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A la cañona se instalaron en la Base

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Históricamente la propaganda imperialista ha ocultado o tergiversado las verdades a su pueblo. Este caso que nos ocupa no es la excepción y data de un par de siglos atrás. Lo mismo que sucede en este último medio siglo con las patrañas orquestadas contra Cuba como el bloqueo, los actos terroristas y otras injusticias.

Las luchas de los cubanos contra el colonialismo español tenían la simpatía de amplios sectores del pueblo norteamericano. Fueron muchos años de enfrentamiento en los campos de la Isla. Incluso algunos norteamericanos lucharon en las filas cubanas. Uno de ellos. Henry Reeve –quien combatió  22 años antes de que su país declarara la guerra a España– alcanzó el grado de general en el ejército libertador. Nacido en Nueva York en 1850, llegó a Cuba en1869 en expedición financiada por emigrados cubanos y murió en combate en 1876.

Otro caso que ilustra la generosidad de aquel pueblo y de su simpatía hacia la batalla enfrentando al colonialismo español, fue el de Clara Barton, presidenta de la Cruz Roja de Estados Unidos. En l897 durante la última guerra de independencia del siglo antepasado, el gobierno de Madrid aplicó una política genocida que causó la muerte por hambre y enfermedades, al concentrar a los pobladores del campo en ciudades sin alimentos ni medicinas. Clara Barton se conmovió con la tragedia y organizó en Estados Unidos un comité de ayuda a Cuba. Envió alimentos, medicinas y ropa con donativos del pueblo norteamericano. Visitó la Isla y gestionó que no se paralizara la ayuda cuando su gobierno aplicó el bloqueo naval a Cuba en 1898.

En las postrimerías del siglo xix cuando Washington declaró la guerra a España, existía en aquel país un debate entre las recién nacidas fuerzas imperialistas y los que se oponían a la aventura. Pero quienes realmente ejercían el poder se lanzaron a la guerra con el propósito de dominar otras tierras y ocuparon también Puerto Rico –hoy día en bancarrota–, Filipinas y otras islas del Pacífico.

Impusieron un protectorado sobre Cuba, sin reconocer la beligerancia de los patriotas cubanos, factor decisivo en la victoria de los invasores norteamericanos contra los españoles.

Habida cuenta de la simpatía del pueblo norteamericano por la lucha de los mambises, el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución conjunta en 1898, sancionada por el presidente a la sazón que resolvía que “el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente” y que Estados Unidos “no tiene deseo ni intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha Isla, excepto para su pacificación y afirmando su determinación de que cuando esta se haya conseguido, de dejar el gobierno, de dejar el dominio de la Isla a su pueblo”. Asimismo, exigía al gobierno español que renunciara a su autoridad y gobierno en Cuba y retirara de su territorio las fuerzas militares y navales.

Así empezó la guerra hispano-cubano-americana en abril de l898, que culminó con la derrota de España al firmarse la paz entre Madrid y Washington.

Quedó así anulada aquella resolución conjunta, gracias a las fuerzas políticas más influyentes.

Cuando los cubanos en la asamblea constituyente en 1901 (durante la primera ocupación estadounidense en la Isla 1899-1902) –convocada para fundar la república libre e independiente–, regulaban las relaciones entre los dos países, fueron obligados a incluir un artículo en la constitución. Amenazaron con que si no se incluía una enmienda a una legislación interna, aprobada por 24 votos de mayoría, de un total de 253 legisladores de los cuales 137 votaron en contra, con lo que advertían a Cuba que si no incluía el texto del acuerdo en la constitución que se estaba discutiendo en La Habana, no se retirarían de Cuba las tropas de Estados Unidos. Ese apéndice que obligaron a incluir es lo que se conoce como la Enmienda Platt por el nombre del senador que la propuso, Orville H. Platt.

Tal cañona definía las relaciones entre La Habana y Washington y concedía el derecho a Estados Unidos a intervenir en Cuba, y a vender y arrendar las tierras necesarias para instalar la Base Naval de Guantánamo. Cuando en 1933 se anuló la Enmienda Platt, no se pudo lograr la eliminación de la concesión de la Base Naval.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Baphomet dijo:

    Como también es cierto que una buena parte del ejercito que le dio la victoria a George Washington con el ejercito británico eran soldados “criollos” (o pre-cubanos, por llamarlos de alguna manera).

  • Cubaleaks dijo:

    No, Lilliam. No se instalaron a la cañona. Nos dejamos meter el pie, en buen cubano, rendimos las armas, bajamos la cabeza, fuimos unos comem…. y perdóneme la cubanísima frase. A pesar de las protestas de Juan Gualberto Gómez y la inconformidad de Calixto García, licenciamos nuestro ejército, y nos nos alzamos en armas como hicieron, por ejemplo, los filipinos, que estaban en idéntica situación que la nuestra a raíz del Tratado de París. Este pueblo, con tantísima tradición de lucha, se entregó, en medio de tibias protestas, a la firma de tratados leoninos y políticos corruptos, algo que a los cubanos y latinos en general nos sobra (herencia de españoles y africanos)…

    No hizo falta mucha cañona, Lillian. Solamente hizo falta olvidar bien rápido lo que nos había enseñado Martí, al que solamente en el centenario de su nacimiento se le rindió tributo…

  • Jacinto dijo:

    Cubaleaks, no aprietes la historia es parecida pero no igual, ten presente en el contexto que se produjerón los acontecimientos que nada tienen que ver con lo que le pasó a Filipinas aunque estuviera enmarcado en la misma época. No quiero darte una clase de historia pero debes revisarla y estudiarla un poco más.

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Lillian Lechuga

Lillian Lechuga

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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