los muchachos de Gente de Zona donde queira que actuan dicen la palabra CUBA, quien no los conoce, son cubanos de aqui y dejemos de preocuparnos porque nos acaben los enemigos con la cultura, que la nuestra es de hace milenios y nadie la ha podido cambiar, solo los chapuceros, saludos.

    • asd dijo:

      nuestra cultura es de hace siglos y nunca ha dejado de cambiar
      ahora mismo esta cambiando, pero no se preocupen, siempre quedara arte banal para gente banal, arte inteligente para gente inteligente, o simplemente arte para la gente inteligente que no coge demasiada lucha y deja las cosas correr
      claro, no significa que deba dejar de educarse a las nuevas generaciones y sugerirle propuestas que los hagan pensar, pero solo sugerir, al final muchos de ellos acabarán despatarrandose en la pista con algun tema como la gozadera o similar
      y luego se iran a algun rincon a procrear y procrear y asi las siguientes generaciones

  • Heriberto dijo:

    Este es un tema de opiniones muy encontradas y ello no es más que reflejo y confirmación de problemas que han venido incubándose durante mucho tiempo y a los que no se les prestó la atención en su debido momento.

    Si bien la articulista tiene toda la razón, considero que el alcance y profundidad discursiva de su artículo no corresponde a este marco sino a uno de mayor vuelo intelectual donde “la amplia mayoría” de las personas que la escucharan o leyeran sus ideas estuvieran en mejor capacidad de comprenderla.

    De todas maneras, no creo tampoco que un artículo más sencillo hubiera encontrado mayor simpatía en los que lo han criticado. Este es un problema de fondo y va a llevar muchos años enderezar el rumbo. De manera que la autoridades de la cultura que tienen que enfrentar el fenómeno yo les diría que se armen de mucha paciencia y se concentren en los niños que todavía están a tiempo de ser formados y con los demás… sí, hagan lo que puedan, pero no esperen mucho.

    He tenido oportunidad de intercambiar con un amplio abanico de personas de pueblo, tanto amigos, familiares como desconocidos y la triste realidad es que ya pasada cierta edad, si no se fomentó una determinada capacidad de entender el arte, tratar de hacerle entender las ideas expuestas en el artículo es como echar agua en una canasta. En el mejor de los casos (si no despierta burla) lo que uno encuentra es indiferencia total y la sensación que se siente es que uno está hablando en árabe o que es extraterrestre.

    No se puede esperar de una persona adulta que despeje ecuaciones matemáticas complejas si no aprendió de niño las operaciones básicas: sumar, restar, multiplicar, dividir.

    Como quiera, versionando lo que dice la autora, diría yo: a río revuelto…ganancias de las multinacionales de la industria musical.

  • El Yoyo dijo:

    Válido el artículo de la autora; pero demasiado extenso y denso en su lenguaje que “dificulta” la comunicación con los que más necesitan lo lean, entiéndase “los gozones”, a los que hay que “hablarles” en un tono más directo y comprensible para atraparlos con el discurso. Lo otro es pura academia para disertar en el Aula Magna de la Universidad. Con su perdón, cra. Zuleica Román, pero así no ganamos esta batalla en la que la intelectualidad cubana se “cocina” a sí misma mediante Congresos, Simposios, Talleres, en los que abundan las reflexiones, pero casi todas carentes de propuestas de acciones.

  • Miguel Esquivel dijo:

    Interesante la discusion, si Chucho Valdes puso a Lang Lang a bailar con el Bongosero, que pasará si escucha la Gozadera?

  • Ivanarley dijo:

    El asunto es muy sencillo ,la letra de la canción no dice nada ,mi hija de 14 años ,sus amiguitas la analizaron después de oírla varias veces se quedaron sorprendidas ,no entienden el premio

  • Oscar dijo:

    Es momento de decidir si seguieremos siendo esclavos o cimarrones en esta batalla cultural, yo me alineo con Zuleica en el bando de que piensan y están a favor de defender la cultura al decir de Don Fernando Ortiz:
    “Cultura es ciertamente como cultivo, es trabajo labrantío, es siembra para cosecha y fruto. Este concepto de cultura como superación humana, no abandonará a la humanidad: pero sus egoísmos, pasiones y errores a menudo la extraviarán por los campos. Unos pocos sembrarán lo que gusten; los más, los de la humanidad anónima e inmensa, sólo podrán sembrar lo que se les permita en los eriales que les dejen libres para sus míseros conucos mentales, o en los agros de los otros y para ajeno provecho. Muchos tratarán de escapar de las plantaciones esclavas y tendrán que contentarse como cimarrones, con cultivar su jardín interno y oculto. Otros aún más infortunados no podrán, ni siquiera querrán, pensar; porque el pensamiento y el incremento de la cultura general serán considerados como peligros pavorosos.”
    Fernando Ortiz “Urgencias de la cultura en Cuba”. Revista Bimestre , vol. LIII (3):242- 243, mayo-junio de 1944

  • avelinoUCI dijo:

    !Vaya discusión! Digna de un abanico tan abierto como lo es nuestra cultura.
    Es válido que el discurso tiene que aterrizarse más a las posibilidades de ser entendido, también que la manera de hacerlos tiene que adcuarse a estos tiempos.
    !Excelente artículo! Éste, más que crítica , debe generar reflexiones y propiciar las soluciones que piden los “gozones” y que ellos no proponen como todo el que busca las mancahas del sol.
    Es verdad que la apuesta del enemigo es por la cultura. Con el cerco no pudieron y desde fuera nos hicieron invencibles. Hoy cambian la táctica. Es desde adentro que nos quiern derribar.
    ¿Por qué no cayó Cuba en 1991 cuando el derrumbe de la URSS? ¿Por qué los miamenses desilusionados tuvieron que deshacer sus maletas? ¿Por qué los cubanos resistimos, salvaguardamos nuestras conquistas y estamos de pue hoy más fortalecidos?
    Una es la respuesta: Apelamos a nuestras raíces culturlaes, buscamos nuestro más autóctono referente: Martí. Nos salvó nuestra cultura.
    Entonces, dejemos la bobería, si no nos afincamos nos joden caballeros. Recomiendo leer a José Antonio Saco “Contra la anexión” mil ochocientos y pico.
    Un abrazo a todos.
    Felicidades a Zuleyca y a Cubadebate.

    • Asela dijo:

      Ahora nos quieren derribar por la cultura?, !que barbaro!, ghasta cuando el miedo, es inseguridad?, no la tenemos los cubanos, ni lo que oigamos ni lo que veamos.

  • Maria dijo:

    Esto es una tesis de doctorado? muy largo el articulo, en fin la gozadera no tiene por que tener ideologia, politica solo logra el dsifrute de la musica, el baile y estan nuestros musicos cubanos.

  • Santiago de Cuba dijo:

    Respetar el criterio ajeno es paz; pero el artículo, tan elevado como las altas montañas de Cuba o los records mundiales de Sotomayor, nos lleva no solo gozar con lo autentico de nuestra rica cultura, sino a defenderla con la misma dignidad que cantan los puertorriqueños, dominicanos, etc…. sus ritmos tradicionales. Y para quien no quiera verlo de esa manera les ejemplifico con lo sucedido a la difunta pasión nacional en el deporte frente al fútbol de las ligas europeas (sin dejar de reconocer su calidad), hasta
    tal punto de tener la esperanza que la solución de la crisis creada en el deporte cubano solo se resolverá con la intervención en las ligas foráneas, olvidando que el gran salto del deporte cubano después del año 1959 estuvo sustentado en una participación masiva, no EXCLUYENTE de TODO el pueblo.

  • Sissi dijo:

    Pero comiencen a analizar las letras de todas las canciones que hacen los músicos cubanos y sobre todos los reguetoneros actuales porque qué dice la charanga habanera, el Niño ese que fue jurado que no canta nada, el mismo Yumurí y para que seguir mencionando. Yo estoy de acuerdo con la autora, entendí su punto de vista y entiendo el artículo, lo que no entiendo es por qué vivimos con tanto miedo a la diversidad, siempre criticando y banalizando lo que no es intelectual. Todos no podemos ser intelectuales ni entender discursos ya sea de izquierda o de derecha, tampoco somos todos políticos, hay personas a las que no les interesa ni quien preside un país. Tenemos que tener para todos y tenemos que ser tolerantes con todos. En este país siempre aplicamos la ley de “quien no está conmigo está contra mi”. Ya es hora de evolucionar, acaso no tenemos un desfile gay?

  • Juan Jesus dijo:

    Toda esta critica al tema, queda resumida en una estrofa que se repite muchas veces,”Miami me lo confirmo”,pues no se acaban de dar cuenta que a pesar de sus males como gran ciudad de pais desarrollado esta tiene su encanto y es sin que le quede duda a nadie ,la ciudad del sol ,capital de todos los latinos,.
    La critica esta muy bien argumentada en cuanto a la mala calidad de esta en su texto,pero calidad musical y interpretativa le sobra para reventar el mercado, como lo esta haciendo,asi que a recogerse.

  • El REBELDE dijo:

    Parece que aún abundan los antidiluvianos. Este es un espacio pora opinar,pero nunca pensé que a estas alturas existieran personas,que como cabeza,tienen un caracol….se verán horrores.El artículo me gustó y es una manera de reflexionar ante un fenómeno que no es nuevo,pero hay gente que pretenden seguir sin pensar en este mundo donde no todo es Gozadera.

  • julian rizo niño dijo:

    ante todo,la gozadera es un tema comercial hecho para que un grupo como gente d zona,penetre en el mercado latino de la música norteamericana,debemos verlo así y no teorizar tanto al respecto,porque considerar a lo comercial como algo diabolico.ese gran escritor de folletines radiales que es joaquin cuartas,dijo en una ocasión que a los escritoresde telenovelas no se les podía exigir que escribieran La Guerra y la paz.por favor debemos sentirnos contentos de que un grupo cubano haya penetrado esos circuitos comerciales,sin dejar de vivir en su país,eso es lo importante que Gente D zona siga siendo un grupo cubano que ha logrado algo impensable para muchos artistas cubanos residentes en Cuba,dejemos de teorizar tanto con algo tan sencillo como es la música comercial que tiene sus mecanimos como los folletines..

    • Rey dijo:

      Por lo visto, la verdadero intención del artículo no era realizar un análisis del Tema “la Gozadera”, sino tomándolo como ejemplo, brindar una serie de argumentos válidos sobre la globalización cultural ejercida desde los centros mundiales de poder. Entre dichos argumentos destaca la estrofa sobre la cual la autora llama la atención: “se toman como ejes a Miami, República Dominicana y Puerto Rico, obviando los relevantes aportes de Cuba a la cultura musical del Caribe,”, algo nada gratuito, parece que por exigencias de la Sony Records.
      Bien por el artículo, pero excesivamente largo para un medio como este. Creo que hubiese sido mejor que la autora se hubiese limitado a utilizar este tema como ejemplo de las tesis que expone y brindar una síntesis de las mismas. Hubiese tenido más éxito, algo importantísimo. No basta solo tomar partido y hacer cultura revolucionaria, sino hacerlo con mesura, inteligencia y sobre todo, no abusar, no cansar.
      Y en particular, faltó un elemento de importancia en el análisis de la pieza musical: es un producto musical netamente cubano. No solo por los intérpretes de “Gente de Zona”, sino por la música. Pertenece a un estilo llamado “timbatón”, una mezcla totalmente cubana de timba y reguetón, que eleva el insulso y pobrísimo reguetón a una categoría musical bailable novedosa, actual y de calidad. Nada semejante se hace a esto en el “mercado latino”. El hecho de que un producto musical netamente cubano haya tenido esa trascendencia, aunque los “dueños de los caballitos” quieran hacerlo pasar por mayamero, dominicano o puertorriqueño, es innegable. Y vale la pena.

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Zuleica Romay

Zuleica Romay

Intelectual cubana. Ganadora del Premio Casa de las Américas en 2011

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