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Jose Pertierra: Los nuevos proyectos de integración son nuestros y no de ellos

14 marzo 2012 | 1
José Pertierra durante la presentación en Washington

José Pertierra durante la presentación en Washington

Este libro, Nuestro deber es luchar, recoge la conversación entre el Comandante Fidel Castro y 117 intelectuales en La Habana el pasado 10 de febrero. Fue un diálogo poco común en torno al futuro del planeta y de la especie humana, frente al posible uso de armas nucleares por los países más poderosos del mundo. Giró sobre lo que pudiera ocurrir mañana mismo, o pasado mañana, en lo que cabría también asuntos no menos urgentes como el agotamiento de los recursos naturales, la manipulación de los medios transnacionales y otros temas históricos que impactan nuestro presente y nuestro futuro inmediato.

El escritor Daniel Chavarría le planteó al Comandante “que si en este mundo que está a punto de irse a bolina y con un problema enorme a cuestas, él tenía que acabar de alarmarse o quedarse tranquilo”.

Fidel le respondió sin titubear: “Para quedarse tranquilo hay que pensar en el problema y luchar contra él”. Pensar en el problema para luchar del mejor modo contra él es precisamente el propósito del conversatorio que encontrarán en este libro.

Para Fidel lo más peligroso es que los poderosos hoy controlan cada vez menos los demonios que han desatado. Ejemplificó con la situación de norteamericanos y europeos en Afganistán e Iraq, donde no pueden quedarse, ni pueden irse.

La directora del Instituto del Libro, Zuleica Romay, abrió el encuentro en La Habana con una brillante ponencia que sirve como introducción al libro. Tocando temas tan trascendente como la sobrevivencia de la especie humana, la crisis sistémica del capitalismo, la crisis ecológica, y la manipulación de los medios de comunicación, Zuleica abrió el abanico de temas para los participantes quienes compartieron más de 9 horas con el Comandante de la Revolución cubana.

Fidel, siempre pragmático, varias veces recordó a los intelectuales que “hay que explicar en inglés las verdades para que los yankis, los ingleses y otros muchos las conozcan”.

Una de las más interesantes conversaciones fue con el Premio Nobel argentino, Adolfo Pérez Esquivel, quién dijo: “En América Latina nosotros vivimos indignados. No tienen que enseñarnos a ser indignados”.

Citó al filósofo francés del siglo pasado, Maurice Merleau Ponty, quien “decía que un revolucionario no se hace a través de la ciencia, sino de la indignación frente a las injusticias, al hambre, a la pobreza, a la explotación”. La pregunta entonces es: “Qué hacemos frente a todo esto”.

Escuchemos a Esquivel: “Estamos tratando de experimentar, de ir construyendo nuevos caminos, de ir abriendo espacios, de tratar de compartir con los sectores populares. Creo que los intelectuales tienen que tener ese acercamiento a las bases. Muchas veces cuando viajo para compartir a las favelas, a las villas, a los tugurios, a las casas de brujas, ahí nos encontramos con la sabiduría de los pueblos, sus luchas y esperanzas. La sabiduría no es de aquel que lee más libros; la sabiduría es de aquellos que comprenden el sentido profundo de la vida”.

Pérez Esquivel sabe que no tenemos recetas–pero que las conversaciones con el pueblo, con los pobres de la tierra, son las que nos iluminan el camino. Más adelante intervino el teólogo Frei Betto quien citó la famosa frase de Gramsci: “El pueblo vivencia, pero muchas veces no comprende su situación. Nosotros, intelectuales, comprendemos la realidad pero no la vivenciamos”. Hay que tener las dos cosas: primero un proyecto con metas. Y, segundo, raíces populares, contacto con el pueblo. Esa tesis es el hilo conductor de este importante encuentro de Fidel con los intelectuales.

Un intercambio sumamente interesante protagonizaron el ex Ministro de Cultura venezolano Farruco Sesto y el Comandante Fidel Castro. Farruco ahora se ocupa de la reconstrucción de Caracas.

Sus palabras inspiraron a Fidel, que recordó los días en 1959, cuando había ido a Caracas para darle las gracias al gobierno provisional presidido por el Almirante Larrazábal que sucedió al derrocado gobierno de Pérez Jiménez. Fidel agradeció a Larrazábal y dijo que “lo que valía sobre todo era lo que Venezuela hizo, porque al atreverse a enviarnos las armas aquellas. Fue un gesto que nos agradó mucho y era deber elemental expresarle a los venezolanos nuestra gratitud.”

Fidel se refería a la campaña venezolana “Un bolívar para la Sierra”, que logró reunir más de 1 millón de bolívares en fondos para el Ejercito Rebelde.

Con esos fondos, se pudo enviar una gran cantidad de armas a los rebeldes del 26 de julio hasta la Sierra Maestra.

Fidel quedó eternamente agradecido con el pueblo venezolano y al Almirante Larrazábal le escribió una carta donde termina diciéndole: “Desde hoy le digo que cualquiera que sea la posición que usted ocupe en su país, la más alta o la más modesta, para nosotros será siempre el primero de los venezolanos”. En aquel entonces Hugo Chávez Frías tenía solamente cinco años.

Durante su conversación con Farruco, Fidel contó cómo ahora el Presidente Chávez con las ideas y los sueños de Bolivar, puede conducir un país tan rico y a la vez tan saqueado como Venezuela, a ser protagonista de su propio destino. A que sea el pueblo -y no las petroleras extranjeras- el que goza de los recursos del país. Eso -dijo Fidel– es lo que significa la Revolución Bolivariana.

Fidel también hizo referencia al movimiento revolucionario en Venezuela. A Fabricio Ojeda, que fue el símbolo de ese movimiento. “En mis recuerdos ocupa un lugar de honor”, dijo Fidel.

América Latina ha cambiado. Los países de Nuestra América no son más las colonias bananeras de los Estados Unidos. Tenemos el ALBA, UNASUR, y ahora la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, la (CELAC), una iniciativa regional sin esos dos países al norte de América: Estados Unidos y Canadá. Los nuevos proyectos políticos y económicos de integración son nuestros y no de ellos. Las decisiones de los países de América ahora se toman en nuestras capitales y no en Washington o en Miami. Ahí surgen nuevos retos que tenemos que identificar, colegiar y resolver.

Es el sueño de Bolivar y Martí realizado. El sueño de Nuestra América. Pero, como se puede vislumbrar en este libro, nos enfrentamos con enormes obstáculos internos y externos, que vistos en su conjunto parecerían insuperables y quizás lo sean si nos paralizamos y si no atendemos al llamado de este libro, al deber de luchar con que nos reta desde el mismo título.

Gracias al liderazgo revolucionario del Presidente Chávez y del Comandante Fidel Castro la integración de América Latina se acerca a la realidad. Y los lazos entre Cuba y Venezuela hoy son más fuerte que nunca. Se los digo yo, que orgullosamente ahora tengo dos patrias. Gracias Fidel. Gracias Chávez. Nuestro Martí. Nuestro Bolivar.

Galería de fotos de las presentaciones del libro “Nuestro deber es luchar”

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  • Luis M. Domínguez Batista dijo:

    La derrota es una posibilidad para el que lucha, en todas las circunstancias; pero si al salir a la lucha el soldado piensa que va a ser derrotado, ya es derrotado, ya es muerto, ya no existe para el enemigo ni para él. Hay que pensar que el hombre que lucha y que tiene por deber el lucha, no es vencido ni por la muerte física, porque un hombre puede caer por diferentes circunstancias, pero no haber sido vencido. Un ilustre americano señaló que un hombre puede ser muerto pero no vencido y creer en eso da vitalidad a los que luchan y es bueno que se piense que la raza es invencible y que siempre, después de la batalla va a salir el sol y como señalara Ho Chi Min, podrán dañarnos la patria, pero luego la haremos cien veces más hermosa.

    Hay que sentar base en la victoria humana, saber que superior a la fuerza de los pueblos no podrá haber poder alguno, ni siquiera el poder atómico. Los locos pueden ser maniatados a tiempo antes que destruyan la base física del planeta y de la especie. Siempre habrá razones e inteligencia por encima de las armas y de los locos. Aún en casa del loco anda alguien que piensa y en los recónditos lugares donde se reproduce y repone la raza, allí donde se tiene las calamidades o donde trabaja el labriego y el obrero, allí en el seno de la familia, en el barrio de la ciudad, en el lugar de la granja entre la humildad de la supervivencia, puja un mundo nuevo por nacer y va en pos de pronunciarse, antes que los locos terminen por agotar la raza, como un día quicieron agotar a los de Hiroshima y Nagasaki y ahoras días se reunieron con el comandante los sobrevivientes, que aún piensan que el mundo debe salvarse y que es posible vivir en paz.

    Pienso, luego existo…

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José Pertierra

José Pertierra

Abogado que representa al gobierno de Venezuela para la extradición del terrorista Luis Posada Carriles. Tiene su bufete en Washington DC.

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