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Después de Venus… Marilyn

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Marilyn Monroe

Días atrás Cubadebate publicó Las lecturas de Marilyn Monroe, texto que me hizo recordar uno que escribí en 2007, cuando se cumplieron 45 años de la muerte del símbolo sexual mayor que ha dado el cine. Sin embargo, Norma Jean no sólo fue lo bobita linda de Hollywood. Por eso propongo la relectura de este texto siete años después de ser publicado.

“No puedo dormir, no puedo concentrarme, no sé si soy buena o mala en la cama, odio el dolor, no puedo tener hijos, me cuesta tomar decisiones, no puedo mantener una relación amorosa, padezco depresiones y tomo demasiados tranquilizantes, bebo, miento y, con frecuencia, deseo morir, aunque tengo pánico a la muerte y a las cosas muertas. Quiero amar y, al mismo tiempo, lo sacrifico todo por mi carrera. Soy ignorante y tonta y vulgar, y leo libros y tengo maestros que creen que puedo ser una gran actriz, pero no puedo recordar los parlamentos del guión. Soy una estrella, pero las productoras me odian. Creo en el matrimonio y la fidelidad, pero me acuesto con otros”, escribió una mujer que hoy, cuarenta y cinco años después de muerta, sigue siendo fuente de noticias, crónicas, poemas, chismes, óleos, amor, envidia, odio y tantos sentimientos humanos como existen en el globo que habitamos.

No creo que ella, Marilyn Monroe, pensara en algún momento que su existencia trascendería al punto de encumbrarse no sólo como el mito sexual por excelencia del siglo XX, sino como una de las personalidades más citadas y aupadas de toda la prensa en el mundo: la escrita, radiofónica, audiovisual o digital por su soporte y la del corazón, gay, de farándula, y también sociológica, de estudio cinematográfico y tantas más como se autodefinan las publicaciones en la numerosa escala temática que hoy existe.
En las últimas semanas, por ejemplo, no pocos órganos de prensa recogen la noticia de que la muerte de la Monroe se debió a un “suicidio involuntario”. El director australiano de cine, Philippe Mora, partiendo de un documento recientemente desclasificado por el FBI, asegura que esa fue la forma que encontró el clan Kennedy para deshacerse de un testigo de excepción de sus quehaceres políticos y amatorios.

Robert, el fiscal general de Estados Unidos, y la rubia exuberante tuvieron un conflicto días antes porque él no se divorciaría, como había prometido, ni intervendría en arreglar las desavenencias con la 20th Century Fox que le había cancelado el contrato a la actriz.

Se dice que en el asesinato disfrazado intervinieron el actor Peter Lawford (casado con Patricia, una hermana de Kennedy), el psiquiatra de Marilyn, Ralph Greenson; la cuidadora de su casa, Eunice Murray; y su secretario y agente de prensa, Pat Newcomb. Conocedor de que la estrella tenía serios antecedentes suicidas, Lawford la convenció de fingir un suicidio con el fin de ser comprendida. Siguiendo el plan, el actor persuadió al psiquiatra de que recomendara una dosis inusual de psicofármacos; mientras, la Murray dejaría sesenta pastillas al alcance de la joven.

Fue este último personaje quien encontró el cuerpo sin vida de Marilyn y la que propició que desapareciera de la casa cualquier papel comprometedor para la Casa Blanca, tanto que relacionara a John F. como a Robert, porque ambos se solazaron en las sábanas y los brazos de la muchacha. Varias personas aseguran que vieron al Fiscal la noche de la muerte en la zona donde vivió su célebre amante.

El documento en el que se basa, supuestamente, el siniestro plan, fue encontrado en un tumulto de archivos confidenciales. Su elaboración corrió a cargo de un agente especial que no pudo asegurar la autenticidad de los datos, pero otros cinco agentes afirman que es verídico.

Hace un tiempo el guionista, escritor y periodista Donald H. Wolfe publicó su libro Marilyn: investigación sobre un asesinato, en el que aporta no pocos elementos para que el lector o lectora piense que existen probabilidades de que la lujuriante rubia fuera asesinada.

Wolfe, por ejemplo, escribe sobre el famoso diario de Marilyn que no es un invento como tal. En los años 50, según el periodista James Bacon, la joven llevaba un diario en el que anotaba todo lo que le decían. Tenía un doble fin: no olvidar los compromisos verbales y enseñar las anotaciones al psicoanalista. Pero cuando se complica el asunto es en 1962, que Marilyn le enseñó “el libro rojo” al reportero Robert Slatzer. Este es uno de los tantos personajes que dice que el tomito contenía apuntes sobre un complot de la CIA para matar a Fidel Castro y unas palabras de Bobby asegurando que Estados Unidos retiraría las fuerzas invasoras de Playa Girón.

Otra de las personas que aseguran haber visto y leído el diario es Mike Rothmiller. Trabajador de la Unidad de Información sobre el Crimen Organizado hacia 1978, en un archivo dedicado a la diva, encontró una copia del famoso libro rojo: “Era eso, un diario. La mayoría de las anotaciones eran sobre conversaciones mantenidas con John F. Kennedy y Robert Kennedy. Los temas iban de Rusia y Cuba a la Mafia y Sinatra. Recuerdo que se refería a Castro como Fidel C.”

Joyce Carol Oates, reconocida periodista y narradora, en su novela Blonde, recrea la relación con JFK y cómo veía este a Fidel. Precisamente, fue esta pieza narrativa la que me empujó a leer miles de cuartillas sobre la diosa rubia de Hollywood. Antes de toparme con esta lectura, Marilyn era para mí solo una estrella más de la rutilante década de los 50.

Volviendo al peligroso mundo de las relaciones de la actriz: se cuenta que en una de sus crisis habituales accedió directamente al teléfono del Despacho Oval bajo el seudónimo de Nancy Green, y que a partir de entonces cada vez que una telefonista recibía una de sus llamadas la debía transferir sin perder tiempo. También ha caminado el rumor de que Marilyn dijo a más de una persona que ella tenía información muy peligrosa sobre los Kennedy, y que la usaría si la trataban como “un pedazo de carne”. Se dice que Marilyn amenazó: “Voy a ventilar este maldito asunto… ¡lo contaré todo! Muchos me han llamado para conseguir la historia. Está claro que los Kennedy obtuvieron de mí lo que querían y luego pasaron a otra cosa”.

Con estos truenos es fácil de suponer que ni la CIA ni el FBI podían confiar en una mujer adicta a las pastillas, emocionalmente inestable y asediada por hombres con diferentes status social, poder y filiaciones políticas —incluso de izquierda, como su último amante, el mexicano José Bolanous.

Quizás todo lo que se afirma acerca de su asesinato es mentira, y su prematura muerte se debió exclusivamente a que por propia voluntad ingirió una enorme cantidad de barbitúricos (la porción encontrada en su estómago podía matar a quince personas) Tal vez los enemigos de los Kennedy urdieron esa historia truculenta para desprestigiar a un poderoso clan de la política norteamericana. Lo que si no deja ninguna duda es que tanto John como Robert compartieron la cama, un catre, una butaca o un pedazo de playa con Marilyn. Y ambos se vanagloriaron de ello.

Por esa razón, y por tratarse de personalidades descollantes en los años 60, el vestido que ella lucía cuando cantó Happy Birthday el 19 de mayo de 1962 al entonces presidente Kennedy, fue comprado en una subasta por 1.115.000 dólares.

Lo que dicen de ella

No imagino el siglo XX sin Marylin Monroe. ¿Cuántas horas menos de fantasía, mirando nada? ¿En qué mujer fatal y hermosa hubiese gastado Ernesto Cardenal las líneas de su archifamoso poema? ¿Realmente ella vivió y ella murió? En la memoria del mundo siempre tendrá la misma edad y esa sonrisa de glamour, que es algo más, con que la recuerda la humanidad. Y siempre un viento de alcantarilla o sótano, no sé que es, subirá su saya, para que el instinto masculino imagine lo que hay y no hay debajo. Ella, si mal no recuerdo, inventó el suspiro. Y ese es un mejor invento que la bomba nuclear (Félix Guerra, escritor)

La figura explosiva de Marilyn se introdujo en nuestros poros. Pertenecemos a la generación del estoicismo revolucionario en búsqueda de la simplicidad de estilo. Cuando ella irrumpió en nuestros sentidos, fue una ruptura de sistema y un replanteamiento estético. Su enorme sensualidad hizo que el mundo se cuestionara lo prohibido de las sinuosidades establecidas. Lo que recibimos de su vida, fue un contraste entre la belleza y la felicidad de su imagen y la tristeza que se reflejaba en su rostro desde lo más profundo de su esencia. Yo pienso que hubo un antes y después de Marilyn; aún tenemos divas que nos cautivan en pantalla, pero su influencia ha sobrepasado nuestro pensamiento contemporáneo. (Aries Morales, asesora de la Televisión)

Marylin Monroe es el símbolo sexual femenino por excelencia cuya imagen sobrepasa el rigor del tiempo, por haber vivido en una de las épocas más glamorosas del siglo XX y porque su muerte trágica —murió en la plenitud de su belleza corporal— impidió que se produjera el inevitable y natural deterioro de su cuerpo físico, como ha sucedido con tantas otras beldades de la pantalla que han llegado a la vejez con el paso de los años. Sus amores con el ex presidente John Kennedy, su hermano el senador Robert, el famoso pelotero Joe Dimaggio y el escritor Arthur Miller, añaden una fuerte dosis de intriga y romance a su vida trágica. Marylin Monroe no es la esposa fiel sino la amante sensual que todo hombre de mundo hubiese querido tener en su tiempo. Dígase Marylin y no hay que añadir Monroe para saber de quién se trata. Después de Venus, ella. (Max Lesnik, periodista)

Para todos los cubanos de mi generación (que frisa los 50) Marilyn es una referencia: el glamour, la sensualidad, la rubia que parecía tonta aunque no lo era, al punto de conquistar el mundo. Como crítico de cine, la considero limitada y no le digo actriz porque realmente no lo fue; fue una estrella en toda su dimensión y esplendor, con ciertas facilidades para la comedia que logró momentos brillantes, pero la carencia de recursos, sobre todo internos, que demuestra su labor en la pantalla, es evidente. Tampoco soy amigo de alimentar el mito de la muchachita destrozada, más ingenua que sus personajes, a la que Hollywood mató: ella fue cómplice de esa maquinaria arrolladora que, en efecto, le hizo mucho daño; pero sabía con quien se metía, y en qué; sabía qué consecuencias podían generarse del show bussines que alimentó y abrazó; que no tuvo la suficiente inteligencia ni las agallas que otras colegas para imponérsele, es otro canto de gallo. Marilyn es un sueño pero despierto, pleno, perenne, y también un aroma, el de una etapa fabulosa del cine que ya pasó, y que su presencia en la pantalla despide cada vez que aparece, pertinaz en fijarlo para siempre en la sala oscura, y mucho más allá, cuando las luces se encienden. (Frank Padrón, crítico y narrador)

Hay mitos que se originan en una interpretación simbólica o poética de la acción histórica. Otros resultan de la concordancia entre éxito real y publicidad. Están los que se fabrican deliberadamente, y algunos que nacen del misterio extendido sobre las razones de la muerte física o a partir de las leyendas populares inherentes al pensamiento mitificador tradicional. En el caso de la Monroe estamos, sin lugar a dudas, en el dominio de uno de los mitos más significativos de la década del 60, que fue un tiempo de la vida internacional productor de múltiples figuras y sucesos míticos de naturaleza distinta. Se trata de un mito plural, es decir, con raíces y proyecciones en campos disímiles; porque la M M trascendió el star system al cual pertenecía, para ser también emblema de sensualidad, paradigma de la anatomía femenina, icono asumido por la fotografía irreverente de desnudos y por el arte, enigma en un tenso tejido de relaciones políticas y arquetipo contradictorio del estilo actoral que maridaba polos opuestos tales como “glamour” y naturalidad, personalidad atractiva y “bobería”… La dimensión universal alcanzada por Marilyn es una resultante de muchas determinaciones, pues además de la condición de modelo y su presencia en la cinematografía, estuvo íntimamente mezclada con los dos Kennedy, e hipotéticamente con lo que significó la Revolución Cubana desplegada en aquella década, todo lo cual contribuyó a convertirla en “signo de interrogación” y ejemplo de fusión de la ideología social y la sexualidad, lo que era propio de ciertas concepciones filosóficas, políticas y estéticas destacadas en el mencionado decenio. Debo decirte también que la poesía y otras manifestaciones artísticas como la plástica, principalmente las visiones de la Monroe iteradas por Andy Warhol influyeron en la conformación del correspondiente mito. (Manuel López Oliva, pintor y crítico)

1. Los caballeros las prefieren rubias. 2. Yo también. 3 y conclusión: Luego yo soy un caballero. Juego con los principios del silogismo clásico, para refutarlo de inmediato, porque estoy seguro de no descender de azul linaje. Aunque sí no puedo negar que me gusten las blondes. “Oh, Marilyn. Oh, Marilyn”, canto así un viejo bolero y pienso en Marilyn en naranja, en fresa, en color limón, todas las Marilyn de Andy Warhol… Recuerdo una portada de Vogue, onírica mixtura de mi pintor favorito, Dalí, fundiendo las medias caras de Mao y Marilyn. Pero en mi memoria hay marcas más antiguas de la Monroe: Adolescente yo, recibiendo de las manos de otro amigo adolescente un bulto de fotografías, con la más bella de las rubias en portada de Playboy y la más rubia de las bellas saliendo desnuda de una piscina. Piel rubia y bella, carne rubia y bella, lujuria rubia y bella… Más tarde, solo más tarde, sabría que Marilyn también tenía corazón, y era tan rubio, y era tan bello… (Rafael Grillo, crítico)

Claro, que ahora cualquier pieza perteneciente a la actriz adquiere precios exorbitantes. En junio pasado, el vestido blanco que la Monroe exhibió en la cinta La comezón del séptimo año, rodado en 1955 por Billy Wilder, fue votado como el mayor icono en la historia del cine mundial, según un sondeo realizado en Gran Bretaña. Esa prenda de ser subastada alcanzará una cifra millonaria.
Todo lo vinculado a Marilyn ha devenido un valor seguro en las subastas; por ejemplo, en 1999 la firma Christie’s vendió objetos por 13,4 millones de dólares, el triple de lo que esperaban sus expertos. En los últimos tiempos se han pujado —siempre por miles de dólares— sus ajustadores, pañuelos, vestidos, pulóveres, cartas personales, guiones con pequeños apuntes, fotos, negativos y notas manuscritas, como una “procedente del salón de belleza de Lilly Daché en la que instruye a la actriz y a su peluquera Agne Flanagan de la forma más conveniente de tratar su esplendorosa cabellera rubia”.

Lo triste es que por su primer desnudo en 1949, tomado por Tom Kelley, la actriz debutante sólo cobró 50 dólares; mucho menos de lo que ahora cuesta una reproducción de aquellas fotos. Entonces apenas era “Marilyn” y tenía mucho todavía de Norma Jean Baker. Precisamente, en los últimos meses se desató una polémica acerca de aquellos negativos. Resulta que en un lote de fotografías se incluyó un documento en el que la modelo renunciaba a sus derechos sobre las imágenes, por lo que el comprador podría utilizarlas con fines comerciales o manipularlas.

El peligro de que eso suceda irritó bastante a la CMG Worldwide, compañía que representa al legado de Marilyn. Y es que si la rubia devenida icono cautivó a millones de hombres, se fue del mundo sin cumplir un sueño: ser madre. Al no tener descendencia, legó su nombre e imagen a su agente Lee Strasberg y a un instituto psiquiátrico londinense, que actualmente tiene los derechos junto con la viuda del primero.

Porque la supuesta rubia tonta de Hollywood estudió arte dramático en el prestigioso Lee and Paula Strasberg’s Actors Studio y también fundó su propia productora, la Marilyn Monroe Productions, asociada al fotógrafo Milton Green. Bus Stop fue uno de los primeros filmes de la productora, dirigido por John Logan, y con el que Marilyn obtuvo importantes críticas como actriz dramática. Tanto Strasberg como su esposa fueron buenos amigos y confidentes de la actriz.

Casada a los 16 años con James Dougherty, luego de vivir en orfelinatos y hogares eventuales desde los siete meses de edad, violada por padrastros y otros familiares hombres, fue la esposa de dos estrellas: el reconocido jugador de béisbol Joe Dimaggio (quien la golpeaba, según dicen), y el escritor Arthur Miller, que se obnubiló inicialmente con ella pero luego la aporreó más fuerte que cualquiera de los otros hombres con que se topó.
Cuando el respetadísimo autor teatral anunció su decisión de contraer matrimonio con la diva rubia, pronto la prensa afirmó: “El cerebro de Arthur Miller se une al cuerpo de Marilyn Monroe”. Sin embargo, él declaró en una oportunidad: “Era como si la extraordinaria inteligencia de Marilyn hubiera sufrido los embates de la vida y hubiera quedado reducida a fuerza de golpes por una cultura que sólo quería verla como una seductora”.

Pero el propio Miller cayó en esa trampa: escribió un guión para ella cuando aún estaba enamorado. La cinta la dirigiría John Huston y sería el encuentro entre Marilyn y Clark Gable, dos de los mayores mitos generados por la meca del cine. El texto fue un regalo del escritor para consolarla por la pérdida del bebé que esperaban en 1956.

Al reescribir las escenas por necesidades de la producción, cambió el sentido del drama inicial. Su mujer se quejó con lógica amargura: “Iba a ser nuestra película y Arthur cambió el guión. El personaje no se me parece en nada, sólo le interesan los hombres. Todo lo que quería Arthur era usarme para recuperar su prestigio. No le voy a perdonar nunca”.

Ni con Miller, ni con JFK, ni con Dimaggio la asediada beldad pudo alcanzar un poco de felicidad. Tampoco sus amantes —que no fueron pocos— le ofrecieron lo que aspiraba. Ahora, según archivos desclasificados del FBI, se conocen múltiples relaciones de la actriz, y también se dice, por ejemplo, que filmó una película pornográfica.

Quizás sea cierto, pero lo que ya no deja dudas es que ante el nombre de Marilyn el cerebro se dispara directamente al Hollywood de los años 50 y principios de los 60. Porque la mujer desventurada en amores, a pesar de su singular atractivo, actriz poco respetada por la crítica pero perseguida por los directores para ganar plata de forma segura, fue y es un mito que llevó —y lleva— a artistas de diversos géneros a dedicarles piezas antológicas.

¿Qué es si no la “Oración por Marilyn Monroe” de Ernesto Cardenal? El poeta nicaragüense escribió estos preciosos versos:

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Lo que ella dijo

En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma.

No me interesa el dinero, sólo quiero ser maravillosa.

En Hollywood la virtud de una chica importa mucho menos que su peinado.

Sé que pertenezco al público y al mundo, pero no porque tenga talento ni belleza, sino porque nunca antes había pertenecido a nada ni a nadie.

Me gusta estar totalmente vestida, o si no totalmente desnuda. No me gustan las medias tintas.

El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo estoy del lado de la naturaleza.

La gente comenzó a decir que yo era lesbiana. Sonreí. No hay sexo incorrecto si hay amor en él.

Una carrera es una cosa maravillosa, pero no sirve para acurrucarse contra ella en una noche fría.

¿Qué me pongo para dormir? Unas gotitas de Channel Nº 5.

He vivido con montones de cucarachas… enormes cucarachas de Hollywood.

Los políticos siguen adelante con sus crímenes porque la mayoría de los americanos no saben de política más que yo. O menos.

Nunca he sido una puta. Siempre me he mantenido a mí misma.

Del caramelo, me toca siempre el palito.

A nueve lustros de su muerte los homenajes continúan. En la Galería Nacional de Retratos de Londres, del 11 de octubre próximo al 20 de enero de 2008, se abrirá la muestra Pop Art Portrait que reunirá piezas de Andy Warhol, David Hockney y Peter Blake sobre Marilyn.

La actriz, que el 8 de marzo de 1960 recibiera un Globo de Oro en comedia, ahora puede alcanzar un Oscar en el 2026. Así lo reseña una nota de prensa: “Todo está preparado en la gran noche de los Oscar de 2026, una velada retransmitida por Internet, el medio preferido por los grandes anunciantes para mostrar la lucha por la estatuilla a millones de espectadores. Una madura Scarlett Johanson, que ha clavado el personaje de su carrera, se disputa el Oscar con Linda Pixar, la estrella virtual indiscutible de la compañía de animación, que ha absorbido a Disney, Sony y Paramount. Pixar es una vactress (actriz virtual) adaptable a cualquier edad, papel y situación, y que no necesita dobles de acción. También aspira al premio Marilyn Monroe, resucitada para la pantalla por una nueva multinacional del videojuego; y Marlene Dietrich, que ha llenado de Oscares las vitrinas de Virtual Celebrity…”

Se trata de que para muchos “visionarios”, a la vuelta de 20 años, actores y actrices virtuales discutirán con ventaja la popularidad de los de carne y hueso, e incluso los premios Oscar.

Hace pocas semanas, el diario español El País publicó un extenso texto sobre la última sesión de fotos que, en 1962, Bert Stern realizó a la estrella en una suite del hotel Bel Air de Los Ángeles. Una vez más fue sacrificada ante la cámara. 2 571 disparos de Hasselblad realizó el fotógrafo a una mujer desnuda, sin maquillaje, que deja ver su cicatriz por una operación de la vesícula. Marilyn también posó vestida de negro y esa fue la única instantánea que publicó la revista Vogue, porque circuló un día después de su muerte. Ahora el libro Marilyn, la última sesión, de Stern, es otro tributo y también una nueva forma de extraer dinero de la diosa rubia. Para el momento de la toma de fotos, ya le habían rescindido el contrato de Something’s got to give, filme que no terminó y protagonizaba junto a Dean Martin. Con esa película la Fox pretendía sanear sus finanzas.

Luego de tal debacle, aún concedería alguna entrevista y hablaría con amigos, hasta que, al amanecer del 5 de agosto de 1962, ingirió (o la hicieron ingerir) las pastillas que acabarían con su vida y asentarían al mito. Su amigo Lee Strasberg, en las palabras de despedida durante el sepelio, confesó:

“No puedo decir adiós a Marilyn, nunca le gustaba decir adiós, pero adoptando su particular manera de cambiar las cosas para así poder enfrentarse a la realidad, diré ‘Hasta la vista’. Porque todos visitaremos algún día el país hacia donde ella ha partido”. Dudo que todas y todos logremos visitar ese país: el de un singular misterio en el que la muerte no acaba con la belleza sino la multiplica, y el tiempo no borra los recuerdos sino los engrandece. Ese, el país de los grandes mitos, es habitado sólo por hombres y mujeres excepcionales. Marilyn lo fue.”

(Tomado de El Caimán Barbudo, julio-agosto 2007)

Se han publicado 10 comentarios



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  • Ing. José Luis Villalón dijo:

    Maravillos escrito, me ha hecho mirar a Marilyn desde aristas en las que nunca había reparado y que indiscutblemente van mucho más allá que su indiscutible belleza física, sensualidad y fama. Gracias a Paquita por volver a poner a disposición de los lectores este artículo, es un bonito homenaje, donde simplemente se habla de ella, más no se cuestiona como suele suceder casi siempre.

  • iCarly dijo:

    A sido el pasar de los años lo que te a afectado, felicidades te redimiste conmigo. Te propongo que en vez de escribir empieces a sacar los articulos viejos.

    • Indómito dijo:

      Coincido con usted Icarly, así aprovecha mejor sus Kbytes asignados para escribir y nosotros sufrimos menos.

  • Dr Pedro Luis Pedroso Fernandez dijo:

    Excelente articulo que siempre estara vigente por su contenido quue esclarece personalidad y vida.

  • BBQ dijo:

    lei una biografia de ella y cuando terminé casi me pongo a llorar, qué vida tan desgraciada. Descansa en paz norma Jean.

  • Artesano dijo:

    Toda la razon del mundo para Icarly, que Paquita publique escritos de otros años, pero por favor, que evite los comentarios de actualidad que “nos tiene acostumbrados”.

    • tia tata dijo:

      artesano estoy 100 % cubano de acuerdo contigo, hace falta que nos evite los articulos contemporaneos

  • Tricolor dijo:

    Que malos son con Paquita…. excelente articulo!

  • Cristina dijo:

    ¿Qué es lo maravilloso de este artículo? ¿Decir lo que otros han dicho (y de una forma más interesante) sobre Marilyn, qué la rubia no era la tontita que parecía? Lugar común. Cliché sobre cliché. Y perdonen que no opine más sobre el resto, pero es que no pude pasar del segundo párrafo.

    Paquita, “me gustas cuando dejas de escribir porque estás como ausente”

  • Amanda dijo:

    Por qué mejor no dejamos descansar a la que en su momento fue la mujer más sexy
    Señora … crítica de no se qué porfavor sea más auténtica, enseñeme en sus comentarios algo que no sepa por costumbre o por lógica
    Q le valla bonito.

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Paquita Armas Fonseca

Paquita Armas Fonseca

Periodista cubana especializada en temas culturales. Colabora sistemáticamente con el diario digital La Jiribilla.

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