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¿Qué cultura debemos salvar?

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El artículo “Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?”, de Iroel Sánchez, publicado en su blog La Pupila Insomne, refuta una convocatoria que el autor testimonia haber oído no en una cháchara de barrio, sino en el Noticiero Nacional de Televisión Cubana, espacio que los enemigos del quehacer revolucionario considerarán especialmente supervisado y controlado de cerca por el poder político y sus instituciones de vigilancia ideológica.

A propósito del inicio del nuevo curso escolar en Cuba, la convocatoria citada reclamó que las universidades formen “profesionales competitivos”, lo que el articulista interpreta así: profesionales “no competentes, no solidarios, no humanistas, sino competitivos, esa categoría que el neoliberalismo ha trasladado de las empresas a los seres humanos como si de mercancías, o peor aún, perros de pelea o caballos de carrera, se tratara”. Lo más grave es que tal interpretación tiene peso de realidad. Las palabras portan pensamiento, y competitivo remite al pragmatismo economicista que pudiera convertirnos en lo contrario de lo que hemos proclamado que aspiramos a ser.

No han faltado indicios o brotes de ese peligro, que deben conjurarse no porque el enemigo pueda utilizarlos, sino porque le hacen daño al país, aunque a veces pasen inadvertidos en los agobios y las prisas de la ardua vida cotidiana. Algunos habrán sido hasta estruendosos, y no pocos habrán tenido aliados en trabas burocráticas; pero ninguno merece que se le regalen complicidades involuntarias. Sin ignorar malas yerbas aisladas, como ojalá fueran los obstáculos aludidos, estemos atentos contra prados de ellas que puedan prosperar al amparo de la necesidad de alcanzar la eficiencia económica, cuyo mayor crédito, si no único válido, sería asegurar un funcionamiento social basado en la civilidad y la ética, en el cultivo de los valores espirituales.

Antes de que el avispero neoliberaloide se revuelva contra lo que aquí se dice, aunque es sabido que se mantiene permanentemente revuelto, quede claro que ni al autor del artículo citado ni al de estas líneas se les ocurriría pensar que podemos darnos el lujo de formar profesionales ineptos. Se trata de algo muy diferente. Para solo aludir a la educación en general, y a la universitaria en particular, el ideal que no pasa de formar profesionales competitivos —es decir: empresarios pragmáticos—, y resta importancia a su integralidad, ¡ni hablar de carreras humanísticas!, es central para el Plan Bolonia en Europa, y para otros similares que, comoquiera que se les llame, el neoliberalismo promueve en todas partes.

En Cuba no han faltado voces —ni en encuentros juveniles convocados por organizaciones políticas, ni entre alumnos, adulticos ya, en cursos universitarios de posgrado— que expresen su deseo de que aquí se aplique en la enseñanza la privatización que en otras naciones ha suscitado la rebeldía de movimientos estudiantiles, como el de Chile, país cuyo sistema de instrucción está entre los que dichas voces han defendido como ejemplo. Al invocar la presunta superioridad de las universidades privadas, se desconoce la presencia en ellas de déficits que se han denunciado en distintas naciones, y al creer que la privatización es una panacea, se olvidan logros que por la vía social alcanzó Cuba, donde tanta sangre y tanto esfuerzo costó vencer el analfabetismo y establecer la educación pública universal.

Eso le dio al país un crecimiento científico reconocido por numerosas instituciones internacionales de distintos signos ideológicos. Los problemas que hoy puedan señalarse fundadamente en la educación cubana, son inseparables de los que tiene la sociedad en su conjunto. Sería criminal culpar a la masividad, propia de una orientación de veras popular. Las causas de que el fraude cause estragos hasta en las universidades, se podrán hallar en el deterioro de la ética, y hasta en nobles ilusiones que entronizaron el promocionismo. Pero Cuba —lo han apreciado también instituciones internacionales— no es, ni con mucho, el mayor ejemplo de corrupción en este planeta, ni están libres de fraude países donde, junto con la corrupción sistémica, impera y crece el carácter privado de la educación, y de todo.

El culto a la propiedad privada conduce a otro: el rendido a la ley del más fuerte. Los neoliberales, tan hostiles a lo que se hace en Cuba, cuando les conviene esgrimen el criterio de distribución socialista: cada quien trabaja de acuerdo con su capacidad, y se le remunera en correspondencia con los resultados de su labor. No dicen, sin embargo, que para los ideólogos del socialismo, y en general para las personas justicieras y conscientes de la realidad en que tal norma se inscribe, esta puede ser necesaria por diversas razones, como lo mucho heredado del pragmatismo capitalista y la insuficiente asunción de la propiedad social; pero es expresión de una etapa, no el fin buscado. Una cosa es reprobar el llamado igualitarismo y otra considerarlo más dañino que las desigualdades, las cuales acaban siendo promovidas en función de que, en la competencia, el premio lo reciba quien primero llegue a la meta. Pero la sociedad en su conjunto no es una pista de carrera.

Tampoco hoy están solas las ideas justicieras. Entre sus defensores cuenta el chileno Marcos Roitman, de quien Sánchez asume palabras como estas: “el éxito cultural del neoliberalismo ha consistido en hacer de los proyectos sociales democráticos, emancipadores y socialistas, una opción individual de mercado”. La cita es más extensa, pero desde esa parte apunta a un hecho básico: aunque el asunto en discusión pasa por elementos políticos, económicos, sociales, jurídicos…, es, en su abarcamiento y en su médula, un hecho cultural. Para la reflexión que ello suscita se requiere mayor espacio. Solamente recordemos el llamado a salvar la cultura hecho por el líder de la Revolución Cubana ante el desastre del socialismo en Europa y el establecimiento en Cuba del denominado período especial, que, si bien ha cedido, perdura de distintas maneras.

A veces se tiene la impresión de que aquella convocatoria se cita desde un entendimiento superficial de lo que significa la cultura. En ella tiene un lugar específico, pero con interrelaciones que la permean y la rebasan, lo que gremialmente se entiende por cultura, un concepto más o menos limitado a lo artístico y literario, y, para algunos, de preferencia al mundo del espectáculo. No hace falta poner en duda que el líder pensaba también en esas áreas culturales al hacer el reclamo citado, pues grandes han sido las inversiones del país en ellas de 1959 para acá.

Pero el reclamo las desborda, y en su amplitud sigue demandando salvar la cultura justiciera, solidaria, con valores de hondo contenido humano y humanitario —no solo humanista en el sentido profesional— por la que viene abogándose, para no ir más lejos, desde La historia me absolverá. Esa fue una de las razones, si no la principal, por las cuales cupo declarar que José Martí había sido el autor intelectual de los sucesos del 26 de julio de 1953, aserto aplicable también a la obra revolucionaria iniciada con ellos.

Es asimismo necesario salvar, por ejemplo, el arte —importante como otros— de las maracas, el tres y los bongoes. Pero ese arte puede también existir en un sistema social injusto. De hecho, no se fraguó ni se definió precisamente dentro del afán de construir el socialismo, aunque al calor de ese afán el apoyo a las expresiones artísticas experimentó no solo un salto cuantitativo sin precedentes en la nación, sino también cualitativo: se trata de un aporte de clara voluntad popular, no regido por dividendos económicos, sino por la utilidad social, que ha de seguir siendo la brújula, aunque el asidero económico resulte indispensable.

No se permita, ni en nombre de la necesaria eficiencia organizativa y económica, que se levanten contra la espiritualidad muros frustrantes. Dentro de la producción artística y literaria habrá expresiones que, por ser más rentables en términos de economía —la cual no ha de esgrimirse para menospreciar lo propiamente cultural, estético, formador—, puedan aportar dividendos para el sostenimiento de otras. Pero no serán las ganancias dinerarias el índice para mantener o desmontar una manifestación artística determinada.

Una buena revista, digamos, cumplirá una función social más importante que el monto de sus recaudaciones, y no será su precio lo que pague su producción. El país está por desarrollar en plenitud, sin desbocarse por los despeñaderos del mercantilismo, el funcionamiento empresarial y el papel de la publicidad. Pero no serán los ingresos el cartabón para decidir que una publicación se mantenga o se cierre. Quizás una revista pornográfica se autopromueva y se venda más que una de poesía, o de ciencia.

Sin espiritualidad, ningún experimento revolucionario valdrá la pena. Ella nos hace distintos de los seres irracionales, y debe cuidarse desde el centro y desde los mayores niveles de dirección de la sociedad. Hoy se ve defendida ostensiblemente por personas que desde el punto de vista ocupacional clasifican como intelectuales, condición que los pragmáticos economicistas menospreciarán, mostrando con ello ignorancia, pues intelectuales son también ellos, mientras no se demuestre lo contrario. La realidad es más importante que las clasificaciones, por útiles que estas resulten. El autor rinde homenaje a la profesora Beatriz Maggi, quien solía decirle a su alumnado universitario: “Ustedes van a ser intelectuales, pero no se confundan: intelectual no es sinónimo de inteligente”.

Si no se insiste más aquí en ese punto, es por no parecer que se aprueba la gris chatura antintelectual que de cuando en cuando aflora entre nosotros. Frente a eso, lo más provechoso será poner en práctica, de modo orgánico, no ocasional y consignero, el pensamiento justiciero, emancipador y lúcido que el país necesita, como el resto del mundo. Defenderlo corresponde a todas las personas que lo abracen, sean cuales sean sus ocupaciones, pero en ello una responsabilidad particular les toca a los dirigentes y funcionarios de la política y la economía, también intelectuales, pues trabajadores manuales no son, aunque participasen en tareas voluntarias en la agricultura, la construcción y otros frentes, si todavía se hicieran.

Aún es pertinente recordar dos anécdotas a propósito del título —“Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?”— del texto de Iroel Sánchez. Con motivo de la visita de uno de los papas que han venido a Cuba, una voz de los medios del país apuntó que —de acuerdo con el material de que está hecha— la estatuilla de la Virgen de la Caridad llegada al Santuario del Cobre es obra de un indígena evangelizado, ¡y lo dijo con alborozo! ¿Ignora lo que significó para los aborígenes la evangelización forzosa a la cual se les sometió como parte de planes de dominación reciamente orquestados? La segunda anécdota puede pasar sin comentario. Otra voz de los medios públicos nacionales habló sobre la fundación de una de las villas del Oriente cubano, y la atribuyó, ¡con júbilo!, a “nuestro primer conquistador”.

Ojalá tales anécdotas sean hechos aislados, no asomos de fallas culturales por donde puedan entrar, o seguir entrando, peligros opuestos a la plena construcción de una república revolucionaria. En ella las desigualdades pueden ser inevitables, pero sería pavoroso que, lejos de suscitar preocupación, acabáramos aceptándolas, o aplaudiéndolas, como fruto de un mandato divino o natural incontestable. A diferencia de las otras especies animales, la humana puede ir más allá de los instintos reproductivos y de sobrevivencia, y plantearse metas que, aunque parecieran inalcanzables, o incluso especialmente por parecerlo, requieren el decidido concurso de los seres humanos de buena voluntad.

Los medios de comunicación hegemónicos se las han arreglado para desprestigiar las ideas emancipadoras identificándolas como utopías, en el más devaluado sentido del término. Desafiarlos puede hacernos pasar por tontos ante quienes hayan decidido pensar y actuar, vivir, en función de sus intereses individuales, de su bienestar personal, en busca de un exitismo egoísta divorciado de la ética, contra el cual se erige el legado de los pensadores que han encarnado ideales de justicia, Cristo incluido, no solo “comunistas trasnochados”.

Para justificar el individualismo habrá siempre excusas, y a nadie se le puede obligar a seguir el camino de la solidaridad y la vocación de servicio colectivo, ni a convencerse de que los poderes hegemónicos entronizados en el mundo no son ni tienen por qué ser eternos y, sobre todo, no conducirán al triunfo de la justicia. Es más: por el camino que lleva el planeta, su destrucción parece más probable que su salvación. Pero no menos claro que todo eso resulta el hecho de que dejarse empujar, o arrastrar, por los designios de los poderosos, por la inercia de la injusticia social acumulada durante siglos, no será lo que nos permita lograr un mundo mejor, el cambio de rumbo que la humanidad necesita.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 7 comentarios



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  • lili dijo:

    Su tema es complicado. Los valores cívicos, éticos y espirituales de una nación están forjados en el ejemplos de sus hombres y mujeres en su diaria forma de actuar. Recuerdo una frase surgida de lo más humilde del pueblo: pobre pero honrado. De ello se orgullecía la familia cubana.¿qué significado tiene hoy ser honrado? Habría mucho por donde cortar…
    Día lindo el primer lunes de septiembre:niñ@s y adolescentes con su uniforme para la escuela.Puede haber deficiencias pero es una bandera no abatida, está en alto, cuidada.

  • Katniss dijo:

    En lo personal, me considero una profesional competitiva porque hablo varios idiomas, me desenvuelvo bien en todas las areas de mi profesion, continuo superandome constantemente y sobre todo, porque lo doy todo al desempeñar mi trabajo, el cual adoro… Creo que competitivo no es lo mismo que competidor, es decir alguien para quien sentirse bien=sentirse por encima de los demas; esto solo evidencia una baja autoestima y no estoy de ecuerdo con ello en lo personal.
    Por demas, creo que los profesionales tenemos el mismo derecho que los chapisteros que ganan 7000 cup al mes, los dueños de cafeterias o los vendedores de productos agricolas a querer prosperar, vivir bien y crear condiciones para formar una familia Dejemos ya esa vision del profesional como martires o santitos, que al final a todos nos cobran la leche del niño en cuc.

  • Mike dijo:

    compañero, los profesionales y no profesionales que realicen cualquier labor pueden ser integrales, pero TIENEN que ser competitivos. sin competencia, no hay evolución, solo estancamiento y desaparecen los que no mejoran y/o se adaptan, es decir, los mediocres. si nadie quiere ser mejor, avanzar más, hacerlo como no lo han hacho antes, no se avanza. los que hace avanzar al mundo son los picos de la gráfica, no la parte plana.

    si a un estudiante se ponen a evaluarle en su “integraliad” ciertos aspectos que no tienen nada que ver con sus resultados o proyección futura como trabajador o persona, prefiero no pasar por ese sistema o mejor, llevarle la contraria y mostrando “mi propia validez real como profesional y/o persona”, demostrar su invalides.

  • AMR dijo:

    Gracias a Iroel y a Luis por esta denuncia-campanada de alerta. Desgraciadamente, y para estupor de muchos, en la programación de verano pudimos asistir a un verdadero festival de películas del oeste, capitaneadas por el fascista John Wayne, rebosantes de indios salvajes, crueles, carniceros, etc, contrapuestos a los blancos buenos de toda bondad, patriotas justicieros, etc, etc, como para pellizcarse, sin olvidar las películas donde los agentes CIA o FBI son los héroes impolutos, invencibles, en su lucha contra la lacra terrorista, etc, etc. Y así vamos, la fetidez del capitalismo salvaje, que siempre es salvaje, colándose por cualquier resquicio, y por falta de espacio no me refiero a otros espacios portadores-inoculadores de la más rancia “filosofía” neoliberal, la privatizadora, la desmontadora de la historia. De nuevo gracias.

  • Margarita dijo:

    Creo entender perfectamente a lo que se refiere el articulista con relación a ser competitivo, o competente, y por demás al significado de competitividad, todo esto olvidando valores éticos y morales, cuidado!!!, por esto me remití al diccionario y quisiera compartir el significado de estas palabras además de algo que leí acerca de como surgió el termino competitividad.

    competitivo, -va adj.
    1 Que compite o se caracteriza por competir: el mundo de los negocios es muy competitivo.
    2 Que es capaz de competir con otros, por sus características adecuadas, para lograr un mismo fin: unos precios competitivos.
    Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

    competente adj.
    1 Que tiene las cualidades o conocimientos adecuados para hacer un trabajo o desempeñar una función.
    2 Se aplica a la persona o a la institución a la que competen o corresponden unas determinadas responsabilidades y obligaciones: las autoridades competentes.
    Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
    ________________________________________
    competente
    adj. Que es bastante, oportuno, adecuado.
    Díc. de la persona a quien compete o incumbe alguna cosa.
    Apto, idóneo, esp. en el trabajo intelectual.
    Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

    competitividad s. f.
    1 Capacidad que tiene una persona o cosa competitiva que le permite oponerse a otros en la consecución de un mismo fin: la competitividad de nuestros productos ha mejorado.
    2 Rivalidad u oposición entre dos o más personas que compiten con otras para conseguir un mismo fin: hay mucha competitividad entre empresas.
    Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
    ________________________________________

    QUISIERA DESTACAR, QUE EN CUENTO A COMPETITIVIDAD SE ESPECIFICA QUE HAY RIVALIDAD ENTRE LAS PERSONAS COMPETITIVAS.

    Sobre el origen de este término:—” el amplio uso del término competitividad (competitiveness) es muy reciente. Su origen más probable estaría en Estados Unidos de la segunda mitad de los años ochenta, pues los diccionarios económicos aún hoy no lo recogen. Pudo originarse por la necesidad de disponer de una palabra que englobara el conjunto de cualidades que estudiosos y consumidores echaban en falta en muchas organizaciones y productos americanos. Para entonces, ya se había producido la práctica desaparición de algunas de sus industrias nacionales (relojes, motocicletas, vídeos, fotografía) y el declive inexorable de otras (acero, textil, automóvil) en factor de productores extranjeros, especialmente japoneses….”

    O sea yo pienso de este modo, dejaríamos de ser personas para ser producto en venta, no creo sea esta la mejor idea, el ser calificado, competente, preparado, instruido, lleva consigo una serie de valores adicionales, que luego permiten que el trabajo en equipo dentro de una empresa o institución, sea efectivo y de impacto social.

    Gracias a Dios, hay muchas personas todavía dignas de admirar, pues son competentes, y comparten sus conocimientos a los más jóvenes, y en ocasiones, que son bastantes son solidarios con los más necesitados.

    Es muy bueno que se hable de esto que por que no también se relaciona con la honestidad.

    Esperemos un buen curso escolar, para ello se trabaja a diario y que de nuestras aulas, salgan prefesionales y técnicos competentes, honestos y con la visión que incluso hoy tiene mi padres a sus 88 años años como medico: “Nunca el estudiar y prepearse ocupa espacio, es necesario mantenerse estudiando siempre, pues las ciencias y las letras cada día tiene algo nuevo para nosotros, y los idiomas son la herramienta eficaz para comunicarnos y poder leer lo que necesitamos para superarnos y se encuentra escrito en otros idiomas.

  • MSc Paulina Hernández Mezonet dijo:

    Para mi es muy interesante plantearnos esa interrogante todos los que de una forma u otra aportamos a la defensa y supervivencia de nuestra cultura autóctona. ¿Qué cultura debemos salvar? Estamos en momentos donde diariamente debemos plantearnos dicha pregunta y me convenzo de ello incluso al leer muchos comentarios que nos indican hasta donde nuestra educación general y la propia enseñanza superior y optras esferas de la sociedad cubana necesita revisar ¿De qué cultura se trata? y ¿Qué estamos haciendo para defender y revisar la cultura que debemos defender? Pienso que lo primero es enfrentar con valentía nuestras debilidades sin menospreciar nuestras fortalezas y oportunidades. No querer parecernos a otros, sino a nosotros mismos, luchar por nuestros propios sueños como nación sin ningún complejo de inferioridad ante pueblos cuyas grandezas se asientan en las más bajas pasiones y sentimientos humanos. ¿Qué buscamos? ¿No es realización del ser humano, dignidad, justicia, libertad? Analicemos si en algunos de estos sistemas que hoy muchos quieren imitar por el culto al consumismo a lo material y al egoismo de triunfo personal, el hombre ha encontrado alguna de estas tres cosas, poqrque incluso a lo mejor han llegado con mucha rapidez a una forma de realización personal que le llaman “buena situación económica”, pero a veces ¿A qué precio? Realmente habrán hallado la satisfacción personal en esa forma de bienestar material. ¿Qué pasa con el espíritu, qué sucede, está satisfecho también? Pensemos entonces en como nosotros podemos alcanzar esa satisfacción que nunca va a ser completa cuando el triunfo es del yo.
    Si me preocupa la escuela cubana que tiene una tradición desde los primeros educadores, que más tarde en la manigua continuaron la obra, creando una pedagogía de profundas raíces ética y humanista, que permitió la existencia de hombres como los próceres de nuestra independencia y luego una generación como la del centenario, por estar cimentada en las ideas. La generación continuadora de esta obra después del triunfo de la Revolución continuó la tarea y dió a luz a los de la Campaña de alfabetización, a los de los Contingentes de Maestros Manuel Ascunce y otros que se fueron formando a lo largo de la Revolución, creando el potencial científico que tiene este país y que ha sido orgullo de la Revolución dondequiera que han estado. Todo eso se formó con conciencia y con ideas y sin pensar en competencia individualista de posiciones, es el mayor orgullo que conservamos los educadores de esas generaciones. Hoy la vida ha cambiado, han surgido nuevos modos de pensar, la propia realidad impone otras exigencia a una nueva generación que navega en internet, se comunica con el mundo entero sentado frente a una computadora, conoce de otros modos de vida que no son nada despresiables, esto provoca en el hombre nuevas exigencias, nuevos retos y aspiraciones, (porque lo que si es muy humano es querer lo mejor, lo malo es el camino que escoja para alcanzarlo) poir tanto la tarea hoy es ¿ Cómo armonizar esas aspiraciones individuales con las respònsabilidades sociales? Y en eso tiene que ver mucho los valores, que son reguladores de nuestra conducta y son los que dícen hacia donde debemos dirigir nuestro camino. Para esto cuenta la educación en su sentido más amplio, no solo la que da la escuela; sino la que da la familia, que es la más importante de todas y la que da la sociedad con el ejemplo de sus cuadros de sus instituciones. Todo eso hoy hay que revisarlo, porque la forma de comportamiento social, nos va diciendo hacia dónde va la ética y la moral social y llega el momento en que se producen confuciones entre lo oficialmente aprobado y lo socialmente aceptado que afecta terriblemente a los encargados de la educación tanto a nivelk intitucional como social y acaban apartándose de lo oficial y siguiendo lo socialmente aceptado.
    por eso es que digo que este tema tiene mucho por donde cortar y hay mucho que hacer en ello para no perder definitivamente lo logrado.
    MSc Paulina Hernández Mezonet

  • Javier Ramírez dijo:

    Completamente de acuerdo con que es vital la para el presente y futuro de nuestro país la formación de profesionales competentes,y también discrepo con la idea de la privatización de la enseñanza. Los que como yo no hayan vivido los tiempos en que la educación en nuestro país era privatizada creo que deberían acercarse a los mayores a escuchar las anécdotas que cada uno vivió con respecto al tema y después sentarse a leer La Historia me Absolverá donde nuestro Comandante explica por qué debía ser La Educación uno de los problemas fundamentales a resolver por la Revolución. Que parte de algunos sectores de la economía puedan ser encargados en manos de particulares y tengan buenos resultados no quiere decir en ningun momento que se debe ceder en todo a la radicalidad de los cambios que está viviendo nuestro país. Lennin nos lo planteaba en su teoría de la Reforma, que serían necesarias para el avance del sistema socialista pero que debían tenerse mucho cuidado con su aplicación, no se puede desviar el objetivo, que será el resultado del extremismo. La educación gratuita y una de nuestras más altas banderas a la hora de enfrentar a nuestros enemigos, no solo por eso sino porque es de calidad también, y dejemos un poco de ver al sistema educacional como el culpable de la indudable pérdida de valores que enfrentamos por estos días y mirémonos cada uno más hacia dentro y hacia nuestros compañeros y ya verán que la mayor parte está en que ya hemos entrado en la ola, y no la del neoliberalismo que nos quiere imponer el brutal imperio del norte sino en la de imitar las malas conductas por tal de no enfrentarlas, es la ola de la indiferencia.
    Javier Ramírez Chacón. estudiante universitario de 4to año de Derecho.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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