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¿Es político el deporte?

En este artículo: Capitalismo, Cuba, Cultura, Deportes
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Quizás la primera respuesta que suscite la pregunta del título sea un No rotundo, mientras le lloverían impugnaciones a quien sostuviera lo contrario. Pero, si bien tiene características específicas como parte que es de la cultura en general, el deporte requiere juicios tan complejos como cualquier otra vertiente de la obra de los seres humanos.

En la antigüedad griega, fuente de la romana, y de mucho de lo que hoy ocurre y se piensa en las parcelas occidentales u occidentalizadas del mundo, el concepto de política surgió como derivación de la polis, o comunidad ciudadana agrupada en cada ciudad estado, en cuyo servicio, condicionamientos clasistas mediante, se enrumbaban praxis y pensamiento. Lo que llamamos deporte era un recurso para tener mente sana en cuerpo sano; y buena preparación al contender —no solo en lides deportivas, sino igualmente en guerras— contra otros territorios, o contra fuerzas internas opuestas a los intereses dominantes.

Con las debidas salvedades, algo similar cabe decir con respecto a las culturas del Oriente, que le han aportado al planeta las no por azar llamadas artes marciales. En este sintagma la noción de artes se funde con lo político: con lo “perteneciente o relativo a la guerra, la milicia o los militares”. Esa es la primera acepción reconocida al adjetivo marcial por la Real Academia Española, que la vincula con los otros significados del vocablo. ¿Pensará alguien que con ello la mencionada institución lingüística incurre en extremismo?

Practicar ejercicios físicos y deportes contribuye a fomentar la salud y virtudes como la disciplina, y competencias deportivas se han usado para cultivar la paz y las buenas relaciones entre pueblos. Pero sería erróneo suponer iguales los fines con que personas, países, fuerzas políticas diferentes procuren mostrar superioridad deportiva, y —para no perder la percepción histórica— tampoco se debe olvidar la herencia infusa en deportes como el boxeo y otros en los cuales no se busca precisamente cuidar al contrincante.

Distintas mediaciones intervienen cuando se piensa sobre tal realidad, máxime donde los deportes han dado gloria a personas que, al exhibir sus habilidades, a menudo para revertir pobreza y hambre, han representado la tenacidad de un pueblo y, en determinadas circunstancias, directa o indirectamente han defendido un modelo político. Así han surgido grandes estrellas, y, úsese no se use el anglicismo —tema para una meditación que llevaría por caminos intrincados—, kides de antaño y de hoy habrá para ilustrar lo afirmado.

Comentario aparte requieren los espectáculos cuyos promotores medran convirtiendo el deporte en hechos de violencia y crueldad. El carácter inhumano de tales prácticas no mengua porque los contrincantes actúen voluntariamente, y hasta puedan enriquecerse, quizás no tanto como quienes manejan el negocio para lucrar con él. Habrá incluso públicos que aplaudan hasta el delirio. Nada de eso borra el hecho de que, quienquiera que lo haya dicho, y aunque a nadie se le hubiera ocurrido decirlo, la política está en la economía, y viceversa, como los gases hidrógeno y oxígeno en todos los estados físicos del agua.

Orientada desde la raíz por las fuerzas dominantes en ella, cada sociedad ve en el deporte uno de los índices para mostrar su eficiencia. En ese terreno la particularidad de la Cuba revolucionaria ha estribado en el modelo colectivista que se propuso construir de 1959 para acá, y que aún hoy hace de ella una honrosa anomalía sistémica en el planeta. Habrá quien le haya recriminado la voluntad de verse representada por los frutos de su movimiento deportivo, entre otros asociables con él, como la educación y la salud.

Tal vez —tema sobre el cual carece de información el articulista— si a un gran refundador como Jesús le hubieran interesado los deportes, habría estimulado su práctica para que los predicadores de su fe, y en general quienes la abrazaran, estuviesen mejor preparados para defenderla, con los ideales justicieros que ella tenía y conserva de sus orígenes. El problema no sería ese uso del deporte, sino que dichos ideales no han triunfado, realidad por la cual no habrá que culpar al mesías, sino a al mundo, a las circunstancias.

Nadie escatimará méritos a quienes en la Cuba neocolonial se hicieron médicos vendiendo periódicos o café, o con cualquier otro modo de esfuerzo personal. Tampoco se negará el valor de quienes, a base de tesón, emergiendo de un medio familiar humilde, llegaron a ser boxeadores estelares, ni de quienes alcanzaron el éxito como cantantes a partir de haber recogido centavos, o pesos, mientras actuaban en bares, fueran estos de mala muerte o célebres. Y no hay por qué cuestionar la grandeza de un ajedrecista o de un esgrimista porque en su base de partida tuvieran las facilidades de un hogar pudiente.

Ningún hecho autoriza a desconocer la concentración de afanes justicieros en la Revolución Cubana, que creó a la generalidad de la población condiciones para brillar de acuerdo con sus aptitudes y sus actitudes. Eso explica un movimiento deportivo que, empezando por la masividad —gran reto será mantenerla como base y fuente de los triunfos más visibles—, dio paso a la proliferación de estrellas cuyo orgullo era representar al pueblo, no enriquecerse. No era ni es cuestión de ciega gratitud, sino aprecio de cuán alto y lejos podía llegarse en hombros de un modelo no hecho para crear millonarios, sino para favorecer el desarrollo deportivo con probada profesionalidad pero sin la dimensión rentada.

De ahí los numerosos atletas que rechazaron el ofrecimiento de grandes sumas y prefirieron ser fieles a un proyecto basado en el empleo de los frutos del trabajo al servicio de la colectividad, no solo en el deporte. Y a ello se debe el gusto con que deportistas relevantes, de nivel mundial incluso, dedicaban sus triunfos a la Revolución y a sus dirigentes, y al pueblo en general. No era raro oír a un gran pelotero declarar que jugaba béisbol porque así respondía al llamamiento hecho por la dirección revolucionaria, y que le gustaba batear jonrones “porque los fiñes los disfrutaban”.

Tales eran las mayores aspiraciones para quienes practicaban lo que un colega llamó “la pelota ideológica”, contraponiéndola al deporte rentado característico de otros lares del mundo, y de la propia Cuba antes de 1959, y que, asociado al éxito individual, hoy parece presentarse como único posible. Cuando hace unos años la federación correspondiente autorizó la inclusión de peloteros rentados en competencias en las cuales hasta entonces solo se admitían equipos aficionados, hubo quien dijo: “Eso va contra Cuba”, y no faltó quien le respondiera: “Ya saltó la paranoia de la plaza sitiada”. No parece que la vida haya dejado sin fundamento a quienes de distintos modos hicieran aquella advertencia.

Así como ni Jesús ni sus seguidores leales han hallado en más de veinte siglos el entorno propicio para el triunfo de sus ideales, a Cuba se le han atravesado en el camino severos obstáculos contra su proyecto de colectivismo y justicia, asociado a un modelo político y social con menos de un siglo de currículo, si de intento de aplicación práctica se trata, pues aún no ha triunfado plenamente en parte alguna. En una crisis planetaria multilateral, no solo económica, los hechos apuntan a la inviabilidad de mantener en su pureza el camino escogido por el país para el deporte, y para la vida de la población en general. Cada vez son más los deportistas que desean medirse en competencias que les acarrean crecientes sumas de dinero, de las cuales en el orbe se derivan grandes ganancias, sobre todo, para “dueños” de equipos, entrenadores, técnicos… ¡y quién sabe para cuántos intermediarios más!

Con palabras que darían para un tratado —aunque no lo hizo ante micrófonos ni por escrito—, recientemente un comentarista deportivo expresó acerca de un pelotero en particular: “Vale cien millones de dólares”. ¿Medir en dinero el valor de un ser humano? Sumas como esa, ¿están de veras en proporción directa con la utilidad social del desempeño de un deportista en los estadios, o responden a su uso en función de ingentes negocios de espectáculos y publicidad? Mencionar solamente los manejos “limpios” no basta para olvidar lo que pueda haber de otros, como el tráfico de influencia política —léase sobornos—, y no hay por qué descartar el lavado de dinero.

Funciona, además, otra dimensión ideológica y políticamente aviesa de esa realidad: fabricar héroes del béisbol, del fútbol, del baloncesto, del boxeo, de cuantos deportes sirvan para generar espectáculos que, como otros, atraigan multitudes, y les embote el pensamiento. Así, junto con la publicidad comercial directa se despliega una propaganda de efectos no menos rentables que el negocio mismo para la empresa capitalista. De manera implícita o explícita, esa propaganda viene a proponer algo similar a lo sustentado en un célebre lema yanqui: “Usted también puede ser presidente de los Estados Unidos”.

Si en un siglo ese país tendrá alrededor de veinticinco presidentes, los futbolistas de los diez o doce equipos más famosos y mejor costeados del mundo sumarán escasos centenares de integrantes. En los mismos países donde el fútbol prospera y hasta se usa como opio, hay jugadores que cobran poco o nada, porque real o supuestamente sus equipos carecen de fondos. El darwinismo social —que no es responsabilidad del sabio británico, sino de los pragmáticos ideólogos de la inequidad— avalará como paradigma el éxito de unos pocos; pero ¿qué y cuánto aporta en beneficio de las mayorías necesitadas de justicia?

También en los deportes pedirle a Cuba que se vuelva un “país normal” supone exigirle que se actualice con esas normas. Tendrá que vérselas seriamente con la realidad para encauzar la participación de sus atletas en tales ámbitos y favorecer que se enriquezcan, sin someterse ella a la misma corrosión que causa sonados estragos en organizaciones deportivas internacionales. Se abre otro frente en que el país deberá batirse en la lucha contra la corrupción interna en marcha, y contra la que aún pudiera llegarle, o nacerle.

El camino no estará precisamente en prohibir, y acaso la nación se beneficie con la participación de sus deportistas en ligas rentadas. Pero también en el deporte habrá que aguzar todos los sentidos —¡prensa incluida!— y conjugar lo posible y lo deseado, lo inevitable y las aspiraciones más dignas, para que lo ineludible de hoy no cierre los caminos del futuro al modelo de organización y justicia superiores que se ha intentado edificar. Por respeto a los afanes de construcción socialista que tanto sudor y tanta sangre han costado, es un deber ineludible velar para que valga de veras la pena alcanzar una economía próspera y sustentable, que poco bien nos haría si terminara inmersa en la misma realidad contra la cual se ha luchado durante más de medio siglo, por lo menos.

Las actuales circunstancias condicionan de modo relevante un terreno donde urge que el debate ideológico se desarrolle con soltura como fuente de luz activa, fértil, para que el país recorra con acierto los lineamientos que se ha trazado. La meta es aún más compleja, y también más tentadora, porque se trata de alcanzarla sin sucumbir a dogmatismos sectarios como los que hoy parece fácil reconocer que prosperaron, sobre todo, en los primeros años de la década de 1971-1980, identificados como quinquenio gris.

Aunque el papel de la necesaria voluntad se respete como es debido, ciertamente el deporte no puede vivir a espaldas de la economía, cuya observancia tampoco debe conducir al economicismo. En el mundo de hoy, sin un campo socialista que, cualesquiera que hayan sido sus deficiencias —menudas no fueron, puesto que dieron al traste con él—, le proporcionaba a Cuba una colaboración económica determinada, ¿cómo esperar que este país mantuviera el mismo alto ritmo que llegó a tener en la arena deportiva internacional?

Cuando —era 1992, en marcha hacia lo más deprimido de lo que se llamó período especial— Cuba ganó el quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Barcelona, un padre, emocionado hasta preocuparse con ese gran logro, expresó: “Pero ¿qué vamos a hacer a partir de ahora?”, y la mayor de sus hijas, que entonces no había cumplido diez años, le preguntó sorprendida: “¿Es malo que tengamos ese lugar?” En busca de una explicación comprensible, él le respondió: “Es muy bueno; pero imaginemos que en casa, con el acuerdo de toda la familia, nos diera por algo tan noble y bonito como criar peces de colores, dedicáramos a eso la mayor parte de nuestros recursos y, además, quisiéramos ser los más exitosos criadores en el barrio, y después en el municipio, y en la provincia, y en el país… Por ese camino puede llegar el momento en que nos falte el modo de mantener la casa y tendríamos que comernos los peces”.

Como respuesta a una niña habría sido desmesurado añadir que la familia es una forma o un pedazo de la polis, y administrar la casa para que sus integrantes alcancen la más alta y más digna felicidad posible es también, a ese nivel, un hecho político.

Se han publicado 19 comentarios



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  • victor dijo:

    Absolutamente político el deporte. . Pensarlo de otra forma se acerca a los niveles máximos de ingenuidad. Desde la diplomacia del ping-pong hasta la diplomacia de cualquiera de los otros deportes. Todo el mundo lo utiliza como vitrina para mostrar superioridad en algo. Ese deporte “solo para salud física y mental” es algo muy localista, casi íntimo o familiar. Según se dice, las artes marciales, pierden su condición a partir de que se utilizan en competencia, pues ellas no fueron pensadas en su fundamento para competir, sino sólo para el mejoramiento humano, pues competencia, en cualquier variante filosófica que se vea, es demostrar superioridad y por ahí también anda el aparejamiento con la política.

  • Jose R. Oro dijo:

    Este es un artículo interesante, de actualidad y culto. Sin titubear me adscribo a sus principios morales generales. Sin embargo, este tema (y casi ningún tema que se refiera a la conducta humana en general), no debe ser analizado in vitro. La oración…” es un deber ineludible velar para que valga de veras la pena alcanzar una economía próspera y sustentable…” es de verdad poco equilibrada. Para mantener y perfeccionar el socialismo y/o formas sociales justas es necesario (forzoso, ineludible, obligatorio, etc.), alcanzar una economía prospera y sustentable, simplemente porque no se puede distribuir con justicia, aquello que no se ha producido, aquello que no se tiene.
    Por supuesto que el deporte es político, concuerdo con el autor. Manejar con cuidado la polis (como en la conversacion de padre e hija) en cualquiera de sus manifestaciones es un hecho político, y eso es tan cierto como que mañana el sol saldrá de nuevo por el Oriente. Pero, la realidad es que una cantidad de nuestros atletas desertan, muchas veces caen en manos de traficantes de talentos que los exprimen, y al final por una vía u otra, llenan los estadios de otros países. Estoy de acuerdo con el autor que “…En el mundo de hoy, sin un campo socialista que, cualesquiera que hayan sido sus deficiencias —menudas no fueron, puesto que dieron al traste con él—, le proporcionaba a Cuba una colaboración económica determinada, ¿cómo esperar que este país mantuviera el mismo alto ritmo que llegó a tener en la arena deportiva internacional?…” el deporte cubano, de forma social, tiene que buscar formas de financiarse, de competir con sus iguales para crecer o al menos mantenerse en un nivel de calidad, de arreglar sus estadios y campos deportivos (vimos al “Pedro Marrero” cuando el juego con el Cosmos de New York). En Vietnam hay una liga profesional de futbol, la razón es que los mejores atletas se estaban yendo a jugar a otros lugares. Cuba no podrá mantenerse en el 5to lugar de los Juegos Olímpicos, simplemente porque somos un pequeño país de 11 millones de personas, y si estamos en posiciones cimeras, no solo a nivel olímpico naturalmente, si ganamos por ejemplo los Centroamericanos de Veracruz por encima de México (120 millones de personas, y arriba de eso país sede) o quedamos en segundo lugar en los Juegos Panamericanos por encima de Brasil (que fue pais sede) o Canadá, eso se relaciona con la supremacía del sistema deportivo de Cuba, la excelencia y coraje de nuestros atletas, pero también en que el desarrollo deportivo de esos países todavía no ha madurado, e inevitablemente nos alcanzaran y superaran. Lo que pasa es que Cuba podrá (y debe hacerlo) mantener una mejor justicia social, no tener “terapias de choque”, no estimular innecesarias desigualdades sociales, y otras muchas cosas importantes, pero Cuba ni ningún país, puede vivir al margen del mundo de hoy. Y eso claro, se extiende también al deporte. Creo que el autor (si uno lo lee bien) dice lo mismo, pero de una forma tan tangencial que su mensaje podría terminar en el vacío.

  • enrique dijo:

    Buena síntesis.Solamente rectificar que Darwin,nació en Inglaterra.

    • Luis Toledo Sande dijo:

      Sí, Charles Darwin es británico. Alemán es el implacable Alzheimer, que suele hacernos trastadas, incluso prematuras, o eso preferimos creer. Advertido el error, lo informé al fraterno sitio antes de que empezaran a aparecer comentarios; pero todo lleva su tiempo, y explicablemente la rectificación demoró un rato. Sería injusto reclamar mayor rapidez al equipo editorial, que tantas cosas debe atender, y atiende. Por lo general, no respondo comentarios, porque estimo que es el espacio para lectores y lectoras, y que bastante es el que usa quien escribe el artículo comentado. Pero en ocasiones procede hacer alguna aclaración, y creo que este es un caso. ¡Quién fuera infalible!

  • Antonio dijo:

    El caso Cuba es facilmente comprensible por todo el que tenga la mas minima informacion, eso es algo elemental.
    Y lo que representa el verdadero deporte politicamente es incuestionable, de lo que
    discrepa es del deporte como negocio, con todos sus vicios y la deformacion moral
    del “atleta”, porque cuando se vive en el como una forma de hacer dinero, sucede lo
    que sucede y solo hay que mirar lo que es la FIFA en el dia de hoy.
    Desde luego que no es muy dificil suponer que el verdadero lugar del deporte ira de
    la mano de cuando muchas cosas esten en su verdadero lugar.

    • Sergio dijo:

      Pero las deformaciones MORALES no sólo vienen por parte del DEPORTE RENTADO, eso sería un criterio MUY REDUCCIONISTA del asunto. Debemos recordar que en aquella época de la GUERRA FRIA, donde había que demostrar cual de los dos sistemas era mejor (pregunta No.3 de las pruebas de historia,,,,la superioridad ,bla, bla, bla), también hubo MUCHISIMAS DEFORMACIONES en donde el DEPORTE, supeuestamente, NO ERA PROFESIONAL. El hecho más lamentable fue el ARSENAL de sustancias de la ex-RDA con todas las consecuencias que tuvo, y que aún tienen para muchas personas que fueron SOMETIDAS a aquellos “TRATAMIENTOS”, como el caso de Heidi Krieger, ex-lanzadora de Bala, que hoy en día no se sabe que cosa es, si un HOMBRE o una MUJER.

      Digo esto, porque siempre se habla del “flagelo” del deporte profesional, que tiene sus problemas, es cierto, pero también hubo, en aras de DEMOSTRAR ESA SUPERIORIDAD POLITCA, flagelo en el deporte socialista. No todo es en BLANCO y NEGRO, hay muchos matices.

      En nuestro país, tampoco estamos ajenos a DEFORMACIONES MORALES, y los ejemplso SOBRAN.

      Saludos,

  • osvaldo.5 dijo:

    aqui en cuba si, aquí en cuba todo es politico…

  • steinwald dijo:

    Y en EEUU también, Osvaldo. O de donde crees que salio “Rocky”, y “Rambo”…?

    • daniel dijo:

      Ah porque Rambo es deportista…

  • qbano dijo:

    todo gira en torno a lo político, de hecho es la política la dicta las posibilidades de existencias legales , sustentabilidad, crecimiento etc.! pero ello no significa que todo responda a intereses políticos o sea no todo debe ser ejecutado en pos de los intereses políticos “si beneficia la imagen política es bueno…” si no que -y en mi opinión- la política debería responder a los intereses socio deportivos …

  • enrique dijo:

    En sí cada país tiene sus características lo de la ex RDA, todos lo conocen, lo de los deportistas rentados de diferentes partes del mundo, dígase Estados Unidos, Alemania Federal o la actual, Italia, etc ocurre igualmente hace años, cada vez que leo que un compatriota trata de justificar poniendo de ejemplo solo a los antiguos países socialistas, y no menciona a los capitalistas me pregunto hasta que grado de entrega y sumisión se encuentran enterrados y no son capaces de ver que por desgracia las trampas deportivas existen en cualquier sistema, lo que hay que tener valor moral para reprimir y castigar como se debe hacer en cualquier parte del mundo, como se ha hecho aquí en Cuba, lo triste es que algunos ven con beneplácito que esta emigración deportiva que está ocurriendo sea algo normal, por desgracia hay mercaderes inescropulosos que se están haciendo rico con nuestros peloteros y otros deportes, pero bueno tenemos que enfrentar estos nuevos tiempos y ver como damos solución, y no justificar como hacen muchos que es para mejorar economicamente o demostrar que ellos si pueden jugar en las grandes ligas u otra liga profesional, si demostramos que este pequeño país, CUBA ha hecho una proeza y la seguirá haciendo gracias a su sistema social, que muchos que la critican hoy en dia son fruto de ella, estudiaron se hicieron profesionales o GRANDES DEPORTISTAS SIN PAGAR UN CENTAVO, lo triste es que no tengan el coraje de agradeserle a su PATRIA los valores adquiridos.

    • daniel dijo:

      Enrique lo que dices se puede aplicar a ti tambien (Lo de hablar solo de un lado )

  • Horacio dijo:

    A veces somos tan ingenuos. En los comentarios de lectores sobre artículos deportivos publicados en este medio y otros se pide siempre que no se politice el deporte.¿ Como se puede hacer eso?, el deporte como parte de la sociedad humana esta interrelacionado con los demás elementos que la forman. En todo caso seria tratar de politizarlo lo menos posible. Ademas en todas las sociedades y modos de producción conocidos hasta ahora, la política es que la dicta las características de la actividades humanas dígase cultura, deporte etc. Creer otra cosa es desconocer lo mas elemental de la historia humana.

  • alexis67 dijo:

    en la sociedad capitalista se mercantiliza el deporte, en la socialista se politiza pero tengo q discrepar con el autor al respecto de la masividad del deporte en cuba, los escasos recursos que existen se dedican a las instituciones de alto rendimiento (que tampoco están muy bien que digamos) con el objetivo de mantener los triunfos logrados pero a mi me gustaria llevar a mi hijo a aprender a nadar o yo mismo poder practicar deporte despues de mi horario laboral, no existen las condiciones para hacerlo asi que no creo q exista en la actualidad la masividad como logro del deporte cubano, existe una fabrica de talentos pero no un pueblo que pueda beneficiarse de la práctica del deporte en su vida diaria ..

  • Rafael Cantero Pérez dijo:

    No haré ningún comentario sobre lo escrito por Toledo Sande, él está muy por encima de mis exiguos conocimientos, pero quiero hablar sobre lo que dice el amigo Sergio, quien reconoció aquí que vive en Berlín (me hizo una invitación a tomar cerveza allí, algo que dudo se dé porque, jeje, no llego a allá), pero sigue pensando como cubano. Él vive en Alemania y conoce de primera mano la vida de las otroras glorias de la RDA, pero en este sentido vale también la propaganda anticomunista, la que ahora se ensaña contra todo lo que se acerque al Socialismo para denigrarlo. La lucha antidoping en aquellos años no se puede comparar con los recursos actuales, pero existía y, los yanquis sabían donde investigar para demostrar los errores del Socialismo. El que una mujer se parezca a un hombre no tiene exactamente que ver con el uso de fármacos, amén de que somos testigos de una deportista sudafricana, a quien en la actualidad no se le ha probado ser consumidora de drogas sin embargo el cuerpo es de un hombre; en los juegos Panamericanos de Río se presentó una judoca brasileña con el mismo porte; además jeje, aquí en Holguín he visto algunas personas que deberían ser del sexo débil, pero que parecen lo contrario y no practican ni ballet; lo que si practican es amor por su mismo sexo. En el caso de Cuba, debemos emplear los triunfos deportivos para sentirnos orgullosos, antes del 59, ni pensar en estos triunfos; sólo que, la debacle económica de los 90 en adelante nos ha puesto en condiciones desventajosas, por lo que no podemos estar a espaldas del mundo, desgraciadamente, si en la economía se autorizó la inversión extranjera, los trabajadores privados; no veo extraño que se les permita a los deportistas competir en el profesionalismo; esto trae beneficios, no sólo económicos, sino profesionales, porque se compite en Ligas difíciles y muy fuertes; a pesar de que se corren riesgos con la salud, etc.., pero para eso está el Estado, para cuidar y defender a su gente.

  • Alien dijo:

    A ver si publican mi comentario.
    Si, el autor toca puntos medulares y yo diría que saca a relucir un tema que está muy discutido en la calle. Ciertamente la revolución ha hecho mucho por el deporte y esa labor, dio sus frutos y aún se cosechan algunos logros. Pero nos quedamos detenidos en el tiempo mientras nos aplastan países que ni por asomo eran potencia en el deporte, ej: China, en la década del 80 ganaba mucho menos medallas que cuba, hoy, le compite el primer lugar a Estados Unidos. y es a causa del dinero solamente? no lo creo, todos conocemos la tenacidad de la raza amarilla, y claro el desarrollo económico ayuda….que quiero decir con todo esto…….hoy día usted camina por las ciudades y no existe un terreno decoroso para que los niños jueguen, he visto muchos terrenos convertidos en sembradíos de plátano y fuente de comida para chivos y ovejos…..las piscinas están deplorable estado, no existen implementos deportivos……y los que se venden muy caro para la población…..es el bloqueo? es la crisis económica?….pudiera influir, pero a veces es falta de voluntad…..a veces existe el dinero, pero no hay voluntad por los decisores. Igual el proceso de selección de los mejores atletas en las categorías inferiores no es el mejor…….y en ocasiones no es del todo “transparente”…..si usted le suma a todo esto, la posibilidad que tienen de ganar dinero en otras lides…..es claro, el ser humano primero intenta satisfacer su necesidad personal…luego piensa en el otro….es un instinto básico….inherente……usted no puede pedirle a un hombre que juegue por 500 pesos, sabiendo que puede ganar millones ..y por encima, sin vivienda, sin bicicleta siquiera…sin zapatos, sin lugar donde distraerse…..creo le pides mucho….si, estimado Luis Toledo Sande….aún hay muchas cosas por tocar…..lamentablemente…..saludos y gracias por el articulo.

  • Pioneer dijo:

    Ciertamente la politica tiene relación con todo , pero el error esta en trar todo por su valor politico y en el deporte es funesto , en lo particular prefiero al Real MAdrid de los millones de Florentino y de la actual FIFA que el Real madrid de Franco por mucho sarpullido que causen los dolares en estos lares.

  • lolo dijo:

    Gracias de nuevo

  • Frank David dijo:

    No me dolería que disminuyéramos en deporte. En realidad la gente tiene que meterse en la cabeza que aquí el dinero no alcanza para todo, y es mejor priorizar otras esferas como alimentos, ropa y tecnología.
    El deporte, en realidad, no produce nada MATERIAL. Es mejor invertir en otras cosas.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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